Vive la Historia. La Gran Armada: defensa a contrarreloj.

Ambientación sonora:

 

“Apenas oso escribir a Su Señoría sobre las magnas fuerzas que oímos que el rey de España tiene fuera, en el Canal. En Inglaterra hay que hacer grandes preparativos, sobre todo por mar. Deténgasele ahora y deténgasele para siempre”

Sir Francis Drake a Francis Walsingham, secretario principal de la reina Isabel.(1587)

Ante la amenaza española, Isabel no disponía de un ejercito considerable, experimentado ni bien armado. Muchas de las estructuras defensivas del país estaban en mal estado y las arcas del reino casi vacías. Si los temibles tercios españoles ponían pie en suelo inglés, las posibilidades de detenerlos en su camino hacia Londres se antojaban escasas. Sin embargo la reina podía contar con una buena fuerza naval, no excesivamente grande, pero bien equipada y con almirantes experimentados. Y sabía que esa sería su gran baza.

1588 tendría dos eclipses lunares y los más pesimistas de la corte predecían oscuros presagios. En Holanda las tropas de Alejandro Farnesio habían castigado duramente al cuerpo expedicionario inglés y habían ganado el puerto de Esclusa, de aguas profundas, para los intereses de la corona hispánica. A pesar de los negros augurios y de la palpable fortaleza del enemigo, Isabel era consciente de que no había tiempo que perder: se necesitaba armar y adiestrar milicias, fabricar cañones, hacer acopio de pólvora y fortificar las playas y los principales núcleos costeros. En España y Portugal el espionaje inglés trabajaba sin cesar y conseguía colarse en la propia casa del comandante de la Armada española. Los españoles se estaban preparando, pero ¿cuándo atacarían? Y… ¿dónde? ¿Essex? ¿Kent? ¿Sussex? Cualquier punto de la costa del Canal podría ser el objetivo. Se definió un protocolo para encender el sistema de almenaras costeras que con sus grandes hogueras permitirían, junto con el tañido de las campanas de las iglesias, llevar la noticia del avistamiento de la flota española por todo el país. El nerviosismo se extendía y el tiempo apremiaba: cualquier cosa podía ser de ayuda en la defensa, cualquier día podría llegar el invasor.

Pero mientras Inglaterra se preparaba en tierra, su flota no se iba a quedar de brazos cruzados y, haciendo bueno el dicho de que no hay mejor defensa que un buen ataque, puso rumbo a Cádiz, en un intento de desbaratar o retrasar los planes navales españoles con un ataque relámpago. Al frente de la armada inglesa se encontraba Sir Francis Drake, el afamado corsario, viejo conocido de los españoles, por quienes profesaba un odio atroz desde que fuera derrotado y obligado a huir con el rabo entre las piernas en un ataque sorpresa en San Juan de Ulúa (México). Aún se vería la caras con sus eternos enemigos en unas cuantas ocasiones más.

Continuará…

Publicado por Viyu el 12 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

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