Qué noche la de aquel día.

La noche, marco predilecto de leyendas y relatos, fuente inagotable de temores y terreno propicio para la superstición y el miedo. Este periodo de tiempo entre la caída y el renacer del sol, escenario de los sueños de los genios, de la inspiración onírica del surrealismo y también de pesadillas pobladas por monstruos, ha sido, fundamentalmente, y en particular hasta el desarrollo de la luz eléctrica, un limitante a las facultades humanas. Lo más juicioso en tiempos pretéritos era recogerse en el hogar y aguardar la llegada la la luz del nuevo día. Los caminos, huérfanos de luz,  en especial en ausencia de luna, y frecuentados por salteadores, lobos y quién sabe qué seres malignos, no eran un lugar seguro para el individuo común y en los callejones oscuros de los barrios sórdidos de las ciudades uno se podía dejar la vida en cualquier cuchillada furtiva por cualquier cosa que valiera más que nada, o ni siquiera eso.

En el transcurrir del mundo, las más noches han pasado como un tiempo del descanso hasta la nueva jornada, pero también han existido las noches de las otras vidas (las licenciosas o las volcadas al trabajo a la luz de una vela), de las traiciones o de los aquelarres de las brujas. Posiblemente la Historia se ha escrito más a la vista del astro rey, pero a decir verdad nunca duerme. Las crónicas históricas y la creación literaria nos han dejado algunas noches para recordar. Por citar dos ejemplos muy conocidos, mientras Shakespeare nos cuenta el Sueño de una noche de verano, la tradición árabe nos ha legado no una, sino mil y una noches, en las que Sherezade se sobrepone a su destino de relato en relato.

También había caído la noche cuando, al mando de Hernán Cortés, los españoles cercados en Tenochtitlán intentaron abandonar la capital azteca aprovechando la oscuridad. A pesar de las precauciones, las tropas del conquistador extremeño fueron sorprendidas por miles de guerreros que les acorralaron mientras intentaban cruzar el lago que rodeaba la ciudad. Los soldados españoles sufrieron numerosas bajas, se perdió la artillería y casi todo el tesoro de Moctezuma. Este episodio se convirtió en uno de los más conocidos de la conquista de América y pasó a la historia como la Noche Triste. Cortés, que, según cuenta la leyenda lloró esa noche al pie de un ahuehuete (árbol típico de México) no sometería la ciudad mexicana hasta más de un año después.

La Noche Triste

Una de las épocas más oscuras de Europa también tuvo sus noches oscuras (y muchas), aunque para la historia han quedado con nombre propio dos, testimonio del horror nazi. En 1934, para afianzar su poder absoluto sobre las estructuras del estado alemán, el régimen nazi llevo a cabo una purga para eliminar adversarios políticos, dirigida fundamentalmente contra las SA, cuerpo paramilitar de cuyo poder e independencia Hitler recelaba. Entre las decenas de asesinados estaba su líder, Ernst Röhm. Este suceso, uno más en la estrategia nazi para someter todas las voluntades alemanas por la vía del terror, figura en los libros de historia como la Noche de los Cuchillos Largos. Cuatro años más tarde otra noche de muerte y destrucción llevó a las calles de Alemania, en toda su crudeza, el antisemitismo nazi. En la Noche de Los Cristales Rotos el gobierno alemán promovió y jaleó un ataque coordinado y encabezado por las tropas de asalto del régimen en el que casi todas las sinagogas del país fueron destruidas, los cementerios fueron profanados, las tiendas regentadas por judíos destrozadas, miles de personas fueron detenidas y decenas de ellas asesinadas.

Otra noche, que se mueve entre la fe, la fantasía y la historia, vio nacer en Belén a Jesús de Nazaret. Aunque el lugar, la fecha y el hecho puedan ser discutidos, el mundo no volvería a ser el mismo. Esta noche es Nochebuena y mañana Navidad.
Eso pudo decir George Washington veinticuatro horas antes de otra noche histórica (dejando aparte las muchas que hay en cada edición de la Champions League…) mientras, como general del Ejército Continental trataba de decidir el próximo paso del sueño libertador norteamericano. En su escritorio dejó una escueta nota manuscrita resumiendo en tres palabras su decisión (“Victory or Death”) y esa noche de 1776 sus tropas cruzaron el río Delaware, sorprendieron y derrotaron a los británicos y a los mercenarios hessianos y obtuvieron una victoria decisiva para la independencia de las trece colonias que se convertirían en los Estados Unidos.

Washington cruzando el Delaware (obra de Emanuel Gottlieb Leutze)

Y mientras escribía estas líneas se ha abalanzado la noche, siempre fiel a su cita. Las luces se van apagando, la Historia seguirá avanzando, y a un servidor le toca un sueño anónimo y esperemos que reparador, que, ya se sabe, el poco dormir y el mucho leer puede llevar a la sequedad del cerebro, como me han contado que le pasó a un hidalgo ingenioso. Mañana será otro día.

Publicado por el 10 abril, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Cuéntame tu historia y te diré cómo hablas

El bicentenario de la Constitución de Cádiz ha traído estos días a todos los medios la expresión popular de ¡Viva la Pepa!, que, usada originalmente por los liberales españoles para manifestar su apoyo a la Carta Magna de 1812, fue derivando hasta su utilización, en otros contextos, como sinónimo de improvisación y jolgorio.
Hay muchas otras muestras de cómo la Historia va dejando sus huellas en el idioma en forma de expresiones y frases hechas de las que en muchas ocasiones se ha olvidado el origen o se desconoce exactamente el hecho histórico que está detrás.

Unas cuantas surgieron en la época imperial, cuando las tropas españolas libraban batallas en medio mundo. En una de estas batallas, en los alrededores de la localidad italiana de Bicoca, las tropas imperiales aplastaron, con una facilidad pasmosa, al ejército franco-veneciano. Desde entonces, cuando algo resulta fácil es una bicoca. Años más tarde, en 1557, de nuevo los franceses sufrirían una gran derrota ante los ejércitos imperiales, esta vez en San Quintín. Para conmemorar esta victoria española, acaecida el día de San Lorenzo, se erigió el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, y tal fue la matanza que la expresión “se armó la de San Quintín” se quedó para siempre en el acervo lingüístico castellano.
Pero tanta guerra requiere muchos sacrificios, y el infierno de Flandes (el “Vietnam español”) fue un buen ejemplo. El enorme coste humano y económico que conllevó el mantenimiento de los Países Bajos bajo el dominio del Imperio, estando en guerra con ingleses, franceses, turcos, portugueses, rebeldes flamencos y quien pasara por allí, hizo que “poner una pica en Flandes” sea sinónimo de cualquier empresa realmente complicada. Al final, tanta sangría acabó dejando las arcas imperiales con telarañas, y bien pudo decir el segundo de los Felipes, y con razón, que estaba sin blanca. La blanca fue una moneda que se comenzó a acuñar en Castilla en el siglo XIV y que en época del Rey Prudente apenas valía nada. Ni de ésas quedaban ya en el Reino.

La rendición de Breda (Velázquez)

No sabemos cuántas blancas circularían por Sevilla en aquellos tiempos, pero la capital andaluza aparece en otra de las expresiones conocidas con trasfondo histórico. Y es que “el que se fue a Sevilla perdió su silla”. El origen de la frase se encuentra durante el reinado en Castilla de Enrique IV de Trastámara, cuando el arzobispo de Sevilla y su sobrino (arzobispo de Santiago de Compostela) intercambiaron temporalmente sus puestos para que el tío, más experimentado, consiguiese dominar la situación problemática a la que su sobrino se estaba enfrentando en Galicia. Cuando todo estuvo bajo control y se procedió a la vuelta de cada uno a su diócesis original parece ser que el sobrino se negó a deshacer el cambio y devolver la silla sevillana a su antiguo propietario, siendo necesaria incluso la intercesión del Papa y el Rey para restablecer la situación. Lo curioso del dicho es que el que realmente perdió su silla fue quien se fue de Sevilla…

Pero si el siglo XVI fue movido en Europa, no menos lo fue en el Nuevo Mundo. En 1519 Hernán Cortés y sus hombres llegaban a tierras del Imperio Azteca y, ante las dudas y las posibles tentaciones de retirada (hacia Cuba) de su tropa, el de Medellín decidió destruir los barcos en que habían llegado al continente. El mensaje parecía claro: o Tenochtitlán o muerte, la retirada no era una opción. “Quemar las naves” simboliza desde entonces un paso sin vuelta atrás.

Hernán Cortés

Las riquezas americanas también han legado expresiones al castellano. Así, cuando algo es muy valioso se dice que vale un Potosí, haciendo referencia a la localidad boliviana de Potosí y las impresionantes minas de plata que allí se ubicaban. Si nos movemos a Perú podemos encontrar la ciudad de Jauja, fundada por Francisco Pizarro en 1534. El buen clima de la zona (especialmente indicado para los enfermos de tuberculosis y las vías respiratorias), su tierra fértil y su paisaje crearon la leyenda del “país de Jauja”, donde la existencia es idílica y todo es abundancia, y la conocida expresión de “esto es Jauja”.

Quizá algunos de los acontecimientos actuales acabarán siendo recordados en expresiones dentro de unos siglos. ¿El euro, Zapatero, el Mundial? Quién sabe…

Publicado por el 21 marzo, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Malvinas: una guerra, dos historias, treinta años.

