Ideas para regalar esta Navidad

Ya estamos en la época que parece que nos vemos poseídos por el espíritu del consumismo que llamamos Navidad y  en cornisa.net no podemos dejar de llevarnos por ello así que aquí tenéis cinco recomendaciones bastante eclécticas para regalar estas Navidades a algún ser querido o también para hacerte un autorregalo, que es bueno quererse un poco a uno mismo.

UNA PELÍCULA: imagina que un día descubres que tienes la capacidad de viajar en el tiempo y puedes retroceder para cambiar todo aquello que no ha salido como querías en tu vida. Esto es lo que le ocurre a Tim (Domhnall Gleeson), el protagonista de Una cuestión de tiempo, cuando cumple los 21 años y decide hacer todo lo posible para poder conquistar a Mary (Rachel McAdams). El argumento inicial puede parecer el tipico de una comedia romántica con toques fantásticos, pero el film poco a poco va avanzando en paralelo por otros derroteros  que bordean el drama y el sentimentalismo. Una historia divertida y emotiva adecuada para estas fechas.

tesla

UN LIBRO: siendo como es Nikola Tesla el santo patrón de este blog, no podemos dejar de recomendar la última obra aparecida en castellano que trata sobre el genial inventor, Tesla: Inventor de la Era Eléctrica, de W. Bernard Carlson. La biografía nos cuenta toda la vida del inventor desde sus primeros pasos en Serbia hasta sus grandes inventos ya en suelo norteamericano, con la diferencia de otros ensayos de que incide tanto en la sociedad en la que vivió Tesla como en los detalles técnicos de sus invenciones.

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UN DISCO: la nostalgia está de moda, tanto en la televisión, como demuestra Cachitos de hierro y cromo en La 2, como en las librerías, que parecen verse inundadas de publicaciones que nos traen de vuelta a los personajes que marcaron la infancia y juventud de los que nacimos hace treinta y tantos años. Tras publicar ya dos libros, los chicos del blog Yo fui a EGB acaban de sacar a la venta el disco con el mismo título del blog en el que podemos rememorar sobremesas y meriendas de pan con chocolate escuchando las sintonías de las series infantiles de los 70 y los 80. Willy Fog y D’Artacán te están esperando.

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UN JUEGO DE TABLERO: si sientes envidia de los políticos que inundan las noticias con casos Gurtel, tarjetas black y demás corruptelas, D€mocracia es el juego que necesitas. Nacido como un proyecto de crowdfunding en la plataforma Verkami, con este juego te puedes poner en la piel de un político típico español y mentir, robar y manipular para alcanzar el poder y mantenerte en él. 

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UN CÓMIC: ¿Que pasaría si los personajes de los cuentos vivieran en el mundo real? No, no estamos hablando de la bastante ñoña serie Erase una vez, sino de Fabulas, el cómic que probablemente “inspiró ligeramente” esa serie, pero que nada tiene que ver. Fabulas nos presenta un barrio de Nueva York en el que viven los antiguos habitantes de las tierras de los cuentos, expulsados de ellas por un temible enemigo que fue conquistando una tras otra, y donde podemos seguir las visicitudes de esta singular comunidad para seguir adelante en el mundo real, sin ningún atisbo de toque Disney y si que bastante oscuridad de los cuentos clásicos. Blancanieves es la alcadesa de la comunidad, divorciada del Principe Encantador, que resulta ser un vividor, y que tiene una relación complicada con el sheriff de la comunidad, el Lobo Feroz. En en el primer tomo de la edición de lujo publicado por ECC nos encontramos con el misterioso asesinato de la hermana de Blancanieves y puede ser una buena toma de contacto con estas entretenidas historias.

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UN CACHARRO: los drones están de moda, todas las empresas punteras como Amazon o Google quiere potenciar su uso, asi que ¿por que no tener tú uno también? En el mercado hay una gran variedad, pero parece que los fabricados por Parrot son los más famosos y apreciados. Su ultima “criatura” es el AR.Drone 2.0 GPS Edition, con cámara HD y GPS, que se puede controlar desde el móvil o la tablet. Eso si, recordad que hace unos meses se reguló el uso de drones en España, así que consultad las condiciones para manejarlos antes de poneros a pilotarlo alegremente en cualquier lugar.

Publicado por el 19 diciembre, 2014 en Monografías, Por fin es viernes | Se el primero en comentar

Cuento de Navidad

El mundo no se ha acabado y ya tenemos una nueva Navidad encima. Este año en cornisa.net hemos decidido que una buena forma de felicitar la Navidad es ofreceros este pequeño cuento, con ecos de Dickens y un protagonista muy especial, que espero disfrutéis. Os deseamos a todos los corniseros que paséis unas felices fiestas con vuestros seres queridos.

El espíritu de las Navidades futuras

   Había anochecido ya cuando el muchacho vio a la paloma. Casi había perdido toda esperanza de encontrar alguna aquella fría tarde del día de Noche Buena de 1942, cuando, en una esquina de la Biblioteca Pública de Nueva York, donde juraría que un instante antes no había nada, estaba aquella paloma. Era completamente de color gris oscuro, el muchacho se extrañó al verla pues no se parecía a ninguna de las especies que solían surcar los cielos e inundar los parques de la Gran Manzana. Cojeaba ligeramente, agitando las alas como intentando volar, pero sin conseguirlo. No se resistió en absoluto cuando el muchacho la recogió con sus manos. La acarició para tranquilizarla como hacía siempre que capturaba una, pero en este caso no era necesario. Aquella paloma parecía estar esperando que alguien la ayudara.
   Tardó poco en llegar al Hotel New Yorker con la paloma entre sus brazos, caminando con agilidad entre la muchedumbre que inundaban las calles neoyorquinas. A pesar de vivir en tiempos de guerra, Europa estaba lejos y la gente intentaba seguir haciendo su vida normal, disfrutando de la Navidad. Al entrar en el hall del Hotel, saludó con un simple movimiento de cabeza al portero, que le correspondió con el mismo gesto. Ni se inmutó al ver la paloma que llevaba al muchacho, conocía de sobra su destino. Tomó el ascensor al tercer piso y se detuvo frente a la puerta de la habitación 3327. Sujetando con un brazo la paloma, que seguía dócilmente acurrucada contra él, sacó la llave del bolsillo y entró. El anciano estaba sentado en su sillón, cerca de la ventana. Se volvió hacia el muchacho al oír el ruido de la puerta y sus ojos brillaron ligeramente al fijarse en la paloma. Se levantó del sillón, acercándose con lentitud al muchacho. Era un hombre alto, muy alto, pero los años habían habían hecho mella en él y esa altura había desembocado en un pronunciado encorvamiento. La altura se veía realzada también por la extrema delgadez del anciano, con aquel rostro sumido y cansado de una persona que había vivido mucho y no todo bueno.
– Gracias, Charlie – dijo el anciano tomando con delicadeza la paloma entre sus manos.
– Estaba junto a la Biblioteca. Es extraño, pero tuve la sensación de que me estaba esperando. No se muy bien que le pasa, la he examinado mientras venía y no parece tener nada roto.
   El anciano se acercó a la ventana e introdujo a la paloma en una de las delicadas jaulas de madera que ocupaban buena parte de la habitación. El resto de palomas se alborotaron ligeramente para recibir a su nueva compañera.
– ¿Necesita algo más hoy? -preguntó el muchacho.-¿Quiere que me quede un rato haciéndole compañía?
– Oh, no, Charlie, puedes irte, es tarde, seguramente tu familia te esté esperando ya. No hace falta que pierdas hoy el tiempo con este viejo.
– Ya sabe de sobra que no me importa. Me da pena que un gran hombre como usted tenga que pasar la Noche Buena solo.¿De verdad que no quiere venir a nuestra casa? Mi madre me insistió que sería un gran honor tenerlo entre nosotros.
– Ya te dije ayer que no os molestarais, además de que no estoy solo -el anciano volvió la mirada hacia las jaulas.- Las palomas siempre me confortan. Vete ya, no hagas esperar más a tu familia.
– Como quiera -dijo el muchacho encogiéndose de hombros- Mañana volveré a pasarme por aquí a la hora de siempre con algo de comida para las palomas. ¡Feliz Navidad!.
– Hasta mañana, Charlie -respondió el anciano.
   Una vez hubo salido el muchacho, el anciano buscó algo de pienso y lo echó en la jaula de la nueva paloma. El ave miró la comida, y luego al anciano, emitiendo un pequeño arrullo.
– Parece que no tienes hambre, pequeña. Bueno, ahí te lo dejo, cuando quieras ya comerás.
   El anciano consultó su reloj. Eran casi las siete de la tarde. Puede que la paloma no tuviera hambre, pero él empezaba a sentirla. Pensó en pedir algo al servicio de habitaciones, pero se sentía tan cansado que decidió sentarse un poco en su sillón. Se colocó su pequeña manta sobre las piernas y se quedó mirando a la paloma, que lo observaba sin apartar la mirada de él. Pensó en que en el fondo si que pudiera ser triste tener que pasar aquel día allí solo con la única compañía de las palomas, pero era ley de vida, sus amigos habían ido desapareciendo a lo largo de los años. Nunca había tenido mujer ni hijos. Su vida habían sido sus inventos, su pasión, su único amor. Era lo único que le quedaba a un anciano como él, los recuerdos de sus invenciones. Hacía tiempo que los periódicos lo ignoraban. Solo era un viejo loco. Sabía que ya no le queda mucho tiempo y pronto el mundo le olvidaría. Poco a poco la somnolencia le fue venciendo y se quedó profundamente dormido.
   Un lejano ruido, semejante a la sirena de un barco, lo despertó. Al abrir los ojos se sobresaltó al encontrarse a la paloma posada sobre su regazo. Mirando a los ojos al anciano, volvió a emitir aquel suave arrullo. El anciano hizo ademán de cogerla, pero la paloma echó a volar por la habitación. Con esfuerzo, se levantó del sillón siguiendo con la mirada a la paloma que comenzó a trazar círculos a su alrededor. El anciano notó sorprendido que algo extraño estaba ocurriendo. La oscuridad de la habitación comenzó a diluirse en formas que poco a poco reconoció. La paloma se detuvo, posándose sobre el hombro del anciano, que no daba crédito a lo que estaba viendo. Ante él se alzaba un carguero de la Marina. Se encontraba en algún puerto, rodeado por el ajetreo de soldados y marineros, que parecían ignorar su presencia. El solo hecho de encontrarse allí ya hubiera sido suficiente para sorprender a cualquiera, pero lo que dejó boquiabierto al anciano fue ver su nombre escrito con grandes letras sobre la proa del barco. La paloma saltó al suelo, aterrizando sobre los restos de un periódico. El anciano se inclinó para recogerlo. Se fijó en la fecha, era del año siguiente, y allí, en la parte superior se veía el titular que tantos años llevaba esperando: le habían dado la razón, aquella invención que inundaba de voces las ondas hertzianas era suya.
   No tuvo tiempo de digerir aquella noticia. La paloma retomó de nuevo su vuelo circular a su alrededor, haciendo desaparecer el puerto. Ahora se encontraba en una calle de Nueva York, frente a una tienda de electrodomésticos. En el escaparate el anciano vio lo que le pareció una versión más moderna de los televisores que él conocía. En la pantalla se podía ver a un hombre caminando lentamente, embutido en lo que al anciano le pareció que era un traje de buzo hasta que se dio cuenta de lo que ponía en la pantalla: directo desde la Luna. Por fin el hombre había salido del planeta Tierra, y estaban transmitiendo imágenes desde su mismísimo satélite. Sintió un ahogo de emoción y se preguntó si se encontrarían con otros seres ahí como siempre había soñado. Pero esta pregunta se quedó sin respuesta.
   El vuelo de la paloma era cada vez más rápido y una procesión de imágenes desfilaron frente a él. Vio un avión de combate despegar verticalmente. Comprobó como cientos de centrales eléctricas, con las gigantescas bobinas que había inventado, se extendían por todas partes del planeta. Aviones sin piloto lo sobrevolaron. Una extraña criatura humanoide de color blanco paso a su lado caminando con decisión. El anciano no tardó en reconocer en aquella criatura a uno de los autómatas inteligentes que siempre había imaginado. Atravesó un laboratorio donde un hombre sujetaba en su mano una simple bombilla encendida, sin cable alguno, como había hecho él muchos años atrás. Se vio rodeado por una multitud de gente paseando por la calle mientras hablaban a través de pequeños aparatos que portaban en la mano. El panorama cambió de nuevo, comenzando a flotar a su alrededor lo que le parecieron portadas de periódicos en color, con su imagen y su nombre por todos los lados, contando su vida, reivindicando sus inventos. El vuelo de la paloma comenzó a ralentizarse. El anciano vio como aparecía una forma que conocía de sobra. Su torre, su maravillosa e increíble torre que tantos sinsabores le había dado en su vida, y que hacía ya mucho tiempo que había sido destruida. Pero allí estaba, majestuosa como siempre. Nuevamente vio su nombre, sobre la puerta principal del edificio bajo la torre. Era su museo.
   El anciano no puedo evitar que sendas lágrima brotaran de su ojos y recorrieran sus mejillas. Sintió flaquear sus pocas fuerzas y arrodillándose sobre el suelo, lloró como no lo había hecho desde que era niño. La paloma se quedó frente al anciano, observándolo mientras este daba rienda a toda la emoción contenida durante aquel extraño viaje por el tiempo y el espacio. Cuando se hubo calmado, el anciano devolvió la mirada a la paloma.
– Gracias – fue lo único que consiguió decir.
   La paloma levantó nuevamente el vuelo. Le queda un último regalo que hacerle al anciano. El paisaje que le rodeaba nuevamente se diluyó, esta vez en una negrura salpicada de estrellas. El anciano consiguió ponerse de pie, aunque bajo él no había nada parecido al suelo. La paloma arrulló detrás de él. El anciano se volvió para contemplar una visión que jamás soñó que llegaría ver. Bajo sus pies, flotando en aquella negrura, estaba la Tierra, en su lado nocturno. Millones de luces dibujaban perfectamente los perfiles de los continentes. La luz que había nacido de él, de su privilegiada mente, iluminaba el planeta entero, guiando a los seres humanos en las oscuras noches. La paloma volvió a arrullar, pero el anciano oyó algo más, unas palabras que parecían surgir dentro de su mente: “Nunca te olvidaran”.
   El anciano se despertó. Tardó unos segundos en comprender que estaba de regreso a la habitación del hotel, sentado en el sillón. “¿Había sido todo un sueño?”-se preguntó. La habitación estaba completamente a oscuras. Moviéndose a tientas consiguió localizar la llave de la luz. Las palomas montaron alboroto al ver perturbado su sueño por la luminosidad. El anciano se acercó a las jaulas para comprobar que la jaula donde había dejado a la paloma estaba cerrada y vacía. Recorrió toda la habitación, pero no había ni rastro de ella, ni vio forma de que hubiera podido escapar, todas las ventanas estaban cerradas. El anciano suspiró. Sabía que no iba a encontrarla en ningún sitio. No entendía qué había pasado, pero en lo más hondo de su ser comprendió que todo había sido real. Rebuscó en un cajón de la cómoda hasta dar con el papel que le había dado el muchacho el día anterior. Allí estaba la dirección. Llamó a la recepción del hotel y pidió un taxi. Tomó su abrigo, su bufanda y su viejo sombrero. Al llegar abajo, el recepcionista lo saludo.
– Ya ha llegado el taxi -le dijo.- Pensaba que hoy no iba a salir.
– He decidido ir a cenar con la familia de un amigo -respondió el anciano.
– Eso esta bien -el recepcionista sonrió.- No es bueno pasarse tanto tiempo solo como hace usted últimamente. Pues que pase una buena noche, y ¡feliz Navidad!.
– Feliz Navidad -respondió Nikola Tesla sonriendo.

