Los héroes menos conocidos del día D

Hoy, sexto día del mes de junio, se cumplen 67 años del desembarco aliado en las costas de Normandía durante la Segunda Guerra Mundial, la mayor operación naval de la Historia, que significó el comienzo de la campaña militar que acabaría librando a Francia del nazismo y forzaría el fin de la guerra en el continente europeo.

Se ha escrito, narrado y filmado mucho sobre este acontecimiento y pocas cosas se pueden añadir ya pero, aunque es sobradamente conocido el papel jugado por estadounidenses y británicos en este día, quizá no todo el mundo conozca la aportación decisiva de un extenso, discreto y tranquilo país: Canadá.

Aquel histórico día las tropas aliadas alcanzaron las costas normandas en cinco playas: los americanos en Omaha y Utah, los británicos en Gold y Sword y los canadienses en Juno, en mitad de la zona británica. Ya en la noche previa, soldados canadienses del Primer Batallón Paracaidista fueron de los primeros aliados que pusieron pie en suelo francés, con la misión de tomar los puentes en los alrededores de Varaville y neutralizar los elementos defensivos alemanes.

Fuente: cbc.ca

A primera hora de la mañana siguiente, con un mar en condiciones muy adversas, la Tercera División de Infantería de Canadá desembarcaba en la playa de Juno, bajo intenso fuego enemigo y con tardío apoyo de los tanques anfibios Sherman DD. Al finalizar el día, tras duros combates con la 716 División alemana, los canadienses, a pesar del elevado número de bajas sufridas, habían penetrado en territorio francés más que ningún otro ejército aliado, habiendo llegado a cruzar la carretera Caen-Bayeux, varios kilómetros hacia el interior.

Pero los canadienses ya habían pagado un precio muy alto dos años antes, en agosto de 1942, cuando más de 4000 de sus hombres fueron masacrados por los alemanes durante el asalto a la costa francesa en la localidad de Dieppe, en una operación, de nombre clave Jubilee, que pretendía capturar el puerto, retenerlo cierto tiempo y volver al otro lado del Canal, para demostrar de esta forma que era posible desembarcar y establecer una cabeza de playa en la Francia ocupada. La operación resultó un absoluto desastre y una prueba muy dura para el país de la hoja de arce, pero también supuso un valioso aprendizaje de cara al día D, en el que devolvieron el golpe.

Soldados canadienses desembarcando en Juno. Fuente: cbc.ca

Recreando este hecho histórico y como homenaje a la contribución de los soldados canadienses en el asalto al “muro atlántico” se estrenó en el país norteamericano a finales del año pasado año la película documental “Storming Juno“, que recrea cinematográficamente, con gran despliegue de medios, los acontecimientos de aquel día en la playa con nombre de diosa e incluye testimonios reales de algunos participantes. Un pequeño tributo a aquellos jóvenes canadienses que dieron, con su sacrificio, un importante paso para liberar a los pueblos de Europa de la tiranía.

Storming Juno – Official Trailer

Publicado por el 6 junio, 2011 en Historia olvidada | 4 comentarios

Cuando Tesla hizo temblar la tierra

Un tranquilo día de 1898 los vecinos de varios bloques de edificios de Manhattan de los concurridos barrios Chino e Italiano empezaron a experimentar un temblor que pronto comenzó a sacudir todos los edificios y romper cristales, provocando que la gente saliera asustada a las calles de Nueva York. La policía, tras comprobar que el temblor se circunscribía solo a aquella pequeña parte de la ciudad y sospechando de quién podía ser el causante, enviaron a dos de sus agentes al número 46 de la calle East Houston. Justo antes de entrar en el edificio notaron que el temblor cesaba, y al traspasar la puerta de un laboratorio, los recibió un hombre alto y delgado, con bigote, elegantemente vestido, y armado con un martillo, diciéndoles “Caballeros, lo siento. Han llegado tarde para contemplar mi experimento. He visto necesario detenerlo de forma súbita y inesperada… ” y añadió mirando el martillo “ y de una forma inusual”. Este hombre era Nikola Tesla, el genial inventor que nos dio, entre otras cosas, la corriente eléctrica alterna gracias a la cual estás leyendo esto.

Tesla Laboratory

El causante de aquel incidente había sido un pequeño oscilador electromecánico con el que Tesla estaba experimentando aquel día para su investigación en la resonancia mecánica. Tras colocarlo sobre un pilar de su laboratorio, la vibración provocada comenzó a extenderse por los subterráneos del edificio hacia los edificios colindantes creando el caos entre sus vecinos. Tan absorto y fascinado estaba que hasta que no notó que todo su laboratorio estaba temblando no decidió finalizar el experimento de forma contundente dándole un martillazo al oscilador.

Otro de sus experimentos se lo relataría algunos años después a un periodista. Esta vez Tesla decidió experimentar fuera de su laboratorio y tras localizar un edificio en construcción en el barrio de Wall Street, que aún era un esqueleto de metal, colocó el oscilador sobre una de las vigas y lo activó. En pocos minutos toda la estructura de diez pisos del edificio empezó a vibrar, asustando a los trabajadores y provocando de nuevo que la policía hiciera acto de presencia. Antes de que nadie se pudiera dar cuenta de lo que pasaba, Tesla desactivó el dispositivo, se lo guardó en el bolsillo y continuó su camino. En la misma entrevista el inventor aseguró que en menos de una hora podría derribar el puente de Brooklyn, y llego a afirmar que con una máquina adecuada y dinamita, sería capaz partir la Tierra en dos. Esta claro que Tesla siempre pensaba a lo grande.

No se sabe a ciencia cierta si estos episodios ocurrieron tal cual o estaban magnificados por Tesla, aficionado a hacer grandes aseveraciones sobre sus investigaciones, pero así nos lo relata Margaret Cheney en una de las mejores biografías hechas sobre el inventor, Tesla: The Man Out of Time, que tiene edición en español (prologada por uno de los fans letales de Tesla que es Nacho de Microsiervos). En un episodio del año 2006 del programa Cazadores de Mitos intentaron reproducir el experimento de varias formas, pero con el experimento final sobre el puente Carquinez solo consiguieron provocar una vibración que se podía sentir a cierta distancia, pero nada parecido a un terremoto. Si llegó a crear o diseñar realmente aparatos con esa potencia, probablemente nunca lo sepamos y quede como uno de los tantos misterios que rodean a este genio.

Para aquellos que quieran intentar emular a Tesla, existe un libro con el rimbombante titulo de Nikola Tesla’s Earthquake Machine: With Tesla’s Original Patents Plus New Blueprints to Build Your Own Working Model,  que parece dar las claves para construirlo, pero creo que, salvo que te creas las peregrinas teorías conspirativas sobre los terremotos ocurridos los últimos años que circulan por la red,  por ahora nadie lo ha conseguido ;-).

Publicado por el 2 junio, 2011 en Historia olvidada, Tecnología | 33 comentarios

Napoleón y las entrevistas de trabajo

Siempre recordaré una entrevista de trabajo en la que, en un momento dado y sin que aparentemente existiera ninguna relación con el contexto de la conversación que estaba teniendo lugar, el entrevistador le disparó al entrevistado (que resultaba ser un servidor) la siguiente pregunta: “¿Te consideras una persona con suerte?” No recuerdo sinceramente qué respondí (supongo que fue una respuesta lo más discreta y neutra posible para salir del paso) y durante un tiempo, con el hecho ya convertido en anécdota, me pregunté de qué decálogo de trucos para selección de personal habría salido esta treta. Pero la respuesta quizá está en la Historia.

“Dadme generales con suerte”. De entre las muchas frases atribuidas a Napoleón Bonaparte que se pueden encontrar, sin duda ésta ilustra a la perfección la devoción por la Diosa Fortuna que parecía tener el Gran Corso. Cuentan las historias (verdaderas o no) que en la elección de los oficiales para su cúpula militar el emperador francés valoraba la suerte de sus candidatos como un factor diferencial e interrogaba acerca de su relación con la ventura o la desventura.

Napoleón

Quizá exista la llamada suerte de los campeones, quizá Bonaparte tuvo suerte (ese encadenamiento poco probable de hechos externos, felices y difícilmente comprensibles) cuando consiguió evitar a Nelson de camino a Egipto y dejar para la Historia una piedra única y una arenga irrepetible a la sombra de las pirámides, o se consideró un instrumento de la Providencia mientras sus ejércitos le hicieron dueño de Europa, pero cuando, en las inmediaciones de Waterloo, la caballería prusiana arrollaba a la Guardia Imperial probablemente el corso sintió que la suerte que tanto veneraba le había abandonado.

Como dicen que él mismo dijo, a veces una batalla lo decide todo, y a veces la cosa más insignificante decide la suerte de una batalla.

Con todo y con eso,  y en un sentido más amplio, la figura de Napoleón está presente en la empresa y en el llamado “management”. Y para muestra un botón (un artículo realmente) y hasta un libro.

Y tú, ¿te consideras un persona con suerte?

Publicado por el 10 mayo, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Un genio en la corte del Rey Felipe II

Cuenta la leyenda que un autómata de madera vestido con los ropajes de un monje, el Hombre de Palo, recorría el centro del Toledo del siglo XVI mendigando para regresar al final del día a la casa de su anciano y paupérrimo amo con lo poco que había conseguido. Su supuesto artífice era Giovanni Torriani, más conocido como Juanelo Turriano, un auténtico maestro de la relojería y la ingeniería, al nivel del mismísimo Leonardo Da Vinci, que de forma inmerecida ha quedado prácticamente olvidado en las arenas del tiempo de la historia de nuestro país.

Busto de Juanelo Turriano

Juanelo Turriano nació en 1501 en la ciudad italiana de Cremona. Su familia era humilde, propietarios de dos molinos sobre el río Po, pero esto no impidió formarse al joven Juanelo, gracias en parte al mecenazgo de Giorgio Fondulo, un físico, médico, filosofo, matemático y astrólogo que enseñaba en la Universidad de Pavía. Ya en su juventud fue reconocido por sus habilidades como relojero en su Cremona natal, y más adelante comenzó a ampliarse su fama al trasladarse a Milán y construir allí un magnifico reloj de mil ochocientas piezas y tres muelles, que mostraba las ochos esferas planetarias y marcaba las horas lunares y solares, instrumento que fue regalado al Emperador Carlos V en el año 1551. El rey, encantado con las habilidades del relojero, le concede una pensión de ciento cincuenta ducados, y le encarga un nuevo reloj, el Cristalino, en el que una esfera de metal cubierta por un cristal mostraba un zodiaco móvil. Para su finalización debe trasladarse a Bruselas, y es desde ahí desde donde parte hacia España en 1556 acompañando a Carlos V al monasterio de Yuste, tras su abdicación en su hijo Felipe.

Tras la muerte del emperador, Felipe II nombra a Juanelo Matemático Mayor y lo deja al cargo de los relojes reales, comenzando aquí su etapa más importante como ingeniero. Participó en la construcción de El Escorial, diseñando las campanas y probablemente ayudando a Juan de Herrera en el diseño de grúas y demás ingenios usados en la magna obra encargada por Felipe II. En 1563 el papa Gregorio XIII solicitó su colaboración para acometer la reforma del calendario, siendo su aportación bastante significativa como se puede ver en la tabla de cálculo que acompaña su Breve discorso alla Majestad de Re Católico interno la reduttione dell anno et restitutione del Calendario con la dichiaratione deglo instrumenti da esso per mostrarla in atto prattico, documento depositado en la Biblioteca del Vaticano. Otras de sus aportaciones significativas fueron en las obras de ingeniería hidráulica más relevantes de la época, como la Acequia Real del Jarama, la Acequia de Colmenar de Oreja, el pantano de Tibi en Alicante y por supuesto, la obra hidráulica que le daría mayor fama, el Artificio de Juanelo, construido para surtir a Toledo del agua del Tajo.

Maqueta del artificio realizada por Juan Luis Peces Ventas. Fuente: coiim.es

En 1565 el marqués de Vato encarga a Juanelo, en nombre de la ciudad de Toledo, la construcción de una máquina hidráulica con la que poder sacar el agua del Tajo y subirla a los depósitos situados debajo del Alcázar, salvando un desnivel de 90 metros. En el contrato se indica que el ingenio, a construirse en tres años, debía extraer diariamente unos 12400 litros y si se cumplían tales condiciones, se le pagarían 8000 ducados iniciales, y luego 1900 anuales. El italiano realizó perfectamente la obra, superando incluso la cantidad de agua solicitada, llegando a subir 17000 litros diarios. Pero a partir de aquí comenzaron los problemas para el pobre Juanelo. Los propietarios del Alcázar se negaron a repartir el agua con la ciudad, por lo que las autoridades de Toledo se negaron a pagarle las cantidades estipuladas en el contrato. El ingeniero no tuvo más remedio que pagar el mantenimiento del ingenio durante seis años, llevándole prácticamente a la ruina. En 1575 consigue que el Rey, junto con la ciudad, costeen la construcción de un nuevo artificio, esta vez basado en cucharas, que finalizaría en 1581. Felipe II pagó su parte, pero la ciudad, en una nueva muestra de tacañería, volvió a negarse a entregar la suya, lo que llevo a Juanelo a la desesperación, teniendo que abandonar el mantenimiento de su genial obra. Aun así la fama, ya que no la fortuna, si acompaño al italiano, siendo mencionado en los escritos de los grandes del Siglo de Oro: Lope de Vega, Quevedo y Góngora. Falleció el 13 de junio de 1585 en Toledo, completamente arruinado después de haber dado tanto a la ciudad que le negó sus derechos.

En los últimos años se ha ido poco a poco reivindicando la figura de este insigne ingeniero. Ya en los años 70 y luego a finales de los 90 se intentó reconstruir el artificio, del que no quedó plano alguno, pero problemas administrativos volvieron a dar al traste con la obra. Desde 1987 existe la Fundación Juanelo Turriano, encargada de mantener la memoria del genio italiano que se merece que su nombre sea grabado con letras de oro en la historia de España.

Publicado por el 9 mayo, 2011 en Historia olvidada | 2 comentarios

El ordenador de dos mil años de antigüedad

Octubre de 1900, costa de la isla de Anticitera. Una fuerte tormenta ha dejado aislado el barco del capitán Kondos, por lo que mientras esperan a que amaine, los buceadores recolectores de esponjas deciden echar un vistazo a la zona. Elías Stadiatos vuelve de la inmersión asustado, hablando de extraños cuerpos de hombres y animales pudriéndose en el fondo. Lo que había descubierto realmente eran los restos del naufragio de un pecio romano, entre los que había estatuas de mármol y cobre, ánforas y utensilios de la época, tesoros que llevaban más de dos mil años esperando ser encontrados. Pero había algo más entre los restos, algo realmente peculiar: la que podríamos considerar la primera computadora conocida creada por el ser humano.

Fragmento principal A

El descubridor del extraño artefacto fue Valerios Stais, que en 1902 localizó los primeros fragmentos del curioso mecanismo hecho de bronce y compuesto por varios engranajes; se localizaron 30, pero en principio se habla de que tendría por lo menos 35 aunque algunos suponen que podría llegar a tener hasta 72. A lo largo de los años se fueron encontrando más fragmentos con los que se ha podido ir determinando finalmente cual era su función real. El dispositivo estaba colocado en una caja de madera, con tapas, y estaba lleno de inscripciones en griego que servían como manual de usuario del mecanismo. Cuando una fecha era introducida mediante una manivela lateral, no encontrada entre los restos, el aparato mostraba mediante varias esferas frontales la posición del Sol, la Luna, y otra información astronómica, como la posición de los planetas o la de algunas estrellas, eclipses lunares y solares, las fechas de los juegos olímpicos, etc., todo ello basado en el modelo geocéntrico y sumando los conocimientos astronómicos griegos, egipcios, mesopotámicos y levantinos. Con este pequeño aparato (se supone que medía 34x18x9 cm) se podía viajar a cualquier lugar y tener un calendario lunisolar preciso en todo momento, predecir las estaciones, los periodos de siembra y de cosecha; ser, en definitiva, la herramienta perfecta para cualquier científico de la época.

Reconstrucción de la máquina de Anticitera. © 2008 Tony Freeth, Images First Ltd.

Resulta increíble pensar lo avanzada que podía estar realmente la tecnología en el año 100 a. de C. y lo lamentable que es que no haya llegado hasta nuestros días ninguna otra maravilla como esta, tardándose más de 1500 años en volver a crearse algo con tal precisión. Pero por lo que sabemos por la De Republica de Cicerón, está no fue la única máquina de engranajes de la época. Arquímedes llegó a contruir a finales del siglo III a. de C. dos planetarios de mesa que predecían los movimientos de la Luna, el Sol y los cinco planetas conocidos por aquel entonces, que quizás fueran los antecesores de la máquina de Anticitera. Dichos mecanismos fueron llevados a Roma tras la muerte de Arquímedes en el asedio de Siracusa y ahí se les pierde la pista. Solo podemos dejar llevarnos por la imaginación y soñar como hubiera sido la historia del mundo si estos primitivos ordenadores analógicos se hubieran desarrollado y expandido por todas las civilizaciones de la antigüedad. Quién sabe que nivel tecnológico podríamos tener hoy en día.

En el artículo La computadora de Anticitera del blog La Pizarra de Yuri podéis encontrar una descripción mucho más detallada del mecanismo, con sus esferas explicadas minuciosamente, y en la página del Antikythera Mechanism Research Project tenéis toda la información relacionada con este fantástico dispositivo.

Como curiosidad os dejo también este vídeo donde se muestra la versión completamente funcional del mecanismo hecha con Lego.

Publicado por el 27 abril, 2011 en Historia olvidada | Se el primero en comentar

Garbo, el español que derrotó a los Nazis

Estamos en 1940. La Segunda Guerra Mundial acaba de estallar y los ejércitos de Hitler comienzan a expandirse por toda Europa. Araceli Gómez se encuentra sentada, nerviosa, esperando ser recibida en la Embajada de Gran Bretaña en Madrid. Por fin la hacen pasar al despacho del embajador, y allí les explica a unos estupefactos británicos que su querido marido Joan quiere ser espía y ayudar a derrotar a los nazis. Lógicamente, los británicos le dan una palmadita en la espalda a la pobre mujer y le dicen que si eso que mande una solicitud y ya verán, indicando claramente que no quieren saber nada del tema. De esta forma comienza la increíble historia de Joan Pujol, alias Garbo, el español al que el mundo le debe en gran medida habernos librado del nazismo.

Joan Pujol

Joan Pujol García vino al mundo en la ciudad de Barcelona en 1912 en el seno de una familia liberal. El inicio de la Guerra Civil sorprendió a Joan trabajando en una granja avícola, y no simpatizando con ninguno de los dos bandos, rehuyó incorporarse a filas escondiéndose en casa de unos amigos. Pero al final fue descubierto y se tuvo que alistar en el ejercito republicano, aunque lo hizo bajo una falsa identidad. Al final de la guerra se pasó al bando franquista, pero en ningún momento llego a disparar ni un solo tiro durante toda la contienda. Viendo pronto que el fascismo era tan nefasto como el comunismo soviético, toma el tipo de decisión que marca la diferencia entre un hombre corriente y un héroe: decide que debe contribuir en la lucha contra el nazismo.

Tras sus primeros infructuosos intentos de colaborar con los ingleses, toma el camino de convertirse en un agente doble y ni corto ni perezoso, en la primavera de 1941 se planta en la Embajada Alemana, donde le recibe el agregado militar. Pujol engatusa al germano inventándose una tapadera en Gran Bretaña y mostrándole documentos falsificados consiguiendo inmediatamente pasar a colaborar para la Abwehr (el servicio de inteligencia alemán), bajo el nombre clave de Arabel. Para comenzar el trabajo los alemanes le entregan tres mil libras esterlinas y un bote de tinta invisible, encomendándole la misión de dirigirse a Londres para comenzar sus operaciones de espionaje. Pero Pujol se traslada a Portugal con ese dinero, y tras fracasar nuevamente en sus intentos de colaborar con los británicos en Lisboa, comienza su labor desinformadora. Consigue guías y mapas de Gran Bretaña, un diccionario de términos militares, algunos periódicos, y con esto y la ayuda de su querida Araceli, empieza tejer su red de mentiras y agentes ficticios convenciendo a los alemanes que todos sus informes eran verídicos y provenían de Londres. Incluso llega a decirles que ha conseguido un trabajo en la BBC, con lo cual en la  Abwehr daban palmas con la orejas por la suerte que habían tenido al fichar a aquel españolito. Para poder justificar que los envíos fueran desde Portugal, se inventó a un piloto de las aerolíneas KLM que era el que “trasladaba” los informes a Lisboa, desde donde partían hacia Berlín.

Ya completamente establecido en la capital portuguesa, volvió a intentar ofrecer sus servicios, esta vez a la embajada Estadounidense, los cuales si le creen y lo ponen en contacto con el MI5 británico, que finalmente lo aceptan, y por fin el 25 de Abril de 1942 pisa suelo londinense. Tras dos semanas de interrogatorio confirman que Pujol es Arabel, ya que llevaban tiempo interceptando los imaginativos informes de este “espía aleman”, tan perfectos que el MI5 no podía creer que Pujol jamás hubiera pisado territorio inglés. Bautizado como Garbo, por sus grandes dotes de actor, comienza la segunda etapa como espía bajo las ordenes de Tomas Harris. Le construyen una red de 24 colaboradores imaginarios distribuidos por toda Gran Bretaña, con la que justificar todos lo informes remitidos por Garbo a los alemanes, en los que se mezclan hechos reales con invenciones para hacerlos lo más creíbles posibles.

Desembarco aliado en la playa de Omaha, en las costas de Normandía

En 1944 se inicia la operación Fortaleza con el fin de crear una cobertura para el desembarco de Normandía, cuya misión era convencer a los nazis que el desembarco aliado sería efectuado por Calais, no antes de Julio de 1944, precedido por un ataque de un ficticio Cuarto Ejercito británico a Noruega. Garbo consiguió convencer a los alemanes que las costas británicas estaban llenas de soldados preparando el desembarco en Francia y que lo que iba a ocurrir en Normandía era una distracción para el ataque principal en Calais. Llegó incluso a notificar del desembarcó aliado en las costas de Normandía tres horas antes de que se produjera, y los alemanes siguieron creyendo semanas después de que lo que estaba ocurriendo solo era una mera distracción, con las tropas aliadas ya desplegadas por toda Francia. Cuando se quisieron dar cuenta de lo que ocurría realmente era demasiado tarde y ya sabemos todos como acabo la historia. Aún así los alemanes siguieron creyendo a Pujol e incluso el mismo Hitler le impuso la Cruz de Hierro por sus logros por la causa nazi. En las navidades de 1944 recibiría también la merecidísima Orden del Imperio Británico por su ayuda en la derrota de la Alemania nazi.

Tras acabar la guerra, temiendo posibles represalias alemanas, fingió su muerte y, abandonando a su familia, huyó a Venezuela, desapareciendo de la Historia durante cuarenta años hasta que en 1984 fue localizado por el historiador militar Nigel West en Caracas y pronto salió a la luz su existencia, con la publicación de su biografía “Operación Garbo” en 1985, escrita por el propio Pujol con ayuda de West. Recientemente la película documental Garbo, el espía ha reivindicado nuevamente la figura de este singular personaje de la historia de nuestro país.

Recordando la famosa frase de Wiston Churchill de “nunca tantos debieron tanto a tan pocos” dicha tras la Batalla de Inglaterra, en este caso tenemos que decir que nunca tantos debimos tanto a un solo hombre.

Publicado por el 21 abril, 2011 en Historia olvidada | Se el primero en comentar

La música del Diablo

En música el tritono es un intervalo que abarca tres tonos completos (intervalo de cuarta aumentada o de quinta disminuida). Ocurre de forma natural entre el cuarto y séptimo grados de la escala mayor (por ejemplo entre Fa y Si en la escala de Do mayor). Hasta aquí solamente un poco de teoría musical. Pero este intervalo no es como los demás, atesora un oscuro pasado y ha sido conocido por un inquietante sobrenombre: diabolus in musica.

Cuenta una leyenda antigua que apenas terminaba de sonar la última campanada de la medianoche, cuando la oscuridad cubría por completo los pueblos y los lugareños dormían cobijados tras los muros de sus casas, unos pasos tenues se dejaban oir en la soledad de los cementerios y un siniestro sonido de violín rompía el silencio nocturno e invitaba a los muertos a danzar hasta el amanecer.

Camille Saint-Saëns puso música al poema de Henri Cazalis sobre esta leyenda en su Danza Macabra (Danse Macabre Op. 40) Primero se escuchan las campanadas de las doce, luego la Muerte hace su aparición y su violín suena en tritono, comenzando la danza que continuará al son de la flauta hasta que el sol del nuevo día desvanezca el maléfico ritual.

Camille Saint-Saëns – Danse Macabre

El compositor francés utilizó acertadamente el intervalo de tres tonos en pleno Romanticismo, cuando el tritono había recuperado plenamente su hueco en la composición musical, pero esta enigmática combinación de notas había estado marcada a lo largo de muchos siglos por la mirada acusadora de la ortodoxia religiosa.
Durante la Edad Media el tritono era considerado un sonido satánico, que empujaba a cometer actos impuros, una puerta por la que el Diablo se adentraba en el alma de los hombres a través de la música, y era evitado a toda costa, al ser su uso rotundamente prohibido por la Iglesia. Esto provocó, tras la redistribución de la escala llevada a cabo por el monje Guido D’Arezzo en el siglo XI, la marginación del Si (la nota “sensible”, el séptimo grado), pues representaba una tentación que incitaba al sonido del demonio.

Danza macabra

Fuente: musicajosedelcampo.blogspot.com

Los cambios sociales y culturales hicieron que se fuera relajando la vigilancia sobre el tritono, que podía ser usado durante los siglos XVI y XVII si su utilización iba acompañada de una justificación clara, y comenzó a ser aceptado, aunque con reservas, en las composiciones musicales en el siglo XVIII durante el Barroco.

En la actualidad el uso del tritono está normalizado. El Ocaso de los Dioses de Wagner, la música de los Simpsons o el sonido de encendido de los Mac contienen tritonos, y el jazz, el blues y otros muchos géneros los utilizan, brillando con luz propia en el heavy metal. A modo de ejemplo, Black Sabbath hace un marcado uso del tritono en el tema que lleva por título el propio nombre de la banda y se recoge en su álbum de debut:

Black Sabbath – Black Sabbath (1970)

Las oscuras supersticiones medievales parecen hoy absurdas. No creo que nada despierte en vuestro interior al escuchar el “intervalo del Diablo” ¿o sí…? Creo que tengo un sensación extraña…Escuchen y juzguen.

P.D.: muchas gracias a Demons por la idea y por su colaboración.

Publicado por el 10 abril, 2011 en Historia olvidada | 6 comentarios

De asedios pasados y caballeros modernos

La Historia está salpicada de hechos bélicos caracterizados por la teórica desproporción de fuerzas de los contendientes y dotados de una serie de ingredientes que hacen que se deslicen hacia el terreno de la leyenda. El asedio de Malta es uno de ellos.

Corría el año 1565 y el Imperio Otomano se encontraba en la cima de su poder en el Mediterráneo tras la derrota de la flota española en Djerba. En 1530, la Orden Militar y Hospitalara de San Juan de Jerusalén se había establecido en la pequeña isla de Malta y en la cercana isla de Gozo, tras haber perdido en 1522 su feudo en Rodas a manos de los turcos. Los caballeros hospitalarios, liderados por el Gran Maestre Jean de la Valette (de él viene el nombre de la actual capital de Malta, La Valetta) continuaron desde allí haciendo todo el daño posible a la flota otomana y durante 1564 infligieron serias pérdidas al tráfico mercante turco y capturaron importantes prisioneros, como el gobernador de Alejandría y el de El Cairo.

Solimán II decidió que aquella situación tenía que acabar. En marzo casi 200 naves turcas salieron rumbo al archipiélago maltés. La red de espías de la Orden en Constantinopla ya había puesto sobre aviso al Gran Maestre. Habría batalla.

Asedio de Malta

Representación pictórica del asedio de Malta (Fuente: davidwball.com)

Aunque las cifras varían según las fuentes, se estima que unos 6000 defensores resistieron durante más de tres meses el asedio de unos 30000 turcos, en una cruenta lucha en los fuertes de San Ángel, San Telmo y San Miguel, defendidos hasta el último hombre. Las pérdidas forzaron a los otomanos a abandonar la isla en septiembre y el resultado de la batalla, si bien no alteró el equilibrio de fuerzas en el Mediterráneo a corto plazo, sí supuso la primera derrota seria del Imperio Otomano en muchos años y un importante golpe de moral para los europeos, que se materializaría en Lepanto seis años después, con el hundimiento del poder marítimo turco.

Escudo de la Orden de Malta

Escudo de la Orden de Malta (Fuente: Wikipedia)

Las obras de Dan Brown y similares han llenado las librerías de órdenes, templarios y prioratos, inmersos en rocambolescas aventuras de ficción, pero la Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén (Orden de Malta) no sólo aún existe (fue fundada en el siglo XI), sino que engloba a más de doce mil miembros y cerca de ochenta mil voluntarios y es reconocida como un ente independiente de Derecho Internacional. Aquí está su web oficial.
Tiene su sede central en Roma, posee estatuto de extraterritorialidad y ha perdido su carácter militar, aunque lo conserva en sus tradiciones, dedicándose en la actualidad fundamentalmente a labores médicas y humanitarias y a la diplomacia. Y sí, tiene Gran Maestre, Prioratos y, cómo no, Caballeros…

Publicado por el 6 abril, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Juan Antonio Cebrián, la voz de la radio en color

Hace más de tres años que nos dejó, pero la memoria de este insigne manchego sigue viva en el corazón de toda una legión de oyentes que lo siguieron durante años en sus programas de radio. Recordemos quién fue y porque tantos nunca le olvidaremos.

Fuente: Onda Cero

Juan Antonio Cebrián pasó su infancia en Albacete fascinado ya desde muy pequeño por la historia, sobre todo la militar, y los comics y empezó haciendo sus primero pinitos periodísticos en el periódico del instituto. Con ventipocos años decidió que la radio era lo suyo, y empezó pinchando discos y hablando de lo divino y lo humano en una emisora pirata con su programa Lunes, te odio. Ese fue el punto de partida en las ondas de este gran comunicador, y ya no se podía detener su pasión por la radio, fue saltando de programa en programa, llegando incluso a realizar tres programas distintos en el mismo día, hasta que en 1991 llegaría el primer programa que lo consagró como el rey de las madrugadas. Turno de noche llenó las noches de la radio de historia, de humor, de ecología, de misterio y de todo aquello que a Juan Antonio le parecía que podía encajar en su ecléctico programa. Tras seis años decidió tomar un nuevo rumbo dejando la madrugada y pasando a las tardes de los sábados y las mañanas de los domingos bajo la bandera de un nuevo programa, La Rosa de los Vientos.  El nuevo espacio radiofónico compartiría contenidos con su antecesor y continuaría inundando de forma amena y divertida las ondas hertzianas de algo que hoy en día sigue siendo tan difícil encontrar, cultura. Fue con La Rosa precisamente con lo que me volví un incondicional de Cebri y me convertí en un rosaventero de pro. Tras un par de años, Juan Antonio volvió de nuevo a la noche, que parecía ser la franja horaria donde mejor se desenvolvería y que ya no volvería a abandonar hasta el día que partió inesperadamente de este mundo.

Recuerdo el día que me enteré de su fallecimiento, era un lunes por la tarde y me disponía a bajar los programas del fin de semana cuando vi que no estaban, solo había uno que se llamaba “Homenaje a Cebrián”. Al ver aquel titulo pensé lo peor, y no tardaría en confirmar mis temores, Cebri nos había dejado. No pude evitarlo, rompí a llorar, nunca antes me había pasado ni me ha vuelto a pasar, pero lloré por alguien que no conocía realmente, con quién nunca había hablado. Pero se había ido una voz amiga que me había acompañado durante muchos años, en los buenos y en los malos momentos. Me parecía inconcebible que nunca más volvería oírle narrar en sus Pasajes de la Historia la vida de increíbles personajes y las grandes batallas, porque Juan Antonio era capaz con su voz de hacernos vivir cualquier momento histórico como si estuvieras ahí, podías verte luchando al lado de Alejandro Magno en la batalla de Gaugamela o surcando los cielos de la Europa de la Primera Guerra Mundial junto al Barón Rojo. Era capaz de trasmitir la radio en color, como le gustaba decir a él. Aquí quiero comentar un pequeño detalle que mucha gente desconoce, Juan Antonio había perdido el sentido de la vista en su juventud, pero eso nunca le impidió llevar a cabo sus sueños, ni le impidió desarrollar uno de sus sentidos más importantes, su sentido del humor.

Este es mi primer articulo en el blog y he creído que la mejor forma de comenzar era hacer este pequeño homenaje al hombre que me hizo amar aún más la historia de lo que ya la amaba. Su voz nunca se apagará, sigue viva en la red, llena de podcast de sus programas, en sus libros de divulgación histórica (solo él podía convertir la aburrida lista de los reyes Godos en una Aventura), y en su Rosa de los Vientos continuada por su querida Silvia Casasola y los amigos que ayudaron a convertir La Rosa en lo que es hoy en día, un programa con mejillones de oyentes.

¡Fuerza y honor!

Publicado por el 3 abril, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El ejemplo de Rachmaninov

Hoy Rachmaninov es un autor musical considerado, que ha dejado su impronta en el arte del siglo XX y es fuente de inspiración para bandas actuales del nivel de Muse.

Pero los comienzos no suelen ser sencillos. Sergéi Vasílievich Rajmáninov creía tener un brillante porvenir musical tras su graduación con menciones honoríficas en el Conservatorio de Moscú y su acertado inicio en el mundo de la composición cuando se volcó en la creación de su primera sinfonía, en 1895. Dos años después, y tras gran esfuerzo y muchas esperanzas, su sinfonía era estrenada. Y las críticas fueron unánimes y… demoledoras. El joven músico, a sus 24 años, edad difícil para encajar golpes, se sintió ridiculizado y enormemente decepcionado. Sergéi cayó entonces en una profunda depresión, agudizada por problemas personales, que le llevó al abandono de la composición, manteniendo durante casi tres años su mente alejada de la voluntad creativa.

Fuente:taringa.net

Fue entonces cuando entró en escena Nikolai Dahl, médico amante de la música y especializado en neurología y psiquiatría que, mediante la aplicación de un tratamiento en el que se ayudó, entre otros recursos, de la hipnosis, consiguió, junto con el apoyo de la familia y los amigos cercanos, devolver a Rachmaninov la confianza en sí mismo.

Sergéi volvió a iniciar la actividad compositora y lo hizo creando la obra que le haría entrar en el grupo de los más grandes de la música universal: el “Concierto para piano y orquesta nº 2“, que, dedicado a su médico, plasma con una increíble belleza la liberación interior de un genio que el mundo estuvo a punto de perderse.

Luego vendrían más composiciones, el abandono de la Unión Soviética, que prohibió sus obras, y sus últimos años en los Estados Unidos. Para entonces ya nos había legado el sonido de la superación

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Publicado por el 31 marzo, 2011 en Historia olvidada | Se el primero en comentar