Vive la Historia. La Gran Armada: el Imperio resurge

Ambientación sonora:

 

“Quen teña honra, ¡que me siga!””

María Pita (heroína en la defensa de La Coruña, 1589)

 

La Coruña parecía próxima a caer, así que las tropas inglesas comenzaron el asalto de la parte alta de la ciudad. Sin embargo se estrellaron una y otra vez durante varios días contra las murallas y la resistencia a ultranza de la guarnición coruñesa y de la población civil. Durante esta lucha surgió la figura de la heroína María Pita, que personifica la determinación de los coruñeses en la defensa contra el invasor. Según los relatos de los sucesos, María, que había perdido a su marido durante la lucha, atravesó con una pica al alférez que, encaramado en la muralla, dirigía el asalto inglés, y con este hecho enardeció a los defensores y desmoralizó a los atacantes.

Ante los rumores de la llegada de refuerzos españoles, las tropas inglesas decidieron reembarcar. Habían perdido más de 1.000 hombres y varios buques, apenas habían dañado a la Armada española y, aunque habían saqueado las zonas rurales, no consiguieron tomar la ciudad. Además las enfermedades se empezaban a cebar en las tripulaciones y el revés sufrido en tierras gallegas había dejado tocada la moral de la tropa, comenzando las deserciones de centenares de hombres.

 

María Pita

Estatua a María Pita en La Coruña

No haber atacado Santander, primero, y no haber conseguido controlar La Coruña, después, fueron posiblemente dos graves errores tácticos. Mientras la reina Isabel montaba en cólera al recibir las primeras noticias de lo sucedido, Drake y Norris decidían continuar la expedición. Próximo objetivo: Lisboa.

Una semana después, un primer destacamento inglés desembarcó en Peniche, unos 90 kilómetros al norte de Lisboa y entabló los primeros combates con tropas españolas. El ejército inglés consiguió avanzar hacia la capital portuguesa, pero, cada vez más mermado por la enfermedad y sin gran capacidad de artillería para asediarla, poco pudo hacer frente a los defensores de la ciudad. Además, la sublevación del pueblo portugués contra los españoles, presagiada por Antonio Crato, jamás se produjo. Mientras las tropas de Isabel, dirigidas por Norris, pasaban dificultades en tierra, Drake, en vez de intentar remontar el Tajo para dar apoyo, se dedicaba a capturar barcos de transporte con mercancías para España. Norris se vio obligado a retirar a sus hombres hasta Cascais, acuciado por el cañoneo de galeras españolas y, posteriormente, a embarcar tras este segundo fracaso.

La flota inglesa aún podía intentar cumplir su último cometido, invadiendo las Azores, pero, dadas las pobres condiciones en que se encontraba se tuvo que conformar con incendiar Vigo y regresar a Inglaterra tras ser golpeada por una fuerte tormenta. La expedición resultó calamitosa, no cumplió ninguno de sus objetivos, supuso un enorme gasto para las arcas de Isabel y costó la vida a unos 10000 hombres. De los 23000 que zarparon, menos de 4000 volvieron en buenas condiciones. En un giro mordaz del destino, el desastre de la Contraarmada rivalizaba con el de la Armada.

Drake y Norris cayeron en desgracia a ojos de la reina y el miedo volvía a sobrevolar Inglaterra. España, con su gran cauce de ingresos en forma de oro y plata provenientes de América, podría estar en un plazo corto en condiciones de reconstruir su Armada. La amenaza sobre la isla protestante no se había disipado, la guerra continuaba  y Felipe e Isabel seguirían jugando su partida con el mar como tablero.

En los años siguientes, ambos países consiguieron reconstruir sus flotas y en junio de 1596 los ingleses atacaron de Cádiz, consiguiendo hundir y apresar varias naves españolas y saqueando por completo la ciudad. Por su parte, Felipe acometió hasta cuatro intentos más de invasión de Inglaterra, aunque en las dos primeras ocasiones, en 1596 y 1597, de nuevo el “viento protestante” azotó inmisericorde a los barcos del rey y hundió casi 60 naves sin que pudiesen alcanzar la costa británica. Los elementos, de nuevo, estaban en contra del monarca católico. En los años posteriores, los españoles lograron desembarcar tropas en Cornualles, en una operación de castigo, en la que saquearon varias localidades y se retiraron, no sin antes celebrar una misa católica en suelo inglés, y también en Kinsale (Irlanda), en un intento fallido de apoyar una sublevación irlandesa.

Los corsarios ingleses no dejaron de hostigar a los barcos españoles durante este periodo y, en 1595 Drake regresó para comandar junto a John Hawkins una expedición contra el Caribe español. Este ataque inglés acabaría en desastre, costando la vida a miles de ingleses y a los propios comandantes. Una nueva expedición contra las Azores al año siguiente también fracasaría.

Tratado de Londres

Delegaciones española e inglesa en las conversaciones de paz

Finalmente, y tras casi veinte años de enfrentamientos, la guerra finalizó con el Tratado de Londres (1604), siendo la mayoría de las condiciones de paz favorables a España: a cambio de renunciar a restaurar el catolicismo en Inglaterra, obtenía la apertura del Canal de la Mancha a sus barcos, el cese de los ataques corsarios ingleses y el fin del apoyo inglés a los rebeldes flamencos.

Felipe e Isabel no vivieron para ver sus reinos en paz.

 

 

Publicado por Viyu el 10 julio, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

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