Vive la Historia. La Gran Armada: la Contraarmada inglesa

Ambientación sonora:

 

“Las fuerzas navales de España no están en condición de permitirles hacer frente al enemigo en mar abierto. Debido a la carencia de barcos y hombres, están extremadamente débiles…Han adoptado un plan que podría resultar mucho más perjudicial que beneficioso. Han enrolado a portugueses y, con estas, han armado al mismo pueblo al que tienen causa para temer”

Carta de un diplomático veneciano (1589)

 

Tras el fracaso del intento de Felipe II de someter a Inglaterra y la retirada de la Armada española, los ingleses se vieron en la necesidad de aprovechar el momento de debilidad español. Pensaron que de lo contrario perderían la iniciativa y darían tiempo a que España reconstruyera su flota (aún muy importante), aprendiera de sus errores y volviese a intentar la invasión, teniendo en cuenta además que los poderosos e invictos tercios de Flandes seguían intactos.

Por otro lado, el esfuerzo económico necesario para defenderse del ataque de la Armada había dejado al reino de Isabel al borde de la bancarrota. Ante esta situación los consejeros de la reina le propusieron atacar y apresar el convoy anual que, procedente de América, trasladaba oro y plata a España. Con este robo podría podría matar dos pájaros de un tiro: ayudaría a sanear sus cuentas y debilitaría la capacidad de recuperación española.

Uniendo todos los objetivos, John Norris ideó una expedición para ejecutar un triple plan. Primero, la armada inglesa se lanzaría contra los puertos de la costa cantábrica para destruir los barcos de la Armada que estaban en reparación.

Posteriormente, la flota se dirigiría hacia Lisboa, con la intención de provocar una rebelión en Portugal para emancipar al país de la Corona española y hacer subir al trono luso a Antonio de Crato, que viajaría en la expedición. A cambio Portugal concedería diversos privilegios a Inglaterra, convirtiéndose en un satélite de Londres.

El tercer objetivo de la operación sería la invasión de  las Azores y la captura la flota de Indias, lo cual daría a la flota inglesa una base avanzada y una  importante proyección en la lucha por el Atlántico.

Francis Drake

Francis Drake

Todos los preparativos se pusieron en marcha pero, al igual que le ocurriera a España en su día, la ejecución del proyecto pronto se tornó muy compleja, comenzando los retrasos y los imprevistos, de modo que la operación empezó a mostrarse como un desastre económico aun antes de zarpar. Finalmente en abril de 1589, mientras en España se recibían informes del espionaje en Londres acerca de que una operación militar se movía en Inglaterra (y Portugal podría ser el objetivo), la expedición, compuesta por más de 140 barcos (numéricamente superior a la “Armada Invencible”) y más de 20.000 hombres, partió desde Plymouth comandada por el propio Norris y Francis Drake, el célebre corsario inglés. El primer objetivo era Santander.

Sin embargo, Drake, alegando vientos contrarios, decide no seguir las órdenes y desvía la flota hacia La Coruña. No se sabe si su ego, queriendo repetir la hazaña de Cádiz, le impulsó a dirigirse a la ciudad gallega o si pudo dar por ciertos algunos rumores que circulaban acerca de que una gran cantidad de barcos con pertrechos para el ejército español y abundantes riquezas se concentraban en el puerto coruñés.

El 4 de mayo el fuego ardía en la Torre de Hércules avisando de la presencia de la formidable escuadra inglesa. Los seis barcos españoles que se encontraban en el puerto, encabezados por el galeón San Juan, y las baterías del fuerte de San Antón, cañonearon a los ingleses, intentando mantenerlos alejados, pero ante la enorme superioridad numérica de los atacantes los soldados españoles decidieron incendiar el San Juan y refugiar el resto de barcos en Betanzos. Tras esto los ingleses desembarcaron más de 7.000 soldados y tomaron sin mucha dificultad la zona baja de la ciudad, causando centenares de muertos, muchos de ellos civiles.

La Coruña parecía próxima a caer…

Continuará…

Publicado por el 29 junio, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: regresar tras el fracaso.

Ambientación sonora:

 

“Quedad tranquilo en que no dudo de que todo este orgullo tiránico e intento demente será el principio, aunque no el final, de la ruina de ese rey español. Él había procurado mi mayor gloria, que suponía mi posterior derrota, y así ha debilitado la luz de su sol”

Carta de Isabel I Tudor al rey Jacobo VI de Escocia.

 

El destino de la operación, y quizá del mundo, se iba a escribir en las horas del alba de aquel lunes en las aguas frente a Gravelinas. En medio de la confusión, el duque de Medina Sidonia trata de recomponer la Armada y ordena el reagrupamiento general para adoptar una posición defensiva. Ante la amenaza de verse empujado a los bajíos flamencos, decide moverse hacia el norte. Muy cerca, los ingleses han reunido todo su poder naval para lanzar toda su potencia contra la flota española aprovechando el momento. De nuevo, y ya van muchas veces, el viento y la marea se alían con los ejércitos protestantes. Rápidamente las naves de la reina caen sobre los barcos españoles.

Drake comanda una escuadra de seis barcos que se ensaña con la nave capitana española, descargando varias andanadas de proyectiles, a lo que siguió Frobisher haciendo lo propio. A pesar de defenderse con uñas y dientes y alcanzar con más de cuarenta cañonazos al Revenge del corsario inglés, el San Martín resulta muy dañado bajo la línea de flotación. En otro escenario de la acción, en retaguardia, los galeones San Felipe y San Mateo son atacados por hasta diecisiete navíos ingleses. Los muertos se empiezan a contar por cientos y las cubiertas se tiñen de sangre. La pericia y la audacia de la marina inglesa infligía un severo castigo a la armada española, aunque ésta seguía siendo una flota formidable.

La Armada, tras doce horas de batalla, con cuatro barcos menos y cuantiosas pérdidas humanas y materiales, se alejaba hacia el norte. Howard, ante la escasez de pólvora y munición, decide cesar los ataques y continuar persiguiendo a la flota española, ya reagrupada en formación de lúnula. Medina Sidonia convoca entonces a sus oficiales. La falta de víveres empieza a ser muy preocupante, los heridos se agolpan en los barcos y la moral de la tropa ha sufrido un serio revés. En esa reunión, a pesar de alguna divergencia, se decide volver hacia Calais sólo si el tiempo resulta favorable. En caso contrario, la Armada se aventurará en el Mar del Norte para rodear Gran Bretaña y regresar a la Península Ibérica. Aunque saben que será un viaje largo, que no tienen gran conocimiento de aquellas aguas norteñas y que muchos barcos no están adaptados a esas latitudes, los oficiales españoles confían que el tiempo les será propicio para la travesía. Se equivocaban. De nuevo, el tiempo, a modo de castigo divino, arremeterá con fuerza contra la flota de Felipe.

La Armada inicia lo que será un tortuoso camino de vuelta a casa. La flota inglesa, desconfiada, y sabedora del poder que conserva aún la escuadra hispana, vigila a los barcos españoles a cierta distancia. En Inglaterra muchos respiran aliviados. Lo peor parece haber pasado para el reino de Isabel. La reina, envalentonada, se presenta en Tilbury a lomos de su corcel, y arenga a sus tropas en el que será un discurso para la Historia, prometiéndoles una pronta victoria sobre los enemigos de su Dios, su reino y su pueblo.

Medina Sidonia saborea el fracaso a bordo del maltrecho San Martín. Tras la derrota en Gravelinas, y ante los primeros conatos de insubordinación, manda procesar a veinte capitanes por cobardía en la batalla, degradándolos, y acusa a Cristóbal de Ávila, capitán de la Santa Bárbara, de traición, ordenando su ejecución en la horca. Su cuerpo colgado será expuesto al resto de la flota, como sombría advertencia. Es el primer capitulo penoso de un regreso penoso. Muchos de aquellos soldados españoles no volverían a ver nunca su tierra.

Continuará…

Publicado por el 20 abril, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar