Pedro Páez: las hazañas olvidadas de un humilde misionero español.

El nombre de la sección en la que englobamos nuestros artículos de historia, aunque no se centra solamente en la temática patria, no es casual. Utilizada, ocultada y untada con negras leyendas, la historia española, intrínsecamente compleja, he dejado un buen número de hechos y semblanzas en los recodos del olvido. En uno de éstos se quedaron durante largo tiempo los avatares de Pedro Páez. Y es que bajo ese nombre y apellidos de típico ciudadano anónimo se esconde sin duda una aventura digna de ser narrada, y que posiblemente no te contaron en el colegio.

Pedro Páez Jaramillo nació en Olmeda de la Cebolla (actualmente Olmeda de las Fuentes, Madrid), en 1564. A los 18 años ingresó en la Compañía de Jesús y, tras estudiar en las universidades de Alcalá y Coimbra, partió hacia Goa (en la actual India) En aquellos tiempos los territorios de Portugal y España se regían desde una única corona, ceñida en la cabeza del segundo de los Felipes, y el Imperio Otomano era una de las principales amenazas para la monarquía hispana.

Mapa antiguo de África

Mapa antiguo de África

En ese contexto una Etiopía convertida podría ser una Etiopía aliada frente al Gran Turco y los misioneros jesuitas podían desempeñar un papel muy importante para los planes de Dios… y del Imperio. Páez partió desde Goa hacia Etiopía acompañado por el misionero catalán Antonio de Monserrat, pero el destino truncó el viaje de los dos jesuitas, que acabaron como prisioneros de los turcos durante siete años, en los que recorrieron los desiertos de Hadramaut y Rub al-Jali (“la habitación vacía”), uno de los mayores desiertos del mundo, y padecieron todo tipo de penalidades.
Finalmente son rescatados y llegan a Goa muy enfermos. Antonio de Monserrat fallece mientras que el olmedeño, tras un periodo de convalecencia, vuelve a aventurarse rumbo a tierras etíopes, a las que consigue llegar en 1603.
Allí realizó una impresionante labor pastoral, expandiendo los enclaves jesuitas y consiguiendo que el emperador Za Dengel y su sucesor Susinios abrazasen el catolicismo. Durante su estancia en territorio africano también demostró unas grandes cualidades como arquitecto y como historiador, escribiendo en el año 1620, en portugués, “Historia de Etiopía”, libro que, tras muchos siglos, fue finalmente traducido al español en 2009.

Pero la azarosa vida del misionero español albergó un hecho trascendente, y poco conocido: Pedro Paéz fue el primer europeo en alcanzar las fuentes del Nilo Azul, siglo y medio antes de que los británicos se atribuyeran su descubrimiento. “Confieso que me alegré de ver lo que tanto desearon ver el rey Ciro, el gran Alejandro y Julio César”, dejó escrito. También se cree que fue uno de los primeros europeos en probar y describir el café.

Cataratas en el Nilo Azul.

Cataratas en el Nilo Azul.


Su vida, dicen que humilde y esforzada, se apagó en 1622 en el pueblo etíope de Gorgora. Fue enterrado en la iglesia que él mismo había construido y el tiempo fue difuminando su recuerdo hacia la nada. Hoy, apenas una discreta placa en su pueblo natal evoca su hechos. Sólo un puñado de compatriotas, como Javier Reverte con su libro “Dios, el diablo y la aventura”, han trabajado por recuperar su memoria. Quizás el padre Páez, como buen jesuita, lo hubiera querido así. Pero quizás también esto demuestra cuán desmemoriados, ingratos o mezquinos pueden ser algunos pueblos.

Publicado por Viyu el 29 octubre, 2012 en Historia olvidada | 2 comentarios para leer

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