El futuro, ese gran desconocido

El silencio cedió paso inesperadamente a un molesto pitido electrónico de frecuencia variable y cadencia regular. Eber se despertó, ni más ni menos sobresaltado que el resto de los días, y con precisión adquirida accionó a la primera el mecanismo de wake-up que detuvo el sonido que se tornaba en esas circunstancias aún más odioso que de ordinario, provocando que la lámpara de la mesilla de noche acabara con la oscuridad de la habitación. Sus ojos no recibieron de buen grado los primeros fotones del día. Su lector personal de contenidos registraba un uso hasta horas intempestivas, y eso explicaba su reacción. “El alba de las mil luces”. Lo había tenido que terminar.

Acto seguido Candy se puso en marcha. “Parcialmente nublado, temperatura actual de 6 grados centígrados, nivel de contaminación grado B “. El MHA de segunda generación acabó con la previsión meteorológica y continuó recomendándole un desayuno rico en vitaminas. Mientras, el noticiario se había activado y las imágenes llenaron la habitación con lo mismo de casi siempre. Siendo sinceros en aquel preciso momento la crisis prebélica en Asia que amenazaba con destruir todo y a todos no era lo que ocupaba le mente de Eber. Sintió un escalofrío al sacar parte del cuerpo fuera del cobijo de la ropa de cama e instintivamente volvió a su posición de letargo, aunque con los ojos abiertos mirando al techo, tenuemente iluminado. Tardó unos segundos en tomar conciencia de dónde se encontraba, poco tiempo comparado con el que tardaría en entender, si alguna vez lo consiguiera, por qué estaba allí.

De cualquier forma, el destino tiene sus propias leyes cinéticas, y la inercia vital con frecuencia empuja a los simples mortales y los arrastra lejos de la ensoñación y de las preguntas sin respuesta. Así que, como cada día, se incorporó de un leve salto y cayó sobre sus pies descalzos sobre el suelo, separado de éste sólo por una fina alfombra escandinava, no muy confortable, que había conocido la popularidad hacía años en los tiempos felices del boom del low-cost. Accionó entonces el controlador de su muñeca y las imágenes del último atentado de los rebeldes dejaron paso a la música de un art-clip mucho más digerible por su castigada conciencia.

Sus primeros pensamientos con sentido en aquel día ordinario, que podía ser el último para cualquiera, le llevaron a acordarse de Cinnamon y se sintió raro, pero ella siempre se quedaba en el mundo virtual y ahora le tocaba el turno al real. Se desperezó, activo sus ventanas digitales en modo paisaje para poder diluir su desencanto en un mar que le quedaba lejano, pasó en breves minutos la página del aseo personal, engulló una porción caliente de preparado dietético con sabor a fresa acompañado de un zumo y se encaminó hacia el día que nacía, aunque, a juzgar por la noche cerrada que afuera le esperaba, el parto venía con retraso.

Algo más tarde, Eber pisaba la calle fría y vacía mientras pensaba que ilusión y verdad casi nunca comparten el mismo horizonte. Tocó con su mano su coche, activando el acceso y se acomodó para realizar el trayecto preprogramado en la posición más grata posible. Había aprendido a ser tan ahorrativo como su vehículo de hidrógeno. A su espalda, la casa pasaba a modo ausente, se activaban las alarmas y Candy comenzaba sus tareas rutinarias. El vehículo comenzó a moverse sin apenas importunar al silencio, avanzando entre los coches helados y las casas en cuyo interior las luces se multiplicaban. Sobre su cabeza algunos PAV surcaban veloces el aire y la oscuridad se tornaba lentamente en un incipiente azul al punto en que Eber recibía los últimos mensajes de sus canales favoritos de Total Web. Los recientes avances en fusión fría, la nueva misión a Marte, y las diversas interpretaciones a las ambiguas palabras del ministro de exteriores chino captaron algo de su atención.

Cerró los ojos por un momento. A veces quería escaparse. A veces pensaba en cómo sería todo en el futuro, en como sería él. Aunque él era lo de menos. Muchos habían pensado lo mismo mucho antes. Y muchos lo harían.

fuente:lylechan.com

Con este simple ejercicio de redacción pasamos a presentar una nueva sección de cornisa.net, que tendrá como eje temático el futuro. Imaginar el futuro es divertido, aunque difícil. Existe de hecho una disciplina, denominada prospectiva, que trata de predecir el futuro, con la intención de poder influir en él. Son muchos los temas que se pueden tratar a este respecto y desde aquí intentaremos, en la medida de nuestras posibilidades, tocar algunos de ellos.

Desde un punto de vista tecnológico podemos imaginarnos un mundo marcado por conceptos como identificación digital, localización permanente, conectividad global, ingeniería genética, computación ubicua, vida artificial, mundos virtuales, fusión nuclear…

En cuanto a la sociedad y el pensamiento, algunos estudios auguran un debilitamiento progresivo de la clase media occidental, con resultados imprevisibles, y una crisis de los valores del relativismo postmoderno y la concepción económica capitalista dominantes en la actualidad. Todo ello acompañado de una alteración de los canales mediáticos conocidos y una posible lucha por el control de los mismos.

¿Y qué tenemos en una perspectiva geopolitica? El mundo globalizado se enfrenta al cambio climático, las grandes necesidades energéticas y la presión poblacional de los países en vías de desarrollo ; y las tensiones entre el oriente emergente encabezado por China, el bloque occidental y el Islam pueden evolucionar por caminos inciertos, en un planeta en el que la ‚ sociedad del conocimiento‚ ha generado armas de neutrones, de pulso electromagnético, radiológicas, nucleares, químicas y de cualquier tipo imaginable.

Estos son los ingredientes de una posible historia, o, mejor dicho, de muchas posibles historias. Aunque puede que ninguno de ellos sea adecuado, o puede que no estén en las proporciones correctas. Sólo lo sabremos con el tiempo. Hasta entonces‚ imaginemos.

Publicado por el 31 mayo, 2011 en Prospectiva | 3 comentarios