Hemeroteca

Era un martes, parece ser que el día resultó ser soleado, y en el blog escribí algo sobre economía. No acostumbraba a hacerlo (ahora tampoco) y no tengo grandes conocimientos en dicha materia. De vez en cuando leo por encima The Economist para matar algún rato muerto y refrescar un poco el inglés, y en aquel mes de febrero se ve que lo hice y a continuación me puse a escribir. Hoy, no sé por qué,  he recordado ese artículo, aunque lo que no recuerdo es si en aquel momento la palabra crisis se empezaba a oir con frecuencia (diría que no)  ni qué noticias copaban las portadas de los diarios en aquel invierno de 2007. Pero para eso están las hemerotecas.

Me gusta consultar hemerotecas. Y no sólo por su poder para constatar incoherencias e incumplimientos de promesas, tan de moda hoy en día, sino por su valor como fotografía escrita de la Historia. Ver aquello que fue presente, valioso, impactante o doloroso, antesala de un futuro incierto que en una vuelta de manilla horaria le acompañó al pasado, es un ejercicio, a veces fascinante, de viaje a aquel mundo que ya no es éste en la piel de aquel que fuiste, pero ya no eres. Será la edad.

Internet favorece al cultivo de esta personal afición, y el caso es que aquel día, el día después de unos Oscar que encumbraron a Scorsese, los diarios nacionales se enredaban en el proceso judicial del 11-M, narraban el último atentado en Afganistán, reportaban una operación policial de calado contra las bandas de albanokosovares que asaltaban viviendas en España y dedicaban algún espacio al Estatuto catalán y a ETA. Poco se hablaba de economía en las portadas, a decir verdad. Sólo un discreto titular anunciaba la disminución de beneficios de Iberia, que “sólo” había ganado 116 millones en 2006.  La misma Iberia que hoy pierde casi un millón de euros al día.

Periódicos

Como se puede ver hojeando cualquier periódico de un día de este diciembre recién nacido, el escenario en el que interpretamos hoy nuestros respectivos papeles dista del que retrataron aquellos titulares, y quizá también del que imaginaron quienes los escribían. Dentro de otro lustro seremos registro de hemeroteca. Y podremos hablar sobre ello. Aunque, nos guste o no, el futuro ya no es lo que era…


El artículo que reproduzco a continuación fue escrito el 27 de febrero de 2007, en la realidad de aquel día, por mi yo de aquel momento. Y así fue.

España, ¿imparable?

De un tiempo a esta parte los medios extranjeros han mostrado un creciente interés por la coyuntura económica española. Recientemente, tanto Financial Times como The Economist han elaborado sendos dossieres acerca de nuestra economía, destacando tanto su buen momento como su incierto futuro.

Con un crecimiento apreciablemente superior a la media comunitaria, un extraoridinario ejercicio bursátil y una expansión inédita hasta ahora hacia mercados extranjeros (aparte de la tradicional área de influencia lationamericana), la economía española parece imparable. Sin embargo… …este crecimiento es desequilibrado, incompleto y dependiente, y es difícil prevenir lo que está por llegar. En este sentido, The Economist titula uno de sus artículos a modo de advertencia:”Bull run, the good times may not last”. Aparentemente nuestra economía crece rápido, pero no soluciona sus clásicos problemas estructurales: carencias en el ámbito educativo, insuficiente inversión en I+D, baja productividad, lenta adopción de tecnologías de la información… Todo ello dificulta la innovación, la confección de un tejido empresarial sólido y la creación de propuestas de valor añadido, aspectos claves para garantizar la competitividad.

A esto hay que sumar una excesiva y desconcertante dependencia del sector de la construcción, el elevado endeudamiento de las familias, relacionado con la situación del mercado inmobiliario y superior a la media europea, y la disminución de las ayudas de la UE.

Pues más o menos esto es lo que hay. Parece que España se ha lanzado a crecer a lo alto sin crecer a lo ancho y en esos casos a veces pasa que el árbol se rompe. A mí me da en la nariz que esta película no va a tener un final feliz, pero espero no tener futuro como profeta…:)

En otro post podremos hablar del mileurismo, la señora hipoteca, la jornada laboral de n horas, el Pocero o cualesquiera otras maravillas de nuestra boyante economía…

Publicado por el 3 diciembre, 2012 en Sin categoría | 3 comentarios

Ciudades del pasado

Desde el principio de la historia, tras el paso de cazador-recolector nómada a agricultor-ganadero sedentario, el hombre, como buen animal social, comenzó a construir las primeras poblaciones urbanas que evolucionaron a lo largo de los siglos hasta las megaciudades de hoy en día. Si hace unas semanas hablábamos de las ciudades del futuro, hoy vamos a volver la vista hacia atrás y visitaremos tres ciudades de nuestro pasado que destacaron por su singularidad.

En nuestra primera parada nos remontaremos al lejano pasado de hace unos 8000 años, en pleno Neolítico, en las llanuras de Anatolia, en la actual Turquía, surgió la ciudad de Çatal-Hüyük. La característica singular de esta población es el apiñamiento de las casas, sin calles ni espacios intermedios, cuya entrada se encontraba en el tejado, accediendo a su interior mediante una escaleras de madera. Esta autentica ciudad-colmena estaba construida con adobe, usando el yeso para el enlucimiento del interior de las casas, sin dejar ángulos rectos, que estaba compuestas por una habitación central con bancos, zonas para dormir y un hogar, y algunas habitaciones secundarias usadas para el almacenaje. Tenían también templos que destacan por sus cabezas de toro, asociados a algún tipo de culto masculino, y las figurillas femeninas, que se interpretan como representaciones de la Diosa-Madre, relacionada con cultos a la fertilidad. Se estima que fue habitada por entre 5000 y 8000 habitantes a lo largo de sus mil años de historia, hasta que un incendio destruyó la ciudad hacia el 5700 a.C. Este verano el yacimiento arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Reconstrucción de habitación con cabezas de toro. Fuente: wikipedia.org Autor: Georges Jansoone

Para llegar al siguiente destino nos desplazamos hacia el oeste, a orillas del río Indo, en el interior de Pakistán, donde surgió la civilización del Valle del Indo, cuyo culmen urbanístico fue la ciudad de Mohenjo-Daro, fundada hacia el 2600 a.C, también Patrimonio de la Humanidad desde 1980. Lo primero que sorprende de esta población es su moderna planificación, que debió realizarse con anterioridad a su construcción, definiendo criterios urbanísticos y sanitarios que sorprenden para un pasado tan remoto. Dividida en barrios y sectores, se componía de avenidas principales con orientación norte-sur, cortadas perpendicularmente por callejones que favorecían las corrientes de aire y daban la sombra adecuada para soportar las épocas de calor sofocante. Las casas estaban construidas con ladrillo cocido, sin ventanas, y oscilaban entre los cincuenta y los ciento cincuenta metros cuadrados. Las más grandes se componían de dos pisos, con las habitaciones en la parte superior y la cocina y los baños en el piso inferior, dando todo a un patio central descubierto. Las casas disponían de agua corriente y todos los desechos de las casas eran eliminados por un perfecto sistema de alcantarillado subterráneo que desembocaban en grandes colectores, un sistema sin igual entre las ciudades del antiguo Oriente.

Ruinas de Mohenjo-Daro. Fuente: wikipedia.org Autor:Grjatoi

En la parte superior de la ciudad destaca la ciudadela que se alza sobre un montículo artificial de 15 m. de altura, compuesta por tres edificios principales: el Gran Baño, un tanque de agua rectangular que pudo servir como baño ceremonial o piscina pública; el Granero, del que sólo queda la base de ladrillo, ya que la estructura estaría realizada en madera.; y la Casa de los Sacerdotes, estructura compuesta por varias habitaciones, cuya finalidad se desconoce realmente, hipotéticamente se trataría de la residencia de algún tipo de sacerdote. Precisamente uno de los aspectos de la ciudad, el religioso, es el que destaca por la ausencia de restos que puedan ser identificados como templos, ni grandes iconografías religiosas a parte de algunas estatuillas rasgos típicos de otras civilizaciones contemporáneas en Oriente. Esto ha hecho que surjan especulaciones sobre su religión, si pudieran no tener unos cultos institucionalizados, o hubiera algún tipo de prohibición de de representar a sus dioses. Esta maravillosa ciudad que llegó a albergar a más de treinta mil habitantes, que vivieron de la agricultura, la ganadería, junto con la pesca y el comercio facilitados por el río indo, vio su final a sangre y fuego a mediados del II milenio a. C a manos de las tribus indoarias que invadieron la región del Punjab, convirtiendo Mohenjo-Daro en una gigantesca tumba. Precisamente de ahí deriva el nombre del yacimiento, “la colina de los muertos”.

Complejo de la Colina de Gran Zimbabwe. Fuente: wikipedia.org

En nuestro último viaje cambiamos de continente, nos desplazamos al sur de África, y también realizamos un gran salto en el tiempo hasta situarnos en plena Edad Media europea. Siempre se pensó que en el África subsahariana, no había habido poblaciones lo suficientemente avanzadas para realizar grandes construcciones, a pesar de los relatos de navegantes portugueses del siglo XVI que daban noticia de la existencia de una gran fortaleza de piedra entre los ríos Limpopo y Zambeze, en el actual Zimbabwe. Hubo que esperarse hasta mediados del siglo XIX para que se pudiera confirmar realmente la existencia de lo que se denominó las ruinas del Gran Zimbabwe (casas de piedra en lengua shona). Construida con bastante probabilidad entre los siglos XII y XVI por la tribu de los Gokomere, creadores del Imperio Monomotapa, pertenecientes a las Gran Nación Shona, se extiende a lo largo de siete kilómetros cuadrados y está compuesta por varios complejos realizados íntegramente con piedra en los que llegaron a habitar más de diez mil personas.

Torre cónica dentro del Gran Recinto. Fuente: wikipedia.org

Destacan el fuerte situado sobre una colina, denominado El Gran Recinto, con una torre cónica de nueve metros de altura, rodeada con muros de hasta once metros de altura, donde probablemente residirían los gobernantes de la ciudad; el Complejo del Valle, con estructuras más bajas y por último el Complejo de la Colina, posible centro religioso de la ciudad, donde se localizó la escultura del Ave de Zimbawe, símbolo del país. Por los restos encontrados de  cerámica y elementos de hierro, fue con seguridad un importante centro comercial de la época, pudiendo entrar en contacto con lugares tan lejanos como China. Es increíble descubrir que regiones en las que se creía que sus habitantes eran poco más que cazadores-recolectores que vivían como en el Paleolítico pudo surgir una civilización tan avanzada como para realizar estas grandiosas construcciones que, como no, son Patrimonio de la Humanidad desde 1986.

