Joyas del Cómic V: V de Vendetta

“Recuerda, recuerda, el cinco de Noviembre, la traición y el complot recordarás. Por ninguna razón el complot de la pólvora debería olvidarse jamás…” Con estas palabras comienza la primera “actuación” de V, el protagonista de la obra de Alan Moore y David Lloyd que tan popular se ha hecho en el mundo más allá del cómic por la adaptación al cine en el años 2006 y últimamente gracias a la máscara de V, convertida en símbolo de la organización de hackers Anonymous. Pero el cómic va más allá estas simplificaciones de su mensaje, siendo un auténtico ensayo sobre los fascismos, la anarquía y la venganza.

Corrían principios de los 80 cuando vio la luz en la revista inglesa Warrior, en glorioso blanco y negro, publicándose de forma serializada hasta que desgraciadamente la revista tuvo que cerrar, quedando inconclusa. Pasaría cinco años durmiendo el sueño de los justos hasta que DC Comics la rescató en 1988, permitiendo a los autores finalizar la obra, y la publicó en formato comic-book, coloreada y dividida en diez entregas, creando una de las mejores obras maestras del cómic. La historia nos sitúa en el, en aquellos tiempos, cercano futuro de 1997, en una distópica Gran Bretaña, que tras haber superado una Tercera Guerra Mundial que se ha llevado por delante a rusos y norteamericanos, y con el beneplácito de una indolente población, ha instaurado un régimen fascista, inspirado claramente en obras como 1984 o Un mundo feliz, que controla con mano férrea a todos los habitantes de la pérfida albión. Evey Hammond, una adolescente huerfana, decide que la única salida a su situación económica es la prostitución, teniendo la mala suerte de toparse en su primera noche con agentes de El Dedo, la policía del régimen, que intentan aprovecharse de ella. Será salvada en última instancia por nuestro héroe, que la llevará a continuación a una peculiar sesión de fuegos artificiales celebrando el 5 de Noviembre. Así comenzará un viaje de un año donde se nos irá mostrando la lucha de V contra el sistema dictatorial, dejando un reguero de muertes y explosiones, en un viaje que transformará tanto a Evey como a V, desvelando poco a poco el pasado del protagonista y las razones que le han convertido en el justiciero/terrorista enmascarado. Un camino que nos enseñara que significa la anarquía, despertará las conciencias, y sobre todo, nos mostrará como puede ser la venganza que da título a la obra.

El siempre genial y excéntrico Alan Moore plasma en esta obra sus temores sobre el futuro que podría surgir de una Gran Bretaña dominada por Margaret Thatcher (La Dama de Hierro), con su prosa siempre perfecta, llena de múltiples referencias culturales del cine, la música y la literatura, quizás sin llegar a las cotas de su obra maestra, Watchmen, pero muy cerca de ella. Su compañero de viaje no se queda atrás. David Lloyd nos muestra con su estilo realista este futuro oscuro, lleno de sombras y juegos de luces, con una disposición de viñetas clásico, siempre en tres filas por página, sin demasiados artificios. Y que decir del diseño de V, convertido ya en un icono cultural gracias a esa máscara inspirada en el católico Guy Fawkes que intentó volar por los aires el parlamento británico un 5 de Noviembre de 1605. ¿Hay algo más terrorífico que ver su sonrisa antes de morir? Durante la obra varios personajes comprueban que no.

En definitiva, nos encontramos con un imprescindible en las bibliotecas de aquellos que, tanto si son aficionados al cómic como si no, quieran ver sus conciencias sacudidas por las ideas que fluyen en la historia, que no sean conformista, que piensen por si mismos. Y si no eres de estos, lee el cómic igualmente, no te dejará indiferente. Seguramente cambiarás. Me despido con una de las frases que me ha parecido más importante de la obra: “Las ideas son a prueba de balas”.

