La última carga de la caballería

La corneta tocaba a carga y una voz se alzaba: ¡Avanti Savoia! La respuesta ante el grito fue unánime y en cuanto su eco se apagó el sonido de los cascos y el desenvainar de sables desplazó al mortal silencio de guerra que sobrevolaba la estepa rusa.
Los soldados soviéticos contemplaban atónitos cómo los corceles apretaban el galope y se acercaban, como en otros tiempos y otras guerras, a sus posiciones. Quizá sin saberlo eran testigos de la que se podría considerar la última carga de la caballería (o al menos seguro una de las últimas)

Desde la edad de bronce el hombre y el caballo han tenido una relación tan estrecha que es difícil encontrar ejemplos de uniones tan beneficiosas en la Historia, la cual ha sido escrita en infinidad de ocasiones, en la paz y en la guerra, a lomos de un équido. La nobleza de los cuadrúpedos ha acompañado los sucesos clave de grandes civilizaciones y ha sido la base de temibles unidades militares en los más poderosos ejércitos, desde los jinetes macedonios del gran Alejandro Magno hasta los coraceros de Napoleón.

caballería
Esto ya no ocurría en el verano de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la ofensiva soviética hacia el río Don amenazaba con envolver al ejército expedicionario italiano que acompañaba a las tropas del Tercer Reich en su arriesgado empeño de someter al gigante comunista. Las ametralladoras primero, y los vehículos blindados después, habían reducido de forma drástica la importancia del caballo en los ejércitos occidentales, al menos como elemento para el combate, ya que aún seguían usándose para el reconocimiento y transporte de suministros.

El tercer regimiento “Savoia Cavalleria”, uno de los más antiguos de la caballería del ejército italiano (creado en el siglo XVII), comandado en aquella jornada del verano ruso por el coronel Alessandro Bettoni, arrolló, ayudado por el factor sorpresa, a un contingente soviético muy superior en número y armamento, logrando una pequeña gesta para las armas transalpinas y dejando un epílogo victorioso para el caballo en la desgraciada historia de las guerras.

Escudo del Regimiento Savoia

Los ingleses recuerdan las últimas carga de su caballería, contra los derviches en Sudán (vivida en primera persona por el propio Winston Churchill), o contra los otomanos en las inmediaciones de Jerusalén en la Primera Guerra Mundial. Los españoles posiblemente se han olvidado la de la suya, en tierras turolenses en aquel frío invierno del 38.

Los italianos ponían el último capítulo bélico afamado en la relación secular de caballos y jinetes. Fueron los últimos galopes furibundos, la escena final de una época que realmente ya se extinguía desde varias décadas antes.La última carga de la caballería y el fin de los tiempos de los caballeros.

Publicado por el 13 diciembre, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El Mago de la Segunda Guerra Mundial

Hablar de la Segunda Guerra Mundial en el Norte de África es hablar sobre todo del legendario general alemán Erwin Rommel, el Zorro del desierto, y del hombre que consiguió doblegar a sus Afrika Korps, el Teniente General británico Bernard Law Montgomery, “Monty”. Pero la historia oficial hace dejado a un lado a un actor de este escenario bélico que, si es cierto todo lo que se cuenta de él, pudo haber sido decisivo para la derrota de los nazis en Egipto. Su nombre era Jasper Maskelyne, el mago de la guerra, un ilusionista cuyos trucos, entre el mito y la realidad, sorprenderán a más de uno.

Jasper Maskelyne nació en 1902 en el seno de una familia británica de tradición “mágica”. Tanto su padre como su abuelo habían sido reputados ilusionistas, por lo que ya desde su nacimiento vivió inmerso en un mundo de trucos de desapariciones, baúles atravesados por espadas y conejos sacados de la chistera. Cuando comenzó la guerra en 1939 era ya uno de los más conocidos magos de Londres, pero con el estallido del conflicto el negocio decayó, y Jasper decidió que él también podía aportar algo a la defensa del Imperio Británico, por lo que intentó varias veces alistarse. Debido a su edad fue rechazado, pero él siguió insistiendo hasta que finalmente fue admitido en el Real Cuerpo de Ingenieros en octubre de 1940, donde recibió entrenamiento sobre camuflaje. Y pronto recibiría el destino que lo convertiría en una leyenda, el Norte de Africa, llegando el 10 de Marzo de 1941 a El Cairo, siendo asignado al poco tiempo como oficial al cargo de la Sección Experimental de Camuflaje.

Tanque Matilda con el escudo solar montado

Tras un tiempo en labores menores de camuflaje y alguna que otra actuación ante las tropas le llegó su primer reto, disfrazar a un tanque Matilda. Partiendo de una idea del General Archibald Wavel, el comandante de las tropas británicas en aquel momento, diseñó un sistema mediante una carcasa metálica recubierta de lona daba la forma de un camión, denominada escudo solar, de tal forma que desde cierta distancia en tierra y desde el aire daba completamente el pego. Incluía también un sistema para borrar las huellas, pero parece que este sistema , según los informes militares, nunca fue del todo efectivo. Su prueba de fuego fue probablemente durante la Operación Battleaxe en Junio del 41, pero lamentablemente no fueron de mucha ayuda visto el desastre británico con el que concluyó. Más tarde sí que resultaron decisivos en los enfrentamientos de El Alamein.

Su siguiente misión sería un desafío mayor, conseguir hacer desaparecer el puerto de Alejandría para evitar los continuos bombardeos alemanes. Para ello reconstruyó en una bahía cercana una replica a pequeña escala del puerto, un tanto rudimentaria pero en teoría lo suficientemente efectiva para que desde el aire los pilotos de los aviones alemanes fueran engañados.  La maqueta era acompañada con artillería anti-área para que fuera creíble su defensa. El método usado para realizar el truco consistía en que en cuanto se detectaba la presencia de los bombarderos, las luces del puerto de Alejandría se apagaban y se iluminaba la replica. Lo alemanes, aunque un tanto desconcertados porque lo que les indicaban sus ojos era un poco distinto a lo que les indicaban sus brújulas, atacaban el simulacro de puerto. Al día siguiente se preparaba el puerto real mediante escombros y pinturas simulando cráteres para hacer parecer que tenía daños ante los aviones de reconocimiento alemanes. El truco se realizó durante varias noches hasta que los alemanes decidieron que el puerto ya no era un objetivo primordial y concentraron esas fuerzas en otros frentes.

Prototipo de las luces estroboscópicas

Pero parecía que a Maskelyne todo se le hacía pequeño, y tras esconder un puerto le llegó el turno al mayor truco de desaparición de la historia, hacer invisible el mismísimo canal de Suez. Los británicos temían que los alemanes consiguieran hundir barcos y dañar el canal lo suficiente como para cortarles la comunicación marítima entre el Mediterráneo y sus puertos en Asia. Como vio claro que no podía utilizar nada similar a lo realizado en Alejandría, la solución fue crear un muro de luz sobre el canal mediante proyectores estroboscópicos, que inundaban de luces giratorias los cielos del canal que cegaban a los pilotos, provocando incluso que algunos se estrellaran.

Y así llegamos a la que se considera su aportación más decisiva, la Operación Bertram. En 1942 los ingleses habían conseguido detener el avance de Rommel en El Alamein, pero la situación se encontraba enquistada ante la imposibilidad de conseguir expulsar a los alemanes del norte de África. Por esto Wiston Churchill decidió asignar al General Montgomery el mando de la tropas en Agosto de ese año. Monty rápidamente se puso manos a la obra y como previa a sus planes de ataque surgió la operación Bertram, con el fin de engañar a los alemanes para que pensaran que el ataque principal vendrían de la zona sur a El Alamein. Y para ello contaron con Maskelyne para diseñar un auténtico ejercito de pega, con muñecos simulando soldados y tanques hechos con armazones y lonas, que serían desplegados por el sur mientras que los auténticos tanques lo harían por el norte, disfrazados de camiones con sus famosos escudos solares. La artimaña fue parte del éxito de la posterior batalla que supuso el principio del fin de la presencia alemana en el Norte de África.

Tanque de "pega" usado en El Alamein

En paralelo a sus actividades de camuflaje, Maskelyne también destacó por sus cursos a soldados de espionaje y sobre como escapar si caían prisioneros, diseñando uniformes con todo tipo de artilugios escondidos, como brújulas en miniatura y mapas cosidos a la ropa. Otras de sus aportaciones menores fue desarrollar una pasta ignífuga para evitar que los pilotos se quemaran si se estrellaban y se incendiaba su avión, pero a pesar de demostrar su efectividad, parece que no se llego a usar. A parte de esto también se dice que llegó a realizar hasta alguna que otra operación de espionaje, diseñar barcos falsos y que participó en la propia batalla de El Alamein directamente en una operación de camuflaje. Tras finalizar la guerra continuó con sus actuaciones como mago en Londres, para más tarde trasladarse a Kenya donde moriría en 1973.

Llegados a este punto… ¿qué te parece si te digo que parte de lo que te he contado puede que nunca haya ocurrido? Así lo afirma el mago y historiador militar Richard Stokes en la web donde recoge sus artículos al respecto, ampliados de los que realizo para la revista australiana Geniis Magic Journal en los 90. Stokes investigó todos los hechos atribuidos a Maskelyne buceando entre memorias de militares, documentos desclasificados y los álbumes de Maskelyne, contactando también con el hijo del mago, y analizó pormenorizadamente cada detalle. El problema principal es que casi todo lo que se cuenta sobre Maskelyne no viene de documentos oficiales, sino que provienen de dos fuentes, una es su supuesta autobiografía, Magic: Top Secret, que realmente fue escrita por un “negro” que exageró, embelleció e inventó algunos de los sucesos, como el propio Maskelyne le confesaría a su hijo, y la otra es la novela El mago de la guerra de David Fisher, que contaba la historia una forma digna de cualquier historia de aventuras clásica, dejándose llevar bastante por la imaginación, creando personajes y situaciones que nunca ocurrieron, como denominar al grupo de camuflaje de Maskelyne la Cuadrilla Mágica, nombre que nunca recibió. Eso sí, la novela, sin ser una joya de la literatura, es bastante entretenida.

Stokes descubrió, entre muchas cosas, que la bahía donde se supone que se hizo la réplica del puerto de Alejandría no es tal, sino que es el nombre de un lago cercano a la ciudad, y no consiguió encontrar ninguna mención a dicho truco en ningún documento, además de dudar de su efectividad. Sobre el truco del canal de Suez, a pesar de que encontró pruebas de que Maskelyne llegó a experimentar con un prototipo de los proyectores, no localizó nada al respecto en los documentos que mencionan la defensa del canal, atribuyéndose sobre todo a una buena cantidad de armas anti-aéreas y el descifrado de las comunicaciones alemanas que permitían estar listos de antemano para los ataques. Y sobre su participación en la operación Bertram, tampoco encontró referencias en las memorias del Mayor Geoffrey Barkas, el jefe de camuflaje en Oriente Medio, cuando menciona las reuniones con Montgomery para planear la operación. De lo que si encontró pruebas fue sobre los escudos solares y sus cursos para fugarse. Por todo esto Stokes considera que las aportaciones de Maskelyne a la guerra fueron más bien marginales y simplemente se ha creado un mito a su alrededor.

Para poder empezar a descubrir toda la verdad sobre estos hechos probablemente tendremos que esperar al 2046, que es cuando se desclasificarán totalmente los documentos del ejercito británico al respecto de sus operaciones en el Norte de África. Mientras tanto podemos seguir soñando que realmente hubo un gran mago que engañó a los nazis con sus magníficas ilusiones. Aunque no sean ciertas, no me negareis que es una buena historia para contar.

Todas las imágenes: maskelynemagic.com

Publicado por el 6 octubre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Silbervogel: el bombardero espacial nazi

El 12 de Mayo de 1942 el Reichsmarschall Hermann Göring recibió un informe de 33 páginas que conformaban el resumen del denominado proyecto Amerika Bomber, cuya finalidad era el desarrollo de un bombardero intercontinental capaz de atacar los Estados Unidos desde Alemania sin hacer escalas. Entre los diferentes diseños valorados para este bombardero se encontraba el Silbervogel de Eugen Sänger, un aeroespacioplano suborbital que podría considerarse como una de las primeras naves espaciales diseñadas por el hombre.

