Vive la Historia. La Gran Armada: defensa a contrarreloj.

Ambientación sonora:

 

“Apenas oso escribir a Su Señoría sobre las magnas fuerzas que oímos que el rey de España tiene fuera, en el Canal. En Inglaterra hay que hacer grandes preparativos, sobre todo por mar. Deténgasele ahora y deténgasele para siempre”

Sir Francis Drake a Francis Walsingham, secretario principal de la reina Isabel.(1587)

Ante la amenaza española, Isabel no disponía de un ejercito considerable, experimentado ni bien armado. Muchas de las estructuras defensivas del país estaban en mal estado y las arcas del reino casi vacías. Si los temibles tercios españoles ponían pie en suelo inglés, las posibilidades de detenerlos en su camino hacia Londres se antojaban escasas. Sin embargo la reina podía contar con una buena fuerza naval, no excesivamente grande, pero bien equipada y con almirantes experimentados. Y sabía que esa sería su gran baza.

1588 tendría dos eclipses lunares y los más pesimistas de la corte predecían oscuros presagios. En Holanda las tropas de Alejandro Farnesio habían castigado duramente al cuerpo expedicionario inglés y habían ganado el puerto de Esclusa, de aguas profundas, para los intereses de la corona hispánica. A pesar de los negros augurios y de la palpable fortaleza del enemigo, Isabel era consciente de que no había tiempo que perder: se necesitaba armar y adiestrar milicias, fabricar cañones, hacer acopio de pólvora y fortificar las playas y los principales núcleos costeros. En España y Portugal el espionaje inglés trabajaba sin cesar y conseguía colarse en la propia casa del comandante de la Armada española. Los españoles se estaban preparando, pero ¿cuándo atacarían? Y… ¿dónde? ¿Essex? ¿Kent? ¿Sussex? Cualquier punto de la costa del Canal podría ser el objetivo. Se definió un protocolo para encender el sistema de almenaras costeras que con sus grandes hogueras permitirían, junto con el tañido de las campanas de las iglesias, llevar la noticia del avistamiento de la flota española por todo el país. El nerviosismo se extendía y el tiempo apremiaba: cualquier cosa podía ser de ayuda en la defensa, cualquier día podría llegar el invasor.

Pero mientras Inglaterra se preparaba en tierra, su flota no se iba a quedar de brazos cruzados y, haciendo bueno el dicho de que no hay mejor defensa que un buen ataque, puso rumbo a Cádiz, en un intento de desbaratar o retrasar los planes navales españoles con un ataque relámpago. Al frente de la armada inglesa se encontraba Sir Francis Drake, el afamado corsario, viejo conocido de los españoles, por quienes profesaba un odio atroz desde que fuera derrotado y obligado a huir con el rabo entre las piernas en un ataque sorpresa en San Juan de Ulúa (México). Aún se vería la caras con sus eternos enemigos en unas cuantas ocasiones más.

Continuará…

Publicado por el 12 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: Vientos de guerra

Ambientación sonora:

“No puedo sino advertir a Vuestra Majestad que se prepare, en todos los campos, para lo peor. Disponga de inmediato de una armada muy poderosa para defender el mar y consiga, por medio de sus súbditos, contar con una reserva de dinero, que es el pilar para sostenerlo todo”

Robert Dudley, conde de Leicester, a Isabel I (1587)

 

La tensión también iba en aumento fuera de las fronteras de Inglaterra. Las cancillerías europeas seguían con máxima atención el curso de los acontecimientos y la diplomacia trabajaba sin cesar, pero cada día que pasaba las posturas parecían alejarse más y los soberanos de Madrid y Londres empezaban a prepararse para una confrontación inevitable.

Isabel se había contagiado por el ambiente y, presa del temor y la desconfianza, ya creía que nada conseguiría evitar un ataque español sobre suelo inglés, por lo que no podía perder ni un segundo en preparar la defensa de su reino. Felipe era el rey más poderoso de su tiempo y en 1580 había anexionado Portugal y sus posesiones ultramarinas a los territorios de la Corona. La monarquía española, el primer imperio de dimensión planetaria, ostentaba la hegemonía militar en Europa y dominaba los mares y el comercio con el Nuevo Mundo. Inglaterra, una potencia emergente, veía amenazada su propia seguridad, lo que le llevó a intensificar su apoyo a los rebeldes holandeses y también ahora a los portugueses, todo ello en contra de los intereses de España. Los corsarios ingleses, con el beneplácito de la reina Isabel, atacaban a los convoys españoles que transportaban todo tipo de mercancías desde las Indias, al mismo tiempo que intentaban saquear las ciudades americanas.

Ejecución de María Estuardo

Ejecución de Maria Estuardo

El rey de España, desde siempre prudente y receloso de un enfrentamiento a gran escala contra Inglaterra, veía como se le acumulaban los motivos para pasar a la ofensiva. En el plano religioso, la persecución de papistas en el reino inglés era cada vez más descarada. A inicios de 1587, María Estuardo, la que fuera Reina de Escocia, cautiva de la reina Tudor, fue ejecutada, acusada de traición contra Isabel. Vestida de rojo y aferrándose a su catolicismo, María murió como una mártir. Parecía la afrenta definitiva para el monarca español, que sentía también la presión del orbe católico para que fuera en rescate de la verdadera fe en la isla antes de que ésta cayera para siempre en manos de los herejes. Felipe comenzó a consultar a sus mandos militares acerca de las necesidades para la invasión.

A un lado y otro del mar todos caminaban ya hacia la guerra.

Continuará…

Publicado por el 5 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: El peligro interior.

Tras leer el libro “La Armada Invencible” de Robert Hutchinson (Editorial Pasado & Presente), una documentada obra que refleja la interesante visión de un historiador británico sobre la fallida invasión de Inglaterra proyectada por Felipe II, y el posterior fracaso del contraataque inglés, abordamos en el blog estos hechos, posiblemente menos conocidos de lo que pueda parecer, en un post publicado hace ya más de un año. En su momento, por circunstancias inesperadas, se produjo una “narratio interruptus” y es hoy cuando, inspirados por la intensidad del libro y respaldados por la categoría de la historia, retomamos la divulgación de los sucesos en un formato episódico y con apoyo sonoro, con el objetivo de acercar los hechos históricos de un modo más inmersivo e interesante. A lo largo de trece breves capítulos desgranaremos la historia de la Gran Armada, incluyendo junto a cada artículo una ambientación musical para acompañar su lectura.

