El Padre volador

Desde el principio de los tiempos el hombre había soñado con volar, con surcar los cielos como los pájaros. Muchos fueron los intentos, desde las primeras cometas creadas en China hasta los fantásticos diseños de Leonardo da Vinci. Oficialmente el primer vuelo del que se tiene noticia fehaciente fue el realizado por el globo aerostático inventado por los hermanos Montgolfier en 1783, pero algunos años antes un joven jesuita brasileño ya lo había conseguido.

Bartolomeu Lourenço de Gusmão había nacido en Santos, en la actual Brasil, pero que en aquel 1685 era aún una colonia Portuguesa. Siendo aún casi niño ingresó en la orden de los Jesuitas, tras haber cursado en Bahía estudios de Humanidades. Con tan solo veinte años ya patentó un sistema para extraer el agua de un río y subirla hasta una altura de cien metros. En 1709 decide desplazarse a Europa y llega a Lisboa ya con su nuevo invento en mente tras haber realizado algunos experimentos con pequeños globos aerostáticos en 1706. El jesuita apuntaba alto y al poco de llegar a  la capital portuguesa solicitó audiencia para presentar ante la Corte su invención. A principios de Agosto de aquel años 1709 realizó en primer intento que acabó con el artilugio en llamas. Un segundo intento consiguió elevarse unos palmos pero los sirvientes de la Corte, temiendo que ocurriera lo mismo que en el primer intento, lo derribaron. Tendría que llegarse a un tercer intento, realizado en el patio de la Casa de Indias, frente al Rey y toda su corte. Esta vez el globo conseguiría elevarse unos cuatro metros hasta descender tras habersele agotado la llama. La exhibición fue todo un éxito y el rey Juan V quedó tan encantado que prometió a  Bartolomeu el derecho exclusivo sobre la creación de máquinas voladoras en el reino. Lamentablemente todo esto se quedó solo en palabras, ya que nunca más volvió a realizar demostraciones públicas y se supone que sufrió el acoso de la Inquisición por sus investigaciones, consideradas diabólicas, aunque también tendría que ver la animadversión contra los jesuitas de Michelangelo Conti, el nuncio apostólico de Lisboa y futuro Papa Inocencio XIII. Esta persecución le obligó al final a huir a Toledo, donde moría de fiebres con tan solo treinta y nueve años, dejando sus sueños de crear máquinas voladoras incompletos.

Lamentablemente no nos ha llegado ningún diseño fidedigno de como era La Passarola, como llamaron al globo creado por el Padre Bartolemu por su parecido con un pájaro, tan solo diseños un tanto fantasiosos basados en elucubraciones, principalmente del siglo XIX, pero parece que seguía más o menos los principios que rigen los actuales globos, con un quemador que calentaba el aire para hacer elevarse al artilugio.  Aunque no sepamos definitivamente como era, sabemos que lo intentó, que quiso que el hombre conquistara los cielos y solo por eso se merece ser reconocido y recordado como uno de los padres de la aviación, como un autentico Padre Volador.

Publicado por el 17 febrero, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El ingeniero que nos ayudó a fregar mejor

A finales del pasado año se nos fue uno de esos genios de la inventiva española que, aún sin ser muy conocidos, se merecen también letras de oro en la historia de España. Manuel Jalón Corominas no hizo un gran descubrimiento técnico ni científico, pero creo algo fundamental para facilitarnos la vida cotidiana: inventó la fregona.


Manuel Jalón, nacido en Logroño en 1925, estudió Ingeniería Aeronáutica y durante muchos años trabajo por varios lugares del mundo en el área de creación y mantenimiento de aviones, llegando a ser Oficial de Mantenimiento de Aviones en las Fuerzas Áreas estadounidenses y ser admitido en 1965 en el American Institute of Aeronautics and Astronautics. Pero a pesar de ser un gran profesional de la aeronáutica, sus inquietudes inventivas le llevaron por otros derroteros. Y así, durante su estancia en Zaragoza a mediados de los años 50 del pasado siglo, siendo supervisor de los talleres de mantenimiento y reparación de los F86 Sabre, decide dar una vuelta a su carrera profesional y participa en la fundación de Manufacturas Rodex S.A., la empresa donde vería la luz la fregona.


Jalón se inspiro para la creación de la fregona en el sistema que usaban en Estados Unidos para limpiar los hangares, con grandes cepillos y trapos con palos. El principal fin de su inventor era conseguir que las mujeres dejaran de fregar de rodillas, que, a parte de ser un tanto humillante, causaba problemas como bursitis o artrosis. Según sus palabras “Intenté dignificar un trabajo humilde. Fregar de rodillas sólo lo soportaban las mujeres sin otra posibilidad. Incluso las amas de casa de clase media esperaban a que el marido no estuviese en casa para arrodillarse a fregar”. La primera versión de la fregona incluía un cubo con rodillos que se usaba para exprimir lo que primero se denominó lavasuelos, pero que al empezar a comercializarse, su primer vendedor, Enrique Falcón Morellón, la rebautizó como fregona. Esos primeros tiempos fueron complicados, teniendo que hacer demostraciones por doquier para convencer de su utilidad y visitando ferias de muestras para promocionar el producto. Pero enseguida caló en la población española, extendiéndose con los años su uso por todo el mundo. En 1964 nacería el modelo de cubo que estamos todos acostumbrados a ver, con su escurridor en una sola pieza de plástico con forma de tricornio. Lo curioso del caso es descubrir que se inspiró en la generatriz curva, usada en el diseño fuselajes de los aviones con el fin de darles resistencia, para crear este cubo. Pero esta invención no se ha librado, como ha ocurrido con tantos inventos, de la polémica de la atribución de la autoría, y así, Emilio Bellvis Montesano, uno de los socios de Manuel Jalón, acabo atribuyéndose durante años la patente de la fregona, hasta que en 2009 la justicia dio la razón al genuino inventor.

Pero este no sería su único aporte para mejorar nuestra calidad de vida. De lo que más orgulloso se sintió siempre Manuel Jalón fue de sus aportaciones a la creación de la jeringuilla desechable. Desarrollada entre 1973 y 1978, la nueva jeringuilla desechable empezó ser comercializada por la empresa Fabersanitas, ubicada en Fraga (Huesca) con tremendo éxito debido al diseño de Manuel Jalón, que la hizo mucho más fina, transparente, de deslizamiento suave, y sobre todo, fácilmente destruible después de ser usada. Arrasó prácticamente con la competencia y aún a día de hoy, ya en propiedad de la multinacional Becton Dickinson, la fábrica de Huesca sigue siendo una de las mayores productoras de material médico desechable.

Manuel Jalón falleció el 16 de Diciembre del 2011 dejándonos este pequeño pero importante legado en nuestras vidas.  Así que la próxima vez que os pongáis a fregar el suelo, recordad a este insigne inventor y reflexionad sobre como para algo tan aparentemente simple como una fregona, hizo falta un ingeniero aeronáutico para inventarla.

Publicado por el 5 marzo, 2012 en Historia olvidada | 4 comentarios

Tesla también quiso volar

Seguro que algunos reconocéis la imagen de arriba, aunque solo os suene de haberla visto en algún telediario. Se trata de un Harrier, uno de los famosos aviones de despegue/aterrizaje vertical (VTOL en inglés), creado por los británicos en los años 60 y cuyos modelos han pervivido hasta la actualidad. Los primeros intentos de desarrollar aviones con esta tecnología datan de los años 50 por parte de la empresa aeronáutica Lockheed, pero lo que mucha gente desconoce es que los primeros diseños de un sistema de este tipo fueron realizados por nuestro genio de cabecera, Nikola Tesla.

