Vive la Historia. La Gran Armada: regresar tras el fracaso.

Ambientación sonora:

 

“Quedad tranquilo en que no dudo de que todo este orgullo tiránico e intento demente será el principio, aunque no el final, de la ruina de ese rey español. Él había procurado mi mayor gloria, que suponía mi posterior derrota, y así ha debilitado la luz de su sol”

Carta de Isabel I Tudor al rey Jacobo VI de Escocia.

 

El destino de la operación, y quizá del mundo, se iba a escribir en las horas del alba de aquel lunes en las aguas frente a Gravelinas. En medio de la confusión, el duque de Medina Sidonia trata de recomponer la Armada y ordena el reagrupamiento general para adoptar una posición defensiva. Ante la amenaza de verse empujado a los bajíos flamencos, decide moverse hacia el norte. Muy cerca, los ingleses han reunido todo su poder naval para lanzar toda su potencia contra la flota española aprovechando el momento. De nuevo, y ya van muchas veces, el viento y la marea se alían con los ejércitos protestantes. Rápidamente las naves de la reina caen sobre los barcos españoles.

Drake comanda una escuadra de seis barcos que se ensaña con la nave capitana española, descargando varias andanadas de proyectiles, a lo que siguió Frobisher haciendo lo propio. A pesar de defenderse con uñas y dientes y alcanzar con más de cuarenta cañonazos al Revenge del corsario inglés, el San Martín resulta muy dañado bajo la línea de flotación. En otro escenario de la acción, en retaguardia, los galeones San Felipe y San Mateo son atacados por hasta diecisiete navíos ingleses. Los muertos se empiezan a contar por cientos y las cubiertas se tiñen de sangre. La pericia y la audacia de la marina inglesa infligía un severo castigo a la armada española, aunque ésta seguía siendo una flota formidable.

La Armada, tras doce horas de batalla, con cuatro barcos menos y cuantiosas pérdidas humanas y materiales, se alejaba hacia el norte. Howard, ante la escasez de pólvora y munición, decide cesar los ataques y continuar persiguiendo a la flota española, ya reagrupada en formación de lúnula. Medina Sidonia convoca entonces a sus oficiales. La falta de víveres empieza a ser muy preocupante, los heridos se agolpan en los barcos y la moral de la tropa ha sufrido un serio revés. En esa reunión, a pesar de alguna divergencia, se decide volver hacia Calais sólo si el tiempo resulta favorable. En caso contrario, la Armada se aventurará en el Mar del Norte para rodear Gran Bretaña y regresar a la Península Ibérica. Aunque saben que será un viaje largo, que no tienen gran conocimiento de aquellas aguas norteñas y que muchos barcos no están adaptados a esas latitudes, los oficiales españoles confían que el tiempo les será propicio para la travesía. Se equivocaban. De nuevo, el tiempo, a modo de castigo divino, arremeterá con fuerza contra la flota de Felipe.

La Armada inicia lo que será un tortuoso camino de vuelta a casa. La flota inglesa, desconfiada, y sabedora del poder que conserva aún la escuadra hispana, vigila a los barcos españoles a cierta distancia. En Inglaterra muchos respiran aliviados. Lo peor parece haber pasado para el reino de Isabel. La reina, envalentonada, se presenta en Tilbury a lomos de su corcel, y arenga a sus tropas en el que será un discurso para la Historia, prometiéndoles una pronta victoria sobre los enemigos de su Dios, su reino y su pueblo.

Medina Sidonia saborea el fracaso a bordo del maltrecho San Martín. Tras la derrota en Gravelinas, y ante los primeros conatos de insubordinación, manda procesar a veinte capitanes por cobardía en la batalla, degradándolos, y acusa a Cristóbal de Ávila, capitán de la Santa Bárbara, de traición, ordenando su ejecución en la horca. Su cuerpo colgado será expuesto al resto de la flota, como sombría advertencia. Es el primer capitulo penoso de un regreso penoso. Muchos de aquellos soldados españoles no volverían a ver nunca su tierra.

Continuará…

Publicado por Viyu el 20 abril, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

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