El próximo 2 de abril se cumplirán treinta años desde que la ocupación argentina de las islas Malvinas desencadenase el conflicto armado entre la república sudamericana y Gran Bretaña. A mí esta guerra siempre me ha resultado hasta cierto punto “extraña”: protagonizada en plena Guerra Fría por dos países del bloque occidental, luchada en un territorio inhóspito alejado de los clásicas “zonas calientes” del planeta, librada para dirimir un conflicto territorial ancestral y fuertemente marcada por la situación sociopolítica del Cono Sur. También me ha dado siempre la impresión de que los sucesos de las Malvinas son relativamente desconocidos para quienes en aquel momento aún no tenían conciencia de lo que acontecía a su alrededor, debido a su corta edad o simplemente que aún no habían nacido.

fuente: absolut-argentina.com

El archipiélago de las Malvinas (las Falklands en inglés), está situado en el Atlántico Sur, a unos 460 kilómetros del litoral argentino. Con una superficie equivalente a la provincia de Lérida y una población de poco más de tres mil habitantes, ha sido motivo de disputa entre Argentina y Reino Unido desde que en 1833 los británicos ocuparan el archipiélago tras desalojar a la guarnición argentina que desde 1820 se encontraba en las islas sucediendo a los españoles, que las habían ocupado previamente. Desde Buenos Aires se ha considerado siempre a las Malvinas como parte integrante del territorio nacional argentino ocupada por una potencia extranjera y nunca se ha reconocido la soberanía británica sobre el archipiélago. Mientras, la población isleña se siente, en su gran mayoría, afin a Gran Bretaña.

Aquella primavera de 1982, la Junta Militar que gobernaba en Argentina se enfrentaba a una enorme crisis económica, política y social en el país y buscó con la operación de ocupación de las islas una cortina de humo y un golpe de efecto que le hiciera recuperar la popularidad perdida, en un intento desesperado por frenar su caída. Desde Gran Bretaña, el gabinete de la entonces primera ministra Margaret Thatcher (de actualidad tras la interpretación de la oscarizada Meryl Streep) respondió de forma contundente a lo que consideró una agresión contra la soberanía británica. Tras la victoria, el gobierno conservador de la Dama de Hierro, que también atravesaba un momento delicado, salió enormemente reforzado.

Hace poco más de un mes la tensión se ha reavivado en torno al conflicto de las Malvinas, tras decidir Londres el envío a la zona del HMS Dauntless (uno de los mejores buques de guerra de la Royal Navy) y presentar el gobierno argentino una denuncia contra Gran Bretaña ante la O.N.U, al considerar que el gobierno británico promueve la militarización de la zona con esta acción.

Para ampliar información sobre el hecho histórico que este año se conmemora , dejamos dos documentales, uno inglés y otro argentino, que narran, con distinto enfoque y desde diferente punto de vista lo sucedido en las diez semanas de contienda, sus antecedentes y sus consecuencias.

Guerra de las Malvinas 1982 completo, alta calidad.

Documenta – La Guerra De Malvinas

Publicado por el 19 marzo, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

La venganza de los soldados aragoneses

Alboreaban el siglo XIV y la primavera la noche que Roger de Flor, el templario, el capitán, el césar, se sentaba, rodeado de sus fieles oficiales, al banquete triunfal que le coronaba como salvador de Bizancio. Pero esa noche sería su última noche. Mercenarios alanos, bajo las órdenes del hijo del emperador Andrónico II pasarían a cuchillo a Roger y sus hombres. Ellos, que tres años antes habían sido recibidos como una bendición frente a la avalancha turca que se avecinaba desde el este, eran ahora cruelmente asesinados ante su ambición desmedida y su poder creciente. El miedo había llevado a los círculos de poder bizantinos a consumar una traición sangrienta. Había caído la cúpula de los almogávares, pero los soldados iban a vengar la muerte de sus compañeros de armas con una brutalidad extrema.

Almogávar. Este nombre, de origen incierto y hoy casi olvidado, causó temor durante décadas en los confines de Europa. Bajo este apelativo, y defendiendo las barras del Reino de Aragón, mercenarios aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines, e incluso también navarros, gallegos y asturianos, se curtieron en la guerra contra el invasor musulmán y formaron el cuerpo de infantería ligera más poderoso de su época. “Desperta, ferro”, su grito de guerra, anunciaba bien a las claras que el hierro se iba a cernir sin piedad sobre quien se opusiese a las huestes de San Jorge.

