Augusto no quiso ser menos que César

Si hay algo que le debemos a Julio César es nuestro calendario actual, ya que el fue él quién encargo que se le diera forma llegando prácticamente a nuestros días, con tan solo la reforma realizada por el Papa Gregorio XIII. Aunque como veremos, su sobrino y primer emperador de Roma también quiso dejar su impronta.

Busto de Julio César

A lo largo de la historia de Roma el calendario había sufrido numerosos cambios, llegando en época de César a ser de 366 días  y cuarto, dividido en trece meses, que incluían más o menos los actuales más un mes intermedio entre Febrero y Marzo (que era cuando comenzaba el año romano), de 22/23 días, denominado Mercedino. Esto había llegado a provocar un desfase con las estaciones climatológicas que no podía continuar, ya que cada 35 años se adelantaba un mes. Para ello César encargo a Sosígenes de Alejandría que realizara un estudio para adaptar el año civil al año solar. Y así, en el año 46 a. C, se añadió al mes de Septiembre un intervalo de 67 días para corregir el desfase acumulado. El siguiente paso fue establecer el año de 365 días, dividido en 12 meses, con 31 días los impares y 30 días los pares, completándose Febrero, el último mes del año, con los 29 días que faltaban. Pero aún así, quedaba un pequeño desfase  por corregir, ya que el año astronómico dura algo más de los 365 días, así fue como se estableció el año bisiesto, que añadiría un día más a Febrero cada cuatro años, contando ese año con 30 días. Así había nacido el calendario juliano.

Busto de Augusto

En este momento os estaréis preguntando ¿Febrero no tiene 28 días y los años bisiestos 29? Pues ahí queríamos llegar. Tras la muerte de César, el mes de Quintilis había sido renombrado como Julius en su honor. El senado de Roma, para no herir el orgullo del emperador Augusto, decidió en el 23 a. C dedicarle el mes de Sextilis, nuestro actual Agosto. Pero según la división del calendario juliano,  el mes de Julius tenía 31 días, por lo que para que la cosa estuviera igualada, había que añadirle a Augustus un día más, restándoselo al mes de Febrero. Esto provocó también que los cuatro meses siguientes cambiaran la duración, pasando de 31 a 30 septiembre y noviembre, y de 30 a 31 octubre y diciembre. Y así es como, por halagar la vanidad de un emperador, el mes de Febrero se quedó con 28 días.

Publicado por Vik-Tor el 16 abril, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

  • 16 abril, 2012, 7:32
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