Juan Antonio Cebrián, la voz de la radio en color

Hace más de tres años que nos dejó, pero la memoria de este insigne manchego sigue viva en el corazón de toda una legión de oyentes que lo siguieron durante años en sus programas de radio. Recordemos quién fue y porque tantos nunca le olvidaremos.

Fuente: Onda Cero

Juan Antonio Cebrián pasó su infancia en Albacete fascinado ya desde muy pequeño por la historia, sobre todo la militar, y los comics y empezó haciendo sus primero pinitos periodísticos en el periódico del instituto. Con ventipocos años decidió que la radio era lo suyo, y empezó pinchando discos y hablando de lo divino y lo humano en una emisora pirata con su programa Lunes, te odio. Ese fue el punto de partida en las ondas de este gran comunicador, y ya no se podía detener su pasión por la radio, fue saltando de programa en programa, llegando incluso a realizar tres programas distintos en el mismo día, hasta que en 1991 llegaría el primer programa que lo consagró como el rey de las madrugadas. Turno de noche llenó las noches de la radio de historia, de humor, de ecología, de misterio y de todo aquello que a Juan Antonio le parecía que podía encajar en su ecléctico programa. Tras seis años decidió tomar un nuevo rumbo dejando la madrugada y pasando a las tardes de los sábados y las mañanas de los domingos bajo la bandera de un nuevo programa, La Rosa de los Vientos.  El nuevo espacio radiofónico compartiría contenidos con su antecesor y continuaría inundando de forma amena y divertida las ondas hertzianas de algo que hoy en día sigue siendo tan difícil encontrar, cultura. Fue con La Rosa precisamente con lo que me volví un incondicional de Cebri y me convertí en un rosaventero de pro. Tras un par de años, Juan Antonio volvió de nuevo a la noche, que parecía ser la franja horaria donde mejor se desenvolvería y que ya no volvería a abandonar hasta el día que partió inesperadamente de este mundo.

Recuerdo el día que me enteré de su fallecimiento, era un lunes por la tarde y me disponía a bajar los programas del fin de semana cuando vi que no estaban, solo había uno que se llamaba “Homenaje a Cebrián”. Al ver aquel titulo pensé lo peor, y no tardaría en confirmar mis temores, Cebri nos había dejado. No pude evitarlo, rompí a llorar, nunca antes me había pasado ni me ha vuelto a pasar, pero lloré por alguien que no conocía realmente, con quién nunca había hablado. Pero se había ido una voz amiga que me había acompañado durante muchos años, en los buenos y en los malos momentos. Me parecía inconcebible que nunca más volvería oírle narrar en sus Pasajes de la Historia la vida de increíbles personajes y las grandes batallas, porque Juan Antonio era capaz con su voz de hacernos vivir cualquier momento histórico como si estuvieras ahí, podías verte luchando al lado de Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela o surcando los cielos de la Europa de la Primera Guerra Mundial junto al Barón Rojo. Era capaz de trasmitir la radio en color, como le gustaba decir a él. Aquí quiero comentar un pequeño detalle que mucha gente desconoce, Juan Antonio había perdido el sentido de la vista en su juventud, pero eso nunca le impidió llevar a cabo sus sueños, ni le impidió desarrollar uno de sus sentidos más importantes, su sentido del humor.

Este es mi primer articulo en el blog y he creído que la mejor forma de comenzar era hacer este pequeño homenaje al hombre que me hizo amar aún más la historia de lo que ya la amaba. Su voz nunca se apagará, sigue viva en la red, llena de podcast de sus programas, en sus libros de divulgación histórica (solo él podía convertir la aburrida lista de los reyes Godos en una Aventura), y en su Rosa de los Vientos continuada por su querida Silvia Casasola y los amigos que ayudaron a convertir La Rosa en lo que es hoy en día, un programa con mejillones de oyentes.

¡Fuerza y honor!

Publicado por Vik-Tor el 3 abril, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 3 abril, 2011, 21:41
    Viyu dijo,

    Una gran idea empezar con un homenaje a Cebrián. Fue un grande de las ondas y fomentó como pocos el gusto por el saber, la curiosidad científica y el espíritu crítico, desempeñando una muy notable labor de divulgación histórica en nuestro país. Nos queda su concepto de radio y el recuerdo de tantas historias contadas.

Escribe un comentario