Un metro de Historia: Pacífico

Antes de ceder el paso a Pedro Bosch para que salte sobre las vías de tren y se dirija hacia Méndez Álvaro, Doctor Esquerdo se cruza con la Avenida Ciudad de Barcelona, y allí es donde nos encontramos con la estación de metro de Pacífico, parada de las líneas 1 y 6 del suburbano capitalino. Posiblemente poca gente sepa que su nombre no sólo hace referencia al océano homónimo, sino que también recuerda un hecho poco conocido del siglo XIX español: la Guerra del Pacífico. Más concretamente, la estación recibe su nombre por la Avenida del Pacífico, llamada así en recuerdo de las expediciones de la Armada en aquellas aguas, la cual ha pasado a denominarse actualmente Avenida Ciudad de Barcelona.

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Allá por el año 1865, poco después de la finalización de la guerra de secesión norteamericana, España se embarcaba en Sudamérica en una contienda naval en las costas de Chile y Perú. Unos meses antes, estando por aquellas latitudes, con fines científicos y diplomáticos, una escuadra española, formada por las fragatas Triunfo y Resolución, la corbeta Vencedora y la goleta Covadonga, se desencadenó una crisis entre los gobiernos de España y Perú, a cuenta del asesinato de españoles en una hacienda peruana (el denominado “incidente de Talambo”), a raíz de la cual, el almirante Luis Hernández Pinzón (descendiente de los Pinzones que descubrieron América) dirigió la ocupación de las peruanas islas Chincha por parte de tropas españolas. Este archipiélago era muy rico en guano, que, por si alguien no ha visto a Ace Ventura en África y se está preguntando lo que es, diremos que se trata básicamente de excremento de aves o murciélagos, apreciado como fertilizante, y muy importante para las exportaciones peruanas de la época.

Después de este suceso, y tras la llegada del almirante Pareja como sustituto de Pinzón al mando de la Escuadra del Pacífico, las negociaciones entre España y Perú finalizaron con un acuerdo que establecía la retirada de los españoles a cambio del pago de una indemnización de guerra. Sin embargo, el golpe de estado acaecido en Perú y la negativa de Chile a abastecer a los buques españoles precipitaron los acontecimientos hacia una guerra entre España y los dos países sudamericanos, a la que más tarde se sumarían, también en contra de España, aunque de modo casi testimonial, Bolivia y Ecuador.

La Guerra del Pacífico, vista desde España como una expedición de castigo, se podría resumir en cuatro acciones bélicas y una frase. En lo referente a los hechos de armas, el primer acto digno de mención se produjo cuando la flota española fue sorprendida por la escuadra chilena en Papudo, combate en el que la Covadonga resultó apresada. Este fracaso llevó al almirante Pareja a suicidarse, siendo sustituido al mando por el gallego Casto Méndez Núñez. Posteriormente, la escuadra española, reforzada con nuevos navíos procedentes de la península, localizó a la flota sudamericana en la ensenada de Abtao, aunque los barcos chilenos y peruanos no salieron a mar abierto a entablar un combate directo.
El tercer capítulo de la guerra nos lleva al bombardeo de la ciudad chilena de Valparaíso por parte de la flota española, acción muy criticada internacionalmente, ya que, aunque el almirante español avisó con mucha antelación de sus intenciones y permitió la evacuación de toda la población civil, este ataque se llevo a cabo contra un puerto indefenso. Este bombardeo provocó un notable malestar en las propias filas españolas, poco orgullosas de su acción, y, probablemente para enmendar estos hechos y lavar la imagen de la Armada Española, Méndez Núñez dirigió la escuadra hacia el Puerto del Callao, posiblemente el mejor defendido de Sudamérica. La flota española, encabezada ya por la fragata blindada Numancia (primer navío acorazado que dio la vuelta al mundo), causó grandes daños en las defensas peruanas del Callao, que se consideraban por aquel entonces casi inexpugnables, en un combate en el que el propio Méndez Núñez resultó herido. Tras esto, la escuadra española fondeó en puertos de Brasil y Uruguay y la guerra acabó terminando con la firma de tratados de paz bilaterales. En España, el conflicto, cuyo costé ahondó la crisis económica y política del país, no ayudó a la monarquía isabelina, que acabaría cayendo con la Revolución Gloriosa de 1868.

Bombardeo de Valparaíso

Bombardeo de Valparaíso

Y nos queda la frase. Es de éstas que se han escuchado alguna vez pero no se sabe muy bien dónde. Aunque no está del todo claro el contexto en el que se pronunció la cita, se cree que, cuando Méndez Núñez iba a emprender el ataque a Valparaíso, las fuerzas navales de Gran Bretaña y Estados Unidos le amenazaron con intervenir en el caso de que éste se realizara. A lo que dicen que el almirante español contestó eso de “Más vale honra sin barcos que barcos sin honra”. Sin duda muy hispano y quijotesco. Nortemericanos y británicos se abstuvieron de intervenir finalmente.

Fragata blindada Numancia

Fragata blindada Numancia

Hoy en día Numancia y Méndez Núñez son dos fragatas de la Armada Española, de las clases F-80 y F-100 respectivamente, el Puerto del Callao es el principal de Perú en cuanto a tráfico naval, y allí donde Doctor Esquerdo se cruza con la Avenida Ciudad de Barcelona, una estación madrileña con nombre de océano recuerda una guerra lejana e inútil, de la que a duras penas pervive una frase.

Publicado por el 3 junio, 2013 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Un Metro de Historia: Núñez de Balboa

Caminando por el madrileño distrito de Salamanca, divisando ya el cruce con Juan Bravo, podemos encontrar unos dulces que, aun bautizados con gentilicio ruso, pertenecen sin embargo al patrimonio de la confitería ovetense. Conviene decir, como consejo del día, para quien nunca haya probado un moscovita, que son un éxito asegurado entre propios y extraños. Nostros, que los hemos paladeado, no nos podremos resistir. Bien sabido es que lo primero es reconocer la natural debilidad frente a los placeres mundanos y azucarados. Hecho lo cual (el reconocimiento y la dulce adquisición), para transportar tan exquisita carga podremos acceder al metro sólo unos metros más allá (valga la redundancia) Estaremos descendiendo a la estación de Núñez de Balboa (de las líneas 5 y 9)

Los dulces eran por aquí distintos, y a buen seguro menos chocolateados, cuando Vasco Núñez de Balboa vino al mundo, en 1475, en la localidad extremeña de Jerez de los Caballeros. La información sobre su ascendencia familiar y sus primeros años es escasa, pero la Historia lo sitúa en 1501 explorando la costa caribeña, inmerso en la ibérica fiebre descubridora del momento. Con las ganancias obtenidas compró tierras en la isla de La Española (actual Santo Domingo), donde pasará unos cuantos años , hasta que sus muchas deudas le empujan a huir y unirse como polizón a la expedición que, encabezada por Martín Fernández de Enciso, se dirigía a tierras continentales. Sus conocimientos de la región le salvaron, tras ser descubierto, de ser empujado a una muerte segura, abandonado en algún islote.
Ya en el continente su carisma va haciéndole un nombre entre los españoles y, en 1510, tras la victoria sobre el cacique indígena Cémaco, fundará el que quizá haya sido el primer establecimiento europeo permanente en tierras continentales americanas: Santa María la Antigua del Darién. Aquí empieza la escalada del conquistador, que luego se convertiría en caída. Tras forzar la destitución del déspota Fernández de Enciso, Núñez de Balboa se convirtió en alcalde de la floreciente Santa María, para después deshacerse, en circunstancias poco claras, del entonces gobernador de la región, Nicuesa, alcanzando así el cargo de gobernador de Veragua.
Comienza entonces la conquista del istmo de Panamá, durante la cual oirá por primera vez entre los indígenas historias acerca de otro mar y de un rico reino situado al sur . Dispuesto a comprobar por sí mismo estos relatos, Balboa organizó una expedición desde Santa María y, el 25 de septiembre de 1513, a la cabeza de un puñado de españoles divisó en el horizonte ese “otro mar”, que bautizó como el Mar del Sur. Acababa de descubrir el mayor océano de la Tierra, el océano Pacífico (nombre acuñado unos años después por Magallanes durante su intento de circunnavegación del mundo) Cuatro días después del avistamiento, el día de San Miguel, bañados por las aguas del nuevo mar, los españoles “tomaban posesión” de la vasta extensión de agua, nueva a sus ojos, en nombre de sus soberanos. En este 2013 se cumple el quinto centenario de este descubrimiento y Panamá, hoy centro clave de las comunicaciones marítimas del mundo, lo celebra con diversos actos e iniciativas.

Fuente: Wikipedia (http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/a/aa/La_palma%2C_Dari%C3%A9n.jpg)

El Pacífico visto desde la región del Darién, Panamá (Fuente:Wikipedia)

Tras este hito histórico, Núñez de Balboa se encontró con la llegada de un nuevo enviado real, Pedro Arias de Ávila, cuya autoridad tuvo que acatar. Sin embargo, la ambición conquistadora de Vasco no se frenaría en ningún modo, llevando a cabo expediciones tanto consentidas como no consentidas, y descubriendo, entre otros lugares, el Archipiélago de las Perlas, donde se hallaría la “Perla Peregrina”, una de las más fabulosas joyas de la Historia, que, tras pasar por las manos de Felipe II y otros reyes y reinas de España, fue robada y llevada a Estados Unidos por José Bonaparte, atavió el cuello de Liz Taylor y se vendió hace poco más de un año por 9 millones de euros.

Finalmente, la desobediencia de Balboa, las envidias, venganzas y luchas de poder terminarían llevándole al cadalso, acusado de traición a la Corona. Murió decapitado, y proclamando su inocencia, en el enero tropical de 1519. Nada se sabe de los restos del explorador, deudor, polizón, soldado, alcalde, gobernador, adelantado, descubridor y conquistador, que traicionado y/o traidor, y no ajeno a la codicia y la violencia de la Conquista, cambió los mapas del planeta.

Óleo representando a Vasco Núñez de Balboa (Museo Naval de Madrid)

El hombre que dirigió su arresto, extremeño como él, continuaría el sueño conquistador hacia el sur. Hacia ese sur bañado por un nuevo mar. Su nombre era Francisco Pizarro. Pero esa ya es otra historia.

Y, coincidencias de la Historia, Juan Bravo fue un cabecilla del movimiento comunero castellano y acabó sus días del mismo modo que nuestro protagonista de hoy, sólo dos años más tarde, aunque en un abril vallisoletano. Un final muy visto en nuestra historia. Hoy sus calles yacen juntas.

Publicado por el 6 febrero, 2013 en Historia olvidada | Lee el primer comentario