Ciudades del pasado

Desde el principio de la historia, tras el paso de cazador-recolector nómada a agricultor-ganadero sedentario, el hombre, como buen animal social, comenzó a construir las primeras poblaciones urbanas que evolucionaron a lo largo de los siglos hasta las megaciudades de hoy en día. Si hace unas semanas hablábamos de las ciudades del futuro, hoy vamos a volver la vista hacia atrás y visitaremos tres ciudades de nuestro pasado que destacaron por su singularidad.

En nuestra primera parada nos remontaremos al lejano pasado de hace unos 8000 años, en pleno Neolítico, en las llanuras de Anatolia, en la actual Turquía, surgió la ciudad de Çatal-Hüyük. La característica singular de esta población es el apiñamiento de las casas, sin calles ni espacios intermedios, cuya entrada se encontraba en el tejado, accediendo a su interior mediante una escaleras de madera. Esta autentica ciudad-colmena estaba construida con adobe, usando el yeso para el enlucimiento del interior de las casas, sin dejar ángulos rectos, que estaba compuestas por una habitación central con bancos, zonas para dormir y un hogar, y algunas habitaciones secundarias usadas para el almacenaje. Tenían también templos que destacan por sus cabezas de toro, asociados a algún tipo de culto masculino, y las figurillas femeninas, que se interpretan como representaciones de la Diosa-Madre, relacionada con cultos a la fertilidad. Se estima que fue habitada por entre 5000 y 8000 habitantes a lo largo de sus mil años de historia, hasta que un incendio destruyó la ciudad hacia el 5700 a.C. Este verano el yacimiento arqueológico fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Reconstrucción de habitación con cabezas de toro. Fuente: wikipedia.org Autor: Georges Jansoone

Para llegar al siguiente destino nos desplazamos hacia el oeste, a orillas del río Indo, en el interior de Pakistán, donde surgió la civilización del Valle del Indo, cuyo culmen urbanístico fue la ciudad de Mohenjo-Daro, fundada hacia el 2600 a.C, también Patrimonio de la Humanidad desde 1980. Lo primero que sorprende de esta población es su moderna planificación, que debió realizarse con anterioridad a su construcción, definiendo criterios urbanísticos y sanitarios que sorprenden para un pasado tan remoto. Dividida en barrios y sectores, se componía de avenidas principales con orientación norte-sur, cortadas perpendicularmente por callejones que favorecían las corrientes de aire y daban la sombra adecuada para soportar las épocas de calor sofocante. Las casas estaban construidas con ladrillo cocido, sin ventanas, y oscilaban entre los cincuenta y los ciento cincuenta metros cuadrados. Las más grandes se componían de dos pisos, con las habitaciones en la parte superior y la cocina y los baños en el piso inferior, dando todo a un patio central descubierto. Las casas disponían de agua corriente y todos los desechos de las casas eran eliminados por un perfecto sistema de alcantarillado subterráneo que desembocaban en grandes colectores, un sistema sin igual entre las ciudades del antiguo Oriente.

Ruinas de Mohenjo-Daro. Fuente: wikipedia.org Autor:Grjatoi

En la parte superior de la ciudad destaca la ciudadela que se alza sobre un montículo artificial de 15 m. de altura, compuesta por tres edificios principales: el Gran Baño, un tanque de agua rectangular que pudo servir como baño ceremonial o piscina pública; el Granero, del que sólo queda la base de ladrillo, ya que la estructura estaría realizada en madera.; y la Casa de los Sacerdotes, estructura compuesta por varias habitaciones, cuya finalidad se desconoce realmente, hipotéticamente se trataría de la residencia de algún tipo de sacerdote. Precisamente uno de los aspectos de la ciudad, el religioso, es el que destaca por la ausencia de restos que puedan ser identificados como templos, ni grandes iconografías religiosas a parte de algunas estatuillas rasgos típicos de otras civilizaciones contemporáneas en Oriente. Esto ha hecho que surjan especulaciones sobre su religión, si pudieran no tener unos cultos institucionalizados, o hubiera algún tipo de prohibición de de representar a sus dioses. Esta maravillosa ciudad que llegó a albergar a más de treinta mil habitantes, que vivieron de la agricultura, la ganadería, junto con la pesca y el comercio facilitados por el río indo, vio su final a sangre y fuego a mediados del II milenio a. C a manos de las tribus indoarias que invadieron la región del Punjab, convirtiendo Mohenjo-Daro en una gigantesca tumba. Precisamente de ahí deriva el nombre del yacimiento, “la colina de los muertos”.

Complejo de la Colina de Gran Zimbabwe. Fuente: wikipedia.org

En nuestro último viaje cambiamos de continente, nos desplazamos al sur de África, y también realizamos un gran salto en el tiempo hasta situarnos en plena Edad Media europea. Siempre se pensó que en el África subsahariana, no había habido poblaciones lo suficientemente avanzadas para realizar grandes construcciones, a pesar de los relatos de navegantes portugueses del siglo XVI que daban noticia de la existencia de una gran fortaleza de piedra entre los ríos Limpopo y Zambeze, en el actual Zimbabwe. Hubo que esperarse hasta mediados del siglo XIX para que se pudiera confirmar realmente la existencia de lo que se denominó las ruinas del Gran Zimbabwe (casas de piedra en lengua shona). Construida con bastante probabilidad entre los siglos XII y XVI por la tribu de los Gokomere, creadores del Imperio Monomotapa, pertenecientes a las Gran Nación Shona, se extiende a lo largo de siete kilómetros cuadrados y está compuesta por varios complejos realizados íntegramente con piedra en los que llegaron a habitar más de diez mil personas.

Torre cónica dentro del Gran Recinto. Fuente: wikipedia.org

Destacan el fuerte situado sobre una colina, denominado El Gran Recinto, con una torre cónica de nueve metros de altura, rodeada con muros de hasta once metros de altura, donde probablemente residirían los gobernantes de la ciudad; el Complejo del Valle, con estructuras más bajas y por último el Complejo de la Colina, posible centro religioso de la ciudad, donde se localizó la escultura del Ave de Zimbawe, símbolo del país. Por los restos encontrados de  cerámica y elementos de hierro, fue con seguridad un importante centro comercial de la época, pudiendo entrar en contacto con lugares tan lejanos como China. Es increíble descubrir que regiones en las que se creía que sus habitantes eran poco más que cazadores-recolectores que vivían como en el Paleolítico pudo surgir una civilización tan avanzada como para realizar estas grandiosas construcciones que, como no, son Patrimonio de la Humanidad desde 1986.

Publicado por Vik-Tor el 21 noviembre, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 21 noviembre, 2012, 7:37
    Bitacoras.com dijo,

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