Vive la Historia. La Gran Armada: Dios vencedor, Dios castigador.

Ambientación sonora:

 

“No tardaremos en hallarnos en tal estado que desearemos no haber nacido nunca. Si Dios no nos envía un milagro (lo cual yo espero de Él), confío morir e ir a Él antes de que esto ocurra…y por ello ruego, para no ver tanta desgracia y mala fortuna.”

Carta de Felipe II a su secretario, Mateo Vázquez (noviembre de 1588)

Entre septiembre y octubre los castigados barcos españoles que aún navegaban a duras penas van llegando a los puertos cantábricos. Toca hacer balance por la parte española: entre 50 y 60 barcos no regresaron nunca a su país. Sin embargo, no se puede hablar de una derrota naval aplastante a manos de la marina inglesa, sino que fueron las fatalidades y las espantosas tormentas las que más daño infligieron a la escuadra española. De ahí viene la frase que el rey Felipe II legó a la posteridad: “No mandé a mis naves a luchar contra los elementos”
El sufrimiento y las calamidades para los españoles no terminaron al pisar suelo patrio, ya que la muerte se siguió cobrando tributos entre los marineros en forma de tifus y escorbuto.
En aquel otoño, nefasto para la historia española, la aflicción y el luto se extendían por todos los rincones de la geografía de la piel de toro. El fracaso de la Armada había supuesto un enorme mazazo moral, y el peso de las pérdidas humanas en el desastre castigaba dolorosamente al pueblo español.

En estos días lúgubres, Felipe II, el rey sobre cuya cabeza se ciñe la corona del primer imperio mundial, rehuye del contacto con el mundo. El monarca más poderoso de su tiempo se encuentra desesperado y de espaldas a su pueblo. Carga con la losa de la culpabilidad y el remordimiento, y no consigue comprender por qué Dios ha deparado este resultado a la defensa de Su causa. Aislado, pasa las horas atormentado: lo acontecido no puede ser otra cosa que un castigo a sus pecados.
Poco a poco, el ánimo de Felipe se va recuperando. Tras repasar concienzudamente los hechos acaecidos a través de los relatos de la operación, el rey empieza a recobrar su determinación volver para luchar. Decide aprender de los errores y vuelve a creer que tiene la fuerza suficiente para acabar con Isabel.

Estos errores habían sido la carencia de un puerto de abrigo para la Armada y la falta de coordinación para embarcar la tropa de invasión en el momento apropiado. Pocos dudan de que si el Duque de Parma hubiera desembarcado en Kent, las perspectivas para Isabel no habrían sido nada halagüeñas. Las defensas inglesas no parecían enemigo de entidad para los experimentados tercios de Alejandro Farnesio, que podrían haber alcanzado Londres en pocos días. Sin embargo, los españoles no consiguieron cruzar el Canal.
Dejando aparte los posibles fallos estratégicos de Medina Sidonia, los estudios posteriores demostraron los problemas de la artillería embarcada española, más aplicable para combate en tierra y de carga lenta. Además, el forjado de las piezas era en muchos casos deficiente, debido a las prisas con que se había realizado su construcción para que estuvieran listas para que la Armada zarpase.

En España este fracaso nacional costó el puesto a pocos mandatarios (en esto quizá no hemos cambiado demasiado), aunque algunos otros, como casi siempre, los menos relevantes, lo pagaron con su vida, como algunos panaderos, ahorcados por suministrar a la Armada bizcochos adulterados para ganar más dinero o algunos oficiales de la sección de avituallamiento, que fueron ejecutados.

Armada

En contraste con el duelo español, todos los enemigos de España celebraron con júbilo el desastre de la Armada de Felipe: Enrique III en Francia, los rebeldes holandeses (que acuñan monedas conmemorativas en las que se representa una imagen que muestra como el globo terráqueo se escapa de las manos del rey español), o los luteranos alemanes, que publican numerosas caricaturas.

En Inglaterra la sensación de alivio es generalizada. El 8 de septiembre se celebra una gran misa de gracias en la catedral de San Pablo, exhibiendo estandartes capturados a los españoles. Hay festejos por todo el país, se acuñan medallas, se realizan obras artísticas conmemorativas y se loa a Dios por su divina protección. El día 19 de noviembre es elegido como el día nacional de agradecimiento por haberse librado de los españoles y el país entero alaba la superioridad del Dios protestante.
Sin embargo, muchos de los supervivientes de la flota inglesa también habían sido marcados por la muerte, en forma de las mismas enfermedades que azotaron a los españoles, fruto de las lamentables condiciones de salubridad de los navíos de la reina. Más de la mitad de los que combatieron a la Armada morirían. Además, muchos otros no recibieron nunca su paga.
La flota inglesa, castigada también en la victoria, no tardaría en verse las caras de nuevo con su viejo enemigo. Esta vez en territorio hispano.

Continuará…

Publicado por Viyu el 23 junio, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

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