Torres Quevedo: un ejemplo en el país del “que inventen ellos”

El pasado 28 de diciembre, Google dedicaba su doodle diario a un gran inventor, destacado en diversos campos, español y , como se puede ver, conocido y apreciado fuera de nuestras fronteras, aunque posiblemente bastante desconocido en su propio país.

Compartiendo nombre con el genio florentino, Leonardo Torres Quevedo nació en la pequeña población de Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria) 160 años antes del citado día en que el buscador de Mountain View le dedicaría su portada. En 1876 finalizó sus estudios de Ingeniería de Caminos en Madrid y comenzó su labor profesional y su dedicación a la invención, mediante la que alcanzaría unos cuantos hitos reseñables.

En 1912 construiría El Ajedrecista, al que se le puede considerar el primer juego de ordenador (analógico). Un autómata que, usando electroimanes, disputaba una partida de un final de rey y torre contra un oponente humano, ganando siempre. La invención de Torres Quevedo, que, a diferencia El Turco, no tenía truco, causó sensación en la Feria de París de 1914 y una cobertura relevante en las publicaciones técnico-científicas de la época.

Los Reyes de España juegan a El Ajedrecista

Pero ya años antes había patentado el telekino, un dispositivo capaz de enviar órdenes de control a través de ondas hertzianas y que sentaría las bases de los modernos sistemas de control remoto, y le convertiría en un auténtico pionero en este campo, junto con Nikola Tesla, nada más y nada menos. El hecho de que el IEEE considere al telekino como un hito en la historia de la ingeniería mundial nos puede dar una idea de la importancia de este primigenio mando a distancia.

Las capacidades del ingeniero español no se limitarían a los artilugios experimentales, y buena prueba de ello son su diseño del transbordador sobre el río Niágara, en Estados Unidos, conocido como Spanish Aerocar y que, aún hoy, casi un siglo después, continúa en funcionamiento y es toda una atracción turística sobre las impresionantes cataratas, o la construcción, con ayuda de Alfredo Kindelán, del primer dirigible español en 1905.

Transbordador sobre el Niágara

Torres Quevedo fue además miembro de prestigiosas academias, como la de las Ciencias de París o la Real Academia Española de la Lengua, donde sustituyó a Benito Pérez Galdós y un gran defensor del esperanto como nuevo idioma internacional. También destacó en sus últimos años por una importante dedicación a la pedagogía y al estudio de cómo sus autómatas podían ayudar a los docentes y aportar nuevos recursos didácticos, patentando, entre otros, un puntero proyectable, antecesor de nuestros punteros láser actuales. Tampoco fue un hombre ajeno al devenir político y social de su tiempo, alistándose voluntario para luchar contra las tropas carlistas que cercaban Bilbao durante la Tercera Guerra Carlista o recibiendo el ofrecimiento para ser ministro de Fomento, que finalmente rechazó.

Leonardo Torres Quevedo

Actualmente, un museo dedicado a su figura y obra, que expone algunas de sus máquinas e inventos, se puede visitar en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid y una fundación con su nombre está en funcionamiento en el seno de la Universidad de Cantabria con la intención de apoyar la investigación científica y técnica.

Y, si os estáis preguntando qué pinta la vaca montada en el transbordador en el doodle, se trata de un entrañable guiño a los inicios, que los hubo. El primer teleférico que nuestro inventor construyó en su pequeño pueblo natal era de tracción animal (vacuna para más señas).

Publicado por Viyu el 10 enero, 2013 en Historia olvidada, Tecnología | 3 comentarios para leer

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