Garbo, el español que derrotó a los Nazis

Estamos en 1940. La Segunda Guerra Mundial acaba de estallar y los ejércitos de Hitler comienzan a expandirse por toda Europa. Araceli Gómez se encuentra sentada, nerviosa, esperando ser recibida en la Embajada de Gran Bretaña en Madrid. Por fin la hacen pasar al despacho del embajador, y allí les explica a unos estupefactos británicos que su querido marido Joan quiere ser espía y ayudar a derrotar a los nazis. Lógicamente, los británicos le dan una palmadita en la espalda a la pobre mujer y le dicen que si eso que mande una solicitud y ya verán, indicando claramente que no quieren saber nada del tema. De esta forma comienza la increíble historia de Joan Pujol, alias Garbo, el español al que el mundo le debe en gran medida habernos librado del nazismo.

Joan Pujol

Joan Pujol García vino al mundo en la ciudad de Barcelona en 1912 en el seno de una familia liberal. El inicio de la Guerra Civil sorprendió a Joan trabajando en una granja avícola, y no simpatizando con ninguno de los dos bandos, rehuyó incorporarse a filas escondiéndose en casa de unos amigos. Pero al final fue descubierto y se tuvo que alistar en el ejercito republicano, aunque lo hizo bajo una falsa identidad. Al final de la guerra se pasó al bando franquista, pero en ningún momento llego a disparar ni un solo tiro durante toda la contienda. Viendo pronto que el fascismo era tan nefasto como el comunismo soviético, toma el tipo de decisión que marca la diferencia entre un hombre corriente y un héroe: decide que debe contribuir en la lucha contra el nazismo.

Tras sus primeros infructuosos intentos de colaborar con los ingleses, toma el camino de convertirse en un agente doble y ni corto ni perezoso, en la primavera de 1941 se planta en la Embajada Alemana, donde le recibe el agregado militar. Pujol engatusa al germano inventándose una tapadera en Gran Bretaña y mostrándole documentos falsificados consiguiendo inmediatamente pasar a colaborar para la Abwehr (el servicio de inteligencia alemán), bajo el nombre clave de Arabel. Para comenzar el trabajo los alemanes le entregan tres mil libras esterlinas y un bote de tinta invisible, encomendándole la misión de dirigirse a Londres para comenzar sus operaciones de espionaje. Pero Pujol se traslada a Portugal con ese dinero, y tras fracasar nuevamente en sus intentos de colaborar con los británicos en Lisboa, comienza su labor desinformadora. Consigue guías y mapas de Gran Bretaña, un diccionario de términos militares, algunos periódicos, y con esto y la ayuda de su querida Araceli, empieza tejer su red de mentiras y agentes ficticios convenciendo a los alemanes que todos sus informes eran verídicos y provenían de Londres. Incluso llega a decirles que ha conseguido un trabajo en la BBC, con lo cual en la  Abwehr daban palmas con la orejas por la suerte que habían tenido al fichar a aquel españolito. Para poder justificar que los envíos fueran desde Portugal, se inventó a un piloto de las aerolíneas KLM que era el que “trasladaba” los informes a Lisboa, desde donde partían hacia Berlín.

Ya completamente establecido en la capital portuguesa, volvió a intentar ofrecer sus servicios, esta vez a la embajada Estadounidense, los cuales si le creen y lo ponen en contacto con el MI5 británico, que finalmente lo aceptan, y por fin el 25 de Abril de 1942 pisa suelo londinense. Tras dos semanas de interrogatorio confirman que Pujol es Arabel, ya que llevaban tiempo interceptando los imaginativos informes de este “espía aleman”, tan perfectos que el MI5 no podía creer que Pujol jamás hubiera pisado territorio inglés. Bautizado como Garbo, por sus grandes dotes de actor, comienza la segunda etapa como espía bajo las ordenes de Tomas Harris. Le construyen una red de 24 colaboradores imaginarios distribuidos por toda Gran Bretaña, con la que justificar todos lo informes remitidos por Garbo a los alemanes, en los que se mezclan hechos reales con invenciones para hacerlos lo más creíbles posibles.

Desembarco aliado en la playa de Omaha, en las costas de Normandía

En 1944 se inicia la operación Fortaleza con el fin de crear una cobertura para el desembarco de Normandía, cuya misión era convencer a los nazis que el desembarco aliado sería efectuado por Calais, no antes de Julio de 1944, precedido por un ataque de un ficticio Cuarto Ejercito británico a Noruega. Garbo consiguió convencer a los alemanes que las costas británicas estaban llenas de soldados preparando el desembarco en Francia y que lo que iba a ocurrir en Normandía era una distracción para el ataque principal en Calais. Llegó incluso a notificar del desembarcó aliado en las costas de Normandía tres horas antes de que se produjera, y los alemanes siguieron creyendo semanas después de que lo que estaba ocurriendo solo era una mera distracción, con las tropas aliadas ya desplegadas por toda Francia. Cuando se quisieron dar cuenta de lo que ocurría realmente era demasiado tarde y ya sabemos todos como acabo la historia. Aún así los alemanes siguieron creyendo a Pujol e incluso el mismo Hitler le impuso la Cruz de Hierro por sus logros por la causa nazi. En las navidades de 1944 recibiría también la merecidísima Orden del Imperio Británico por su ayuda en la derrota de la Alemania nazi.

Tras acabar la guerra, temiendo posibles represalias alemanas, fingió su muerte y, abandonando a su familia, huyó a Venezuela, desapareciendo de la Historia durante cuarenta años hasta que en 1984 fue localizado por el historiador militar Nigel West en Caracas y pronto salió a la luz su existencia, con la publicación de su biografía “Operación Garbo” en 1985, escrita por el propio Pujol con ayuda de West. Recientemente la película documental Garbo, el espía ha reivindicado nuevamente la figura de este singular personaje de la historia de nuestro país.

Recordando la famosa frase de Wiston Churchill de “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” dicha tras la Batalla de Inglaterra, en este caso tenemos que decir que nunca tantos debimos tanto a un solo hombre.

Publicado por Vik-Tor el 21 abril, 2011 en Historia olvidada | Se el primero en comentar

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