Los recortes de Diocleciano

En época de crisis algunos gobernantes tienen la costumbre de modificar los impuestos para recaudar todo lo que se pueda y llenar las arcas del Estado. Lo vivimos ahora y se ha vivido en muchos momento a lo largo de la historia de la Humanidad. Pero uno de los momentos más trascendentales fue el protagonizado por el emperador romano Diocleciano, cuando inauguró un nuevo sistema tributario que significó que el pueblo debía servir y salvar a toda costa el Estado, que estaba por encima de los individuos.

El siglo III fue un periodo de crisis en el Imperio Romano en todos los aspectos, el militar, el económico y el social, provocando desórdenes por todo el Imperio que los múltiples y débiles Emperadores que gobernaron en esta época fueron incapaces de atajar. En el año 270 llegaría al poder Aureliano, militar ilirio, que haría frente a los problemas más acuciantes, frenando las insurrecciones y realizando reformas económicas y religiosas, pero su asesinato en el 275 dejaría inconclusa su misión de resolver la crisis. Su espíritu reformista fue retomado por Diocleciano, también militar cuando ascendió a Emperador en el 284, aclamado por el ejercito. Tras unos primeros años que hubo de enfrentarse a diferentes conflictos, comenzó a partir del 293 su labor más fundamental en mantener la unidad del Imperio, comenzando el periodo que sería conocido como Dominado o Bajo Imperio.

Su primera misión, como militar que era, fue reorganizar el ejercito,sustituyendo los sistemas estáticos de defensa lineal por uno basado en fortificaciones a ambos lados de la frontera (Strata diocletiana), se duplicaron los efectivos militares, ampliándose a las 75 legiones, aunque de menor tamaño, y el ejército se dividió en dos tipos, las tropas fronterizas, encargadas de defender los límites del Imperio, y el ejército interior al mando del Emperador. Todo esto supuso un aumento de los gastos del Estado, que se tuvo que sufragar mediante los impuestos.

Su reforma de la política fiscal comenzaría con la creación de un doble impuesto, iuga y capita, que se basaban en las posesiones agrícolas y en las personales. Pero el problema de la aplicación de este impuesto fue que se basó en la productividad teórica, y para el caso de las tierras no se tenía en cuenta por ejemplo para el caso de las tierras que hubiera sequías o plagas que acabaran con los cultivos, obligando en este caso a pagar igualmente el impuesto aunque no se hubiera cosechado nada. Y esto se acompañó de imposiciones extra que se dictaban a menudo, la obligación del cultivador de permanecer en la tierra y, como no, corrupción entre los funcionarios fiscales. El pueblo estaba sometido completamente al Estado y debía servirle para mantenerlo a flote.

Moneda del Emperador Diocleciano. Fuente: Wikimedia Commons Autor:Ingsoc

Se acuñaron nuevas monedas, intentando combatir la depreciación monetaria de los años anteriores, creándose un sistema monetario común para todo el Imperio y revalorizando la moneda hasta duplicar su valor. Pero todo esto no impidió que la inflación continuara creciendo, por lo que Diocleciano intentó poner un límite a los precios mediante el “Edictum de pretiis”, que fijaba los precios máximo de varios bienes de consumo y los salarios mínimos, pero este edicto fue abolido poco tiempo después debido a la dificultad de hacerlo cumplir en todo el Imperio, dificultades entre las que se encontraban que en muchos lugares del Imperio se seguía usando el trueque en vez del intercambio monetario.

El emperador Constantino continuó con este sistema fiscal, endureciéndolo más aún, provocando que aumentaran las diferencias entre ricos y pobres. El Imperio se mantuvo integro así durante más de siglo y medio, pero fue el inicio de la caída del Imperio de Occidente y el comienzo del camino hacia la Edad Media, con el que los que anteriormente fueron considerados como ciudadanos pasaron a ser súbditos del Estado. A veces la historia se repite demasiadas veces.

Publicado por Vik-Tor el 17 septiembre, 2012 en Historia olvidada | 3 comentarios para leer

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