A sus puestos. Zarpamos. Esperamos que os guste el viaje.

 


 

Ambientación sonora:

1 – El peligro interior.

La opresión es tan grave, y se agrava aún más cada día, que los confesores de la verdadera fe ya sólo esperan la libertad que puedan darnos los extranjeros. Es preferible lograr la bendición eterna bajo un señor extranjero que vernos arrojados al infierno más profundo por un enemigo que está en casa”

Carta de un exiliado inglés católico.

 

Isabel I de Inglaterra

Isabel I de Inglaterra

El día en que la espada cercenaba la cabeza de su madre, Ana Bolena, nada hacía presagiar que la pequeña Isabel se fuera a sentar nunca en el trono de su rebelde y sanguinario padre, el octavo de los Enriques ingleses. Sin embargo la vida sigue sus caminos y la muerte los suyos y, tras el fallecimiento de sus hermanos Eduardo y María, un invernal día del año de Nuestro Señor de 1559 Elisabeth Tudor, una joven pelirroja, considerada hija ilegítima hasta entonces, era coronada Reina de Inglaterra. Fue la última coronación de un monarca inglés celebrada en latín: algo estaba cambiando en la isla británica.

La reforma religiosa que había incendiado el continente prendía también en Inglaterra. La ruptura con Roma que había provocado su padre, Enrique VIII, se confirmaba cuando el papa Pío V firmaba la bula que excomulgaba a Isabel. Eran tiempos convulsos, Escocia se desangraba en enfrentamientos entre católicos y protestantes, las tropas españolas aplastaban con dureza las revueltas protestantes en Holanda y en Francia hugonotes y católicos luchaban por el trono y la fe. Había que tomar partido, e Isabel lo hizo. A diferencia de su hermana, se declaró una ferviente protestante y maniobró para apoyar a los seguidores de la Reforma allí donde estuvieran amenazados. Esto la enfrentaba absolutamente con el que se había ungido como mayor defensor de la fe católica, al cual ya había rechazado como marido: Felipe II de España. Toda historia que se precie tiene dos grandes enemigos. Isabel y Felipe lo fueron.

En Inglaterra se extendía la lucha de religión: sublevaciones continuas de nobles católicos, conspiraciones para acabar con la reina (incluso dentro de su propia familia), ejecuciones, delaciones, traiciones y mucha sangre. Los católicos vivían oprimidos y bajo sospecha y empezaban a ver a Isabel como una tirana y a abrazar una idea para librarse definitivamente de ella: una intervención militar extranjera que vendría desde el sur. El reino de Isabel se sumergía en el miedo y la paranoia.

Continuará…

Publicado por el 2 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

La primera patente de la historia

Cada cierto tiempo en las noticias de tecnología siempre aparece algún tema relacionado con la demandas de patentes entre grandes empresas tecnológicas: Apple demanda a Samsung o Google y esta contraatacan con otras demandas. Las patentes nacieron para proteger los intereses de los inventores concediéndoles derechos exclusivos sobres sus invenciones con el fin de fomentar la innovación. A lo largo de la historia son muchos los inventos patentados pero ¿cual fue la primera vez que se patentó algo?. Para responder a esta pregunta tenemos que remontarnos a la Florencia de principios del siglo XV donde el arquitecto Brunelleschi consiguió la que se considera la primera patente de la historia.

Filippo Brunelleschi de Andrea Cavalcanti Autor:shakko [CC BY-SA 3.0]

Filippo Brunelleschi de Andrea Cavalcanti Autor:shakko [CC BY-SA 3.0]

Filippo Brunelleschi fue principalmente uno de las grandes arquitectos del Renacimiento italiano, además de realizar también obras escultóricas, pinturas y orfebrería. Su obra más conocida es la cúpula de la catedral de Florencia, uno de los símbolos de la ciudad, que demostraron su pericia técnica y sus conocimientos matemáticos para construir una cúpula de base octogonal inspirada en la del Panteón de Roma. No solo demostró su habilidad como arquitecto, sino que también como ingeniero para el diseño de las máquinas y grúas necesarias para elevar los materiales para construir la cúpula, y precisamente esa faceta de su trabajo fue la que le llevó a conseguir patentar uno de sus inventos.

Brunelleschi era un hombre que guardaba celosamente sus diseños por el temor de que pudieran copiarlos y prescindir de él. En el concurso para el diseño de la cúpula de la Catedral de Florencia había presentado un modelo incompleto para asegurarse de tener el control sobre la edificación y cuando llegó la ocasión de llevar a cabo la construcción de una de sus invenciones, un sistema para transportar el mármol de Carrara a través del complicado río Arno, debido a sus corrientes imprevisibles, hasta las puertas de la ciudad, antes de hacerlo solicitó a los mandatarios de las República de Florencia que le concedieran prerrogativas sobre dicha invención, siendo bastante vago el los detalles que la describían. El consejo de Florencia le concedió el 19 de Junio de 1421 el derecho durante tres años sobre su creación, que consistía básicamente en una barcaza con una grúa para cargar y descargar el mármol, y también el derecho a quemar cualquier tipo de navío que copiara sus diseños. En las ciudades de la Italia renacentistas ya era habitual la concesión de monopolios sobre ciertas construcciones o técnicas artesanas, pero lo que distinguió al caso de Brunelleschi fue que esta vez se concedió sobre una invención y el beneficiado era el propio inventor, es por ello que se la considera como la primera patente según se entiende en la actualidad.

Il Badalone según Taccola en su libro De Ingenis.

Il Badalone según Taccola en su libro De Ingenis.

Lamentablemente para Brunelleschi, a pesar de haber conseguido la patente, no tuvo mucho éxito con ella, ya que tras mostrar su invención en 1424, llamada Il Badalone, construida con grandes dificultades, tuvieron que transcurrir tres años para que pudiera ser usada. Ese momento llegó cuando tuvo que transportar mármol para la cúpula de la catedral en 1427, pero este viaje acabó en desastre al hundirse la barcaza a la altura de la ciudad de Empoli, siendo este el primer y último periplo conocido de la primera invención patentada de la historia.

Publicado por el 2 febrero, 2015 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

La seducción de los inocentes: cuando los cómics eran el Diablo

Desde siempre se ha buscado un cabeza de turco, una influencia perniciosa, para explicar los males del mundo y sobre todo para justificar que una juventud “descarriada” debe ser protegida de malas influencias. Da igual la época, ahora son Internet y los videojuegos los sospechosos habituales, en otros momentos era la televisión y el cine, o los juegos de rol, y hubo un tiempo, a finales de los años cuarenta del pasado siglo, que los culpables de la delincuencia juvenil eran los tebeos, cuyas viñetas debían transformar a los inocentes infantes en futuros monstruos, según el psiquiatra norteamericano-alemán Fredric Wertham.

Wertham

El Dr. Wertham asustado ante lo que leía en un cómic

En el verano de 1947 un muchacho de catorce años de Washington D.C., Melvin Leeland, se pegaba un tiro jugando con un amigo a la ruleta rusa con un revolver. La madre relató a la policía que su hijo había leído sobre ese juego mortal en un cómic. Solo dos meses más tarde Billy Becker, de doce años, se ahorcaba de una viga del sótano de su casa. La madre de Billy declaró que lo había hecho imitando lo que había visto en un tebeo, a pesar de que siempre le quemaba todos los que le encontraba, había conseguido esconder algunos. Según el Dr. Wertham el común denominador de tragedias como estas eran principalmente los cómics de crímenes, como los que publicaba por aquel entonces la editorial EC, que conducían a los jóvenes al analfabetismo, la delincuencia juvenil y degeneraciones sexuales. Los superhéroes también fueron uno de sus blancos: Batman y Robin eran gays, Wonder Woman una lesbiana cuyos cómics forzarían a los niños a convertirse en homosexuales y Superman, pese a su conocido origen judío, se convirtió para el dedicado psiquiatra en un fascista al cual solo le faltaba otra S más en el pecho para ser un nazi.

Wertham llevaba años años estudiando a jóvenes con problemas en su clínica de salud mental de Nueva York, plasmando una primera visión del supuesto problema de los cómics en 1948 en su artículo para la revista Collier, “Horror en la habitación de los niños”, donde afirmaba que los cómics era una de las principales influencias en todos los casos que había estudiado. Esta época de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta eran tiempos turbulentos en Estados Unidos, tiempos de posguerra con una economía relanzada por la industria militar que se había activado durante la Segunda Guerra Mundial. Los jóvenes tenían más dinero para gastar, estaba naciendo el rock’n’roll, los primeros coches tuneados y en el cine triunfaba James Dean en películas como Rebelde sin causa. La delincuencia juvenil creció notablemente, siendo los menores de dieciocho años, según el FBI, los responsables de más de la mitad de los robos de coches y en casas, y una buena parte de los implicados en atracos y violaciones. Tiempo después se demostraría que este aumento de la criminalidad tuvo sus raíces en la represión policial y las familias rotas por la guerra debido a la partida de los padres a la guerra y la entrada de las mujeres a trabajar en las fábricas. Pero en aquel momento la opinión pública encontró una explicación más fácil en los millones de cómics que compraban los niños norteamericanos.

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En un caldo de cultivo ya propicio por denuncias anteriores, el artículo del Dr. Wertham tuvo una enorme repercusión y uno de sus primeros efectos se produjo en el pueblo de Spencer, en Virginia Occidental, cuando un grupo de niños, supervisados por padres, profesores y sacerdotes, se juntaron para quemar en una hoguera más de dos mil tebeos, con los muchachos y muchachas convencidos que no debían leer más cómics. Estos actos se repetiría por todo el país; tan solo tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estaba quemando libros como habían hecho los nazis. En varios estados se regularizaría la publicación de cómics, llegándose en Nueva York a prohibir cualquier tipo de representación de relaciones sexuales explícitas, brutalidad o actos criminales, y el uso de palabras como terror u horror. En 1954 Fredric Wertham publicaría el libro donde expondría todas sus teorías sobre la perniciosa influencia de los cómics en los jóvenes, La seducción de los inocentes, que serviría como carta de presentación para ser citado a declarar por el Subcomité del Senado para la delincuencia juvenil, donde sería también llamado William Gaines, el editor de los comics EC, el principal blanco de las críticas de Wertham. De este subcomité no salió ninguna prohibición respecto a los comics, pero si una recomendación de que las editoriales debería suavizar los contenidos de sus publicaciones, lo que fue tomada como una amenaza velada.

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Entre 1954 y 1956 el número de cómics mensuales publicados había bajado de 650 a 250; el pánico empezaba a reinar en la industria del comic. El dibujante Carmine Infantino llegó a comentar que en aquellos tiempos decir que te dedicabas a dibujar tebeos era casi como si dijeras que eras un pederasta. En otoño de 1955 nacería el Comics Code Authority como una forma de autocensura de las propias editoriales, cuyo sello marcaría las portadas de todos los cómics aprobados por este organismo, sin el cual muchos distribuidores se negarían a repartirlos. Para conseguirlo, había que eliminar cualquier historia de terror u horror, incluidos vampiros y hombres lobos, y aquellas que pudieran ser irrespetuosas con la policía o el gobierno. Nada de resaltar la anatomía femenina, ni sexo explícito, relaciones extramatrimoniales y ni siquiera divorcios. Y por supuesto, no se podían publicar anuncios de alcohol, tabaco o armas, algo comprensibles a día de hoy, pero también, curiosamente, tampoco anuncios de petardos. Al Dr. Wertham le hubiera gustado que se impusieran unas prohibiciones más severas, pero fue todo lo que pudo conseguir. La industria del cómic sobrevivió a los ataques del intransigente psiquiatra, y aunque el Comic Code Authority siguió en activo hasta 2011, con los años se fueron relajando sus normativas, y muchas publicaciones vieron la luz sin problema aunque carecían de su sello. De las grandes editoriales, en 2001 Marvel abandonaría ya el uso del sello por una clasificación por edades propia, y DC haría lo mismo a partir de 2011, provocando ya el cierre del organismo pocos meses después. Moría así la herencia del polémico Dr. Fredric Wertham.

Publicado por el 3 noviembre, 2014 en Historia olvidada | Se el primero en comentar

Los hombres de la Luna

Tal día como hoy hace cuarenta y cinco años el hombre pisaba la superficie de Luna por primera vez, pero también ¿por última vez? Ante esta pregunta mucha gente, para mi sorpresa y supongo que para la de algunos que estén leyendo esto, responderá que si, que solo fuimos esa vez y alguno, ya si nos metemos en teorías de la conspiración, dirá que realmente nunca fuimos, que todo fue un montaje. Por alguna razón que no acabo de comprender parece que para el público en general se ha quedado esa idea, dejando en el olvido a todos los demás hombres, hasta un total de de doce, que llegaron a pasearse por nuestro satélite, junto con aquellos que les acompañaron pero no llegaron a posarse sobre la Luna y los que realizaron las primeras misiones de prueba antes del gran momento histórico. Los hombres del programa Apolo.

Los malogrados tripulantes del Apolo I. Fuente: NASA

Como continuación a los vuelos tripulados de los programas Mercury y Gemini, nacía a mediados de 1960 el proyecto Apolo, con la misión inicial de sobrevolar nuestro satélite y localizar el lugar de un posible alunizaje, pero que se orientaría completamente a posar a un hombre en la Luna tras el anuncio del presidente John F. Kennedy el 25 de Mayo de 1961. Paralelamente al programa se lanzaron las naves no tripuladas Surveyor, que llegaron a posarse en cinco ocasiones sobre la luna, comprobando la consistencia del suelo lunar, y las Orbiter, que en cuatro misiones consiguieron fotografiar prácticamente toda la superficie de la Luna, sirviendo para encontrar los puntos más idóneos para los alunizajes humanos. Tras tres vuelos no tripulados de prueba lanzados con los cohetes Saturno IB durante 1967, se comenzaron los preparativos para el primer vuelo tripulado, la que debería haber sido la misión Apolo IV, que debería ser lanzada el 21 de Febrero de 1967. Pero desgraciadamente la misión nunca pudo partir, ya que durante un simulacro de lanzamiento de la cápsula Apolo se produjo un incendio en la cabina provocado por un cortocircuito y acrecentado por la atmósfera de oxígeno puro con la que se estaba realizando la prueba, que se llevó por delante la vida de tres astronautas, Virgil I. Grisson,  Edward H. White II y  Roger B. Chaffee. Este suceso paralizó durante un tiempo el programa hasta que varios ajustes y modificaciones en el diseño de la cápsula estuvieron listo, y se renombró la misión como Apolo I. Los Apolo II y III nunca se lanzaron y los Apolo IV, V y VI fueron nuevos vuelos no tripulados lanzados, salvo el quinto, con los potentes Saturno V que se utilizarían durante casi todas las misiones restantes.

Walter Schirra observa el espacio desde una ventana del módulo de mando. Fuente: NASA

Con el Apolo VII comenzarían las misiones tripuladas con los astronautas Walter M. Schirra, Donn F. Eisele y Walter Cunningham, misión lanzada el 11 de Octubre de 1962 durante la cual comprobaron el funcionamiento del módulo de mando y de servicio. La nave no salió de la órbita terrestre y dio ciento sesenta y tres vueltas a la tierra antes de amerizar en el Atlántico el 22 de Octubre. El 21 de Diciembre partiría el Apolo VIII tripulada por Frank Borman, Jim Lovell y Bill Anders. La cápsula salió de la órbita terrestre y penetró en la lunar para dar diez vueltas a nuestro satélite, contemplando por primera vez la cara oculta de la Luna, llegando a una distancia de cien kilómetros de su superficie. Se tomaron fotografías de la superficie lunar, confirmando que era rocosa y privada de vida orgánica. Amenizaron sin ningún problema el 27 de Diciembre en el océano Pacífico. El 13 de Marzo de 1969 se iniciaría el vuelo del Apolo IX, tripulado por James A. McDivitt, David R. Scott y Russell L. Schweickart, que no abandonó la órbita terrestre, sirvió para realizar varias experiencias, como comprobar durante un breve paseo en el espacio el funcionamiento del traje espacial que se usaría para caminar sobre la superficie de la Luna, y comprobar el desacoplamiento y acoplamiento del módulo lunar con el módulo de mando. El viaje terminó el 13 de Marzo en el océano Atlantico. El vuelo del Apolo X sería la antesala del gran viaje a la Luna. La nave, con Thomas P. Stafford, John W. Young y Eugene A. Cernan, entró en órbita lunar y los dos primeros astronautas, a bordo del módulo lunar, se dirigieron hacia la superficie de la Luna, llegando hasta situarse a una altura de 15 kilómetros sobre ella. Durante la misión fotografiaron el suelo y realizaron treinta y una órbitas lunares antes de regresar. El vuelo, que había partido el 18 de Mayo de 1969, terminó el 26 del mismo mes en aguas del Pacífico.

Buzz Aldrin posando en la Luna ante Neil Armstrong. Fuente: NASA

El sueño de poner un hombre sobre la superficie de la Luna se vio cumplido con el vuelo del Apolo XI. La nave, propulsada por un cohete Saturno V, partió de Cabo Kennedy el 16 de Julio de 1969 con el comandante de la misión Neil A. Armstrong, de 38 años; Edwin E. Aldrin Jr., de 39 años y piloto del módulo lunar, apodado Buzz; y Michael Collins, de 38 años y piloto del módulo de mando. Tras cuatro días de viaje y entrar en la órbita Lunar, Armstrong y Aldrin pasaron al módulo lunar Eagle, quedándose Collins en el de mando, el Columbia. El Eagle se separó del módulo de mando y se posó el 20 de Julio en un punto del denominado Mar de la Tranquilidad. Tras unas horas destinadas a igualar la presión del módulo lunar con la de la Luna, ambos astronautas se dispusieron a realizar el primer paseo sobre la superficie de la Luna. “Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad” fueron las legendarias palabras pronunciadas por Armstrong al poner el pie sobre la superficie de la Luna a las 02:56 UTC del 21 de Julio de 1969. El sueño se había cumplido. Una vez ambos astronautas estuvieron sobre la Luna comenzaron a realizar las tareas encomendadas: tomaron fotografías, manejaron una cámara de televisión, que usaría para la retransmisión directa desde la Luna, colocaron una bandera de los Estados Unidos y depositaron una placa metálica con la siguiente inscripción: “Aquí los hombres del planeta Tierra han puesto el pie sobre la Luna por primera vez. Julio de 1969 A.D. Hemos venido en son de paz en nombre de toda la humanidad”. Tras esto comenzaron la tareas científicas con la instalación de reflector de rayos láser para medir con exactitud la distancia entre la Tierra y la Luna, seguida de la de un sismógrafo para registrar los terremotos lunares y una pantalla para medir el viento solar. También se recogieron muestras de rocas lunares y arena. Tras un breve descanso en el Eagle los astronautas volvieron a salir para explorar los alrededores de la zona donde habían alunizado. Tras regresar de esta misión comenzaron los preparativos para partir de la Luna, tras haber permanecido en su superficie durante más de dos horas y media. Tras acoplarse al módulo Columbia donde los esperaba Collins, los dos astronautas pasaron a reunirse con su compañero y se desprendieron del Eagle, que quedaría en la órbita lunar, iniciando el regreso a la Tierra. La increíble hazaña finalizó cuando el 24 de Julio el módulo de mando amerizó en aguas del Pacífico, cerca de Hawái. Los tres astronautas tuvieron que someterse a un periodo de cuarentena por si hubieran traído algún germen desconocido de la Luna, antes de ser presentado como héroes al pueblo americano y al resto del mundo.

Charles Conrad junto a la Surveyor 3. Fuente: NASA

Pero como he dicho al principio, la aventura continuó tras esta primera hazaña. El vuelo del Apolo XII, salvo algunos detalles, fue muy parecido al anterior. Tripulado por Charles Conrad, Alan L. Bean y Richard F. Gordon, partieron de cabo Kennedy el 14 de Noviembre de 1969. Los dos primeros descendieron a la Luna en el módulo Intrepid mientras Gordon permanecía en el módulo de mando, llamado Yankee Clipper. El alunizaje se realizó con gran precisión en el lugar que se había planeado, cerca de donde se encontraban la nave Surveyor 3. Los astronautas permanecieron más de treinta horas sobre la superficie de la Luna durante las cuales desplegaron varios aparatos científicos y una central nuclear en miniatura para que les suministrara energía; recogieron también muestras de piedras lunares, visitaron a la Surveyor 3 recuperando algunas partes, como la cámara fotográfica, para su estudio posterior en la Tierra, y realizaron fotografías de la zona. La segunda aventura lunar finalizó el 24 de Noviembre en el océano Pacífico.

John Swigert y James Lowell durante los preparativos para moverse al módulo lunar. Fuente: NASA

Cuando ya parecía que el viaje a la Luna se iba a convertir en una tarea rutinaria, el vuelo del Apolo XIII vino a demostrar que no era así. Los astronautas James Lowell, Fred Haise y John Swigert partieron el 11 de Abril de 1970 rumbo a la Luna, pero dos días más tarde, una explosión en un tanque de oxígeno del módulo de servicio cortó la corriente y el oxígeno al módulo de mando, por lo que los astronautas tuvieron que pasar al módulo lunar. Tras esto se suspendió el alunizaje y se tuvo que aprovechar el impulso del módulo lunar para conseguir salir de la órbita lunar y regresar a la Tierra, cayendo al Pacífico el 17 de Abril. Este contratiempo puso de manifiesto la capacidad técnica de la NASA y la preparación y serenidad de los astronautas, ya que tuvieron que replantear la misión con urgencia y estuvieron durante varias horas sin contacto con el centro espacial de Houston.

Alan Shepard plantando la bandera norteamericana. Fuente:NASA

El siguiente vuelo, el del Apolo XIV, estuvo rodeado de las mayores medidas de seguridad para evitar un nuevo accidente. Tripulaban la nave, lanzada el 1 de Febrero de 1970, Alan Shepard, Edgar Mitchell y Stuart Roosa, siendo los dos primeros los que descendieron sobre la superficie lunar en el módulo Antares, posándose en la formación Fra Mauro. Durante las treinta y tres horas que permanecieron en la Luna, instalaron la estación científica ALSEP, recogieron 43 kilogramos de rocas lunares con ayuda de la carretilla MET, realizaron estudios sismológicos, y Shepard tuvo tiempo de entretenerse golpeando un par de pelotas de golf que había escondido durante el viaje. El amaraje del Apolo XIV se produjo el 10 de Febrero en el océano Pacífico, al sur de Samoa.

James Ivwin junto al rover lunar. Fuente: NASA

El Apolo XV sería la primera misión de las denominadas de Tipo J, las de larga duración, y la primera que portaría un rover de exploración para desplazarse por la superficie de la Luna. El vuelo comenzaría el 26 de Julio de 1971 con David Scott, James Irwin y Alfred Worden tripulando la misión. Los dos primeros serían los designados para alunizar en el módulo Falcon y realizar las tres salidas programadas sobre la superficie de la Luna desplazándose mediante el rover lunar. En la primera salida exploraron la grieta de Hadley e instalaron la estación científica ALSEP, durante la segunda recorrieron parte de la cordillera de los Montes Apeninos, recogiendo 16 kilos de rocas lunares variadas, y durante la tercera salida regresaron de nuevo a la grieta de Hadley, realizaron varios experimentos científicos, recogieron más rocas lunares y dejaron una pequeña estatua en conmemoración de los astronautas fallecidos, tanto americanos como rusos, sumando en total más de dieciocho horas fuera del módulo lunar y recorriendo casi 28 kilómetros con el rover, además de pasar más dos días y dieciocho horas en la superficie de la Luna. También se puso en órbita lunar, desde el módulo de mando, un pequeño satélite con el fin de estudiar el campo magnético y gravitatorio de la Luna, y antes de regresar, Worden realizó un breve paseo espacial para recuperar una película fotográfica del exterior del módulo. La misión finalizó el 7 de Agosto al norte de Hawái, en el Pacífico.

John Young cambiando herramienta en el rover lunar. Fuente: NASA

El penúltimo vuelo a la luna fue el del Apolo XVI, lanzado el 16 de Abril de 1972 con John Young, Thomas Mattingly y Charles Duke a bordo, tuvo que demorar su alunizaje debido a una avería en los motores del módulo mando. Finalmente Young y Duke posaron el módulo Orion en la región montañosa de Descartes, una zona geológicamente más antigua que las visitadas anteriormente y que tras tomar muestras, demostraron que la zona no era de origen volcánico como se creía. Durante la estancia de tres días, realizaron tres salidas de exploración con el rover lunar durante las cuales recogieron casi cien kilos de rocas, desplegaron una nueva estación científica, hicieron fotografías con diversos tipos de cámaras, entre ellas una de ultravioleta, y se realizaron diversas pruebas sísmicas. Tras partir de la Luna y acoplarse al módulo de mando Casper, pusieron en órbita otro subsatélite, y Mattingly tuvo que realizar un paseo espacial de casi hora y media para recuperar del exterior del módulo varias cintas de cassette con grabaciones de la misión. La nave espacial amerizó en el Pacífico, al sur de Hawái, el día 27 de Abril.

Eugene Cernan conduciendo el rover lunar. Fuente: NASA

El broche final de las misiones tripuladas a la Luna lo puso el Apolo XVII, lanzado el 7 de Diciembre de 1972. El viaje de los tres astronautas, Eugene Cernan, comandante de la expedición, Ronald Evans y Harrison Schmitt, un geólogo entrenado especialmente durante años para ir a la Luna. Este vuelo superó al resto tanto en costo como en duración del viaje, doce días, y la permanencia de los astronautas sobre la Luna, más de tres días. También su importancia científica fue mayor, pues tras haberse suspendido los siguientes vuelos previstos por los recortes del Senado del presupuesto de la NASA, tuvieron que añadirse los experimentos de los viajes cancelados a los del Apolo XVII. El módulo lunar Challenger, con Cernan y Schmitt a bordo, aterrizó en una de las zonas menos conocidas de la Luna, el valle de Taurus-Litrow. Los astronautas, además de montar el clásico laboratorio científico ALSEP dotado de diferentes aparatos, utilizaron durante sus exploraciones una sonda para determinar la existencia en el subsuelo lunar de capas de agua, depósitos metálicos o rocas sepultadas. Como las dos anteriores, también realizaron varios viajes con el rover durante las tres salidas realizadas por la superficie lunar, recorriendo 35 kilómetros en total. Eugene Cernan fue el último hombre en pisar la Luna el 14 de Diciembre de 1972, acabando el último viaje de las misiones Apolo el día 19 en el oceáno Pacífico.

Y así finalizó la aventura del hombre sobre la Luna. Los recortes presupuestarios de la NASA provocaron la cancelación de los programados Apolo XVIII, XIX y XX, el costo de enviar hombres a la Luna era excesivo para la situación económica de Estados Unidos, pero ya lo habían demostrado todo tras posar esos doce hombres sobre la Luna. Uno de los sueños de la humanidad se había cumplido con creces y esperemos que algún día podamos volver a reemprender ese sueño con el esperado regreso de un ser humano a nuestro satélite y quién sabe si llegar más allá, al otro objetivo soñado, Marte. Mientras tanto, recordemos a los héroes que nos hicieron soñar con que  la humanidad podía llega a donde se propusiera.

Publicado por el 21 julio, 2014 en Historia olvidada | 2 comentarios

El primer Mundial de Fútbol

A principios del siglo XX el fútbol no era aún el fenómeno de masas que es hoy en día, pero desde su fundación en 1904 la FIFA comenzó dando pasos para popularizar este deporte por todo el mundo. Ya en los primeros Juegos Olímpicos se presentó como deporte de demostración hasta alcanzar el estatus de deporte olímpico amateur en los juegos de Londres de 1908, justo en la capital del país donde había nacido el fútbol. Pero la FIFA deseaba darle mayor empaque a un evento internacional de fútbol, por lo que 20 años después durante los Juegos de Amsterdam, se dio luz verde a la creación de un torneo mundial para jugadores profesional, naciendo así la Copa Mundial de la FIFA.

Asistentes al congreso de Barcelona de 1929. Fuente: fifa.com

Ahora faltaba decidir el lugar para la celebración. Nada más anunciarse el nuevo campeonato, varios países europeos presentaron su candidatura, incluida España, pero las preferencias de la FIFA se dirigían al sur del continente americano. Uruguay había sido la campeona de las dos últimas ediciones olímpicas y justo en 1930 celebraba el centenario de su independencia y su primera constitución, además de que su elección iba a ser un gran espaldarazo al gran desarrollo que se estaba produciendo futbolísticamente en toda Sudamérica. Así, en el congreso de Barcelona de 1929 al que asistieron veintitrés asociaciones, ante la presencia del rey Alfonso XIII, tras largas discusiones y una convincente defensa de la candidatura por parte del delegado de su país vecino, Argentina, la candidatura uruguaya fue aceptada y todos los países miembros de la FIFA fueron invitados a participar sin pasar por ningún tipo de clasificación. Pero con la elección llegaron los problemas, principalmente con los países europeos. La situación económica mundial era delicada tras los diez años transcurridos del fin de la Primera Guerra Mundial y justo unos meses después de la elección se produciría el crack del 29 que desencadenaría una crisis económica que se prolongaría durante la década de los años treinta. Para los países europeos realizar un viaje transatlántico con sus equipos resultaba demasiado costoso, además de que deberían detener sus ligas nacionales durante más de dos meses. Uruguay se ofreció a correr con los gastos del desplazamiento y compensar a los clubes, pero no sirvió de nada, el enfado porque no se hubiera elegido una sede europea tuvo más peso y el boicot se materializó. Finalmente el presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet, consiguió convencer a las federaciones de cuatro países europeos, Francia, Bélgica, Rumanía y Yugoslavia, que se embarcaron rumbo a Montevideo donde se unieron a los equipos de los ocho países americanos que había aceptado la invitación, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, México, Paraguay, Perú y Estados Unidos. Entre los equipos asistente también nos encontramos con varias peculiaridades, como que el equipo rumano fue elegido por el propio rey de Rumanía, Carol II o que en el equipo estadounidense se consiguieron colar varios jugadores británicos, mientras que Brasil no envió a sus estrellas.

Estadio Centenario en Montevideo

Tras la llegada de los equipos se procedió al sorteo de los trece equipos dividiéndose en cuatro grupos en el que jugaron mediante el sistema de liguilla . En un principio se había pensado en usar el sistema de eliminación a un partido, pero dado el esfuerzo que habían hecho algunos países para participar, que consideró que sería injusto que la mitad se tuvieran que volver tras un partido solo. Para albergar el magno evento se había construido el nuevo Estadio Centenario, pero debido al retraso en su finalización hubo que comenzar el torneo usando otros dos estadios más pequeños hasta que el principal estuvo listo. La competición se desarrolló con cierta normalidad y un claro dominio de los equipos americanos, aunque se produjeron algunas curiosidades como que el propio entrenador de Bolivia tuvo que ejercer de árbitro en uno de los encuentros y que durante el partido entre Francia y Argentina, el árbitro se dio cuenta de que había pitado el final del partido seis minutos antes de tiempo y tuvo que ir a buscar a los jugadores, algunos ya en los vestuarios, para que reanudaran el partido. En las semifinales se plantaron Argentina, Estados Unidos, Yugoslavia y el equipo anfitrión, saldándose con la victoria de los dos países vecinos. Yugoslavia, molesta por el arbitraje, decidió no jugar el partido por el tercer puesto.

Equipo de Uruguay, primer campeón de la Copa Mundial de la FIFA

El 20 de Julio de 1930 llegó la gran final en la que se verían las caras las dos orillas del Río de la Plata en un abarrotado estadio Centenario, con cerca de 100000 almas, entre los que estaban unos 15000 argentinos, rodeados de fuertes medidas policiales. Tras unos primeros diez minutos intensos con un toma y daca entre las dos escuadas, el equipo de casa metió su primer gol encarrilando así una victoria que acabaría con un 4-2. Pero no fue una victoria tranquila, la tensión en el estadio era tal que el árbitro belga Jan Langenus huyó nada más acabar el partido, camino del puerto en el que tendría que quedarse un día entero ya que el barco que había solicitado tener listo para abandonar Montevideo no pudo partir por la niebla, y los argentinos se quejaron de amenazas de muerte a su estrella principal, Luis Monti. En Buenos Aires grupos de exaltados se dirigieron al consulado de Uruguay y arrojaron piedras contra él hasta que fueron dispersados por la policía, y la derrota desembocó en la ruptura de relaciones de la federación argentina con la uruguaya. Pero todos estos sucesos no empañaron la realidad, que Uruguay se había convertido  en la primera selección campeona del mundo y la alegría invadió el pequeño país de tan solo dos millones de habitantes. Luego llegarían otros momentos complicados para Uruguay, pero aquel momento se encontraba en la cima del mundo.

Publicado por el 30 junio, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El Padre volador

Desde el principio de los tiempos el hombre había soñado con volar, con surcar los cielos como los pájaros. Muchos fueron los intentos, desde las primeras cometas creadas en China hasta los fantásticos diseños de Leonardo da Vinci. Oficialmente el primer vuelo del que se tiene noticia fehaciente fue el realizado por el globo aerostático inventado por los hermanos Montgolfier en 1783, pero algunos años antes un joven jesuita brasileño ya lo había conseguido.

Bartolomeu Lourenço de Gusmão había nacido en Santos, en la actual Brasil, pero que en aquel 1685 era aún una colonia Portuguesa. Siendo aún casi niño ingresó en la orden de los Jesuitas, tras haber cursado en Bahía estudios de Humanidades. Con tan solo veinte años ya patentó un sistema para extraer el agua de un río y subirla hasta una altura de cien metros. En 1709 decide desplazarse a Europa y llega a Lisboa ya con su nuevo invento en mente tras haber realizado algunos experimentos con pequeños globos aerostáticos en 1706. El jesuita apuntaba alto y al poco de llegar a  la capital portuguesa solicitó audiencia para presentar ante la Corte su invención. A principios de Agosto de aquel años 1709 realizó en primer intento que acabó con el artilugio en llamas. Un segundo intento consiguió elevarse unos palmos pero los sirvientes de la Corte, temiendo que ocurriera lo mismo que en el primer intento, lo derribaron. Tendría que llegarse a un tercer intento, realizado en el patio de la Casa de Indias, frente al Rey y toda su corte. Esta vez el globo conseguiría elevarse unos cuatro metros hasta descender tras habersele agotado la llama. La exhibición fue todo un éxito y el rey Juan V quedó tan encantado que prometió a  Bartolomeu el derecho exclusivo sobre la creación de máquinas voladoras en el reino. Lamentablemente todo esto se quedó solo en palabras, ya que nunca más volvió a realizar demostraciones públicas y se supone que sufrió el acoso de la Inquisición por sus investigaciones, consideradas diabólicas, aunque también tendría que ver la animadversión contra los jesuitas de Michelangelo Conti, el nuncio apostólico de Lisboa y futuro Papa Inocencio XIII. Esta persecución le obligó al final a huir a Toledo, donde moría de fiebres con tan solo treinta y nueve años, dejando sus sueños de crear máquinas voladoras incompletos.

Lamentablemente no nos ha llegado ningún diseño fidedigno de como era La Passarola, como llamaron al globo creado por el Padre Bartolemu por su parecido con un pájaro, tan solo diseños un tanto fantasiosos basados en elucubraciones, principalmente del siglo XIX, pero parece que seguía más o menos los principios que rigen los actuales globos, con un quemador que calentaba el aire para hacer elevarse al artilugio.  Aunque no sepamos definitivamente como era, sabemos que lo intentó, que quiso que el hombre conquistara los cielos y solo por eso se merece ser reconocido y recordado como uno de los padres de la aviación, como un autentico Padre Volador.

Publicado por el 17 febrero, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Armada Invencible y Contraarmada. Dos miradas a dos fracasos (I)

“Apenas se podía ver el mar…Los mástiles y las jarcias, las altas popas y proas, eran tan grandes en altura y número que dominaban todo el concurso naval causando horror mezclado con maravilla.” (Un testigo ante la vista de la Grande Armada desde un barco inglés, 1588)

Si hiciéramos una rápida encuesta a pie de calle acerca de conocimientos sobre Historia, seguramente la gran mayoría de encuestados diría conocer los sucesos de la Armada Invencible y los resumiría en una estrepitosa derrota de una gran flota española que fracasó en el intento de someter a Inglaterra, propósito imposible que perseguía Felipe II.Y también seguramente una gran mayoría de los mismos encuestados desconocería por completo qué fue la Contraarmada o apenas podría decir nada sobre ella. Los resultados del estudio probablemente serían parecidos en España y en Inglaterra, aunque pueda parecer sorprendente que se mire con el mismo ángulo desde dos puntos distintos.

Estas dos historias guardan ciertas semejanzas en su desarrollo y resultado, pero notables diferencias en la percepción general que se tiene sobre ellas. La primera, la de la debacle naval española, se puede enriquecer con algunas matizaciones. La segunda, directamente, es una historia casi olvidada.

Antes que nada, un poco de contexto. Estos hechos se enmarcan dentro de la guerra anglo-española que se desarrolló entre 1585 y 1604 y que, como casi todas las guerras, está motivada por diversos factores, fundamentalmente tres:

Felipe II de España

  • Políticos. Felipe II era el rey más poderoso de su tiempo. La monarquía española, el primer imperio de dimensión planetaria, ostentaba la hegemonía militar en Europa y dominaba los mares y el comercio con el Nuevo Mundo. Inglaterra, una potencia emergente, veía amenazada su propia seguridad, lo que le llevó a apoyar a los rebeldes holandeses y portugueses (Portugal había sido anexionado a la Corona española en 1580), en contra de los intereses de España.
  • Económicos. Los corsarios ingleses, con el beneplácito de la reina Isabel I Tudor (hija de Enrique VIII y Ana Bolena), atacaban a los convoys españoles que transportaban todo tipo de mercancías desde las Indias, e intentaban saquear las ciudades americanas.
  • Religiosos. En Inglaterra se imponía en aquel momento el protestantismo y se perseguía a los católicos, siendo muchos de ellos ejecutados por no abrazar la nueva fe. Por todo ello la reina de Inglaterra había sido excomulgada por el Papa.

Ante esta situación, Felipe II, el llamado Rey Prudente, puso en marcha lo que bautizó como la “Empresa de Inglaterra”, cuyo objetivo final no era otro que la invasión de la “Pérfida Albión” y la expulsión del trono de la pelirroja y anticatólica reina Isabel. El plan en sí era sencillo: una gran flota al mando del almirante Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, héroe de Lepanto y Terceira, partiría desde España, se enfrentaría a la escuadra inglesa y haría posible que los tercios de Flandes, al mando de Alejandro Farnesio, Duque de Parma, cruzaran el Canal de la Mancha y desembarcasen cerca de Londres, para ocupar rápidamente la capital inglesa.

Isabel I de Inglaterra

El plan sufrió sucesivas demoras y un gran imprevisto: poco antes del inicio de las operaciones Álvaro de Bazán, quizá el mejor Almirante que ha tenido España, murió, siendo reemplazado en el mando por Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, mucho menos experimentado en las lides del mar. Finalmente, en el verano de 1588, la Armada, con unos 130 barcos y casi 2.500 cañones, zarpaba hacia su objetivo. En Flandes esperaban los casi 30.000 efectivos del Duque de Parma, pero la práctica distó mucho de la teoría, y aquellos tercios nunca pondrían el pie en suelo inglés.

El plan se frustró, la flota española fue empujada por los ingleses, las corrientes y los vientos fuera del Canal de la Mancha, y trató de regresar a España bordeando Gran Bretaña por el norte. No hubo desembarco y miles de hombres no volvieron jamás, dejando su vida en las costas de Escocia e Irlanda y en el frío mar. Este es el resumen de la historia, pero cabe hacer ciertas precisiones:

  • El apelativo de “Invencible” referido a la flota española se lo dieron los ingleses para magnificar los hechos y a modo de irónica burla. En España la flota era conocida como la “Grande y Felicísima Armada”.
  • A pesar de la gravedad de las pérdidas de la escuadra española (en su mayoría debidas al naufragio de barcos en las costas del archipiélago británico a causa de los fuertes temporales), casi tres cuartas partes de la Armada regresó a puertos españoles.
  • Se trató de una batalla dentro de una guerra que duró casi 20 años. La guerra finalizó con el Tratado de Londres (1604), siendo la mayoría de las condiciones de paz favorables a España: a cambio de renunciar a restaurar el catolicismo en Inglaterra, obtenía la apertura del Canal de la Mancha a sus barcos, el cese de los ataques corsarios ingleses y el fin del apoyo inglés a los rebeldes flamencos.
  • Aunque no sufrieron muchas bajas en combate, se cree que los ingleses perdieron entre 8.000 y 10.000 hombres debido a epidemias de tifus y disentería que se declararon en sus barcos.
  • Las condiciones meteorológicas adversas, las deficiencias en los barcos españoles y en la gestión de los víveres para la expedición y la falta de coordinación entre la flota dirigida por el duque de Medina Sidonia y las tropas del Duque de Parma, junto con la pericia de la flota inglesa, la mayor maniobrabilidad de sus barcos y su mejor conocimiento de las aguas de la zona dieron al traste con los planes de invasión. Dado el cúmulo de circunstancias y decisiones que convergieron en aquellos días nunca sabremos qué distancia separó lo que pasó de lo que pudo pasar. Ni qué habría pasado si la fuerzas de tierra españolas hubieran llegado a desembarcar, pero parece bastante improbable que las tropas inglesas hubieran podido resistir en tierra firme ante la que por entonces era la mejor infantería del mundo. Pero esto ya se sale del terreno de la Historia para entrar en el de la ucronía…

Tras la victoria, la reina de Inglaterra se vio en condiciones de asestar un golpe decisivo al poder español, aprovechando la debilidad hispana en el mar: si pasaba a la ofensiva en ese momento acabaría con los restos de la Armada, daría un importante paso hacia el dominio del Atlántico y podría atacar el mismo corazón del Imperio. Aquí empieza la parte más desconocida de esta doble historia, y tampoco será el relato de una empresa exitosa.

La Armada española en las costas de Inglaterra

Publicado por el 20 enero, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Nada ha cambiado desde Platón

Y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla.

Platón: Carta séptima.

Publicado por el 15 enero, 2014 en Frases | Lee el primer comentario