Santa Anna: historia de un país…y de una pierna.

La biografía de Antonio López de Santa Anna, quizá el personaje más controvertido de la agitada historia mexicana, es vista hoy como el paradigma de una vida en busca del poder a cualquier precio. Nacido en el seno de una familia de origen español, Santa Anna, capitán del ejército realista al estallar el movimiento insurgente que desembocó en la independencia de México, combatiría del lado español primero y en el bando independentista después, para, posteriormente, tras apoyar la coronación de Iturbide impulsar más tarde su derrocamiento y la instauración de la república. En su carrera política llegaría ser presidente del país americano nada más y nada menos que en once ocasiones: unas veces con los liberales y otras con los conservadores. Marcado en todo momento por la contradicción, parece que no le costaba mucho cambiar de chaqueta para alcanzar el sillón presidencial y, a pesar de caer y sufrir el exilio en múltiples ocasiones, Santa Anna siempre retornaba.

Antonio López de Santa Anna

A él y sus tropas se les atribuye la muerte del héroe estadounidense Davy Crockett en El Álamo durante la guerra de independencia texana y fue su costumbre de mascar chicle natural la que introdujo la goma de mascar en los Estados Unidos, cuando, durante uno de sus exilios, en Nueva York, su secretario, Thomas Adams, la patentó para posteriormente fundar la Adams New York Chewing Gum, añadirle sabores y popularizar su consumo. Sin duda una vida intensa la del veracruzano, y sorprendentemente larga teniendo en cuenta los tiempos convulsos que vivió y los enemigos que se granjeó.

Estratega cuestionado en lo militar, Santa Anna fue el “Héroe de Tampico” tras rechazar en 1829 un ataque español que pretendía recuperar la antigua colonia y también sufrió la vergüenza de caer derrotado ante los estadounidenses en la guerra en la que México acabaría cediendo más de la mitad de su territorio nacional. Ambicioso, seductor, extravagante y traicionero, el general protagonizó un suceso acorde con su personalidad cuando, en 1838, durante un combate contra tropas francesas en Veracruz, en el curso de la Guerra de los Pasteles, perdió una pierna, ordenando posteriormente que la extremidad recibiera cristiana sepultura con honores militares. La pierna del militar (al que ya se conocía como “El quince uñas”) sería años después exhumada y trasladada a Ciudad de México, donde recibió nuevos homenajes en forma de desfiles. Sin embargo el final de uno de sus periodos de gobierno llegó con el pueblo sublevado desenterrando su pierna y arrastrándola por las calles de la capital.

Bombardeo francés de Veracruz durante la "Guerra de los Pasteles"

Aún volvería una vez más al poder, en un periodo en el que su personalismo exacerbado derivó en giros dictatoriales (se hacía llamar “Alteza Serenísima”), antes de su último exilio. Ya con ochenta años, regresó Santa Anna a México, para morir poco después ciego, solo y olvidado. Hay quien dice que en sus últimos días algunos acudieron a su puerta para ofrecerle los restos de su pierna, salvados de la masa enfurecida…

Publicado por Viyu el 20 agosto, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios para leer

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