La imposibilidad de prever el futuro: el Cisne Negro

Si hace unas semanas inaugurábamos la sección de Prospectiva donde vamos a plantear que es lo que nos puede deparar el futuro, antes de entrar en la arena de la especulación toca comentar una de las grandes dificultades que hay para predecir ese futuro desconocido: los  suceso raros, de gran impacto y que se intentan explicar a posteriori, los denominados Cisnes Negros.

El filósofo y matemático Nassim Nicholas Taleb nos presentó este concepto en su libro El Cisne Negro: el impacto de lo altamente improbable publicado en 2007, basándose para nombrarlo en la historia del descubrimiento de los cisnes negros en Australia. Hasta el finales del siglo XVII la gente en Europa creía que todos los cisnes eran blancos, a nadie se le había pasado por la cabeza que podían existir de otro color. Pero el holandés Willem de Vlamingh se topó en sus exploraciones de las en aquellos tiempos desconocidas tierras australianas con una bandada de estas aves de plumaje negro lo que hizo cambiar la forma de ver las cosas sobre la evolución de esta especie. El problema aquí radicó en que, en base a que solo se habían observados cisnes blancos, se extrapoló que todos los cisnes eran blancos, hasta que se demostró lo contrario.

La historia de nuestro mundo ha sido dirigida por Cisnes Negros, incluso desde antes de que existiera el hombre. Nuestra misma existencia podría venir dada por uno de ellos, la caída del meteorito que propició la desaparición del dinosaurios y el desarrollo de los mamíferos, cuya evolución vino a dar con la aparición del Homo Sapiens, podría considerarse uno, a pesar de que aquellos tiempo es difícil que los dinosaurios se dedicaran a la prospectiva. Con el paso de los siglos más y más eventos de este tipo han ido incidiendo en el desarrollo de nuestra civilización, los ejemplos son múltiples: el descubrimiento de América, las dos grandes guerras mundiales, la caída de la Unión Soviética, el 11-S, la difusión de Internet (con Google y Facebook a la cabeza de pequeños cisnes negros) o del teléfono móvil, por citar algunos. Ahora mismo vivimos inmersos en los efectos de un Cisne Negro como fue la explosión de la burbuja financiera e inmobiliaria ocurrida en el 2008, y acabamos de contemplar otros mucho más recientes como las revoluciones en los países Islámicos y nuestro propia revolución del 15M. Nadie vio venir estos sucesos, pero luego miles se han apuntado a dar detalladas y sesudas explicaciones de sus causas, algunos incluso implicados en que se produjeran esos eventos. ¿Si esa explicaciones estaban ahí por qué nadie se dio cuenta de ello antes de que ocurriera? La respuesta es muy sencilla: no podían.

El atentado del 11-S, el Cisne Negro que ha marcado la última decada. Fuente: wikipedia.org

Una de las principales ideas que explican esta imposibilidad es lo que podríamos denominar la antibiblioteca de nuestros conocimientos, esto es, todo el conjunto de cosas que no sabemos, y que es mucho mayor que el conjunto de lo que sabemos. Lo que conocemos no nos va a ayudar mucho a predecir realmente el futuro, pues este estará condicionado con bastante probabilidad por lo que no sabemos. Si ponemos como ejemplo el 11-S, puede que se supiera que algún tipo de gran atentado podría ocurrir en Nueva York, pero no sabían el cuando y el como, por lo que al gobierno norteamericano le fue imposible predecir lo que iba a ocurrir. El problema de los seres humanos es que sobrestimamos el valor de lo que sabemos e infravaloramos lo que no sabemos, lo que nos hace proclives a subestimar las posibilidades de que ocurra un hecho raro, ya que nos basamos en el pasado, que es finito, para conjeturar sobre un futuro desconocido que es infinito.

A parte, tampoco conocemos totalmente ese pasado, ya que este esconde lo que podemos llamar las pruebas silenciosas, lo que ocurrió pero de lo que no quedó constancia o se ha olvidado. Taleb ilustra este concepto con una historia que contaba Cicerón, en la que al poeta griego Diágoras, conocido por su ateísmo, le mostraron unas tablillas pintadas en dónde se representaban a unos creyentes rezando a los dioses, y que luego sobrevivían a un naufragio, de lo que se podía deducir que rezar te ayuda a salvar la vida. Pero Diágoras preguntó:”¿Dónde están las imágenes de quienes oraron y luego se ahogaron?”. Sabemos menos cosas del pasado de lo que creemos y algunas preferimos ignorarlas, incluidos algunos Cisnes Negros.

También creemos que vivimos en un mundo mucho más controlado y cuadriculado, el que Taleb denomina Mediocristán, donde los sucesos individuales realmente no tiene demasiado efecto, sino que lo que importa son los sucesos colectivos, más predecibles. Pensamos que todo sigue la distribución normal, y que nada de los extremos de la famosa campana de Gauss va afectar realmente. Esto puede valer para la altura de las personas u otros elementos donde lo aleatorio no afecta realmente (no hay gente de dos kilómetros de altura), pero existe otra parte de nuestra realidad que pertenece a Extremistan, donde un solo elemento puede afectar tremendamente al total, el campo de aparición de los Cisnes Negros. Un ejemplo de esto sería la distribución de la riqueza, donde solo unos pocos tiene la mayor parte del dinero. Y así, cuando el señor Botín tose, la economía española tiembla.

Por último nos encontramos con la falacia narrativa, la dificultad que tenemos los seres humanos para aceptar la aleatoriedad de algunos sucesos que nos hace siempre buscar causas que ayuden a crear una narración más simple que explique el hecho aleatorio, y que nos hace creer de esta forma que todo puede ser explicado con unas causas, las cuales podemos analizar para hacer predicciones del futuro. Así el mundo esta lleno de grandes “expertos” encorbatados que hace previsiones sobre la evolución de la economía, la política y la tecnología todos los años y que la mayor parte del tiempo suelen acertar tanto o menos que el kioskero de la esquina.

Asimov pensando en el futuro. Fuente:wikipedia.org

Como ejemplo final, si habéis leído la famosa saga de Fundación de Isaac Asimov (si no es así, saltaros este párrafo si no queréis que os destripe parte de la trama), recordaréis que en esas novelas aparece la figura de Hari Seldon, un científico que mediante formulas matemáticas, englobadas en lo que denomina la ciencia de la psicohistoria, determina que el Imperio Galáctico en el que vive se derrumbará creando una era de treinta mil años de barbarie. Para evitar esto decide establecer una Fundación que ayude a encarrilar ese derrumbamiento para que los tiempos de caos solo dure mil años, y deja registradas las predicciones de como va evolucionar el futuro, el plan Seldon, que incluso incluye algunos Cisnes Negro que denomina Crisis Seldon para los cuales deja consejos de como superar. Lamentablemente sus predicciones a gran escala solo tenían en cuenta el comportamiento de las masas, y la mutación de un solo individuo, El Mulo, causó un Cisne Negro que casi da al traste con el plan Seldon. Como veis, el gran Asimov nos habló ya de esto hace sesenta años.

A pesar de todas estas dificultades, en cornisa.net nos proponemos colocarnos el gorro de psicohistoriadores y elucubrar sobre como puede evolucionar nuestra civilización. Eso si, tampoco nos hagáis mucho caso, seguramente nos equivocaremos.

Publicado por Vik-Tor el 7 julio, 2011 en Prospectiva | 4 comentarios para leer

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