Publicado por el 21 noviembre, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Pedro Páez: las hazañas olvidadas de un humilde misionero español.

El nombre de la sección en la que englobamos nuestros artículos de historia, aunque no se centra solamente en la temática patria, no es casual. Utilizada, ocultada y untada con negras leyendas, la historia española, intrínsecamente compleja, he dejado un buen número de hechos y semblanzas en los recodos del olvido. En uno de éstos se quedaron durante largo tiempo los avatares de Pedro Páez. Y es que bajo ese nombre y apellidos de típico ciudadano anónimo se esconde sin duda una aventura digna de ser narrada, y que posiblemente no te contaron en el colegio.

Pedro Páez Jaramillo nació en Olmeda de la Cebolla (actualmente Olmeda de las Fuentes, Madrid), en 1564. A los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús y, tras estudiar en las universidades de Alcalá y Coimbra, partió hacia Goa (en la actual India) En aquellos tiempos los territorios de Portugal y España se regían desde una única corona, ceñida en la cabeza del segundo de los Felipes, y el Imperio Otomano era una de las principales amenazas para la monarquía hispana.

Mapa antiguo de África

Mapa antiguo de África

En ese contexto una Etiopía convertida podría ser una Etiopía aliada frente al Gran Turco y los misioneros jesuitas podían desempeñar un papel muy importante para los planes de Dios… y del Imperio. Páez partió desde Goa hacia Etiopía acompañado por el misionero catalán Antonio de Monserrat, pero el destino truncó el viaje de los dos jesuitas, que acabaron como prisioneros de los turcos durante siete años, en los que recorrieron los desiertos de Hadramaut y Rub al-Jali (“la habitación vacía”), uno de los mayores desiertos del mundo, y padecieron todo tipo de penalidades.
Finalmente son rescatados y llegan a Goa muy enfermos. Antonio de Monserrat fallece mientras que el olmedeño, tras un periodo de convalecencia, vuelve a aventurarse rumbo a tierras etíopes, a las que consigue llegar en 1603.
Allí realizó una impresionante labor pastoral, expandiendo los enclaves jesuitas y consiguiendo que el emperador Za Dengel y su sucesor Susinios abrazasen el catolicismo. Durante su estancia en territorio africano también demostró unas grandes cualidades como arquitecto y como historiador, escribiendo en el año 1620, en portugués, “Historia de Etiopía”, libro que, tras muchos siglos, fue finalmente traducido al español en 2009.

Pero la azarosa vida del misionero español albergó un hecho trascendente, y poco conocido: Pedro Paéz fue el primer europeo en alcanzar las fuentes del Nilo Azul, siglo y medio antes de que los británicos se atribuyeran su descubrimiento. “Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro, el gran Alejandro y Julio César”, dejó escrito. También se cree que fue uno de los primeros europeos en probar y describir el café.

Cataratas en el Nilo Azul.

Cataratas en el Nilo Azul.


Su vida, dicen que humilde y esforzada, se apagó en 1622 en el pueblo etíope de Gorgora. Fue enterrado en la iglesia que él mismo había construido y el tiempo fue difuminando su recuerdo hacia la nada. Hoy, apenas una discreta placa en su pueblo natal evoca su hechos. Sólo un puñado de compatriotas, como Javier Reverte con su libro “Dios, el diablo y la aventura”, han trabajado por recuperar su memoria. Quizás el padre Páez, como buen jesuita, lo hubiera querido así. Pero quizás también esto demuestra cuán desmemoriados, ingratos o mezquinos pueden ser algunos pueblos.

Publicado por el 29 octubre, 2012 en Historia olvidada | 2 comentarios

Orígenes de la democracia II: Tiranía y Ostracismo

En la anterior entrega vimos como Solón consiguió reformar las leyes e instituciones de Atenas y abrió el camino hacia la democracia, pero ese trayecto no iba a ser un camino de rosas. A pesar de las reformas, la luchas por el poder entre los miembros de la aristocracia continuó, y el campesinado seguía descontento con la situación social. Todo esto desembocó en la aparición de tres partidos, cada uno representante de las diferentes regiones del Ática: los Paralios en la costa, los Pedieos en la llanura central y los Diacrios en las montañas. De este último partido saldría el primer Tirano de Atenas, Pisístrato, tras conseguir el apoyo del pueblo de Atenas y tomar la Acrópolis.

La Tiranía en esa época no se puede equiparar exactamente a las dictaduras actuales, pero tendría ciertos puntos en común. Normalmente el Tirano era un aristócrata opuesto a los demás, apoyado por el pueblo que tomaba y mantenía el poder mediante la fuerza, con el fin de enfrentarse a alguna crisis social y/o económica. Mantenían las constitución e instituciones establecidas, pero bajo su control, colocando a sus leales en los principales puestos . La permanencia en el poder de Pisístrato fue discontinuada en el tiempo, exiliado en varios momentos , y sería en su tercer período como Tirano cuando, a pesar de la merma de libertades, sus reformas afianzaron las instituciones que llevarían a la democracia. Esto lo consiguió acabando con el poder los aristócratas, los Eupátridas, sometidos al poder del Estado, apoyando al campesinado, junto a los artesanos y comerciantes, lo que impulsó la economía de Atenas. También unificó cultos y tradiciones dándole una identidad propia a la Ciudad-Estado.

A Pisístrato le sucedieron sus dos hijos Hipias e Hiparco, que en principio mantuvieron el talante moderado de su padre en el gobierno, hasta que Hiparco fue asesinado, lo que provocó que Hipias desatara un régimen represivo, que finalizaría con la intervención de Esparta en apoyo a la familia aritocrática ateniense de los Alcmeónidas. En este momento aparece la segunda figura importante en el viaje hacia la democracia de Atenas, Clístenes, que impidió que se impusiera en la ciudad un régimen oligárquico como pretendía Esparta, que no veía con buenos ojos los cambios democráticos que se estaban produciendo en Atenas. Este fue el principio de la rivalidad entre las dos ciudades-estado.

Busto actual de Clístenes. Fuente:www.ohiochannel.org

Clístenes vio que la situación social era la adecuada para avanzar hacia lo que se denominó Isonomía, la igualdad ciudadana en cuanto a la repartición de los cargos públicos. El primer paso fue organizar y redistribuir las poblaciones del Ática, los démos, base de la ciudadanía, dividiendolos en distritos denominados Tritiies, que componían las diez tribus en que dividió la poblacion. Esta tribus eran una división artificial, solo administrativa, cuyos fines fueron la apertura a la ciudadanía a todos los habitantes del Ática (incluidos los trabajadores extranjeros, los jornaleros y hasta los libertos), crear una forma optima de garantizar la participación ciudadana y hacer desaparecer la división entre la ciudad y el campo.

El segundo paso fue mejorar las instituciones fijadas por Solón, sobre todo La Bulé, el consejo que pasó ahora a estar compuesto por quinientos miembros, cincuenta por cada tribu, que tenían que tener más de treinta años y no podían permanecer más de un año en el puesto, pudiendo repetir solo una vez más en su vida. Su misión, preparar la reuniones de la Asamblea Popular y hacer cumplir las decisiones de esta. Al no poder mantener todo el año a los quinientos miembros en activo, se creó un grupo de cincuenta miembros que debían permanecer en sus funciones durante una décima parte del año, turnándose los grupos entre las diez tribus. Y para dirigir a este grupo se creó la figura del Epístate, que ejercía de presidente del Consejo durante un día, teniendo la responsabilidad de tomar las decisiones urgentes y dirigir el gobierno del Estado. Un simple ciudadano elegido por sorteo tenía ese poder durante un día.

La Asamblea Popular o Eklesía, donde podían participar todos los ciudadanos, también ganó más poder con la reforma de Clístenes, decidiendo sobre los asuntos públicos, gestionando el erario público y teniendo la capacidad de decidir sobre la guerra y la paz. Los Arcontes perdieron parte de su poder, ejerciendo el poder ejecutivo según lo indicado por la Eklesía.

Ostracon contra Megakles. Fuente: wikipedia.org Autor: Giovanni Dall'Orto.

Para finalizar sus reformas, Clístenes incluyó un curioso mecanismo para evitar que los aristócratas pudieran rebelarse contra la nueva Constitución y sus mejoras democráticas: el ostracismo. Si algún individuo era considerado por la Asamblea como un peligro para el poder del pueblo, mediante votación se decidía si era exiliado de la región del Ática durante diez años, votación realizada en secreto mediante un pedazo de cerámica (ostracon) que contenía el nombre del personaje que debía ser sometido al ostracismo. Quizás alguien debería retomar esta costumbre en la actualidad para librarnos de algunos individuos indeseables que pueblan la política Española.

Todas estas reformas dejaron vía libre para que cincuenta años después Pericles implantara la denominada “democracia radical”.

Otras entregas:

Publicado por el 15 octubre, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios

Orígenes de la Democracia I: Solón y la esclavitud por deudas

En tiempos convulsos como estos en que ya no estamos seguros de si realmente aún vivimos en democracia o que significa realmente esta palabra, siempre viene recordar de dónde viene ese gobierno del pueblo. Recientemente, viendo el programa Salvados sobre la situación actual de Grecia, uno de los entrevistados recordaba como el griego Solón había acabado con la esclavitud por deudas en Atenas en la antigüedad y ahora un país entero se veía esclavizado por esa razón. Conozcamos pues algunas de las reformas de este hombre, considerado como uno de los “Siete Sabios de Grecia”, que abrieron el camino hacia la democracia en Atenas.

A finales del siglo VII a. C. la región del Ática dominada por la polis de Atenas sufría una profunda crisis social debido a la acumulación de tierras y riqueza de las familias más poderosas (los “Eupátridas”), que contrastaba con el aumento del empobrecimiento de los campesinos, la mayor parte endeudados de tal forma que tenían que ofrecerse ellos mismo como garantía, convirtiéndose en esclavos. Tras un primer intento de solucionar el problema por Dracón con sus medidas “draconianas” (que realmente no fueron tan duras), en el 594 a. C. el legislador Solón es nombrado magistrado con poderes extraordinarios, poderes que le permitirían iniciar la reforma de la Constitución ateniense. Su principal bien era conseguir la Eunomía, el buen orden y gobierno, y para ello debía conseguir evitar el abuso de poder de los Eupátridas sobre las clase más humildes, pero la a vez buscar el equilibrio para que los poderosos no se sintieran indignados por la pérdida de sus privilegios.

La medida que quizás fue más importante y revolucionaria fue la decisión de abolir todas las deudas, públicas y privadas que existían en ese momento, denominada Seisactía. Esta medida incluía la disminución de las tasas de interés y la prohibición de que las personas pudieran ofrecerse como garantía de sus préstamos, lo que implicó que los ciudadanos que había quedado esclavizados por esta razón quedaron liberados, recuperando sus tierras. Con esto Solón consiguió evitar una posible revuelta del campesinado, a costa de cierta pérdida de poder de los nobles. Algo así en la actualidad parece imposible, imaginaos que se decidiera que todas las deudas de los españoles desaparecieran de un día para otro, que no tuvieras esa hipoteca que te ahoga todos los meses o ese préstamo para pagar el coche. Incluso imaginad que toda la deuda pública de España desapareciera también. Esto se hizo hace 2500 años y el mundo siguió girando.

Solón y Creso. Gerard van Honthorst (Public domain), via Wikimedia Commons

Pero Solón no se detuvo en esto en sus reformas sociales. Dividió a los ciudadanos en clases sociales según riqueza, medida según el medinmo, una medida de peso del cereal, la principal fuente de riqueza en la época y reformó las leyes para mejorar la situación y convivencia de la ciudadanía ateniense. Su otra gran actuación fue la reforma constitucional que estableció cuatro instituciones públicas para el gobierno de Atenas, claro antecedente de las instituciones democráticas:

  • El Arcontado: nueve magistrados o Arcontes, elegidos  entre cuarenta candidatos de las tres primeras clases sociales por sorteo, que desempeñan funciones ejecutivas, religiosas, militares y legislativas.
  • La Eklesía: la asamblea, constituida por miembros de las cuatro clases sociales, que elegían a los Arcontes y aprobaban las leyes.
  • La Bulé: un consejo de cuatrocientos miembros, de los cuales tres cuartas partes eran nobles, que tenía la función de preparar las sesiones de la Eklesía, vigilar la ejecución de las leyes y el orden ciudadano.
  • La Heliea: un tribunal popular compuesto por seis mil miembros, que ejercían la justicia, ante los cuales cualquier ciudadano podía presentar su querella

Sus reformas económicas abarcaron establecer un nuevo sistema de medidas, introducir la moneda, impulsar la artesanía y el comercio, y modificar el sistema agrícola. Está última reforma produjo una importante transformación en los tipos de cultivo de la región del Ática, sustituyéndose en parte el cultivo de cereales por el de la vid y el olivo, cultivos que luego se convirtieron en fundamentales en todo el Méditerraneo y que siguen siéndolo en la actualidad.

De esta forma plantó Solón la semilla de la democracia en la polis de Atenas, que aunque fue frenada en parte al poco tiempo por la aparición de los Tiranos, se vería impulsada nuevamente a finales del siglo VI a. C. por Clístenes, pero de esto trataremos en la próxima entrega de Orígenes de la Democracia.

Otras entregas:

Publicado por el 24 septiembre, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios

Los recortes de Diocleciano

En época de crisis algunos gobernantes tienen la costumbre de modificar los impuestos para recaudar todo lo que se pueda y llenar las arcas del Estado. Lo vivimos ahora y se ha vivido en muchos momento a lo largo de la historia de la Humanidad. Pero uno de los momentos más trascendentales fue el protagonizado por el emperador romano Diocleciano, cuando inauguró un nuevo sistema tributario que significó que el pueblo debía servir y salvar a toda costa el Estado, que estaba por encima de los individuos.

El siglo III fue un periodo de crisis en el Imperio Romano en todos los aspectos, el militar, el económico y el social, provocando desórdenes por todo el Imperio que los múltiples y débiles Emperadores que gobernaron en esta época fueron incapaces de atajar. En el año 270 llegaría al poder Aureliano, militar ilirio, que haría frente a los problemas más acuciantes, frenando las insurrecciones y realizando reformas económicas y religiosas, pero su asesinato en el 275 dejaría inconclusa su misión de resolver la crisis. Su espíritu reformista fue retomado por Diocleciano, también militar cuando ascendió a Emperador en el 284, aclamado por el ejercito. Tras unos primeros años que hubo de enfrentarse a diferentes conflictos, comenzó a partir del 293 su labor más fundamental en mantener la unidad del Imperio, comenzando el periodo que sería conocido como Dominado o Bajo Imperio.

Su primera misión, como militar que era, fue reorganizar el ejercito,sustituyendo los sistemas estáticos de defensa lineal por uno basado en fortificaciones a ambos lados de la frontera (Strata diocletiana), se duplicaron los efectivos militares, ampliándose a las 75 legiones, aunque de menor tamaño, y el ejército se dividió en dos tipos, las tropas fronterizas, encargadas de defender los límites del Imperio, y el ejército interior al mando del Emperador. Todo esto supuso un aumento de los gastos del Estado, que se tuvo que sufragar mediante los impuestos.

Su reforma de la política fiscal comenzaría con la creación de un doble impuesto, iuga y capita, que se basaban en las posesiones agrícolas y en las personales. Pero el problema de la aplicación de este impuesto fue que se basó en la productividad teórica, y para el caso de las tierras no se tenía en cuenta por ejemplo para el caso de las tierras que hubiera sequías o plagas que acabaran con los cultivos, obligando en este caso a pagar igualmente el impuesto aunque no se hubiera cosechado nada. Y esto se acompañó de imposiciones extra que se dictaban a menudo, la obligación del cultivador de permanecer en la tierra y, como no, corrupción entre los funcionarios fiscales. El pueblo estaba sometido completamente al Estado y debía servirle para mantenerlo a flote.

Moneda del Emperador Diocleciano. Fuente: Wikimedia Commons Autor:Ingsoc

Se acuñaron nuevas monedas, intentando combatir la depreciación monetaria de los años anteriores, creándose un sistema monetario común para todo el Imperio y revalorizando la moneda hasta duplicar su valor. Pero todo esto no impidió que la inflación continuara creciendo, por lo que Diocleciano intentó poner un límite a los precios mediante el “Edictum de pretiis”, que fijaba los precios máximo de varios bienes de consumo y los salarios mínimos, pero este edicto fue abolido poco tiempo después debido a la dificultad de hacerlo cumplir en todo el Imperio, dificultades entre las que se encontraban que en muchos lugares del Imperio se seguía usando el trueque en vez del intercambio monetario.

El emperador Constantino continuó con este sistema fiscal, endureciéndolo más aún, provocando que aumentaran las diferencias entre ricos y pobres. El Imperio se mantuvo integro así durante más de siglo y medio, pero fue el inicio de la caída del Imperio de Occidente y el comienzo del camino hacia la Edad Media, con el que los que anteriormente fueron considerados como ciudadanos pasaron a ser súbditos del Estado. A veces la historia se repite demasiadas veces.

Publicado por el 17 septiembre, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios

Santa Anna: historia de un país…y de una pierna.

La biografía de Antonio López de Santa Anna, quizá el personaje más controvertido de la agitada historia mexicana, es vista hoy como el paradigma de una vida en busca del poder a cualquier precio. Nacido en el seno de una familia de origen español, Santa Anna, capitán del ejército realista al estallar el movimiento insurgente que desembocó en la independencia de México, combatiría del lado español primero y en el bando independentista después, para, posteriormente, tras apoyar la coronación de Iturbide impulsar más tarde su derrocamiento y la instauración de la república. En su carrera política llegaría ser presidente del país americano nada más y nada menos que en once ocasiones: unas veces con los liberales y otras con los conservadores. Marcado en todo momento por la contradicción, parece que no le costaba mucho cambiar de chaqueta para alcanzar el sillón presidencial y, a pesar de caer y sufrir el exilio en múltiples ocasiones, Santa Anna siempre retornaba.

Antonio López de Santa Anna

A él y sus tropas se les atribuye la muerte del héroe estadounidense Davy Crockett en El Álamo durante la guerra de independencia texana y fue su costumbre de mascar chicle natural la que introdujo la goma de mascar en los Estados Unidos, cuando, durante uno de sus exilios, en Nueva York, su secretario, Thomas Adams, la patentó para posteriormente fundar la Adams New York Chewing Gum, añadirle sabores y popularizar su consumo. Sin duda una vida intensa la del veracruzano, y sorprendentemente larga teniendo en cuenta los tiempos convulsos que vivió y los enemigos que se granjeó.

Estratega cuestionado en lo militar, Santa Anna fue el “Héroe de Tampico” tras rechazar en 1829 un ataque español que pretendía recuperar la antigua colonia y también sufrió la vergüenza de caer derrotado ante los estadounidenses en la guerra en la que México acabaría cediendo más de la mitad de su territorio nacional. Ambicioso, seductor, extravagante y traicionero, el general protagonizó un suceso acorde con su personalidad cuando, en 1838, durante un combate contra tropas francesas en Veracruz, en el curso de la Guerra de los Pasteles, perdió una pierna, ordenando posteriormente que la extremidad recibiera cristiana sepultura con honores militares. La pierna del militar (al que ya se conocía como “El quince uñas”) sería años después exhumada y trasladada a Ciudad de México, donde recibió nuevos homenajes en forma de desfiles. Sin embargo el final de uno de sus periodos de gobierno llegó con el pueblo sublevado desenterrando su pierna y arrastrándola por las calles de la capital.

Bombardeo francés de Veracruz durante la "Guerra de los Pasteles"

Aún volvería una vez más al poder, en un periodo en el que su personalismo exacerbado derivó en giros dictatoriales (se hacía llamar “Alteza Serenísima”), antes de su último exilio. Ya con ochenta años, regresó Santa Anna a México, para morir poco después ciego, solo y olvidado. Hay quien dice que en sus últimos días algunos acudieron a su puerta para ofrecerle los restos de su pierna, salvados de la masa enfurecida…

Publicado por el 20 agosto, 2012 en Historia olvidada | 4 comentarios

¿Vikingos en España?

Fenicios, griegos, celtas, cartagineses, romanos, visigodos, árabes…y vikingos. Los temibles guerreros procedentes de Escandinavia también pasaron por la Península Ibérica.

“De la furia de los hombres del norte líbranos, Señor”. Era un rezo repetido en las iglesias de Europa. Moviéndose en oleadas hacia el sur del continente a bordo de sus naves (drakkars, quizá el elemento clave de su poderío militar), desde Moscú hasta Lisboa, los paganos originarios de Dinamarca, Noruega y Suecia causaban terror entre los reinos cristianos, que tenían enormes dificultades para frenar sus ataques, feroces e impredecibles. Famosos por sus aterradoras incursiones desde el mar, los vikingos, corpulentos y sanguinarios, comenzaron a hacerse notar a finales del siglo VIII con sus asaltos en las islas británicas, las cuales llegarían a someter durante muchos años. El pueblo vikingo, al que hasta hoy rodea un aura misteriosa, con su escritura en runas, su fascinante mitología de dioses guerreros, su Valhalla y sus valquirias (todo ello popularizado por la obra wagneriana), tenía predilección por las acciones de pillaje y los territorios hispanos también estuvieron en su lista de objetivos.

Embarcación vikinga (fuente: celiticattic.com)

Aunque las fuentes historiográficas son escasas, se cree que en el verano del año 844 un gran número de naves vikingas fueron avistadas frente a las costas de Gijón. El gran contingente de guerreros nórdicos llegaba a las costas asturianas después de una serie de asaltos en Francia. El Reino de Asturias, exponente de la resistencia cristiana a los invasores musulmanes, era por aquel tiempo un territorio rural y pobre, plagado de quintanas y pequeñas aldeas marineras, en el que quizá ni siquiera Gijón u Oviedo (reciente capital del Reino) podrían ser consideradas como ciudades de importancia. En este sentido, no se sabe con seguridad hasta qué punto las tierras asturianas fueron saqueadas, ya que los vikingos buscaban botines cuantiosos en sus asaltos y no parece que pudieran hallar grandes riquezas en el joven reino astur.

Bordeando la costa, la expedición vikinga se desplazó hacia el oeste hasta avistar la torre de Hércules, y desembarcar para arrasar el pueblo de Brigantium (La Coruña), pensando que junto a semejante construcción debería encontrar con qué saciar su ansia de pillaje. No debió de ser así, y lo que sí se encontraron fue un ejército enviado por el Rey de Asturias, Ramiro I, que les expulsó de vuelta al mar y destruyó varias de sus naves.

La Península Ibérica a comienzos del siglo IX (fuente:Wikipedia)

Tras moverse hacia el sur e intentar, sin conseguirlo, entrar en Lisboa, los vikingos tomaron Cádiz y, penetrando por el Guadalquivir, alcanzaron Sevilla, ciudad que saquearon bien a gusto hasta que llegó hasta ellos el contingente formado por Abderramán II y, tras comprobar su inferioridad frente a las tropas musulmanas, se retiraron dando por finalizada la primera incursión en la Península Ibérica. Pero no sería la última. Aparte de otras incursiones menores, entre los años 859 y 862 los vikingos volvieron a asolar las costas gallegas y andaluzas, llegaron hasta las Baleares y saquearon Pamplona tras remontar el Ebro. En el 970, en otra gran campaña, tomaron la misma Santiago de Compostela, ciudad cuya fama se había extendido por Europa. Como consecuencia de estos ataques, los reinos peninsulares comenzaron a dedicar más recursos a la fortificación y protección de sus costas, ante la amenaza de los “hombres del norte”, que continuaría hasta el siglo XII.

Hoy en día, en la localidad pontevedresa de Catoira, se conmemora cada verano el hecho histórico con la celebración de la Romería Vikinga, convirtiendo en fiesta lo que en su día fue pavor.

Publicado por el 30 julio, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios

El asno de Roma

La familia de los Escipiones fue una de las más prestigiosas en los tiempos de la República de Roma, sobre todo gracias al Escipión el Africano, el hombre que derrotó a Aníbal y causó el final de Cartago como potencia del Mediterráneo. Pero toda gran familia tiene su pequeña mancha y esta fue provocada por Cneo Cornelio Escipión Asina en el primer enfrentamiento naval contra los cartagineses en los inicios de la Primera Guerra Púnica.

Tras varios años de relaciones amistosas entre las dos principales potencias de la época, Roma y Cartago, en el 264 a. C. comenzó una guerra que se prolongaría durante más de veinte años. El inicio del conflicto fue provocado por un grupo de mercenarios procedentes de la península itálica, denominados mamertinos, que tras instalarse en la ciudad siciliana de Mesina y conseguir repeler un ataque de Siracusa con ayuda de los cartagineses, tuvieron que solicitar al senado romano que les librara de sus “aliados” cartagineses, que se habían instalado en la ciudad con supuestos fines de protección. Los romanos aceptaron la petición y de inmediato desembarcaron en Sicilia expulsando a los cartagineses de Mesina, lo que significó la declaración de guerra oficial a Cartago.

Poco a poco fueron tomando varias ciudades de la isla, pero Roma seguía teniendo una deficiencia importante ya que su fuerza naval era ínfima y no podían hacer frente a la experimentada flota cartaginesa, que se preparaba para desembarcar en Italia. Por ello el senado romano tomó la decisión de construir una flota de guerra, comenzando su construcción en los astilleros de las ciudades de origen griego situadas en el sur de Italia, más experimentadas en navegación, inspirándose para la creación de los navíos en los cartagineses. También necesitaban marineros, por lo que los tuvieron que entrenar rápidamente, pero al no estar aún listos los barcos, recurrieron al curioso sistema de entrenarlos en tierra, simulando las posiciones de remeros en los navíos y enseñándoles a manejar los remos de esta guisa. Estaba claro que este entrenamiento apresurado no presagiaba ya nada bueno.

Las Islas Eolias

Las Isla Eolias. Fuente:wikipedia.org Autor:NormanEinstein

Así llegamos al 260 a. C., cuando la flota de cien quinquerremes y veinte trirremes estuvo lista para el combate. Escipión Asina, cónsul electo de aquel año, tras llegarle rumores de la posible decantación de la ciudad de Lipari, en una de las Islas Eolias, hacia el bando romano, decidió lanzarse a la aventura, partiendo de Mesina con diecisiete navíos. Los romanos fondearon en la bahía de la pequeña isla sin encontrar resistencia, pero su tranquilidad pronto se vería rota. Aníbal Giscón, comandante en jefe de los cartagineses en Sicilia, envió rápidamente al senador Boodes al mando de una pequeña flota de veinte navíos, que aprovechando la noche consiguieron bloquear el puerto impidiendo la huida de los barcos romanos. Con la llegada del día, al verse rodeados por los cartagineses, las tropas romanas abandonaron los barcos huyendo por tierra, dejando solo a Escipión Asina, al que no le quedó otra que rendirse a los cartagineses, dando así por finalizada la denominada Batalla de las Islas Lipari, aunque de batalla tuvo poco como hemos visto. Por esto recibió nuestro pobre cónsul el sobrenombre de Asina, que quiere decir “El asno”, llevando siempre la marca de la primera derrota naval de Roma.

Trirreme

Maqueta de trirreme romano. Fuente:wikipedia.org. Autor:Rama

Pero esta derrota fue solo una pequeña alegría para los cartagineses que poco les duraría, ya que el otro cónsul de aquel año, Cayo Duilio consiguió derrotarlos frente a las costas de Mylae. Pero aún así, la flota romana no fue significativa para el final de la Primera Guerra Púnica, ya que siguió patente la impericia marítima de los romanos tras varios desastres navales que hicieron que se centraran en su poderío militar sobre tierra. Nuestro protagonista también pudo resarcirse de su brillante acción anterior al ser nombrado cónsul nuevamente en el 254 a. C y al mando de una flota de trescientos navíos, junto a su colega Aulo Atilio, puso sitio a la ciudad siciliana de Palermo, tomando finalmente la ciudad, con lo que consiguió ser recompensado con el honor del  triunfo a su regreso, viendo así la ciudad de Roma como un Asno se paseaba triunfante por sus calles.

Publicado por el 16 julio, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Augusto no quiso ser menos que César

Si hay algo que le debemos a Julio César es nuestro calendario actual, ya que el fue él quién encargo que se le diera forma llegando prácticamente a nuestros días, con tan solo la reforma realizada por el Papa Gregorio XIII. Aunque como veremos, su sobrino y primer emperador de Roma también quiso dejar su impronta.

Busto de Julio César

A lo largo de la historia de Roma el calendario había sufrido numerosos cambios, llegando en época de César a ser de 366 días  y cuarto, dividido en trece meses, que incluían más o menos los actuales más un mes intermedio entre Febrero y Marzo (que era cuando comenzaba el año romano), de 22/23 días, denominado Mercedino. Esto había llegado a provocar un desfase con las estaciones climatológicas que no podía continuar, ya que cada 35 años se adelantaba un mes. Para ello César encargo a Sosígenes de Alejandría que realizara un estudio para adaptar el año civil al año solar. Y así, en el año 46 a. C, se añadió al mes de Septiembre un intervalo de 67 días para corregir el desfase acumulado. El siguiente paso fue establecer el año de 365 días, dividido en 12 meses, con 31 días los impares y 30 días los pares, completándose Febrero, el último mes del año, con los 29 días que faltaban. Pero aún así, quedaba un pequeño desfase  por corregir, ya que el año astronómico dura algo más de los 365 días, así fue como se estableció el año bisiesto, que añadiría un día más a Febrero cada cuatro años, contando ese año con 30 días. Así había nacido el calendario juliano.

Busto de Augusto

En este momento os estaréis preguntando ¿Febrero no tiene 28 días y los años bisiestos 29? Pues ahí queríamos llegar. Tras la muerte de César, el mes de Quintilis había sido renombrado como Julius en su honor. El senado de Roma, para no herir el orgullo del emperador Augusto, decidió en el 23 a. C dedicarle el mes de Sextilis, nuestro actual Agosto. Pero según la división del calendario juliano,  el mes de Julius tenía 31 días, por lo que para que la cosa estuviera igualada, había que añadirle a Augustus un día más, restándoselo al mes de Febrero. Esto provocó también que los cuatro meses siguientes cambiaran la duración, pasando de 31 a 30 septiembre y noviembre, y de 30 a 31 octubre y diciembre. Y así es como, por halagar la vanidad de un emperador, el mes de Febrero se quedó con 28 días.

Publicado por el 16 abril, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario