Joyas del Cómic II: La balada del mar salado

“Yo soy el Océano Pacífico. El mayor de todos.” Así comienza el relato con el que el italiano Hugo Pratt nos presentaba en un ya lejano 1967 a uno de los grandes héroes del noveno arte, Corto Maltés. Su imagen de largas patillas, gorra de capitán y casaca azul oscuro son ya icónicas en el imaginario de los aficionados al cómic.

Las historia nos sitúa en su inicio unos pocos meses antes del estallido de la Primera Guerra Mundial. Navegando a bordo de un catamarán pirata, el taimado capitán Rasputín recoge a dos jóvenes náufragos, Pandora Groovesnore y su primo Caín, hijos de dos preboste de la marina británica  y decide que puede sacar partido de tan ilustres pasajeros. Tan solo unos días después vuelven a descubrir a otro náufrago, un viejo conocido del barbudo Rasputín. Atado a un balsa por la tripulación del barco del que era capitán, debido a un problema de faldas, nos encontramos a nuestro héroe, Corto Maltés. El personaje se nos presenta como un aventurero irónico y un poco canalla, pero poco a poco vamos descubriendo que tras esa fachada se esconde un tipo con buen corazón, capaz de ser un auténtico héroe.

La aventura nos lleva a navegar por los legendarios mares del sur que nos describieron Jack London y R.L.Stevenson en sus clásicos relatos, llenos en este caso de tribus polinésicas poco amigables, algún que otro tiburón y los acorazados y submarinos, alemanes e ingleses, que se encontraban en medio ya del primer gran conflicto mundial. También nos descubrirá personajes inolvidables, como Tarao, el joven marinero maorí; Cráneo, el pirata melanesio, segundo de abordo de Rasputín; Slütter, el, en el fondo, honorable teniente alemán;  y por supuesto, el misterioso “El Monje”, líder de los piratas, que se refugia en la isla “La Escondida”, cuyo trágico pasado no descubriremos hasta el final de la historia. Todo ello conforma una autentica novela de aventuras en el sentido más clásico, pues como a Pratt le gustaba decir, él era un novelista que incluía dibujos en vez de descripciones. Incluso si le quitáramos los dibujos no seguiría quedando una narración literaria de indudable calidad. Reafirmando esto, Umberto Eco llego a decir de él que había sido “el Salgari del siglo XX, pero al contrario de Salgari, Hugo Prat escribía bien”. Pero está claro que sin la habilidad de Pratt con el lápiz y la tinta esta obra no sería lo que es ni habría elevado el noveno arte al nivel de la literatura.

Esta historia, la más extensa de todas, solo fue el comienzo de una serie que a lo largo de los años nos fue desglosando la biografía de nuestro héroe, desde su nacimiento hasta el momento de su desaparición, ambos puntos relacionados curiosamente con nuestro país, pero dejo a los futuros lectores de estas magníficas obras que lo descubran por si mismos.

Entregas anteriores:

Publicado por Vik-Tor el 14 mayo, 2011 en Monografías | 3 comentarios para leer

Escribe un comentario