Publicado por el 24 diciembre, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Crowdfunding en la práctica: algunos proyectos que te sorprenderán.

En artículos recientes os hemos estado contando, entre otras cosas, las perspectivas presentes y futuras del fenómeno del crowdfunding, así como las principales plataformas de financiación colectiva en España. Y llevamos ya un tiempo haciendo un atento seguimiento al proyecto de El Cosmonauta, un hito del crowdfunding patrio.

Hoy vamos a repasar algunos proyectos sorprendentes que se han puesto en marcha gracias a la financiación colectiva en todo el mundo.
En términos de volumen, la plataforma norteamericana Kickstarter, con cerca de 400 millones de dólares comprometidos en más de 70.000 proyectos, es un referente a nivel mundial, y ha sido el trampolín de algunos de los proyectos más relevantes de la historia del crowdfunding, entre los que podemos encontrar Printrbot (una impresora 3D), Double Fine Adventure (nuevo videojuego de Tim Schafer, creador de las conocidas aventuras gráficas Day of the tentacle y The secret of Monkey Island), LIFX (una bombilla LED con conectividad wifi, eficiente y cuya intensidad luminosa y color pueden ser controlados por medio del teléfono móvil) y, sobresaliendo sobre el resto en cuanto a su recaudación, Pebble y Ouya.

Pebble es un reloj de tinta electrónica, que se puede sincronizar vía Bluetooth con el teléfono móvil, es personalizable en cuanto a su aspecto, tiene capacidad para ejecutar aplicaciones para deportes, notificaciones de mensajes, control de dispositivos de música… y que además dispondrá de un SDK abierto para el desarrollo de nuevas aplicaciones que aumenten su funcionalidad. El proyecto ha recaudado más de 10 millones de dólares para su financiación, lo que supone el récord absoluto en la historia de Kickstarter.

Por su parte, Ouya es una nueva consola basada en el sistema operativo Android, que se prevé vea la luz al comienzo de la próxima primavera a un precio de unos 80 euros. Ha sido desarrollada gracias a los más de 8 millones de dólares que consiguió recaudar mediante financiación colectiva y podrá ejecutar todo el catálogo de juegos existentes para el operativo de Google, además de ser totalmente rooteable y ofrecer un kit de desarrollo abierto para que cualquiera pueda lanzarse a crear sus propios videojuegos. El apoyo obtenido y la expectación que ha generado son una buena muestra del ansia con que se espera la consecución de este proyecto entre la comunidad de gamers.

Si no os ha interesado ninguno de los proyectos que hemos visto hasta ahora, quizá un robot araña gigante os resulte más atractivo (muhahahaha…). Seguro que muchos alguna vez habéis deseado tener uno para hacer buen uso de él en algún atasco…pues os presentamos a Stompy, un robot hidráulico hexápodo de código abierto, de más de 5 metros de altura y 1800 kilos, y que puedes pilotar. Hechas las presentaciones, os dejamos con un vídeo para ver al bicho:

Dejando Kickstarter, nos encontramos en Fundable con un curioso proyecto que pretende unir el juego social a través de dispositivos móviles con los microcréditos a países en desarrollo. Su nombre es Seeds y se autodefine como una unión entre Farmville y Kiva. Ya existe un prototipo funcionando y los primeros microcréditos ya han llegado a Kenia. En la página del proyecto podréis ver la idea desarrollada con más detalle.

Y finalizaremos este repaso con un proyecto centrado en uno de los personajes favoritos de éste nuestro humilde blog, que no es otro que el gran Nikola Tesla. A través de Indiegogo se han recaudado más de 1,3 millones de dólares para construir un museo dedicado al genio serbio, considerado el padre de la corriente alterna y de una extensa lista de inventos y descubrimientos. Parte de este dinero irá destinado a la adquisición de los terrenos en los que se encontraba el laboratorio de Tesla cerca de Nueva York. Aquí podéis encontrar más información sobre la marcha del proyecto y también una divertida argumentación acerca de por qué Nikola Tesla es el geek más grande que jamás haya existido.

En resumen, la financiación colectiva ha permitido, permite, y esperemos permitirá hacer grandes cosas y sacar adelante ideas verdaderamente interesantes. ¿Es el nuevo motor de financiación para los nuevos tiempos que se nos vienen encima? No lo sé, cada uno podrá formarse su opinión, pero parece que, en colectivo, los sueños son menos imposibles.

Publicado por el 20 diciembre, 2012 en Monografías | 2 comentarios

Tesla también quiso volar

Seguro que algunos reconocéis la imagen de arriba, aunque solo os suene de haberla visto en algún telediario. Se trata de un Harrier, uno de los famosos aviones de despegue/aterrizaje vertical (VTOL en inglés), creado por los británicos en los años 60 y cuyos modelos han pervivido hasta la actualidad. Los primeros intentos de desarrollar aviones con esta tecnología datan de los años 50 por parte de la empresa aeronáutica Lockheed, pero lo que mucha gente desconoce es que los primeros diseños de un sistema de este tipo fueron realizados por nuestro genio de cabecera, Nikola Tesla.

Si vamos a su lista de patentes en Estados Unidos, nos podemos encontrar con las patentes U.S. Patent 1,655,113 y la U.S. Patent 1,655,114 (la segunda es una pequeña correción de la primera), que bajo el título de Method of Aerial Transportation (Método de Transporte Aéreo) y fechadas en Enero de 1928, nos presenta lo que podríamos considerar una mezcla de helicóptero y avión que Tesla denomina helicoptero-plano. Se trataría de un aeroplano que tendría una hélice situada en al parte superior para realizar el despegue/aterrizaje y que luego se colocaría en posición frontal durante el vuelo normal, y cuyo método de propulsión estaría basado en su turbina, por lo que podríamos considerarlo como uno de los precursores de los motores a reacción. Los conceptos de este sistema fue ideados por Tesla muchos años antes de que finalmente decidiera patentarlo. Según la revista yugoslava Review, puede que cuando su laboratorio fue destruido por un incendio en 1895 (cuando la aviación estaba aún en pañales) se perdieran los primeros diseños de sus sistema VTOL, pero lo que se sabe a ciencia cierta es que ya en 1911 estaba trabajando en los diseños, ya que al año siguiente, como comentamos en el artículo sobre John Jacob Astor IV, quiso que su antiguo amigo colaborase en la financiación de este proyecto, colaboración que no fue posible por la desaparición del millonario en el hundimiento del Titanic. En 1921 realizaría la primera patente en el Reino Unido, y al año siguiente también lo llego a registrar en España. Pero lamentablemente, por falta de fondos y que quizás, como en tantas cosas, estaba demasiado adelantado a su tiempo y el estado de la tecnología no era lo suficientemente avanzado, nunca llegó a realizar un prototipo.

Pero de lo que no cabe ninguna duda es que sus diseños sirvieron de inspiración para la creación de los primeros aviones con VTOL, y sigue siendo referenciadas en otras patentes como la de Boeing de 1998 sobre un avión de despegue vertical con rotación de hélices como el de Tesla, o un avión VTOL para el transporte de cargas de la empresa californiana AeroVironment, especialistas en los aviones no tripulados de reconocimiento usados por los militares norteamericanos. El legado de Tesla continua en nuestros días en las tecnologías más insospechadas

Publicado por el 25 enero, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El millonario que soñó el futuro

La noche del 14 de Abril de 1912 sería la última vez que la joven Madeleine Astor vería con vida a su marido, el millonario John Jacob Astor IV. Solo hacía unos meses que se habían casado, y tras una larga luna de miel por Europa y Egipto, durante la cual se había quedado embarazada, habían decidido volver a Estados Unidos. Pero para su viaje de regreso tuvieron la mala fortuna de elegir embarcarse en el RMS Titanic.


John Jacob Astor IV había nacido en 1864 dentro de una de las familias más ricas de todo Estados Unidos, gracias al imperio creado por su bisabuelo, el primer John Jacob Astor, imperio nacido no precisamente a partir de los negocios más legales, ya que su antepasado inició parte de su fortuna gracias al tráfico del opio. John continuó haciendo crecer los negocios de la familia, construyendo el Hotel Astoria en 1897, junto al Hotel Waldorf, propiedad de un primo suyo, para formar más tarde el legendario Hotel Waldorf-Astoria. También fue teniente coronel durante la Guerra de Cuba de 1898 en la que los norteamericanos se enfrentaron y derrotaron a los españoles. Pero a parte de destacar por estas facetas de millonario y militar, el Coronel Astor fue un hombre interesado por la ciencia y los avances tecnológicos.

En 1894 publicó una novela que se encuadraría en la primitiva ciencia ficción de finales del siglo XIX, contemporánea de las obras de H.G. Wells. La obra, titulada Viaje a otros mundos: Un romance del futuro, nos traslada al aún hoy lejano futuro del año 2088, dominado por la superpotencia norteamericana, presentando un mundo de maravillas técnicas como una red telefónica mundial, dispositivos que funcionan por energía solar, aviones trasatlánticos, viajes espaciales mediante energía gravitatoria y un sinfín de imaginativas y en algunos casos acertadas predicciones tecnológicas. También nos ofrece una visión poco realista pero románticas de Júpiter, lleno de selvas y monstruos variados, y de un Saturno habitado de espíritus que permitían ver la muerte de uno mismo, ambos planetas bajo un proceso de terraformación, mediante sistemas de control medioambiental. Resulta sobre todo llamativa la forma en como describe el sistema para el viaje interplanetario, usando las órbitas de los planetas del sistema solar y sus campos gravitatorios para ir lanzando y variando la ruta de las naves espaciales. Este es el método que han usado para viajar muchas de las sondas enviadas por la NASA hasta los confines de nuestro sistema solar, como las famosas Voyager I y II.

Luchando contra dragones en Júpiter. Ilustración de Viaje a Otros Mundos. Fuente: Gutemberg.org

Inventar fue otra de sus pasiones, patentando cosas tan variadas y curiosas como un freno de bicicleta, un desintegrador vibratorio para producir fertilizante a partir de musgos, un dispositivo neumático para arreglar carreteras, y además colaboró en el desarrollo de una turbina. Este interés por la tecnología le llevo pronto a forjar una gran amistad con uno de los genios de la invención, nuestro querido Nikola Tesla. Astor financió muchos de los proyectos de Tesla, y el inventor residió durante casi dos décadas en el Hotel Waldorf-Astoria, “aprovechándose” de vez en cuando de su amigo cuando no podía pagar la cuenta del hotel. Pero la relación entre ellos no fue por el camino que se hubiera deseado. Astor quería financiar el desarrollo, con fines comerciales,de lámparas fluorescentes y osciladores en los que Tesla había empezado a trabajar, pero el inventor, dando muestra de su típico poco sentido práctico, siempre soñando con hacer cosas cada vez más increíbles, prefirió aprovechar el dinero de Astor en otros temas, como sus malogrados experimentos en Colorado Springs con la famosa torre Wardenclyffe con la que pretendía transmitir energía y montar un sistema de telecomunicaciones intercontinental, que acabó en fracaso, al quedarse finalmente sin financiación para continuar las investigaciones. Astor consideró que su amigo en parte lo había engañado, haciéndole pensar que su inversión era para el desarrollo de lámparas fluorescentes, lo que enfrió bastante su relación. En 1912 Tesla volvió a establecer contacto con su viejo amigo, en busca de fondos para financiar una de sus nuevas ideas, un dispositivo de despegue vertical, pero el infortunio dio al traste con esto debido a la muerte de Astor en el Titanic.

La fatídica noche en que el legendario trasatlántico se topo con un iceberg, lo único que pudo hacer el Coronel Astor, en principio reticente a creer que el Titanic se estaba hundiendo, fue poner finalmente a salvo a su jonvencísima esposa embarazada (Madeleine solo tenía 19 años) embarcándola en uno de los botes salvavidas. Astor intentó acompañar a su mujer, pero los primeros botes solo eran para las mujeres y los niños, por lo que tuvo que quedarse a bordo. Testigos relataron que había ayudado en los últimos momento a embarcar pasajeros en los botes salvavidas, pero como tantas cosas en la historia, estos hechos se diluye entre la leyenda. Su cuerpo fue recuperado días después y enterrado en el Cementerio Trinity de Nueva York, desapareciendo así uno de los mecenas del avance técnico de principios del siglo XX.

Publicado por el 5 diciembre, 2011 en Historia olvidada | 14 comentarios

Cuando Tesla fotografió a Mark Twain con rayos X

Nos situamos en una mañana del otoño de 1895 en el laboratorio que Nikola Tesla tenía en el 46 de East Houston Street en Nueva York. El inmortal creador de Tom Sawyer, Mark Twain, estaba realizando una visita a su amigo inventor para ver que nuevos descubrimientos había hecho y Tesla decide hacerle una fotografía iluminado por la luz de un tubo Geissler. Cuando revelan la placa fotográfica, descubren con sorpresa que en la imagen no aparece Twain sino lo que aparenta  ser uno de los tornillos de ajuste de la lente de la cámara. ¿Qué había sucedido?