Tras ganarse una reputación en la Reconquista y en la defensa victoriosa de las tierras aragonesas ante el ataque de la alianza europea instigada por el Papa y encabezada por las tropas de Felipe III de Francia, los almogávares siguieron combatiendo, matando y muriendo por la Cimera del Dragón en Túnez e Italia y en 1302 partieron, comandados por Roger de Flor, en la expedición al Imperio Bizantino para socorrer al emperador de oriente ante la amenaza otomana. Allí repelieron todas las ofensivas turcas, dejando decenas de miles de muertos, y llegaron a tomar Éfeso.
Pero los almogávares eran difíciles de controlar, su presencia degeneraba a menudo en desmanes y su poder militar llegó a ser visto como una amenaza por la propia corte de Constantinopla. Se habían convertido en un inquilino incómodo…

Entrada de Roger de Flor y sus tropas en Constantinopla

Ya conocemos que el recelo bizantino se convirtió en traición y ésta desencadenó una venganza (denominada la “venganza catalana”) en la que las tropas almogávares derrotaron al ejército bizantino y saquearon, arrasaron y asesinaron todo lo que encontraron a su paso en Grecia. Los mercenarios alanos fueron perseguidos y aniquilados por miles.

Terminada su venganza los almogávares decidieron quedarse, y , excomulgados por el Papa, mantuvieron durante varias décadas el ducado de Atenas bajo el dominio de la Corona de Aragón. Aún hoy se recuerdan su valor y su crueldad, y su nombre todavía asusta a los niños en aquellas tierras alejadas de las montañas del Pirineo que les vieron nacer.

Publicado por el 23 febrero, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

La última carga de la caballería

La corneta tocaba a carga y una voz se alzaba: ¡Avanti Savoia! La respuesta ante el grito fue unánime y en cuanto su eco se apagó el sonido de los cascos y el desenvainar de sables desplazó al mortal silencio de guerra que sobrevolaba la estepa rusa.
Los soldados soviéticos contemplaban atónitos cómo los corceles apretaban el galope y se acercaban, como en otros tiempos y otras guerras, a sus posiciones. Quizá sin saberlo eran testigos de la que se podría considerar la última carga de la caballería (o al menos seguro una de las últimas)

Desde la edad de bronce el hombre y el caballo han tenido una relación tan estrecha que es difícil encontrar ejemplos de uniones tan beneficiosas en la Historia, la cual ha sido escrita en infinidad de ocasiones, en la paz y en la guerra, a lomos de un équido. La nobleza de los cuadrúpedos ha acompañado los sucesos clave de grandes civilizaciones y ha sido la base de temibles unidades militares en los más poderosos ejércitos, desde los jinetes macedonios del gran Alejandro Magno hasta los coraceros de Napoleón.

caballería
Esto ya no ocurría en el verano de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la ofensiva soviética hacia el río Don amenazaba con envolver al ejército expedicionario italiano que acompañaba a las tropas del Tercer Reich en su arriesgado empeño de someter al gigante comunista. Las ametralladoras primero, y los vehículos blindados después, habían reducido de forma drástica la importancia del caballo en los ejércitos occidentales, al menos como elemento para el combate, ya que aún seguían usándose para el reconocimiento y transporte de suministros.

El tercer regimiento “Savoia Cavalleria”, uno de los más antiguos de la caballería del ejército italiano (creado en el siglo XVII), comandado en aquella jornada del verano ruso por el coronel Alessandro Bettoni, arrolló, ayudado por el factor sorpresa, a un contingente soviético muy superior en número y armamento, logrando una pequeña gesta para las armas transalpinas y dejando un epílogo victorioso para el caballo en la desgraciada historia de las guerras.

Escudo del Regimiento Savoia

Los ingleses recuerdan las últimas carga de su caballería, contra los derviches en Sudán (vivida en primera persona por el propio Winston Churchill), o contra los otomanos en las inmediaciones de Jerusalén en la Primera Guerra Mundial. Los españoles posiblemente se han olvidado la de la suya, en tierras turolenses en aquel frío invierno del 38.

Los italianos ponían el último capítulo bélico afamado en la relación secular de caballos y jinetes. Fueron los últimos galopes furibundos, la escena final de una época que realmente ya se extinguía desde varias décadas antes.La última carga de la caballería y el fin de los tiempos de los caballeros.

Publicado por el 13 diciembre, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El córnico: la supervivencia de una lengua

“Me ne vidn cewsel Sawznek!” Se cuenta que esas palabras (“¡Yo nunca hablaré inglés!”, o algo parecido) fueron las últimas que pronunció la anciana Dolly Pentreath. El año era el 1777 y el lugar, algún pueblo de las tierras de Cornualles, en el extremo más meridional de Inglaterra.
Geográficamente, el condado de Cornualles, que ocupa la mayor parte de la península del mismo nombre, dibuja sus abruptas costas entre el Mar Céltico y el Canal de la Mancha y está reconocido como una se las seis naciones celtas junto con Gales, Escocia, Man, Irlanda y Bretaña (A modo de curiosidad Galicia y Asturias, a pesar de atesorar herencia cultural celta, se consideran pueblos afines, pero no están oficialmente incluidas en este grupo al no hablarse en su territorio ninguna lengua de origen celta).


Históricamente los habitantes de Cornualles han sido grandes mineros durante muchos siglos, abasteciendo de estaño a a las civilizaciones del Mediterráneo desde la Antigüedad, aunque el agotamiento de sus minas ha dejado una región deprimida que trata de prosperar hoy en día gracias al turismo.

Quizás no sea cierto, pero se considera que Dolly Pentreath fue la última hablante nativa de córnico (o cornuallés), una lengua céltica britónica surgida hacia el siglo VII y hablada en lo que hoy es el mencionado condado de Cornualles (Cornwall en inglés, Kernow en córnico).
Con su muerte podría haber desaparecido para siempre la lengua de su tierra, pero, aunque no se escuchó durante muchos años, el córnico no se extinguió por completo.

A mediados del siglo XIX Louis Lucien Bonaparte, filólogo y sobrino de Napoleón, llegaba a Cornualles para realizar estudios sobre la lengua originaria de la región. El estudioso y príncipe francés, que tuvo una notable relación con España (realizó hasta cinco viajes al País Vasco para definir una clasificación dialectal del euskera y promovió la traducción del Evangelio al asturiano), contribuiría a levantar, en la villa de Mousehole, un memorial dedicado a la última hablante de córnico.

Memorial de Dolly Pentreath (cornwalls.co.uk)

En 1904, la publicación por parte de Henry Jenner de su “Handbook of the Cornish Language” impulsa el resurgimiento de la lengua de Cornualles. Partiendo de su escritura, algunos naturales del lugar comienzan a aprender el idioma de sus antepasados y ya en los años treinta se empiezan a dar misas en córnico. Durante las décadas posteriores los esfuerzos por la recuperación del córnico se traducen en un crecimiento del número de personas que conocen la lengua, la implantación de su estudio como asignatura optativa en las escuelas o su tímida aparición en medios de comunicación locales. Hoy en día se estima que unas 2000 personas pueden hablar córnico con fluidez y más de 3000 lo conocen.

Si alguien se anima, aquí, a través de EuroTalk, se puede empezar a aprender la lengua de las tierras de Cornualles. Aún se pueden oír las palabras del legendario pueblo de los mineros de estaño. Dydh da!

Bandera de Cornualles (fuente: mirro.co.uk)

Gracias a @angeluki por la sugerencia

Publicado por el 11 noviembre, 2011 en Historia olvidada | 6 comentarios

Cíbola: las ciudades legendarias con las que soñaron los españoles

La conquista española de América es un proceso histórico de unas dimensiones fabulosas, a caballo entre la realidad y la leyenda, en el que las más heroicas acciones y las más grandes infamias y crueldades se mezclan. A la España de Carlos I llegaban fantásticas historias de ricos y exóticos imperios y maravillas naturales incomparables, y fueron muchos los que se aventuraron a explorar los vastos territorios americanos para engrandecer los dominios de su Majestad y, paralelamente, su propio botín personal.
Algunas expediciones españolas, como la de Hernán Cortés o la de Francisco Pizarro, pasarían a la posteridad como un éxito, pero fueron muchas las que terminaron en fracaso y muerte. Quizá las más conocidas de éstas últimas sean las que trataron infructuosamente de encontrar El Dorado, incluida la macabra peripecia del rebelde Lope de Aguirre. Pero no fueron las únicas.

Descubrimiento de américa

Unos cuantos siglos antes de la fiebre conquistadora en América eran los musulmanes los que iniciaban la conquista de la Península Ibérica. En este época comenzó a difundirse la leyenda de que siete obispos habían huido desde Mérida llevándose valiosas reliquias, cruzando el inmenso océano y llegando hasta una isla muy lejana, llamada Antilia, en la que fundaron siete ciudades que llegaron a tener inmensas riquezas.
Se cree que los ecos de la leyenda de las siete ciudades transitaron por los siglos hasta llegar a los españoles que arribaban a Nueva España en el siglo XVI. A este relato legendario se unieron las historias que oyeron contar a los indígenas acerca de un rico reino situado en tierras norteñas.

Nuño de Gúzman, el que fuera definido por Fray Bartolomé de las Casas como “gran tirano”, sería el primero en encabezar una expedición hacia el norte, a los territorios que se llamaron Cíbola, nombre debido a la fauna que poblaba el lugar, ya que los españoles de la época utilizaban el término “cíbolo”, hoy en desuso, para referirse al bisonte.
Poco después, en 1536, el mito volvería a cobrar fuerza tras la llegada a Nueva España de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, superviviente de un viaje épico de ocho años tras participar en la fracasada expedición de Pánfilo Narváez a La Florida. Los relatos de los indígenas que se había encontrado en su periplo reforzaban la idea de que al norte se extendía un reino plagado de riquezas.

Expedición

Cuando los testimonios de Cabeza de Vaca llegaron a oídos del virrey Antonio de Mendoza y Pacheco éste se apresuró a organizar una expedición al norte, encargándole esta misión a su amigo Francisco Vázquez de Coronado, el cual envió primero un grupo de exploradores más reducido. En este grupo se encontraba el fraile Marcos de Niza, guiado por Estebanico, esclavo africano que posiblemente fue el primer hombre nacido en África en pisar lo que hoy son los Estados Unidos. En un momento dado del viaje Estebanico se adelantó con algunos indios . Cuando fray Marcos de Niza avanzó a su encuentro recibió noticias acerca de su muerte en una de las ciudades de Cíbola. El religioso decidió entonces volver al virreinato y a su regreso declaró haber visto una grandiosa ciudad, colmada de oro, plata y piedras preciosas.

Coronado puso en marcha entonces una expedición con unos 300 españoles y varios cientos de indios con el objetivo de conquistar el reino de Cíbola. Sin embargo, tras varias jornadas de trayecto, durante las que se había ido extendiendo el escepticismo, los expedicionarios encuentran que lo que debería ser una ciudad más espléndida que Tenochtitlan era un parduzco poblado indígena de casas de adobe. La expedición de Coronado fue vista como un fracaso, a pesar de lo cual permitió realizar notables descubrimientos, como el del Gran Cañón del Colorado.

Todo parece indicar que las siete ciudades de oro nunca existieron, pero ¿vio algo el fraile Marcos de Niza? ¿murió realmente Estebanico o fingió su muerte para conseguir su libertad? ¿cuál era el rico reino del norte del que hablaban los indios? La leyenda de Cíbola conjuga misterio, riquezas, aventura…y la historia que guió deja múltiples interrogantes que abren la puerta para que la imaginación pueda volar.

Expedición de Coronado

Expedición de Coronado. fuente:wikipedia

Gran Cañón del Colorado

Gran Cañón del Colorado. fuente:wikipedia

Publicado por el 17 octubre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

La Cruz de Borgoña: esa antigua bandera de España

Hoy es un día soleado en aquel trozo de mundo. Los muros del castillo de San Marcos reposan bajo el sol y sus cañones, aunque conservan un porte amenazador, hace muchos años que olvidaron los sonidos de la guerra. Sobre la imponente mole de piedra caliza, una bandera blanca con un aspa roja ondea movida por el viento que se cuela desde la bahía hacia la ciudad de San Agustín, que se extiende a lo largo de su península decorándola con un paisaje urbano que ha visto muchos vientos y algún que otro siglo.

Estamos en Florida, Estados Unidos, pero no son las barras y estrellas las que coronan la fortaleza silenciosa, sino la Cruz de Borgoña, esa equis, la misma que aparece en el comienzo del mensaje de Navidad del Rey de España o en la cola de un Eurofighter que acaba de aterrizar en Morón de la Frontera, en este mismo día, también soleado en este otro trozo de mundo.

Cruz de Borgoña

Cruz de Borgoña

Si ponemos a funcionar la máquina del tiempo podremos ver la cruz aspada unas cuantas veces más. Así que empezamos…Año de destino: 1506.

Felipe, el rey de Castilla, acaba de morir súbitamente a sus 28 años. El Hermoso, marido de la renia Juana, había llegado a España desde su tierra natal en Flandes y eligió como símbolo una evolución de la Cruz de San Andrés, la Cruz de Borgoña, la cual representaba a su madre, María de Borgoña. La repentina muerte del rey flamenco y la supuesta locura de Juana llevarían a que el joven Carlos de Habsburgo ocupase el trono español y se ciñera la corona de Emperador del Sacro Imperio lo que, sumado al resto de la herencia territorial que recibió, le convirtió en uno de los soberanos más poderosos de la Historia. España iniciaba así su etapa imperial y, se cree que pocos años después la Cruz de Borgoña debutaba en los campos de batalla en manos de las tropas españolas que derrotaron al ejército francés de Francisco I en Pavía. La primera victoria de muchas, que llevarán a los Tercios Viejos españoles y su bandera a desangrarse en las guerras de medio mundo y convertirá al aspa roja en el símbolo del Imperio.

Un segundo pequeño salto en el tiempo nos traslada a 1565 y otro en el espacio nos hace caer en el Nuevo Mundo. El asturiano Pedro Menéndez de Avilés comanda una expedición militar española con el objetivo de mantener una presencia permanente ante la amenaza que suponen para los territorios españoles los franceses instalados cerca de sus posiciones. Si saltamos sólo unas semanas veremos cómo junto al mismo océano que llega a bañar las cosas ibéricas las oraciones de los españoles dan gracias por la victoria: se funda San Agustín de La Florida, el que hoy en día es el asentamiento europeo más antiguo de los Estados Unidos que permanece aún poblado.

Pedro Menéndez de Avilés

Pedro Menéndez de Avilés

El tiempo, obstinado, no se detiene hasta 1785. La estrella de España pierde brillo y el despotismo ilustrado borbónico transforma la fachada de la piel de toro poco antes de que el mundo empiece a saltar en pedazos en una prisión parisina. Carlos III promulga el Real Decreto que instituye la bandera rojigualda como pabellón nacional, con aplicación a la Marina. El uso de la Cruz de Borgoña comienza a decaer y en 1843 se oficializará la presencia de la bandera que conocemos actualmente en todas las unidades militares españolas, aunque la cruz seguiría usándose en diferentes enseñas militares, sería utilizada por los carlistas en las sucesivas guerras peninsulares del siglo XIX y algunos movimientos tradicionalistas tratarían de apropiársela.

Y hemos llegado al final del viaje. Hoy en día la cruz de San Andrés es el distintivo de cola de las aeronaves del Ejército del Aire  de España, el símbolo de María de Borgoña está presente en el escudo del Rey de España, y las banderas de Huesca, Logroño, Florida, Alabama y de varios departamentos de países sudamericanos, entre otras, muestran también el Aspa de Borgoña, la que durante siglos ondeó en las victorias y se arrastró por el fango de las derrotas de un país que luchó contra todo y contra todos, la misma que sigue ondeando al viento de aquella bahía americana en la que un puñado de valientes y locos a partes iguales escribieron su capítulo de la Historia. En rojo y blanco.

Bandera en castillo de San Marcos

fuente:josehavel.blogspot.com

Publicado por el 4 octubre, 2011 en Historia olvidada | 11 comentarios

Una de asturianos en Madrid

No era mi intención al empezar a escribir este artículo exponer la evolución de la llegada a Madrid de asturianos (y asturianas, por supuesto, pero advierto para lo sucesivo de que soy de los que aún escribe “como antes”), pero el conocimiento de algunos hechos sueltos y la existencia del fenómeno en la actualidad, con las peculiaridades propias de nuestra época, se han juntado en un fino hilo que podría unir a un campesino súbdito de Felipe V que mira entre la bruma el enfangado camino que le llevará más allá de las montañas y a un informático de la “generación Alsa”. La Historia tiene estas cosas…

Son bastantes los que hoy en día tienen en Madrid un amigo, conocido o compañero de trabajo asturiano. La realidad más reciente de Asturias ha dibujado un traslado masivo de jóvenes astures hacia la capital, que se cuentan por miles cada año, al que unos llaman “movilidad laboral”, otros emigración con todas las letras y y que incluso algún despistado considera una leyenda urbana, como la chica de la curva…

El perfil del asturiano tipo que llega y ha llegado a Madrid en la última década encaja con un/a joven de edad comprendida entre los 25 y los 35 años, con alta cualificación y que se desplaza a la capital del Reino por motivaciones laborales. Tienen sus asociaciones y celebran su fiestas, pero estos emigrantes no son como los de antes.
Y sin embargo no es una historia totalmente nueva. Los asturianos han poblado en cantidades apreciables las calles madrileñas desde al siglo XVI, representando uno de los flujos migratorios internos más relevantes de la historia de España. Los llamados “coritos” (se cree que por su vestimenta de cuero), conocidos antaño por su cuello corto, y blanco de mofas y chistes de la época por su peculiar forma de hablar,  salieron de su tradicionalmente olvidada tierra y se integraron en las clases populares de la Villa y Corte, llegando casi a monopolizar los oficios de aguador y sereno en la capital, y desempeñando otros varios como mozo de cuerda, carbonero o ama de cría.

Aguador

Este proceso llevó a que en la primera mitad del siglo XIX la comunidad de inmigrantes asturianos en Madrid fuese de las más numerosas, si no la más, de entre todas las que se encontraban en la capital procedentes de otras regiones. Del mantenimiento de su unión y sus costumbres y también, todo hay que decirlo, de su tendencia a “llamar la atención” al juntarse, encontramos una gran muestra en el siguiente bando municipal publicado en Madrid en 1803:

“Por haberse notado, que los asturianos que se ocupan en ser mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientes y en otros exercicios, se juntan en el prado que llaman del Corregidor, inmediato a la Fuente de la Teja, de que resultan alborotos, quimeras, heridos y otros escándalos; se prohíbe, que en cualquiera día o noche se junten en quadrillas los asturianos u otras personas con palos ni sin ellos, así en el citado prado del Corregidor, como en otro parage a las afueras de esta corte, con motivo de tener el bayle de la danza prima ni otro alguno; ni susciten quimeras o questiones, formando bandos en defensa de sus concejos, ni sobre otro asunto…” (Bando de 23 de junio de 1803)

