Gil y Carrasco: un Romántico en El Bierzo

Si le preguntas a alguien por un autor del Romanticismo, a la mayoría le vendrá a la cabeza José de Espronceda con su Canción del Pirata o Gustavo Adolfo Bécquer con sus Rimas y Leyendas. Otros, los menos, se acordarán del teatro de José Zorrilla o los artículos de Mariano José de Larra. Pero seguro que prácticamente nadie se acordará Enrique Gil y Carrasco, el autor de una de las novelas históricas más importantes, tanto del periodo romántico como de la literatura española en general, uno de los hombres ilustres que vino al mundo en la misma tierra que este que escribe, la comarca leonesa de El Bierzo.

Gil y Carrasco nació en 1815 en la señorial Villafranca del Bierzo, dentro una familia católica con buena posición, ya que su padre trabajaba como administrador del Marqués de Villafranca. Pero pocos tiempo después, cuando Enrique tenía solo seis años, se vieron obligados a trasladarse a Ponferrada tras la muerte del Marqués y ser su padre acusado de estafa. Ya en la capital berciana iniciará el autor su educación en el colegio de los Padres Agustinos, colegio que algunos años más tarde desaparecería por la Desamortización de Mendizabal, pero cuyo lugar hoy en día ocupa el Instituto de Enseñanza Secundaria Gil y Carrasco. Su formación, siempre bajo batuta religiosa, continuó más tarde con los benedictinos de Vega de Espinareda y el seminario de Astorga. En 1831 se trasladó a Valladolid con el fin de estudiar leyes, regresando los veranos a Ponferrada, momento que aprovechaba para realizar numerosas excursiones por la comarca que le servirían seguramente como inspiración para sus futuras obras. Estos estudios fueron interrumpidos durante algunos meses al ser reclutado como soldado durante la Primera Guerra Carlista. Tras esto regresó a Valladolid, pero en 1836, por causas que no están claras y con la oposición de su padre, decide trasladarse a Madrid donde finaliza sus estudios de Derecho.

Será en la capital del reino donde Gil y Carrasco entra en contacto con los personajes liberales de la época, entablando amistad con Espronceda, que lo introducirá en los círculos literarios románticos, asistiendo al entierro de Larra, siendo un asiduo a las tertulias de El Parnasillo, el lugar de reunión por excelencia de los autores del Romanticismo español, y participando también en el Liceo, el actual Ateneo de Madrid por el que tantos personajes eminentes de la cultura española han pasado. Pronto comenzará a publicar algunas poesías y a colaborar como crítico teatral en varios periódicos, pero en 1839 se verá truncada temporalmente su carrera periodística por el agravamiento de la tuberculosis que arrastraba desde tiempo atrás, que le obligó a regresar a Ponferrada en busca de reposo y tranquilidad, momento que aprovechará para escribir su primera novela, El lago de Carucedo. Al año siguiente, ya repuesto, regresaría a Madrid, reanudando su labor de articulista a la vez que conseguía un puesto en la Biblioteca Nacional que le permitía vivir holgadamente, pero solo un par de años después una nueva fatalidad le haría regresar a Ponferrada: la muerte de su amigo Espronceda. Aprovecha nuevamente ese tiempo para realizar viajes por tierras bercianas que servirían para documentar otra de sus obras destacadas, Bosquejo de un viaje a una provincia de interior, donde describe los paisajes y gentes de El Bierzo de la época, junto con algunas otras regiones leonesas, como la Maragatería, siendo una de las mejores documentaciones para conocer la comarca en esa primera mitad del siglo XIX.

Las Médulas, uno de los paisajes más queridos por Gil y Carrasco. By Rafael Ibáñez Fernández, via Wikimedia Commons

En 1843 regresa nuevamente a Madrid con fuerzas renovadas y es el momento en que ofrece para su publicación su obra maestra, El Señor de Bembibre. La historia de la novela nos traslada al siglo XIV, durante los años finales de la orden del Temple, narrandonos el dramático romance entre Álvaro Yáñez, el señor de Bembibre y Beatriz Ossorio, heredera del señorío de Arganza,  a lo largo de los años, en un melancólico camino plagado de dificultades y calamidades característico de todas las obras románticas, salpicando la narración con preciosistas descripciones de los lugares y paisajes de El Bierzo medieval, y con el trasfondo histórico de las luchas políticas y militares que llevaron a la desaparición de los caballeros templarios en los reinos de León y Castilla.

Grabado de la primera edición de El Señor de Bembibre. Via:http://perso.wanadoo.es/jlpv

Tras publicar su novela en 1844, le surgió una gran oportunidad de progresar al serle ofrecido el puesto de secretario en la embajada española en Berlín, gracias a su amistad con González Bravo, presidente del gobierno en aquel momento, durante la regencia por la minoría de edad de Isabel II, y creador de la Guardia Civil. En abril de ese año comenzó su largo viaje a Berlín, recorriendo durante cuatro meses las principales ciudades europeas de la época, que aprovecharía para documentar un informe sobre la situación industrial europea. En Berlín conocerá a Alexander von Humboldt, el conocido como “Padre de la Geografía Moderna Universal”,  y al príncipe Carlos de Prusia, al que llega a dar clases de español. En la Navidad de 1845 le regalará al rey de Prusia un ejemplar de El Señor de Bembibre, que le hace interesarse por la localización de El Bierzo, y fue el acicate para que, a través de Humboldt, que era chambelán en aquel momento, el rey le concediera la Medalla de Oro de las Artes y las Letras. Pero poco pudo ya disfrutar tales honores al fallecer en febrero de 1846 debido al empeoramiento de la tuberculosis, contando tan solo 31 años de edad, cumpliendo así la regla no escrita de la corta vida de los escritores románticos.

Sirva este pequeño semblante biográfico como homenaje a un magnífico escritor, ampliamente recordado en su tierra natal, pero muy desconocido en el resto de España, que merece tener su nombre grabado con letras de oro en la Historia de la Literatura Española.

Publicado por Vik-Tor el 21 enero, 2013 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 21 enero, 2013, 9:15
    Bitacoras.com dijo,

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: Si le preguntas a alguien por un autor del Romanticismo, a la mayoría le vendrá a la cabeza José de Espronceda con su Canción del Pirata o Gustavo Adolfo Bécquer con sus Rimas y Leyendas. Otros, los menos, se acordarán ……

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