Mark Twain en el laboratorio de Tesla en 1894

La respuesta la obtendría el 28 de Diciembre de 1895, cuando fue publicado el descubrimiento de los rayos X por parte del físico alemán Wilhelm Röntgen. El tubo de vacío Geissler, una especie de antecesor de los fluorescentes actuales, había emitido este tipo de radiación, provocando que en la placa fotográfica se quedara marcada la imagen del interior de la propia cámara. Tesla acababa de hacer la primera fotografía con rayos X en Estados Unidos. El inventor inmediatamente se sintió fascinado por este fenómeno y comenzó a experimentar con él. Tesla realmente ya había hecho en años anteriores menciones a radiación invisible en sus demostraciones de sus lámparas gaseosas pero no había conseguido determinar su naturaleza, por lo que siempre adjudicó el mérito a Röntgen. En cuanto tuvo noticia del descubrimiento, Tesla envió las imágenes que había obtenido con las exposiciones a rayos X, que denominó “sombragrafías”, al científico alemán, el cual inmediatamente respondió solicitándole el método usado para conseguirlas, asombrado por la calidad de las fotografías.

Imagen de rayos X de un pie obtenida por Tesla

Pero el entusiasmo surgido en la época por los rayos X fue más allá de lo saludablemente permitido. El propio Tesla pensó que podían servir para estimular el cerebro y lo probó en él mismo, realizando varias exposiciones de 40 minutos para obtener fotografías de su cráneo. Durante las exposiciones experimentó somnolencia, lapsus temporales y una sensación de calor en la parte superior de la cabeza, por lo que en un principio llegó a pensar que podría tener aplicaciones terapéuticas. Incluso continuó investigando a pesar del dolor que le producían en los ojos y de que uno de sus asistente sufriera una quemadura en el abdomen. Pero ya en 1897 empezó a convencerse de que la radiación no eran tan inofensiva como parecía y en una conferencia realizada en la Academia de la Ciencia de Nueva York expuso sus consejos para construir y trabajar de forma segura con equipos de rayos X y los problemas que había observado en sus experimentos.

Se afirma que el propio Mark Twain experimentó los rayos X en alguna de sus visitas, aunque no ha quedado prueba de que fuera así. Pero no sería de extrañar, dado el gusto que tenía el escritor por probar los inventos de Tesla. Desde que se conocieran personalmente años atrás en el Player’s Club se había forjando una gran amistad entre los dos y acudía frecuentemente al laboratorio de Tesla, siempre fascinado por las invenciones de su amigo. Precisamente durante una de estas visitas ocurrió una divertida anécdota comentada en todas la biografías. El inventor estaba trabajando en una plataforma vibratoria con fines terapéuticos y Twain no se demoró en querer probarla. El escritor se encontraba tan a gusto vibrando sobre la plataforma que, como un niño pequeño, se negaba a bajar de ella a pesar de las advertencias de Tesla de que no debía estar demasiado tiempo. Pero de pronto comprobó a que se debían los avisos de su amigo, pidiendo desesperadamente que detuvieran la máquina y salió corriendo rumbo hacia el cuarto de baño. Acaba de comprobar los efectos laxantes de las vibraciones.

Parece que aunque no estemos seguros de si realmente Tesla hizo temblar la tierra, si que hizo temblar los intestinos de Mark Twain.

Publicado por el 1 agosto, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

El rayo mortal de Tesla (Tesla death ray)

Por fin es viernes, así que desde cornisa.net buscamos alguna alternativa con la que poder entretenernos el ya incipiente fin de semana.

Después del éxito que ha tenido la entrada Cuando Tesla hizo temblar la tierra <AUTOBOMBO> siendo la misma referenciada en Microsiervos y meneada en condiciones, entre referencias más destacables </AUTOBOMBO> he pensado en buscar algún jueguecillo que nos acerque más a uno de los inventores más importantes de la historia.

Y buscando un poco hemos llegado al death ray (rayo mortal). Sí, ya sé que parece ciencia-ficción o que el nombre lo pudo haber puesto un niño de 6 años, pero no hay que tomarlo a la ligera.

Tesla death ray

Tesla death ray

Resulta que dentro de la biografía de Tesla, podemos observar que al inicio de la II Guerra Mundial, la prensa se hizo eco del proyecto “Rayo Mortal” un pulso electromagnético de tal potencia que sería capaz de derribar una flota de 10.000 aviones situada a 400 kilómetros de distancia. Tesla creía que si entregaba este arma a cada país para que lo utilizase como arma defensiva terminarían las guerras que él tanto odiaba.

¿Qué mejor argumento para un jueguecillo flash que este rayo mortal de tesla? Si buscas en google “death ray tesla” aparecen más de medio millón de entradas y entre estas se encuentra un juego sencillo y que puede hacernos pasar un buen rato.

Pantallazo del Tesla death ray

Pantallazo del Tesla death ray

De la mano de Kongregate nos llega este pequeño entretenimiento ¿Listos para fulminar con el rayo de la muerte? ¡Adelante! y buen fin de semana.

Publicado por el 10 junio, 2011 en Por fin es viernes | Lee el primer comentario

Cuando Tesla hizo temblar la tierra

Un tranquilo día de 1898 los vecinos de varios bloques de edificios de Manhattan de los concurridos barrios Chino e Italiano empezaron a experimentar un temblor que pronto comenzó a sacudir todos los edificios y romper cristales, provocando que la gente saliera asustada a las calles de Nueva York. La policía, tras comprobar que el temblor se circunscribía solo a aquella pequeña parte de la ciudad y sospechando de quién podía ser el causante, enviaron a dos de sus agentes al número 46 de la calle East Houston. Justo antes de entrar en el edificio notaron que el temblor cesaba, y al traspasar la puerta de un laboratorio, los recibió un hombre alto y delgado, con bigote, elegantemente vestido, y armado con un martillo, diciéndoles “Caballeros, lo siento. Han llegado tarde para contemplar mi experimento. He visto necesario detenerlo de forma súbita y inesperada… ” y añadió mirando el martillo “ y de una forma inusual”. Este hombre era Nikola Tesla, el genial inventor que nos dio, entre otras cosas, la corriente eléctrica alterna gracias a la cual estás leyendo esto.

Tesla Laboratory

El causante de aquel incidente había sido un pequeño oscilador electromecánico con el que Tesla estaba experimentando aquel día para su investigación en la resonancia mecánica. Tras colocarlo sobre un pilar de su laboratorio, la vibración provocada comenzó a extenderse por los subterráneos del edificio hacia los edificios colindantes creando el caos entre sus vecinos. Tan absorto y fascinado estaba que hasta que no notó que todo su laboratorio estaba temblando no decidió finalizar el experimento de forma contundente dándole un martillazo al oscilador.

Otro de sus experimentos se lo relataría algunos años después a un periodista. Esta vez Tesla decidió experimentar fuera de su laboratorio y tras localizar un edificio en construcción en el barrio de Wall Street, que aún era un esqueleto de metal, colocó el oscilador sobre una de las vigas y lo activó. En pocos minutos toda la estructura de diez pisos del edificio empezó a vibrar, asustando a los trabajadores y provocando de nuevo que la policía hiciera acto de presencia. Antes de que nadie se pudiera dar cuenta de lo que pasaba, Tesla desactivó el dispositivo, se lo guardó en el bolsillo y continuó su camino. En la misma entrevista el inventor aseguró que en menos de una hora podría derribar el puente de Brooklyn, y llego a afirmar que con una máquina adecuada y dinamita, sería capaz partir la Tierra en dos. Esta claro que Tesla siempre pensaba a lo grande.

No se sabe a ciencia cierta si estos episodios ocurrieron tal cual o estaban magnificados por Tesla, aficionado a hacer grandes aseveraciones sobre sus investigaciones, pero así nos lo relata Margaret Cheney en una de las mejores biografías hechas sobre el inventor, Tesla: The Man Out of Time, que tiene edición en español (prologada por uno de los fans letales de Tesla que es Nacho de Microsiervos). En un episodio del año 2006 del programa Cazadores de Mitos intentaron reproducir el experimento de varias formas, pero con el experimento final sobre el puente Carquinez solo consiguieron provocar una vibración que se podía sentir a cierta distancia, pero nada parecido a un terremoto. Si llegó a crear o diseñar realmente aparatos con esa potencia, probablemente nunca lo sepamos y quede como uno de los tantos misterios que rodean a este genio.

Para aquellos que quieran intentar emular a Tesla, existe un libro con el rimbombante titulo de Nikola Tesla’s Earthquake Machine: With Tesla’s Original Patents Plus New Blueprints to Build Your Own Working Model,  que parece dar las claves para construirlo, pero creo que, salvo que te creas las peregrinas teorías conspirativas sobre los terremotos ocurridos los últimos años que circulan por la red,  por ahora nadie lo ha conseguido ;-).

Publicado por el 2 junio, 2011 en Historia olvidada, Tecnología | 33 comentarios

Pasión por inventar

No creo que haya ninguna emoción más intensa que pueda sentir el corazón del hombre, como la que siente el inventor al ver una creación de su mente funcionando. Esta emoción hace que un hombre se olvide de comer, de dormir, de los amigos, del amor, de todo.

Publicado por el 11 mayo, 2011 en Frases | 3 comentarios