Vive la Historia. La Gran Armada: el plan de invasión.

Ambientación sonora:

 

“Cuando veáis el paso asegurado por la llegada de la flota a Margate o a la boca del Támesis, cruzaréis de inmediato con todo el ejército, si el tiempo lo permite, en los botes que habréis aprestado. Luego vos y el marqués cooperaréis, uno en tierra y el otro en las naves, y con la ayuda de Dios, llevaréis a término con éxito la empresa principal”

Carta de Felipe II a Alejandro Farnesio, duque de Parma y Capitán General del ejército de Flandes (1587)

 Al mismo tiempo que Inglaterra hervía en un trajín incesante preparando la defensa de la isla e Isabel pasaba noches en vela acuciada por la incertidumbre y las vitales necesidades de su reino, los pasillos de El Escorial presenciaban un continuo ir y venir y la lumbre persistía hasta altas horas de la noche en el escritorio del rey de España, que se afanaba en dar forma a su plan de invasión.

Felipe había puesto en marcha lo que bautizó como la “Empresa de Inglaterra”, cuyo objetivo final no era otro que la invasión de la “Pérfida Albión” y la expulsión del trono de la pelirroja y anticatólica reina Isabel. El plan en líneas generales era sencillo: una gran flota al mando del almirante Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, héroe de Lepanto y Terceira, partiría desde la península, se enfrentaría a la escuadra inglesa y haría posible que los tercios de Flandes, al mando de Alejandro Farnesio, duque de Parma, cruzaran el Canal de la Mancha y desembarcasen cerca de Londres, para ocupar rápidamente la capital inglesa y someter al poder protestante.

Era necesario poner en marcha toda la logística del plan y en los puertos y astilleros ibéricos, desde Santander a Cádiz, se trabajaba sin descanso. Los hombres, armas, munición y vituallas provenían de todos los rincones del Imperio. Mientras Miguel de Cervantes, que a la postre sería uno de sus más ilustres ciudadanos, viajaba por Castilla como recaudador de trigo para la Armada, España estaba en movimiento para culminar la empresa que Dios y la Historia y, en última instancia su rey, le habían encomendado.  Así lo requerían la fe y los intereses imperiales.

Sin embargo el plan de Felipe II sufrió diversas demoras, un considerable revés y un gran imprevisto. Cuando los preparativos ya de por sí marchaban con retraso, Drake llegó a Cádiz con una poderosa flota y arrasó con todas las embarcaciones españolas que allí encontró, dañando de manera notable la capacidad militar española en el mar y retrasando todos los planes. El corsario había cogido totalmente por sorpresa a las guarniciones españolas y asestó un golpe contundente, de una magnitud inesperada incluso para los propios ingleses.

Bahía de Cádiz

Bahía de Cádiz. Siglo XVI. Fuente: http://sombrasdetinta.blogspot.com.es/

Además, poco antes del inicio de las operaciones, Álvaro de Bazán, quizá el mejor Almirante que ha tenido nunca España, murió, siendo reemplazado en el mando por Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, mucho menos experimentado en las lides del mar.

El esfuerzo para España está siendo costosísimo, la finalización de los trabajos se demora, el rey se está obsesionando y, sobre todo, impacientando, y tienes dudas acerca de cuándo comenzar las operaciones. Además a finales de 1587 enferma, mientras sus planes parecen haberse filtrado y ya circulan fuera de las fronteras del Imperio. Sin embargo, en ningún momento piensa Felipe en desechar su empresa. Su odio hacia la hereje Inglaterra y su reina Isabel es mayor que nunca, al igual que su convencimiento de que acabar con ella es una misión divina. El duque de Parma escribiría al rey: “puesto que Dios se ha complacido en demorar por tanto tiempo la navegación de la Armada…, debemos concluir que ha sido así por Su mayor gloria y el más perfecto éxito de la empresa, pues el objeto de ésta es exclusivamente la promoción de Su causa divina”

La Armada zarpará en el verano de 1588.

Continuará…

Publicado por el 16 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar