Los hijos de la Talidomida en España

Si hace unas semanas trajimos a cornisa.net la historia de la vacuna contra la malaria de Manuel Patarroyo y su enfrentamiento con las empresas farmacéuticas, ayer nos enteramos a través del Telediario de La 1 de la vuelta a la actualidad de un antiguo caso del que había oído hablar hace tiempo, pero del cual desconocía sus consecuencias en España. La Asociación de Víctimas de la Talidomida en España (AVITE) presentó ayer una demanda de 156 millones de euros contra las farmacéuticas Grünenthal y UCB Pharma, los laboratorios que a finales de los 50 vendieron medicamentos con el principio activo de la Talidomida, como remedio para las náuseas de las embarazadas, con resultados nefastos.

Softenon, compuesto por Talidomida, vendido en España en los años 60. Fuente: avite.org

En 1957 las autoridades alemanas, tras las pruebas suministradas por Grünenthal de que sus experimentos con animales habían dado resultados positivos sin efectos secundarios, aprobaron el uso en humanos. En principio se probaron varias aplicaciones hasta determinar que su mejor funcionamiento era como sedante e inhibidor de las náuseas y vómitos matutinos de las mujeres embarazadas. Lamentablemente, las supuestas pruebas con animales no habían sido sido realizadas de la forma adecuada y se habían falseado resultados. Esto tuvo como consecuencia un autentico drama entre los niños nacidos de estas madres, ya que les provocó terribles malformaciones, conocidas como focomelia, que afectaban a brazos y piernas. No fue hasta 1961 cuando varios médicos se dieron cuenta de la asociación entre este medicamento y las malformaciones congénitas, y aunque Grünenthal en un principio negó estos hechos, finalmente no puedo evitar que fuera prohibida su venta en Alemania, seguido poco a poco por el resto de países. En Estados Unidos apenas tuvo repercusión gracias a que la doctora Frances Oldham Kelsey se opuso a la aprobación por parte de la FDA (Food and Drug Administration) que supervisaba, exigiendo que se hicieran más estudios ya que le parecían insuficientes los presentados por el laboratorio alemán. Este caso fue el que hizo que con el tiempo las autoridades sanitarias de estos países endurecieran los controles y las leyes sobre los medicamentos, a pesar de los cuales, como se ha comprobado varias veces, siguen sin ser suficientes.

En España no fue retirado hasta 1963, pero curiosamente, hasta el año 2003 se negó que se hubiera comercializado en nuestro país, y no se reconoció la existencia de afectados hasta el pasado año 2010, ¡casi cincuenta años después!. Eso sí, solo se reconocieron 23 personas, a las cuales el gobierno les ha concedido indemnizaciones que van desde los 30.000 y los 100.000 euros, a pesar de que se estima puede haber hasta 3.000 afectados. En Alemania el propio Estado demandó a la empresa farmacéutica como responsable de los terribles efectos secundarios, juicio que se resolvió con el acuerdo de la creación de una fundación para ayudar a las víctimas. Así se lavaron las manos de lo ocurrido, pero en España parece que se las van tener que ver de nuevo con la justicia si prospera la demanda.

La talidomida se sigue usando en la actualidad en la investigación de medicamentos para enfermedades como la lepra o el cáncer de piel, pero esperemos que esta vez pasen los controles necesarios para que una tragedia como esta nunca se vuelva a repetir.

http://es.wikipedia.org/wiki/Focomelia

Publicado por el 21 junio, 2011 en Rajar por rajar | 3 comentarios

¿Qué es lo que les importa realmente a las empresas farmacéuticas?

¿La salud de la gente o el dinero? Para cualquiera que haya seguido las noticias de los últimos años la respuesta está bien clara: el dinero.  Para descubrir la realidad de esta afirmación basta con ver el ejemplo sacado a la luz por Le Monde recientemente del laboratorio francés Sarvier, que vendió un medicamento para la diabetes durante años sabiendo de sus mortales efectos secundarios. Todos recordamos también la famosa gripe-A que desató el pánico en todo el mundo hace ya casi dos años y enriqueció, gracias a la inestimable ayuda de la Organización Mundial de la Salud (OMS), las arcas de varias multinacionales farmacéuticas, entre ellas Roche con su famoso y polémico Tamiflu, cuando los gobiernos compraron cantidades masivas de antivirales que luego tuvieron que comerse con patatas. Precisamente durante al comienzo de la pandemia una voz se alzó ya discrepante ante la alarma creada, la voz de alguien que ya había sufrido durante años del ostracismo por negarse a colaborar con el mercado de la salud, el científico colombiano Manuel Elkin Patarroyo.

Manuel Patarroyo

Manuel Elkin Patarroyo Fuente: EFE

Patarroyo, fundador del Instituo Inmunológico de Colombia, se embarcó desde sus comienzos como investigador en la búsqueda de una vacuna contra la malaria, que empezó a dar sus frutos a finales de los 80 con la vacuna sintética SPf66, cuya patente cedió gratuitamente a la OMS en 1993, tras rechazar una oferta millonaria de una multinacional farmacéutica. Aunque en sus inicios la efectividad no era muy grande, un prometedor 30%, poco a poco fue consiguiendo mejorarla hasta alcanzar el 50%. Precisamente por esto le fue otorgado el Premio Príncipe de Asturias en 1994, pero a partir de aquí empezaría el particular vía crucis del investigador. La OMS no comercializó la vacuna, esperando que mejoraran los resultados, lo que provocó el disgusto de Patarroyo que opinaba que la organización estaba obstaculizando la distribución de la vacuna a millones de personas en el tercer mundo que la necesitaban. Paralelamente, empezaron aparecer estudios financiados por la industria farmacéutica que ponían en duda sus descubrimientos, y parte de sus colaboradores, como el español Pedro Alonso, pasaron a formar parte de otro equipo que empezó a trabajar sobre otra vacuna, la RTS,S, que curiosamente si que tenía patente, y pertenecía a GlaxoSmithkline. Esta vacuna no ofrecía mejores resultados que la de Patarroyo, pero recibió mucho más apoyo, siendo financiada por ejemplo por la fundación de Bill Gates, y cerraba el desarrollo de la vacuna como medicamento genérico.

A principios de 2001, debido a las deudas adquiridas por su investigación, el BBVA embargo los laboratorios del Instituto Inmunológico de Colombia. Curiosamente algunos meses después de esto el BBVA comenzó a financiar las investigaciones de Pedro Alonso en el Hospital Clínic de Barcelona. ¿Coincidencia? Quién sabe… Pero Patarroyo no se rindió ante estos obstáculos, y continuo su investigación, primero financiado por el Gobierno de Colombia, y luego por la Fundación para la Investigación Solidaria de Navarra, la Agencia Española de Cooperación Internacional y la Universidad de Rosario (Bogotá), que ha dado como fruto una nueva versión de la vacuna, Colvafac (Colombian falciparum vaccine), que según ha comentado Patarroyo recientemente, tiene una efectividad del 90% en monos y comenzará a mediados del 2012 sus pruebas en humanos. Pero las multinacionales farmacéuticas siguen dándole la espalda, a pesar de haber intentado volver a negociar con ellas, y continúan su apoyo a la vacuna patentada, que les puede dar pingües beneficios a costa de los países del tercer mundo y de aquellos del primero que tengan que viajar a ellos. No olvidemos que la malaria desapareció de España hace solo poco más de 40 años, y quién sabe si con el cambio climático algún día puede volver a los países considerados del primer mundo.

Mapa de la malaria

Mapa de distribución de la Malaria (c) Malaria Atlas Project

Precisamente de la investigación de Colvafac han salido los resultados, publicados en la revista Chemical Reviews, que saltaron a los medios de comunicación en el mes de Marzo, en los cuales Patarroyo afirma haber encontrado los principios químicos para la creación de vacunas sintéticas que podrían ayudar a combatir 517 tipos de enfermedades. Suena realmente ambicioso, no se si en esta ocasión Patarroyo se está dejando llevar por el entusiasmo, pero si tiene razón, ¿seguirán ignorándolo como hasta hora?. Esta noticia aunque ha sido bastante difundida por la prensa, no hay tenido la gran repercusión que quizás debiera.

Sirva esto como una muestra de como funcionan aquellos que tienen en sus manos nuestra salud y a los que no les gustan que les toquen sus ingresos. Un simple ejemplo, lamentablemente, de la sociedad en la que vivimos donde todos estamos supeditados a los que manejan el dinero, ya sean los bancos, las empresas petroleras o las empresas farmacéuticas. Y no sé te ocurra desafiarles, pues en palabras de Patarroyo: “no caigo en la trampa de enfrentarme o un día cualquiera desaparezco en el Amazonas”.

Publicado por el 17 mayo, 2011 en Rajar por rajar | 9 comentarios