La venganza de los soldados aragoneses

Alboreaban el siglo XIV y la primavera la noche que Roger de Flor, el templario, el capitán, el césar, se sentaba, rodeado de sus fieles oficiales, al banquete triunfal que le coronaba como salvador de Bizancio. Pero esa noche sería su última noche. Mercenarios alanos, bajo las órdenes del hijo del emperador Andrónico II pasarían a cuchillo a Roger y sus hombres. Ellos, que tres años antes habían sido recibidos como una bendición frente a la avalancha turca que se avecinaba desde el este, eran ahora cruelmente asesinados ante su ambición desmedida y su poder creciente. El miedo había llevado a los círculos de poder bizantinos a consumar una traición sangrienta. Había caído la cúpula de los almogávares, pero los soldados iban a vengar la muerte de sus compañeros de armas con una brutalidad extrema.

Almogávar. Este nombre, de origen incierto y hoy casi olvidado, causó temor durante décadas en los confines de Europa. Bajo este apelativo, y defendiendo las barras del Reino de Aragón, mercenarios aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines, e incluso también navarros, gallegos y asturianos, se curtieron en la guerra contra el invasor musulmán y formaron el cuerpo de infantería ligera más poderoso de su época. “Desperta, ferro”, su grito de guerra, anunciaba bien a las claras que el hierro se iba a cernir sin piedad sobre quien se opusiese a las huestes de San Jorge.

Tras ganarse una reputación en la Reconquista y en la defensa victoriosa de las tierras aragonesas ante el ataque de la alianza europea instigada por el Papa y encabezada por las tropas de Felipe III de Francia, los almogávares siguieron combatiendo, matando y muriendo por la Cimera del Dragón en Túnez e Italia y en 1302 partieron, comandados por Roger de Flor, en la expedición al Imperio Bizantino para socorrer al emperador de oriente ante la amenaza otomana. Allí repelieron todas las ofensivas turcas, dejando decenas de miles de muertos, y llegaron a tomar Éfeso.
Pero los almogávares eran difíciles de controlar, su presencia degeneraba a menudo en desmanes y su poder militar llegó a ser visto como una amenaza por la propia corte de Constantinopla. Se habían convertido en un inquilino incómodo…

Entrada de Roger de Flor y sus tropas en Constantinopla

Ya conocemos que el recelo bizantino se convirtió en traición y ésta desencadenó una venganza (denominada la “venganza catalana”) en la que las tropas almogávares derrotaron al ejército bizantino y saquearon, arrasaron y asesinaron todo lo que encontraron a su paso en Grecia. Los mercenarios alanos fueron perseguidos y aniquilados por miles.

Terminada su venganza los almogávares decidieron quedarse, y , excomulgados por el Papa, mantuvieron durante varias décadas el ducado de Atenas bajo el dominio de la Corona de Aragón. Aún hoy se recuerdan su valor y su crueldad, y su nombre todavía asusta a los niños en aquellas tierras alejadas de las montañas del Pirineo que les vieron nacer.

Publicado por Viyu el 23 febrero, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 23 febrero, 2012, 7:07
    Bitacoras.com dijo,

    Información Bitacoras.com…

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