El Silbervogel sobrevolando Chicago. Recreación para una maqueta Tamiya

Eugene Sänger, un ingeniero aeronáutico austriaco, empezó a trabajar a principios de los años treinta en los primeros diseños con su tesis Raketenflugtechnik, (Ingeniería de Vuelo de Cohetes), obra adelantada a su tiempo donde planteo aviones-cohete, estaciones espaciales y viajes interplanetarios mediante motores de iones capaces de alcanzar velocidades relativistas. Si casi suena a ciencia-ficción en la actualidad, imaginaos hace ochenta años, el recibimiento estuvo cargado de cierto escepticismo hacia estos conceptos tan futuristas. Tras finalizar la tesis, se centró en el diseño de un motor de combustible líquido refrigerado regenerativamente que podría ayudar a alcanzar velocidades de 10.000 Km/h y en 1935 publicó en la revista Flug un artículo sobre la tecnología de aviones impulsado por cohetes que atrajo la atención del Ministerio del Aire de la Alemania nazi. A partir de ese año Sänger entró a trabajar para los nazis dirigiendo el laboratorio secreto de investigación aeroespacial situado en Trauen, en el mismo sitio donde en la actualidad podemos encontrar el DLR, el Centro Espacial Alemán. Tan secreto era que hasta el mismísimo Wernher von Braun tardó tiempo en enterarse que que había otro equipo trabajando en la propulsión de cohetes. Allí fue donde empezó a perfilar ya el concepto del Silvervogel y a desarrollar toda la teoría matemática necesaria para el vuelto de aquel increíble aparato con ayuda de la que luego sería su esposa, la matemática Irene Bredt.

Esquema original de Sänger publicado en su informe de 1944

Este pájaro de plata, al que Sänger gustaba denominar antipódico por sus pretensiones de que fuera capaz de atacar las mismas antípodas del lugar de despegue, consistía en una especie de cohete alado, de unos 28 metros de largo por unos 15 de ancho en la alas, con una cabina presurizada para un piloto, un compartimento para la carga (bombas, lógicamente), con capacidad de hasta 30 toneladas, y los motores de tipo V2. El despegue se realizaría mediante el impulso por otro cohete en un monorail de tres kilómetros de largo, y una vez en el aire, el Silvervogel encendería sus motores que le propulsarían hasta una altitud entre 145 km y 260 km (en unos sitios se cita un dato y en otros el otro). A partir de ese momento el aeroespacioplano comenzaría un ciclo de descensos y ascensos rebotando en la estratosfera ,debido a las diferencias de densidad del aire, hasta llegar a su objetivo en Estados Unidos y lanzar su temible carga. A parte del lanzamiento de bombas convencionales, una de las opciones que se valoró fue usar una bomba de gravedad, ya que debido a la altitud conseguida, el lanzamiento de un objeto pesado tendría el mismo efecto que un meteorito al chocar contra el suelo. Tras el bombardeo continuaría descendiendo para aterrizar probablemente en algún lugar del Pacífico dominado por los japoneses. Afortunadamente nunca se llegó a construir, debido a que en 1942, en pleno enfrentamiento con la Unión Soviética, los nazis estaban más interesado en armamento convencional, además de que la extensa propuesta de Sänger (900 páginas de documento) les pareció demasiado compleja. Sänger continuó con sus trabajos de desarrollo de mejores motores para cohetes, como el estratorreactor, pero no abandonó su idea del Silbervogel, presentando una nueva propuesta en agosto de 1944, pero los nazis estaban ya inmersos en frenar la invasión aliada en Europa y no hubo ningún intento de avanzar en el proyecto.

Tras el fin de la guerra, muchos se interesaron por Sänger y sus investigaciones. Los Estados Unidos lo invitaron a colaborar con ellos, pero rechazó su propuesta quedándose en Francia, donde creo la Federación Astronáutica. La Unión Soviética también quiso contar con sus servicios, pero de una forma un poco más forzada ya que, por orden de Stalin, intentaron secuestrarlo en París, intento que fue desbaratado por el servicio secreto francés. En los años cincuenta regresó a Alemania, donde seguiría investigando en el campo de los motores de propulsión hasta su muerte en 1964, dejando un legado que pervive hasta nuestros días en los motores de la mayoría de los cohetes actuales y en naves como el transbordador espacial norteamericano.

Publicado por el 14 julio, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Los héroes menos conocidos del día D

Hoy, sexto día del mes de junio, se cumplen 67 años del desembarco aliado en las costas de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial, la mayor operación naval de la Historia, que significó el comienzo de la campaña militar que acabaría librando a Francia del nazismo y forzaría el fin de la guerra en el continente europeo.

Se ha escrito, narrado y filmado mucho sobre este acontecimiento y pocas cosas se pueden añadir ya pero, aunque es sobradamente conocido el papel jugado por estadounidenses y británicos en este día, quizá no todo el mundo conozca la aportación decisiva de un extenso, discreto y tranquilo país: Canadá.

