Orígenes de la democracia II: Tiranía y Ostracismo

En la anterior entrega vimos como Solón consiguió reformar las leyes e instituciones de Atenas y abrió el camino hacia la democracia, pero ese trayecto no iba a ser un camino de rosas. A pesar de las reformas, la luchas por el poder entre los miembros de la aristocracia continuó, y el campesinado seguía descontento con la situación social. Todo esto desembocó en la aparición de tres partidos, cada uno representante de las diferentes regiones del Ática: los Paralios en la costa, los Pedieos en la llanura central y los Diacrios en las montañas. De este último partido saldría el primer Tirano de Atenas, Pisístrato, tras conseguir el apoyo del pueblo de Atenas y tomar la Acrópolis.

La Tiranía en esa época no se puede equiparar exactamente a las dictaduras actuales, pero tendría ciertos puntos en común. Normalmente el Tirano era un aristócrata opuesto a los demás, apoyado por el pueblo que tomaba y mantenía el poder mediante la fuerza, con el fin de enfrentarse a alguna crisis social y/o económica. Mantenían las constitución e instituciones establecidas, pero bajo su control, colocando a sus leales en los principales puestos . La permanencia en el poder de Pisístrato fue discontinuada en el tiempo, exiliado en varios momentos , y sería en su tercer período como Tirano cuando, a pesar de la merma de libertades, sus reformas afianzaron las instituciones que llevarían a la democracia. Esto lo consiguió acabando con el poder los aristócratas, los Eupátridas, sometidos al poder del Estado, apoyando al campesinado, junto a los artesanos y comerciantes, lo que impulsó la economía de Atenas. También unificó cultos y tradiciones dándole una identidad propia a la Ciudad-Estado.

A Pisístrato le sucedieron sus dos hijos Hipias e Hiparco, que en principio mantuvieron el talante moderado de su padre en el gobierno, hasta que Hiparco fue asesinado, lo que provocó que Hipias desatara un régimen represivo, que finalizaría con la intervención de Esparta en apoyo a la familia aritocrática ateniense de los Alcmeónidas. En este momento aparece la segunda figura importante en el viaje hacia la democracia de Atenas, Clístenes, que impidió que se impusiera en la ciudad un régimen oligárquico como pretendía Esparta, que no veía con buenos ojos los cambios democráticos que se estaban produciendo en Atenas. Este fue el principio de la rivalidad entre las dos ciudades-estado.

Busto actual de Clístenes. Fuente:www.ohiochannel.org

Clístenes vio que la situación social era la adecuada para avanzar hacia lo que se denominó Isonomía, la igualdad ciudadana en cuanto a la repartición de los cargos públicos. El primer paso fue organizar y redistribuir las poblaciones del Ática, los démos, base de la ciudadanía, dividiendolos en distritos denominados Tritiies, que componían las diez tribus en que dividió la poblacion. Esta tribus eran una división artificial, solo administrativa, cuyos fines fueron la apertura a la ciudadanía a todos los habitantes del Ática (incluidos los trabajadores extranjeros, los jornaleros y hasta los libertos), crear una forma optima de garantizar la participación ciudadana y hacer desaparecer la división entre la ciudad y el campo.

El segundo paso fue mejorar las instituciones fijadas por Solón, sobre todo La Bulé, el consejo que pasó ahora a estar compuesto por quinientos miembros, cincuenta por cada tribu, que tenían que tener más de treinta años y no podían permanecer más de un año en el puesto, pudiendo repetir solo una vez más en su vida. Su misión, preparar la reuniones de la Asamblea Popular y hacer cumplir las decisiones de esta. Al no poder mantener todo el año a los quinientos miembros en activo, se creó un grupo de cincuenta miembros que debían permanecer en sus funciones durante una décima parte del año, turnándose los grupos entre las diez tribus. Y para dirigir a este grupo se creó la figura del Epístate, que ejercía de presidente del Consejo durante un día, teniendo la responsabilidad de tomar las decisiones urgentes y dirigir el gobierno del Estado. Un simple ciudadano elegido por sorteo tenía ese poder durante un día.

La Asamblea Popular o Eklesía, donde podían participar todos los ciudadanos, también ganó más poder con la reforma de Clístenes, decidiendo sobre los asuntos públicos, gestionando el erario público y teniendo la capacidad de decidir sobre la guerra y la paz. Los Arcontes perdieron parte de su poder, ejerciendo el poder ejecutivo según lo indicado por la Eklesía.

Ostracon contra Megakles. Fuente: wikipedia.org Autor: Giovanni Dall'Orto.

Para finalizar sus reformas, Clístenes incluyó un curioso mecanismo para evitar que los aristócratas pudieran rebelarse contra la nueva Constitución y sus mejoras democráticas: el ostracismo. Si algún individuo era considerado por la Asamblea como un peligro para el poder del pueblo, mediante votación se decidía si era exiliado de la región del Ática durante diez años, votación realizada en secreto mediante un pedazo de cerámica (ostracon) que contenía el nombre del personaje que debía ser sometido al ostracismo. Quizás alguien debería retomar esta costumbre en la actualidad para librarnos de algunos individuos indeseables que pueblan la política Española.

Todas estas reformas dejaron vía libre para que cincuenta años después Pericles implantara la denominada “democracia radical”.

Otras entregas:

Publicado por Vik-Tor el 15 octubre, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios para leer

Escribe un comentario