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Publicado por el 29 septiembre, 2011 en Monografías | 2 comentarios

Joyas del Cómic IV: El Incal

A finales de los años setenta el chileno Alejandro Jodorowsky fue contratado para llevar a la pantalla grande la inmortal novela de Frank Herbert, Dune. Junto al dibujante francés Jean Giraud “Moebius” se embarcó en el proyecto durante varios años hasta que problemas con los productores dieron al traste con la película. Pero Jodorowsky y Moebius decidieron aprovechar todo el trabajo realizado y así vería la luz a partir de 1980 en las páginas de la revista Metal Hurlant la saga de El Incal.

John Difool cayendo en la primera página de la obra

Situada en un mundo distópico dentro un vasto imperio galáctico, en la primera página se nos presenta el accidental protagonista de la obra, el detective John DiFool, un tipo feucho, desgarbado y nada heroico que se verá en el centro de una trama de dimensiones mitológica cuando un moribundo alienígena le entrega El Incal, un cristal luminoso que esconde un poder más allá de cualquier concepción humana. Acompañado por una peculiar mascota, la parlanchina gaviota de cemento Deepo, tendrá que huir perseguido por varias facciones del imperio y los alienígenas Berg, provenientes de una galaxia cercana, que ambicionan el misterioso cristal. En su camino se unirán a su aventura El Metabarón, un cazador de recompensas contratado para matar a DiFool, su ahijado/a Soluna, un ser andrógino destinado a tener un papel fundamental en la historia, y Animah, la guardiana de la luz de El Incal. Con este planteamiento el cómic nos narra una historia de ciencia-ficción con unas fuertes componentes místicas, metafísicas y oníricas en ocasiones, junto con la sátira, que nos lleva en un fantástico viaje por toda la galaxia.

Cuando Difool encontró a Animah

Jodorowsky, siempre inclasificable, utiliza la obra como canal de sus excéntricas inquietudes, como el Tarot (DiFool representa la carta de El Loco), el chamanismo y el camino hacia la iluminación personal, temas que han sido fundamentales en todas las facetas de su trabajo, tanto como escritor, director de cine o guionista de cómic. Pero no por sus estrafalarias creencias, como la psicomagia, deja de ser un autor brillante creando un obra entretenida, imaginativa, llena de aventuras y con ciertos toques de humor, por lo que no se asuste el posible futuro lector por las bases de la historia. Y que decir de los dibujos que la ilustran. Moebius es un maestro del cómic y está es quizás una de sus mejores obras. Un tanto alejado de sus entregas del famoso Teniente Blueberry, cómics que firmaba con su nombre real, en El Incal desarrolla un estilo en cierta forma más sencillo, con líneas más claras, pero a la vez más complejo en la composición de página y en los diseños de vehículos espaciales,  los escenarios y las criaturas de ciencia-ficción que pueblan la obra.

Así que si queréis aprovechar el verano para realizar un pequeño viaje por el universo más extraño y alucinógeno que os podáis imaginar, buscad el tomo recopilatorio de esta magnífica obra en vuestra librería favorita. Lo disfrutaréis.

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Publicado por el 4 julio, 2011 en Monografías | 2 comentarios

Joyas del Cómic III: Wonder Woman de George Pérez


Pocos personajes del noveno arte, ya sean masculinos o femeninos, pueden presumir de llevar más de setenta años publicándose ininterrumpidamente como Wonder Woman, la primera superheroína del cómic. Fue creada en 1941 por el psiquiatra William Moulton Marston, inventor también de uno de los elementos del detector de mentiras. Conocido por el seudónimo de Charles Moulton, viendo las posibilidades educacionales del cómic, le dio a la editorial DC Comics un personaje que pudiera interesar al público femenino. Durante sus primeros cuarenta y pocos años de existencia nunca pudo destacar especialmente aún siendo un icono cultural importante, llegando a tener su propia serie de TV en los setenta, todo debido a los equipos creativos que pasaron por sus páginas, correctos pero incapaces de crear una etapa realmente memorable del personaje, manteniéndola siempre a la sombra de los dos grandes superhéroes de la editorial, Superman y Batman. Hasta que llego el maestro Pérez.

El año 1986 era un año importante para DC Comics. Tras finalizar su Crisis en Tierras Infinitas donde habían la dado la vuelta completamente a su universo de ficción, era el momento de renovar sus personajes principales, y tras Superman: El Hombre de Acero de John Byrne y el Batman: Año Uno de Frank Miller, le tocó el turno a su principal superheroína. Y tal tarea recayó en el que hoy podemos denominar El Dibujante de Superhéroes. El norteamericano de origen portorriqueño George Pérez llevaba desde finales de los años 70 ilustrando las aventuras de los principales héroes de Marvel y DC, habiendo pasado ya por Los Vengadores, La Liga de la Justicia, Los Nuevos Titanes y la antes mencionada Crisis,  donde había demostrado su valía para dibujar magníficas páginas y páginas repletas de superhéroes con un estilo detallista y cuidado. Pero fue en la colección de la maravillosa amazona donde alcanzó sus mayores cotas artísticas. A finales de 1986 saldría a la venta el primer número de la nueva colección de Wonder Woman y bastaba con ver la magnífica portada doble de ese número para comprender que estábamos ante algo más que un simple tebeo.

Portada del primer número de Wonder Woman

Portada del primer número de Wonder Woman ©DC Comics

La portada solo nos daba a intuir lo que ibamos a encontrar en sus páginas interiores: los dioses griegos paseándose por un Olimpo que parece surgido de la mente de M.C. Escher; el nacimiento de la tribu de las amazonas en un lago de la antigua Grecia; la humillación de Hippolyta, reina de las amazonas, ante Heracles y el posterior éxodo hasta la recóndita Isla Paraíso donde las mujeres guerreras establecerían su nuevo hogar. Y por supuesto, el nacimiento de Diana, la princesa de las amazonas, y su elección como la campeona que tendría que defender al mundo de una terrible amenaza. En solo treinta y dos páginas Pérez fue capaz de contarnos esta historia con una perfección digna de ser comentada en cualquier manual de como hacer cómics. El dibujante se documento profusamente sobre la Grecia antigua, su mitología, su arquitectura, sus vestidos y peinados, incluso la forma de ser, para ser lo más fiel posible a la época, y con la ayuda del guionista Greg Potter nos trajo la mejor historia del origen de nuestra amazona favorita, basada en los dos aspectos que serían fundamentales a lo largo de toda la obra: el feminismo del personaje y sus raíces mitológicas.

Ese número solo fue el comienzo de una época inolvidable que se iniciará con la primera gran saga, en la que la princesa amazona se las vería con el mismísimo dios de la guerra, Ares. En ella se nos presentarían los personajes secundarios que serían fundamentales: el coronel del ejercito norteamericano Steve Trevor, la teniente Etta Candy, la profesora de arqueología Julia Kapatelis y su hija Vanessa, que ayudarían a Diana en una lucha contra reloj para impedir una hecatombe mundial, con un final épico, donde Wonder Woman triunfará gracias a la verdad, y donde comenzará la gran tarea de Diana en el mundo del hombre: conseguir la paz y el entendimiento entre todas las culturas.

Wonder Woman contra Ares ©DC Comics

Tras esta aventura nos encontramos un delicioso episodio de interludio en el que basado en los textos de cartas y diarios de cuatro de los personajes femeninos que rodean a Diana, junto con ilustraciones de lo descrito, nos van relatando desde sus puntos de vista los primeros pasos de la amazona en el mundo del hombre. En seguida, y tras un breve encuentro con una villana clásica complemente remozada, Cheetah, nos plantaríamos en una nueva saga, el Desafío de los Dioses, donde Wonder Woman debería enfrentarse a toda una pléyade de criaturas mitológicas y durante la cual nos descubrirían secretos de su pasado, como el porque de que su armadura se parezca tanto a la bandera norteamericana. De las historias que siguieron cabe destacar el duelo con la bruja Circe, aquella que aprisionó a Ulises convirtiendo a sus compañeros de viaje en cerdos, y el número 20 de la serie americana, un estremecedor relato de corte policíaco donde Diana se tiene que enfrentar con una dura realidad que nada tiene que ver con villanos y superpoderes, que no voy a revelar ya que es el eje principal del misterio planteado en el episodio.

Portada del Wonder Woman Annual #2 DC Comics

Portada del Wonder Woman Annual #2 © DC Comics

Después del número 24 de la colección, George Pérez abandonó los lápices para encargarse solo de los guiones, lo que hizo resentirse gráficamente a la serie, aunque siguió manteniendo la calidad argumental hasta abandonar definitivamente tres años después. Pero esos primeros veinticuatro números quedarían en el recuerdo de todos los aficionados al cómic como la etapa más gloriosa de la princesa amazona. Nunca nadie la dibujo tan hermosa ni la dotó de una personalidad tan real, una mujer fuerte a la vez que inocente, inteligente aunque insegura de si misma, enfrentada a un complejo mundo muy distinto a su idílica Isla Paraíso  y demostrando que era algo más que una chica mona con un bañador rojo y azul.

Recientemente Planeta DeAgostini ha recopilado esta etapa en una edición de dos tomos en tapa dura, con lo que cualquiera que quiera acercarse a disfrutar de esta maravillosa obra, lo tiene bien fácil.

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Publicado por el 29 mayo, 2011 en Monografías | 3 comentarios

Joyas del Cómic II: La balada del mar salado

“Yo soy el Océano Pacífico. El mayor de todos.” Así comienza el relato con el que el italiano Hugo Pratt nos presentaba en un ya lejano 1967 a uno de los grandes héroes del noveno arte, Corto Maltés. Su imagen de largas patillas, gorra de capitán y casaca azul oscuro son ya icónicas en el imaginario de los aficionados al cómic.

Las historia nos sitúa en su inicio unos pocos meses antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Navegando a bordo de un catamarán pirata, el taimado capitán Rasputín recoge a dos jóvenes náufragos, Pandora Groovesnore y su primo Caín, hijos de dos preboste de la marina británica  y decide que puede sacar partido de tan ilustres pasajeros. Tan solo unos días después vuelven a descubrir a otro náufrago, un viejo conocido del barbudo Rasputín. Atado a un balsa por la tripulación del barco del que era capitán, debido a un problema de faldas, nos encontramos a nuestro héroe, Corto Maltés. El personaje se nos presenta como un aventurero irónico y un poco canalla, pero poco a poco vamos descubriendo que tras esa fachada se esconde un tipo con buen corazón, capaz de ser un auténtico héroe.

La aventura nos lleva a navegar por los legendarios mares del sur que nos describieron Jack London y R.L.Stevenson en sus clásicos relatos, llenos en este caso de tribus polinésicas poco amigables, algún que otro tiburón y los acorazados y submarinos, alemanes e ingleses, que se encontraban en medio ya del primer gran conflicto mundial. También nos descubrirá personajes inolvidables, como Tarao, el joven marinero maorí; Cráneo, el pirata melanesio, segundo de abordo de Rasputín; Slütter, el, en el fondo, honorable teniente alemán;  y por supuesto, el misterioso “El Monje”, líder de los piratas, que se refugia en la isla “La Escondida”, cuyo trágico pasado no descubriremos hasta el final de la historia. Todo ello conforma una autentica novela de aventuras en el sentido más clásico, pues como a Pratt le gustaba decir, él era un novelista que incluía dibujos en vez de descripciones. Incluso si le quitáramos los dibujos no seguiría quedando una narración literaria de indudable calidad. Reafirmando esto, Umberto Eco llego a decir de él que había sido “el Salgari del siglo XX, pero al contrario de Salgari, Hugo Prat escribía bien”. Pero está claro que sin la habilidad de Pratt con el lápiz y la tinta esta obra no sería lo que es ni habría elevado el noveno arte al nivel de la literatura.

Esta historia, la más extensa de todas, solo fue el comienzo de una serie que a lo largo de los años nos fue desglosando la biografía de nuestro héroe, desde su nacimiento hasta el momento de su desaparición, ambos puntos relacionados curiosamente con nuestro país, pero dejo a los futuros lectores de estas magníficas obras que lo descubran por si mismos.

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Publicado por el 14 mayo, 2011 en Monografías | 3 comentarios

Joyas del Cómic I: Zora y los Hibernautas

En el principio de los ochenta, si había un nombre que era sinónimo de cómic, ese era el de la revista de Toutain Editor, 1984. La publicación se erigía como el estandarte del cómic adulto y de calidad nacido durante la transición en una España ansiosa libertad y de nueva emociones tras tantos años de dictadura. Aún estábamos en la época del destape y eso se reflejaba en los cómics publicados que se apoyaban ampliamente en el desnudismo. En esta revista fue donde vio la luz por primera vez, por entregas entre 1980 y 1981, Zora y los Hibernautas, y más tarde sería recopilada como álbum por Toutain, formato en el que la descubrí por primera vez. Ya eran finales de los ochenta del pasado siglo cuando una versión bastante joven de este humilde servidor descubrió el cómic en casa de un familiar y se quedó fascinado por aquella extraña aventura de ciencia-ficción llena exóticas hermosas mujeres bastante ligeras de ropa. Nunca más volví a ver ese cómic, nunca conseguí localizar ningún ejemplar, hasta que en el año 2004  la editorial Glenat recuperó este clásico del noveno arte español con lo que pude por fin incorporarlo a mi tebeoteca.

Fragmento de la portada original. Fuente: tebeosfera.com

El cómic nos narra una historia situada en un lejano futuro donde la sociedad actual ha desaparecido siendo sustituida por otra compuesta solo por mujeres, que habitan el planetoide artificial Colmena, organizadas como los insectos sociales, de forma jerárquica y donde la reproducción se realiza artificialmente, desechando cualquier embrión macho. La protagonista de la historia, la capitana Zora, junto a un grupo de compañeras, descubren a varios hombres hibernados en las ruinas de la ciudad de Novaterra, en la Luna, lo que les hace remover los cimientos de sus creencias sociales, y de paso, Amon, uno de los hombres, también le removerá el escultural cuerpo de nuestra heroína. Este es el detonante de la acción en el que este grupo, junto con otros personajes que se van encontrando a lo largo del desarrollo de la historia, se opone a las autoridades de Colmena, iniciándose una revolución que transformará completamente la sociedad matriarcal y dará un nuevo comienzo para la especie humana.

Doble página interior dónde Zora descubre como se hacían las cosas en los viejos tiempos. Fuente:tebeosfera.com

No vamos a negar que aunque el planteamiento de la historia es bastante sugerente, el desarrollo final, aun siendo correcto no es quizás todo lo brillante que se pudiera desear, pero eso no importa, lo realmente fascinante de este cómic son sus maravillosas ilustraciones. Porque su autor, Fernando Fernández, era un Artista, así, con mayúsculas, y en esta obra lo demostró dando cabida a todo tipo de experimentación plástica. Las páginas combinan óleo, acuarela, gouache, acrílicos, rotuladores, anilinas, tinta china, lápiz y sanguina, creando una amalgama de estilos que no desentona para nada en unas arriesgadas composiciones de página y confiere a la obra de un grafismo espectacular con una impresionante paleta de colores. Los diseños de los edificios y las naves espaciales tienen un aspecto orgánico y recargado en donde se puede ver un claro homenaje a Gaudí, reconocido por el propio autor. Cada página de este cómic es una pequeña obra de arte que no desentonaría en ningún museo; y valen más que su peso en oro como demuestran los precios en el mercado de los originales, que rondan los tres mil euros para las páginas más elaboradas, sobre todo si en ella sale la exhuberante Zora.

Zora flotando en el espacio en uno de los momentos más alucinógenos de la obra.

Aunque tuvo una larga carrera en el mundo del cómic, ésta es una de las últimas grandes obras que nos dejo Fernando Fernández antes de abandonar a finales de los ochenta su carrera historietística para dedicarse de lleno a su verdadera pasión, que era la pintura, hasta su fallecimiento en Agosto del 2010. Pero está claro que la historia de Zora le ayudó a ascender al Olimpo de los grandes autores del cómic español.

Inauguramos así este monográfico sobre el cómic donde a lo largo de varias entregas iré comentando las que, en mi humilde opinión, son las grandes obras del noveno arte que han pasado por mis manos, obras que por una razón u otra merecen la pena ser disfrutadas por cualquier persona.

Publicado por el 1 mayo, 2011 en Monografías | 2 comentarios