Aquel histórico día las tropas aliadas alcanzaron las costas normandas en cinco playas: los americanos en Omaha y Utah, los británicos en Gold y Sword y los canadienses en Juno, en mitad de la zona británica. Ya en la noche previa, soldados canadienses del Primer Batallón Paracaidista fueron de los primeros aliados que pusieron pie en suelo francés, con la misión de tomar los puentes en los alrededores de Varaville y neutralizar los elementos defensivos alemanes.

Fuente: cbc.ca

A primera hora de la mañana siguiente, con un mar en condiciones muy adversas, la Tercera División de Infantería de Canadá desembarcaba en la playa de Juno, bajo intenso fuego enemigo y con tardío apoyo de los tanques anfibios Sherman DD. Al finalizar el día, tras duros combates con la 716 División alemana, los canadienses, a pesar del elevado número de bajas sufridas, habían penetrado en territorio francés más que ningún otro ejército aliado, habiendo llegado a cruzar la carretera Caen-Bayeux, varios kilómetros hacia el interior.

Pero los canadienses ya habían pagado un precio muy alto dos años antes, en agosto de 1942, cuando más de 4000 de sus hombres fueron masacrados por los alemanes durante el asalto a la costa francesa en la localidad de Dieppe, en una operación, de nombre clave Jubilee, que pretendía capturar el puerto, retenerlo cierto tiempo y volver al otro lado del Canal, para demostrar de esta forma que era posible desembarcar y establecer una cabeza de playa en la Francia ocupada. La operación resultó un absoluto desastre y una prueba muy dura para el país de la hoja de arce, pero también supuso un valioso aprendizaje de cara al día D, en el que devolvieron el golpe.

Soldados canadienses desembarcando en Juno. Fuente: cbc.ca

Recreando este hecho histórico y como homenaje a la contribución de los soldados canadienses en el asalto al “muro atlántico” se estrenó en el país norteamericano a finales del año pasado año la película documental “Storming Juno“, que recrea cinematográficamente, con gran despliegue de medios, los acontecimientos de aquel día en la playa con nombre de diosa e incluye testimonios reales de algunos participantes. Un pequeño tributo a aquellos jóvenes canadienses que dieron, con su sacrificio, un importante paso para liberar a los pueblos de Europa de la tiranía.

Storming Juno – Official Trailer

Publicado por el 6 junio, 2011 en Historia olvidada | 4 comentarios

Garbo, el español que derrotó a los Nazis

Estamos en 1940. La Segunda Guerra Mundial acaba de estallar y los ejércitos de Hitler comienzan a expandirse por toda Europa. Araceli Gómez se encuentra sentada, nerviosa, esperando ser recibida en la Embajada de Gran Bretaña en Madrid. Por fin la hacen pasar al despacho del embajador, y allí les explica a unos estupefactos británicos que su querido marido Joan quiere ser espía y ayudar a derrotar a los nazis. Lógicamente, los británicos le dan una palmadita en la espalda a la pobre mujer y le dicen que si eso que mande una solicitud y ya verán, indicando claramente que no quieren saber nada del tema. De esta forma comienza la increíble historia de Joan Pujol, alias Garbo, el español al que el mundo le debe en gran medida habernos librado del nazismo.

Joan Pujol

Joan Pujol García vino al mundo en la ciudad de Barcelona en 1912 en el seno de una familia liberal. El inicio de la Guerra Civil sorprendió a Joan trabajando en una granja avícola, y no simpatizando con ninguno de los dos bandos, rehuyó incorporarse a filas escondiéndose en casa de unos amigos. Pero al final fue descubierto y se tuvo que alistar en el ejercito republicano, aunque lo hizo bajo una falsa identidad. Al final de la guerra se pasó al bando franquista, pero en ningún momento llego a disparar ni un solo tiro durante toda la contienda. Viendo pronto que el fascismo era tan nefasto como el comunismo soviético, toma el tipo de decisión que marca la diferencia entre un hombre corriente y un héroe: decide que debe contribuir en la lucha contra el nazismo.

Tras sus primeros infructuosos intentos de colaborar con los ingleses, toma el camino de convertirse en un agente doble y ni corto ni perezoso, en la primavera de 1941 se planta en la Embajada Alemana, donde le recibe el agregado militar. Pujol engatusa al germano inventándose una tapadera en Gran Bretaña y mostrándole documentos falsificados consiguiendo inmediatamente pasar a colaborar para la Abwehr (el servicio de inteligencia alemán), bajo el nombre clave de Arabel. Para comenzar el trabajo los alemanes le entregan tres mil libras esterlinas y un bote de tinta invisible, encomendándole la misión de dirigirse a Londres para comenzar sus operaciones de espionaje. Pero Pujol se traslada a Portugal con ese dinero, y tras fracasar nuevamente en sus intentos de colaborar con los británicos en Lisboa, comienza su labor desinformadora. Consigue guías y mapas de Gran Bretaña, un diccionario de términos militares, algunos periódicos, y con esto y la ayuda de su querida Araceli, empieza tejer su red de mentiras y agentes ficticios convenciendo a los alemanes que todos sus informes eran verídicos y provenían de Londres. Incluso llega a decirles que ha conseguido un trabajo en la BBC, con lo cual en la  Abwehr daban palmas con la orejas por la suerte que habían tenido al fichar a aquel españolito. Para poder justificar que los envíos fueran desde Portugal, se inventó a un piloto de las aerolíneas KLM que era el que “trasladaba” los informes a Lisboa, desde donde partían hacia Berlín.

Ya completamente establecido en la capital portuguesa, volvió a intentar ofrecer sus servicios, esta vez a la embajada Estadounidense, los cuales si le creen y lo ponen en contacto con el MI5 británico, que finalmente lo aceptan, y por fin el 25 de Abril de 1942 pisa suelo londinense. Tras dos semanas de interrogatorio confirman que Pujol es Arabel, ya que llevaban tiempo interceptando los imaginativos informes de este “espía aleman”, tan perfectos que el MI5 no podía creer que Pujol jamás hubiera pisado territorio inglés. Bautizado como Garbo, por sus grandes dotes de actor, comienza la segunda etapa como espía bajo las ordenes de Tomas Harris. Le construyen una red de 24 colaboradores imaginarios distribuidos por toda Gran Bretaña, con la que justificar todos lo informes remitidos por Garbo a los alemanes, en los que se mezclan hechos reales con invenciones para hacerlos lo más creíbles posibles.

Desembarco aliado en la playa de Omaha, en las costas de Normandía

En 1944 se inicia la operación Fortaleza con el fin de crear una cobertura para el desembarco de Normandía, cuya misión era convencer a los nazis que el desembarco aliado sería efectuado por Calais, no antes de Julio de 1944, precedido por un ataque de un ficticio Cuarto Ejercito británico a Noruega. Garbo consiguió convencer a los alemanes que las costas británicas estaban llenas de soldados preparando el desembarco en Francia y que lo que iba a ocurrir en Normandía era una distracción para el ataque principal en Calais. Llegó incluso a notificar del desembarcó aliado en las costas de Normandía tres horas antes de que se produjera, y los alemanes siguieron creyendo semanas después de que lo que estaba ocurriendo solo era una mera distracción, con las tropas aliadas ya desplegadas por toda Francia. Cuando se quisieron dar cuenta de lo que ocurría realmente era demasiado tarde y ya sabemos todos como acabo la historia. Aún así los alemanes siguieron creyendo a Pujol e incluso el mismo Hitler le impuso la Cruz de Hierro por sus logros por la causa nazi. En las navidades de 1944 recibiría también la merecidísima Orden del Imperio Británico por su ayuda en la derrota de la Alemania nazi.

Tras acabar la guerra, temiendo posibles represalias alemanas, fingió su muerte y, abandonando a su familia, huyó a Venezuela, desapareciendo de la Historia durante cuarenta años hasta que en 1984 fue localizado por el historiador militar Nigel West en Caracas y pronto salió a la luz su existencia, con la publicación de su biografía “Operación Garbo” en 1985, escrita por el propio Pujol con ayuda de West. Recientemente la película documental Garbo, el espía ha reivindicado nuevamente la figura de este singular personaje de la historia de nuestro país.

Recordando la famosa frase de Wiston Churchill de “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” dicha tras la Batalla de Inglaterra, en este caso tenemos que decir que nunca tantos debimos tanto a un solo hombre.

Publicado por el 21 abril, 2011 en Historia olvidada | Se el primero en comentar