El Turco: el autómata que no era tal

El conde Ludwig von Cobenzl observaba nervioso el tablero de ajedrez, incrédulo ante lo que estaba ocurriendo. Apenas llevaban media hora y aquel maldito cacharro estaba a punto de derrotarlo, delante de toda la corte imperial de Viena. El Turco hizo su último movimiento: Jaque mate. El conde había sido la primera “víctima” de muchas del increíble autómata creado por el inventor húngaro Wolfgang Von Kempelen. Aunque como veremos, no era tan autómata como parecía.

Ilustración de El Turco posiblemente realizada por von Kempelen

Von Kempelen había nacido en Pressburg, en el reino de  Hungría (actualmente en Eslovaquia) en 1734. Aunque estudió leyes y filosofía, lo que más le interesaba eran las matemáticas y la física, y demostró a lo largo de su vida sus conocimientos técnicos, siendo una muestra de ello el famoso El Turco.  El nacimiento del autómata vino dado por la visita de Von Kempelen a Viena en el otoño de 1769, convocado por la Emperatriz María Teresa para asistir a una sesión de magia e ilusionismo. El inventor quedó tan fascinado por los trucos del mago François Pelletier, que le prometió a la Emperatriz que en seis meses regresaría con una creación que dejaría corta aquella sesión. Y allí se presentó en 1770 con El Turco, retando a cualquiera de la corte a que se enfrentara a él en el tablero de ajedrez. El autómata constaba de una figura de torso y cabeza vestido con ropajes turcos, turbante incluido. En la mano izquierda sostenía una larga pipa y el brazo derecho reposaba sobre la mesa donde se encontraba el tablero, siendo el encargado de realizar los movimientos. El mueble que lo complementaba tenía tres puertas, en cuyo interior se podían ver engranajes,  y un cajón inferior. El Turco jugaba con las blancas, asentía dos veces cuando amenazaba a la reina, tres veces cuando ponía en jaque al rey y si su oponente hacia algún movimiento no permitido, negaba con la cabeza y movía la pieza a su posición original. Incluso era capaz, mediante un tablero con letras, de mantener conversaciones en inglés, francés y alemán. Lógicamente la corte de los Habsburgo quedó asombrada ante aquella maravilla técnica. Tras la derrota del conde von Cobenzl, von Kempelen apenas volvió  a mostrar el autómata, solo enfrentándose a otro oponente en diez años, y prefirió centrarse en otros proyecto que le interesaban más, como la reproducción de la voz humana, una historia digna de mención pero que relataremos en otra ocasión. Quizás también preocupado por las especulaciones sobre el secreto del funcionamiento del autómata, que iban desde que un enano o un duende se escondía bajo la mesa hasta que había hecho un pacto con el diablo, finalmente decidió desmantelar el dispositivo.

Pero el autómata permanecería poco tiempo fuera de circulación, ya que en 1781 el Emperador Jose II ordenaría a Kempelen que lo reconstruyera con ocasión de la visita del Gran Duque Pablo I de Rusia. Aquí comenzaría su segunda vida con un gran tour por toda Europa, pasando por París, Londres y Amsterdam en otras muchas ciudades, destacando entre sus adversarios el mismísimo Benjamin Franklin, que por aquel entonces ejercía de embajador de Estados Unidos en París.  Y precisamente sería en la capital francesa donde se produciría la primera derrota de El Turco frente al músico y ajedrecista François-André Danican Philidor, aunque le hizo sudar la gota gorda a Philidor para conseguir vencerlo. Von Kempelen murió en 1804, en la completa pobreza pese a sus invenciones, sin haber desvelado públicamente el secreto de El Turco. Muchos intentaron deducir como funcionaba realmente, como el alemán Joseph Friedrich Freiherr von Racknitz, que llegó a publicar un libro con ilustraciones de como creía él que funcionaba el autómata, y aunque iba bien encaminado, se equivocó en la posición del operador y las dimensiones. También el escritor Edgar Allan Poe llegó a elucubrar sobre su funcionamiento en un ensayo publicado en 1836, aunque también realizó suposiciones incorrectas. Como habréis supuesto, el secreto del funcionamiento de tan inteligente autómata no era otro que una persona escondida en el interior de El Turco, iluminada con una vela y con un tablero interior, que mediante un complejo sistema de engranajes diferenciales, cuerdas y gomas conseguía que El Turco realizara los movimientos deseados, siguiendo los movimientos de su oponente gracias a piezas magnéticas acopladas bajo el tablero de juego. Mediante trucos de ilusionismo con espejos y demás parafernalia, pese a que von Kempelen siempre mostraba el interior del autómata, lograba esconder al operador a la vista de los asistentes a sus demostraciones. Lo que todavía permanece en el misterio es quién era el operador del autómata. Existen leyendas acerca de un oficial polaco amigo del inventor que había perdido las piernas, por lo que Von Kempelen le había construido El Turco, y también se habla de la posibildad de que fuera Józef Boruwlaski, un famoso enano polaco, pero como digo, su identidad sigue siendo un enigma.

Reconstrucción de El Turco Autor: Carafe at en.wikipedia

La historia de El Turco continúa tras la muerte de su creador, ya que su hijo se lo vendió al empresario Johann Nepomuk Mälzel, que lo reparó y comenzó de nuevo un nuevo viaje demostrativo por Europa y América. En esta época destaca su enfrentamiento con Napoleón Bonaparte en 1809. Durante la partida, Napoleón realizó varias veces movimientos incorrectos hasta que El Turco, operado por Johann Baptist Allgaier, harto de los intentos de engaño del Emperador, tiró las piezas con un movimiento del brazo. Se comenta que tras esto Napoleón se fue diciendo que era capaz de hacer perder la paciencia hasta a los mecanismos. En contra de la etapa anterior, durante esta época si que se conocen todos los operadores de El Turco, reputados maestros ajedrecistas. El Turco acabó sus días en un museo de Filadelfia, en Estados Unidos, donde desgraciadamente fue destruido por un incendio en 1854, perdiéndose así esta maravilla tecnológica, ya que a pesar del engaño sobre su inteligencia, no hay que desdeñar el ingenio de su creador y la complejidad técnica del dispositivo para realizar los movimientos.

Publicado por Vik-Tor el 19 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 5 comentarios para leer

  • 19 septiembre, 2011, 7:34
    Bitacoras.com dijo,

    Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: El conde Ludwig von Cobenzl observaba nervioso el tablero de ajedrez, incrédulo ante lo que estaba ocurriendo. Apenas llevaban media hora y aquel maldito cacharro estaba a punto de derrotarlo, delante de toda la corte imperi……

  • 10 enero, 2013, 7:07
    Torres Quevedo: un ejemplo en el país del "que inventen ellos" | cornisa.net dijo,

    [...] contra un oponente humano, ganando siempre. La invención de Torres Quevedo, que, a diferencia El Turco, no tenía truco, causó sensación en la Feria de París de 1914 y una cobertura relevante en las [...]

  • 7 abril, 2013, 5:37
    Anónimo dijo,

    Que ignorante respuesta sobre su supuesto real funcionamiento. Lo habla como si hubiese estado allí hace más de dos siglos.

  • 20 noviembre, 2013, 6:41
    Uber dijo,

    La verdad como el anterior anónimo me parece ridículo que de como hecho como funcionaba el artefacto sin tener pruebas ni fotos si te tomas el trabajo de investigar mas a fondo podes darte cuenta que hoy en día ahí un hombre que tiene una replica y tampoco se sabe como funciona este artefacto así que antes de escribir algo como eso debes de tomarte el trabajo de investigar mas a fondo.

  • 22 noviembre, 2013, 17:38
    jose marti dijo,

    el ejemplar que tiene ese hombre del que hablan es el de la foto que tiene el almohadón en la parte de adentro… o esa foto es falsa o nose, pero no quiso rebelar el secreto por algo, no creo que la mecanica pueda pènsar por si misma, a nocer que sea con imanes y con un estudio matematico enorme respecto al agedres. Ogala que sea bien mecanico y no una farsa de feria de sirco

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