Si vamos a su lista de patentes en Estados Unidos, nos podemos encontrar con las patentes U.S. Patent 1,655,113 y la U.S. Patent 1,655,114 (la segunda es una pequeña correción de la primera), que bajo el título de Method of Aerial Transportation (Método de Transporte Aéreo) y fechadas en Enero de 1928, nos presenta lo que podríamos considerar una mezcla de helicóptero y avión que Tesla denomina helicoptero-plano. Se trataría de un aeroplano que tendría una hélice situada en al parte superior para realizar el despegue/aterrizaje y que luego se colocaría en posición frontal durante el vuelo normal, y cuyo método de propulsión estaría basado en su turbina, por lo que podríamos considerarlo como uno de los precursores de los motores a reacción. Los conceptos de este sistema fue ideados por Tesla muchos años antes de que finalmente decidiera patentarlo. Según la revista yugoslava Review, puede que cuando su laboratorio fue destruido por un incendio en 1895 (cuando la aviación estaba aún en pañales) se perdieran los primeros diseños de sus sistema VTOL, pero lo que se sabe a ciencia cierta es que ya en 1911 estaba trabajando en los diseños, ya que al año siguiente, como comentamos en el artículo sobre John Jacob Astor IV, quiso que su antiguo amigo colaborase en la financiación de este proyecto, colaboración que no fue posible por la desaparición del millonario en el hundimiento del Titanic. En 1921 realizaría la primera patente en el Reino Unido, y al año siguiente también lo llego a registrar en España. Pero lamentablemente, por falta de fondos y que quizás, como en tantas cosas, estaba demasiado adelantado a su tiempo y el estado de la tecnología no era lo suficientemente avanzado, nunca llegó a realizar un prototipo.

Pero de lo que no cabe ninguna duda es que sus diseños sirvieron de inspiración para la creación de los primeros aviones con VTOL, y sigue siendo referenciadas en otras patentes como la de Boeing de 1998 sobre un avión de despegue vertical con rotación de hélices como el de Tesla, o un avión VTOL para el transporte de cargas de la empresa californiana AeroVironment, especialistas en los aviones no tripulados de reconocimiento usados por los militares norteamericanos. El legado de Tesla continua en nuestros días en las tecnologías más insospechadas

Publicado por el 25 enero, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El millonario que soñó el futuro

La noche del 14 de Abril de 1912 sería la última vez que la joven Madeleine Astor vería con vida a su marido, el millonario John Jacob Astor IV. Solo hacía unos meses que se habían casado, y tras una larga luna de miel por Europa y Egipto, durante la cual se había quedado embarazada, habían decidido volver a Estados Unidos. Pero para su viaje de regreso tuvieron la mala fortuna de elegir embarcarse en el RMS Titanic.


John Jacob Astor IV había nacido en 1864 dentro de una de las familias más ricas de todo Estados Unidos, gracias al imperio creado por su bisabuelo, el primer John Jacob Astor, imperio nacido no precisamente a partir de los negocios más legales, ya que su antepasado inició parte de su fortuna gracias al tráfico del opio. John continuó haciendo crecer los negocios de la familia, construyendo el Hotel Astoria en 1897, junto al Hotel Waldorf, propiedad de un primo suyo, para formar más tarde el legendario Hotel Waldorf-Astoria. También fue teniente coronel durante la Guerra de Cuba de 1898 en la que los norteamericanos se enfrentaron y derrotaron a los españoles. Pero a parte de destacar por estas facetas de millonario y militar, el Coronel Astor fue un hombre interesado por la ciencia y los avances tecnológicos.

