Silbervogel: el bombardero espacial nazi

El 12 de Mayo de 1942 el Reichsmarschall Hermann Göring recibió un informe de 33 páginas que conformaban el resumen del denominado proyecto Amerika Bomber, cuya finalidad era el desarrollo de un bombardero intercontinental capaz de atacar los Estados Unidos desde Alemania sin hacer escalas. Entre los diferentes diseños valorados para este bombardero se encontraba el Silbervogel de Eugen Sänger, un aeroespacioplano suborbital que podría considerarse como una de las primeras naves espaciales diseñadas por el hombre.

El Silbervogel sobrevolando Chicago. Recreación para una maqueta Tamiya

Eugene Sänger, un ingeniero aeronáutico austriaco, empezó a trabajar a principios de los años treinta en los primeros diseños con su tesis Raketenflugtechnik, (Ingeniería de Vuelo de Cohetes), obra adelantada a su tiempo donde planteo aviones-cohete, estaciones espaciales y viajes interplanetarios mediante motores de iones capaces de alcanzar velocidades relativistas. Si casi suena a ciencia-ficción en la actualidad, imaginaos hace ochenta años, el recibimiento estuvo cargado de cierto escepticismo hacia estos conceptos tan futuristas. Tras finalizar la tesis, se centró en el diseño de un motor de combustible líquido refrigerado regenerativamente que podría ayudar a alcanzar velocidades de 10.000 Km/h y en 1935 publicó en la revista Flug un artículo sobre la tecnología de aviones impulsado por cohetes que atrajo la atención del Ministerio del Aire de la Alemania nazi. A partir de ese año Sänger entró a trabajar para los nazis dirigiendo el laboratorio secreto de investigación aeroespacial situado en Trauen, en el mismo sitio donde en la actualidad podemos encontrar el DLR, el Centro Espacial Alemán. Tan secreto era que hasta el mismísimo Wernher von Braun tardó tiempo en enterarse que que había otro equipo trabajando en la propulsión de cohetes. Allí fue donde empezó a perfilar ya el concepto del Silvervogel y a desarrollar toda la teoría matemática necesaria para el vuelto de aquel increíble aparato con ayuda de la que luego sería su esposa, la matemática Irene Bredt.

Esquema original de Sänger publicado en su informe de 1944

Este pájaro de plata, al que Sänger gustaba denominar antipódico por sus pretensiones de que fuera capaz de atacar las mismas antípodas del lugar de despegue, consistía en una especie de cohete alado, de unos 28 metros de largo por unos 15 de ancho en la alas, con una cabina presurizada para un piloto, un compartimento para la carga (bombas, lógicamente), con capacidad de hasta 30 toneladas, y los motores de tipo V2. El despegue se realizaría mediante el impulso por otro cohete en un monorail de tres kilómetros de largo, y una vez en el aire, el Silvervogel encendería sus motores que le propulsarían hasta una altitud entre 145 km y 260 km (en unos sitios se cita un dato y en otros el otro). A partir de ese momento el aeroespacioplano comenzaría un ciclo de descensos y ascensos rebotando en la estratosfera ,debido a las diferencias de densidad del aire, hasta llegar a su objetivo en Estados Unidos y lanzar su temible carga. A parte del lanzamiento de bombas convencionales, una de las opciones que se valoró fue usar una bomba de gravedad, ya que debido a la altitud conseguida, el lanzamiento de un objeto pesado tendría el mismo efecto que un meteorito al chocar contra el suelo. Tras el bombardeo continuaría descendiendo para aterrizar probablemente en algún lugar del Pacífico dominado por los japoneses. Afortunadamente nunca se llegó a construir, debido a que en 1942, en pleno enfrentamiento con la Unión Soviética, los nazis estaban más interesado en armamento convencional, además de que la extensa propuesta de Sänger (900 páginas de documento) les pareció demasiado compleja. Sänger continuó con sus trabajos de desarrollo de mejores motores para cohetes, como el estratorreactor, pero no abandonó su idea del Silbervogel, presentando una nueva propuesta en agosto de 1944, pero los nazis estaban ya inmersos en frenar la invasión aliada en Europa y no hubo ningún intento de avanzar en el proyecto.

Tras el fin de la guerra, muchos se interesaron por Sänger y sus investigaciones. Los Estados Unidos lo invitaron a colaborar con ellos, pero rechazó su propuesta quedándose en Francia, donde creo la Federación Astronáutica. La Unión Soviética también quiso contar con sus servicios, pero de una forma un poco más forzada ya que, por orden de Stalin, intentaron secuestrarlo en París, intento que fue desbaratado por el servicio secreto francés. En los años cincuenta regresó a Alemania, donde seguiría investigando en el campo de los motores de propulsión hasta su muerte en 1964, dejando un legado que pervive hasta nuestros días en los motores de la mayoría de los cohetes actuales y en naves como el transbordador espacial norteamericano.

Publicado por Vik-Tor el 14 julio, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios para leer

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