El asno de Roma

La familia de los Escipiones fue una de las más prestigiosas en los tiempos de la República de Roma, sobre todo gracias al Escipión el Africano, el hombre que derrotó a Aníbal y causó el final de Cartago como potencia del Mediterráneo. Pero toda gran familia tiene su pequeña mancha y esta fue provocada por Cneo Cornelio Escipión Asina en el primer enfrentamiento naval contra los cartagineses en los inicios de la Primera Guerra Púnica.

Tras varios años de relaciones amistosas entre las dos principales potencias de la época, Roma y Cartago, en el 264 a. C. comenzó una guerra que se prolongaría durante más de veinte años. El inicio del conflicto fue provocado por un grupo de mercenarios procedentes de la península itálica, denominados mamertinos, que tras instalarse en la ciudad siciliana de Mesina y conseguir repeler un ataque de Siracusa con ayuda de los cartagineses, tuvieron que solicitar al senado romano que les librara de sus “aliados” cartagineses, que se habían instalado en la ciudad con supuestos fines de protección. Los romanos aceptaron la petición y de inmediato desembarcaron en Sicilia expulsando a los cartagineses de Mesina, lo que significó la declaración de guerra oficial a Cartago.

Poco a poco fueron tomando varias ciudades de la isla, pero Roma seguía teniendo una deficiencia importante ya que su fuerza naval era ínfima y no podían hacer frente a la experimentada flota cartaginesa, que se preparaba para desembarcar en Italia. Por ello el senado romano tomó la decisión de construir una flota de guerra, comenzando su construcción en los astilleros de las ciudades de origen griego situadas en el sur de Italia, más experimentadas en navegación, inspirándose para la creación de los navíos en los cartagineses. También necesitaban marineros, por lo que los tuvieron que entrenar rápidamente, pero al no estar aún listos los barcos, recurrieron al curioso sistema de entrenarlos en tierra, simulando las posiciones de remeros en los navíos y enseñándoles a manejar los remos de esta guisa. Estaba claro que este entrenamiento apresurado no presagiaba ya nada bueno.

Las Islas Eolias

Las Isla Eolias. Fuente:wikipedia.org Autor:NormanEinstein

Así llegamos al 260 a. C., cuando la flota de cien quinquerremes y veinte trirremes estuvo lista para el combate. Escipión Asina, cónsul electo de aquel año, tras llegarle rumores de la posible decantación de la ciudad de Lipari, en una de las Islas Eolias, hacia el bando romano, decidió lanzarse a la aventura, partiendo de Mesina con diecisiete navíos. Los romanos fondearon en la bahía de la pequeña isla sin encontrar resistencia, pero su tranquilidad pronto se vería rota. Aníbal Giscón, comandante en jefe de los cartagineses en Sicilia, envió rápidamente al senador Boodes al mando de una pequeña flota de veinte navíos, que aprovechando la noche consiguieron bloquear el puerto impidiendo la huida de los barcos romanos. Con la llegada del día, al verse rodeados por los cartagineses, las tropas romanas abandonaron los barcos huyendo por tierra, dejando solo a Escipión Asina, al que no le quedó otra que rendirse a los cartagineses, dando así por finalizada la denominada Batalla de las Islas Lipari, aunque de batalla tuvo poco como hemos visto. Por esto recibió nuestro pobre cónsul el sobrenombre de Asina, que quiere decir “El asno”, llevando siempre la marca de la primera derrota naval de Roma.

Trirreme

Maqueta de trirreme romano. Fuente:wikipedia.org. Autor:Rama

Pero esta derrota fue solo una pequeña alegría para los cartagineses que poco les duraría, ya que el otro cónsul de aquel año, Cayo Duilio consiguió derrotarlos frente a las costas de Mylae. Pero aún así, la flota romana no fue significativa para el final de la Primera Guerra Púnica, ya que siguió patente la impericia marítima de los romanos tras varios desastres navales que hicieron que se centraran en su poderío militar sobre tierra. Nuestro protagonista también pudo resarcirse de su brillante acción anterior al ser nombrado cónsul nuevamente en el 254 a. C y al mando de una flota de trescientos navíos, junto a su colega Aulo Atilio, puso sitio a la ciudad siciliana de Palermo, tomando finalmente la ciudad, con lo que consiguió ser recompensado con el honor del  triunfo a su regreso, viendo así la ciudad de Roma como un Asno se paseaba triunfante por sus calles.

Publicado por Vik-Tor el 16 julio, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 16 julio, 2012, 9:15
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