En 1894 publicó una novela que se encuadraría en la primitiva ciencia ficción de finales del siglo XIX, contemporánea de las obras de H.G. Wells. La obra, titulada Viaje a otros mundos: Un romance del futuro, nos traslada al aún hoy lejano futuro del año 2088, dominado por la superpotencia norteamericana, presentando un mundo de maravillas técnicas como una red telefónica mundial, dispositivos que funcionan por energía solar, aviones trasatlánticos, viajes espaciales mediante energía gravitatoria y un sinfín de imaginativas y en algunos casos acertadas predicciones tecnológicas. También nos ofrece una visión poco realista pero románticas de Júpiter, lleno de selvas y monstruos variados, y de un Saturno habitado de espíritus que permitían ver la muerte de uno mismo, ambos planetas bajo un proceso de terraformación, mediante sistemas de control medioambiental. Resulta sobre todo llamativa la forma en como describe el sistema para el viaje interplanetario, usando las órbitas de los planetas del sistema solar y sus campos gravitatorios para ir lanzando y variando la ruta de las naves espaciales. Este es el método que han usado para viajar muchas de las sondas enviadas por la NASA hasta los confines de nuestro sistema solar, como las famosas Voyager I y II.

Luchando contra dragones en Júpiter. Ilustración de Viaje a Otros Mundos. Fuente: Gutemberg.org

Inventar fue otra de sus pasiones, patentando cosas tan variadas y curiosas como un freno de bicicleta, un desintegrador vibratorio para producir fertilizante a partir de musgos, un dispositivo neumático para arreglar carreteras, y además colaboró en el desarrollo de una turbina. Este interés por la tecnología le llevo pronto a forjar una gran amistad con uno de los genios de la invención, nuestro querido Nikola Tesla. Astor financió muchos de los proyectos de Tesla, y el inventor residió durante casi dos décadas en el Hotel Waldorf-Astoria, “aprovechándose” de vez en cuando de su amigo cuando no podía pagar la cuenta del hotel. Pero la relación entre ellos no fue por el camino que se hubiera deseado. Astor quería financiar el desarrollo, con fines comerciales,de lámparas fluorescentes y osciladores en los que Tesla había empezado a trabajar, pero el inventor, dando muestra de su típico poco sentido práctico, siempre soñando con hacer cosas cada vez más increíbles, prefirió aprovechar el dinero de Astor en otros temas, como sus malogrados experimentos en Colorado Springs con la famosa torre Wardenclyffe con la que pretendía transmitir energía y montar un sistema de telecomunicaciones intercontinental, que acabó en fracaso, al quedarse finalmente sin financiación para continuar las investigaciones. Astor consideró que su amigo en parte lo había engañado, haciéndole pensar que su inversión era para el desarrollo de lámparas fluorescentes, lo que enfrió bastante su relación. En 1912 Tesla volvió a establecer contacto con su viejo amigo, en busca de fondos para financiar una de sus nuevas ideas, un dispositivo de despegue vertical, pero el infortunio dio al traste con esto debido a la muerte de Astor en el Titanic.

La fatídica noche en que el legendario trasatlántico se topo con un iceberg, lo único que pudo hacer el Coronel Astor, en principio reticente a creer que el Titanic se estaba hundiendo, fue poner finalmente a salvo a su jonvencísima esposa embarazada (Madeleine solo tenía 19 años) embarcándola en uno de los botes salvavidas. Astor intentó acompañar a su mujer, pero los primeros botes solo eran para las mujeres y los niños, por lo que tuvo que quedarse a bordo. Testigos relataron que había ayudado en los últimos momento a embarcar pasajeros en los botes salvavidas, pero como tantas cosas en la historia, estos hechos se diluye entre la leyenda. Su cuerpo fue recuperado días después y enterrado en el Cementerio Trinity de Nueva York, desapareciendo así uno de los mecenas del avance técnico de principios del siglo XX.

Publicado por el 5 diciembre, 2011 en Historia olvidada | 14 comentarios

Pasión por inventar

No creo que haya ninguna emoción más intensa que pueda sentir el corazón del hombre, como la que siente el inventor al ver una creación de su mente funcionando. Esta emoción hace que un hombre se olvide de comer, de dormir, de los amigos, del amor, de todo.

Publicado por el 11 mayo, 2011 en Frases | 3 comentarios