Otra prueba de la gran presencia de asturianos se puede observar el 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se alza contra el invasor francés. Ese día el precio que paga la comunidad asturiana es alto (proporcionalmente más que lo que le correspondería por su representación en la población total), dejándose la vida en las agitadas calles madrileñas, según las fuentes, 35 asturianos.
Como inciso, indicar que las noticias de los sucesos de Madrid llegan a Asturias el 9 de mayo, y el día 25 la Junta del Principado se declara soberana, forma un ejército y declara por su cuenta la guerra a Francia, llegando a enviar embajadores asturianos ante el rey Jorge III de Inglaterra, pero esto da para otro artículo…

Dos de mayo

En la segunda mitad del siglo XIX y durante parte del siglo XX la emigración asturiana se focaliza principalmente hacia América y Europa, aunque la presencia de asturianos en Madrid seguirá siendo palpable. En el Madrid convulso que siguió a la revolución de 1868 el grupo de “los de Oviedo” (Clarín, Tomás Tuero, Palacio Valdés…) se reunía para arreglar el mundo ante unas cervezas y cultivaba sus dotes literarias. En 1881 se funda el Centro Asturiano de Madrid, la segunda sociedad española de este tipo en el mundo (tras el Centro Gallego de la Habana) y la más antigua que las que aún continúan en funcionamiento.
Corre el año 1888 cuando nace el histórico Café Gijón, famoso punto de encuentro de intelectuales y donde aún hoy se puede acudir a evocar los ecos de otros tiempos en pleno paseo de Recoletos (doy fe).
En la década de 1930 surge el Corte Inglés de manos de comerciantes asturianos…

Y, en definitiva, así podríamos juntar muchas pequeñas historias personales que han contribuido, al menos algo, a que Madrid y Asturias sean hoy lo que son.

fuente:buscolu.com

Publicado por el 23 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 2 comentarios

El día que Franco estuvo a punto de bombardear el Palacio Real

Comenzaba la semana en Madrid aquel lunes de diciembre y la silueta de un avión recortaba el cielo sobrevolando el Palacio Real mientras las calles se iban llenando de los sonidos propios del ajetreo de la capital. A ras de suelo grupos de niños corren y juegan en la Plaza de Oriente, y en el aire el aparato maniobra sobre el imponente edificio y se aleja, para volver al cabo de un rato de idéntica forma y terminar perdiéndose en la lejanía.

A los mandos del bombardero ligero, un Breguet 19 de fabricación francesa para los más entendidos, estaba Franco, pero no el militar que acabaría encabezando durante casi cuarenta años una dictadura en España, sino su hermano Ramón.

Palacio Real

Palacio Real de Madrid: fuente: katy-ciudadanadelmundo.blogspot.com

Aquel 15 de diciembre de 1930 Ramón Franco, que había saltado a la fama como héroe del Plus Ultra y había sido nombrado Gentilhombre de Cámara por el propio rey Alfonso XIII, se sublevaba contra la Monarquía e intentaba bombardear la residencia oficial del monarca. Este hecho se enmarca dentro de la denominada “cuartelada de Cuatro Vientos”, acción subversiva encaminada a forzar el advenimiento de la República, y se produjo sólo tres días después del fallido levantamiento de Jaca, que persiguió el mismo fin que la intentona del aeródromo, y cuyo fracaso llevaría a los capitanes Galán y García Hernández al patíbulo.

Tras la sublevación de la guarnición del acuartelamiento madrileño, varios aviones despegaron para arrojar proclamas sobre la ciudad, pero Ramón Franco parecía querer ir más allá. Sin embargo, mientras sobrevolaba el mayor palacio de Europa occidental, el menor de los Franco temió causar daños colaterales al arrojar las bombas y desistió de su cometido. En vista del más que posible fracaso de la sublevación, al mantenerse leales la gran mayoría de tropas de la capital y no triunfar la convocatoria de huelga general prevista por falta de apoyo socialista, el experimentado aviador puso rumbo a Lisboa, donde se exiliaría hasta la proclamación de la Segunda República.

Esta proclamación apenas tardaría cuatro meses en llegar y la sublevación, aunque fue un rotundo fracaso en la práctica, mostró la cercanía del fin de un sistema en descomposición.

Ramón Franco

Ramón Franco

El hermano de Francisco Franco fue un personaje complejo y contradictorio, que mostró marcados ideales republicanos e izquierdistas y que, sin embargo, acabó combatiendo en la guerra del 36 en el bando sublevado encabezado por su hermano mayor. En 1938, antes del fin de la contienda civil, falleció en circunstancias no totalmente aclaradas en un acidente de aviación, dejando una vida agitada, fruto de una época convulsa de nuestra Historia, y un buen puñado de interrogantes.

Publicado por el 7 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios