Charlando con Flipper

En el campo de la búsqueda de vida extraterrestre siempre surge el problema de como seríamos capaces de comunicarnos con seres inteligentes no humanos, partiendo de que podrían tener unos esquemas mentales muy distintos a nosotros. Pues para investigar sobre esto no hace falta esperar a que algún extraterrestre nos visite o los investigadores del proyecto SETI reciban por fin una comunicación inteligente de más allá de los confines de la Tierra. Tenemos en nuestro planeta lo más parecido a un alienígena que podemos encontrar, la que puede ser la especie más inteligente después del propio ser humano, los delfines.

Los investigadores del WDP interactuando con los delfines | (c)Wild Dolphin Project

En la difícil tarea de conseguir descifrar su lenguaje, si es que lo tienen, para comunicarse con delfines en libertad se han embarcado los investigadores norteamericanos del Wild Dolphin Project en colaboración con la Universidad de California y con el Instituto de Tecnología de Georgia. La fundadora del proyecto, la bióloga marina Denise Herzing lleva más de 25 años investigando a estos fascinantes cetáceos y durante todo ese tiempo han recogido miles de grabaciones con sonidos y comportamientos de los delfines, que están en fase de digitalizar completamente. En base a esas muestras, por un lado investigan mediante análisis cognitivo la complejidad de su posible lenguaje, y por otro, buscan patrones en los sonidos de los delfines mediante algoritmos que puedan ayudar a descifrarlos.

Como primer resultado, gracias al trabajo de especialista en inteligencia artificial Thad Stanner y sus alumnos en el Georgia Tech, han desarrollado dentro del proyecto Cetacean Hearing and Telemetry (CHAT) el prototipo de un dispositivo con el que un submarinista puede comunicarse con los delfines. El dispositivo consiste en un pequeño ordenador, del tamaño de un smartphone, protegido del agua, con dos micrófonos capaces de registrar todas las frecuencias de los sonidos de los delfines. El buceador, con el dispositivo en su pecho y provisto de un conjunto de LEDs en su máscara que se enciende según la posición de donde viene el sonido para identificar que delfín le está hablando, dispondrá de un teclado con 8 sonidos inventados para indicar diferentes conceptos como algas o saltar las olas. El software del dispositivo determinará si los delfines imitan el sonido, en un primer acercamiento de comunicación. La idea de esto sería la misma que cuando humanos con dos lenguajes distintos se intenta comunicar por primera vez, identificando algunos objetos en la lengua del otro para empezar a entenderse. Este verano se supone que empezaron las experiencias con el dispositivo, pero todavía no han trascendido sus resultados.

El siguiente paso será intentar buscar las unidades básicas del lenguaje de los delfines mediante el software de reconocimiento de patrones diseñado por el equipo de Thad Stanner, creado originalmente para descubrir pautas en cualquier conjunto de datos, teniendo éxito por ejemplo en el reconocimiento del lenguaje de signos o en algo tan curioso como identificar ejercicios físicos en base a los datos registrados por acelerómetros portados por una persona. Si consiguen identificar esas unidades, podrían empezar a trabajar en la comunicación directa con los delfines, viendo como van respondiendo a esos sonidos básicos y poder ir descifrando así la estructura de su lenguaje.

Aunque había habido anteriores intentos de comunicarse con delfines, este es el primero en buscar un método para una comunicación bidireccional con la que llegar a comprender un poco mejor la inteligencia de estos extraordinarios cetáceos. Puede que en un futuro cercano podamos por fin confirmar que, aunque no estemos seguros de si hay vida inteligente más allá de nuestro planeta, si que la hay en la Tierra… a pesar de los humanos.

Publicado por el 13 octubre, 2011 en Tecnología | 2 comentarios

Los delfines que fueron juzgados

Nos situamos en el siglo XVII en la población asturiana de Candás. Los pescadores de la zona estaban desesperados debido a que una gran cantidad de delfines de la especie de los calderones, en busca de comida les destrozaban sus redes y aparejos de pesca para arrebatarles sus capturas, y ni cortos ni perezosos, decidieron demandarlos ante la justicia.

Para lograr tal fin, el párroco de Candás se dirigió al obispo de Oviedo, Martín Alonso, exigiendo justicia ante los desmanes de los cetáceos contra sus feligreses. El obispo decide recurrir a  la incipiente Universidad de Oviedo, dónde pocos años atrás habían comenzado las clases de derecho, para ayudar en el pleito. En la Universidad nombran como abogado defensor a Don Juan García Arias de Viñuela, y como fiscal, a Don Martín Vázquez, catedrático de Prima de Cánones, suponemos la flor y la nata de la abogacía ovetense. El 8 de septiembre de 1624 se embarcan en un navío, junto con un clérigo de la Santa Inquisición, varios testigos y el notario Juan Valdés, y ponen rumbo a alta mar, hasta llegar a la zona frecuentada por los calderones.

El paripé de juicio comenzó con la disertación del abogado defensor, que expuso que los animales, criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse y que los delfines estaban antes en aquellas zonas que los candasinos. El fiscal replicó que aquella era la zona de pesca de los marineros de Candás y que por tanto tenían mayor derecho sobre aquellas aguas. Lógicamente, y como era de esperar, el juicio finaliza con la condena de los pobres calderones, para lo cual, el clérigo, hisopo en mano, procedió a leerles la resolución de la “justicia”, conminándoles a desistir de sus ataques y abandonar aquellas aguas, so pena de condena a los infiernos. Tras esto regresaron a puerto, satisfechos por el procedimiento judicial y en espera de si los delfines cumplirían la condena. Y según cuenta un cronista pocos años después, tras esto nunca más los delfines volvieron a asomar sus hocicos por aquellas costas, probablemente asustados por los gritos, amenazas e hisopazos del buen clérigo.

monumento pleito de los delfines

Monumento del Pleito de los delfines en Candás

Aunque pueda parecer increíble, y muchos la tengan por leyenda, esta historia fue recogida en un documento, el escrito por el notario anteriormente mencionado, que fue encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo en 1980 por el cronista del concejo de Carreño, del que es capital Candás. En conmemoración de este suceso el escultor Santarúa creó una  estatua que se pude contemplar desde 1982 en el parque Maestro Antuña de Candás.

Sirva esta historia como muestra de como se las gastaba la justicia en aquellos tiempos, a la que nada escapaba a su jurisdicción, ni los habitantes de las profundidades del mar.

Publicado por el 13 junio, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario