La máquina de vapor, ese invento ¿inglés? No, español

Si revisamos la historia oficial de la máquina de vapor, nos dirá que la primera máquina patentada fue la del inglés Thomas Savery en 1689. Nos encontramos aquí con un nuevo ejemplo de cómo la historia de la tecnología parece siempre escrita desde el mundo anglosajón y dejan olvidada la verdad, cosa que parece incluso favorecida desde España, donde apenas surgen esfuerzos oficiales por reivindicar a nuestros genios. Y es que casi cien años antes del invento del inglés, un español, Jerónimo de Ayanz, había patentado ya una máquina de vapor completamente funcional que fue usada en explotaciones mineras.

Maquina de vapor de Jerónimo de Ayanz

Jerónimo de Ayanz y Beumont nació en la población navarra de Guenduláin en 1553, segundo hijo de una familia de rancio abolengo. Su padre, Carlos de Ayanz, había combatido junto con Felipe II en la batalla de San Quintín, lo que propició que Jerónimo consiguiera ser nombrado Paje del Rey en 1567. A partir de aquí comenzaría su carrera administrativa que le llevaría veinte años después a ser nombrado Administrador General de Minas del Reino, lo que le hizo a tener bajo su control las 550 minas que había en explotación en España y América. Fue precisamente este cargo lo que le llevaría a desarrollar su máquina de vapor. Uno de los problemas principales que había en la minería de la época era extraer el agua de las galerías, y Jerónimo dedicó sus esfuerzos a encontrar métodos eficientes paras solucionar este escollo que había provocado la paralización de la mina de Guadalcanal en Sevilla. En un principio desarrolló un método que aplicando la técnica del sifón con intercambiador y el principio de la presión atmosférica (principio que no se investigaría hasta más de cien años después) conseguía elevar el agua acumulada en las galerías. Pero parece que este método no le fue suficiente, e ideó un nuevo sistema, que impulsaba mediante la fuerza del vapor el líquido por una tubería en un flujo continuo, desaguando eficientemente las galerías. La primera máquina de vapor completamente funcional. Curiosamente aplicó este concepto para otro uso, que fue proyectar al interior de la mina nieve pulverizada mediante un eyector de vapor para refrigerar las galerías. Acababa de inventar el aire acondicionado.

Jerónimo de Ayanz realizó sus mayores inventos durante el reinado de Felipe III

Pero esto es solo la punta del iceberg de la inventiva de este genio navarro. En un documento oficial firmado por el Rey Felipe III en 1606 se le reconocían 48 patentes, denominadas en aquellos tiempos privilegios de invención. Uno de los más sorprendentes es su diseño de un submarino con sistema de renovación de aire, remos para desplazarse sin perder estanqueidad e incluso unos guantes para poder recoger objetos desde el interior. Un auténtico basticafo. No se llegó a construir, pero lo que si llegó a experimentar fue con un traje de buzo operativo, haciéndole una demostración al propio Felipe III en las aguas del río Pisuerga en Valladolid. Una hora permaneció sumergido el buzo hasta que el rey, aburrido de esperar, ordenó que saliera. convencido de su funcionamiento. Pero también toco otras muchas áreas de la ingeniería, por ejemplo para el mundo de la navegación, inventó una bomba para desaguar barcos, un horno para destilar agua marina y así poder abastecer de agua potable los navíos durante sus largas travesías, y una brújula con declinación magnética. En el área de la agricultura determinó que las piedras de moler cónicas eran más eficientes para los molinos, a los cuales también aportó mejoras como la orientación automática y el tornillo helicoidal, y mejoró los sistema de riego con bombas optimizadas y presas de arco. Otras aportaciones fue una bascula de precisión y un sistema para determinar el “par motor” que mide la eficiencia técnica de giro de un motor, una medida que tardaría casi dos siglos en retomarse.

Como podemos ver la lista de contribuciones a la ingeniería es interminable, pero también podemos ver que  éstas no tuvieron la continuidad que hubiera sido deseada. Ese es uno de los grandes problemas de los genios españoles, que no tuvieron a nadie que continuara investigando y mejorado sus creaciones, lo que hace que pase como ocurrió con Jerónimo de Ayanz, que pese a ser un inventor reconocido en su época (hasta Lope de Vega le dedicó unos versos en su obra Lo que pasa una tarde), tras su muerte en 1613 sus recuerdo fue borrado de la memoría de España. Quizás si no fuera por el afán investigador de Nicolás García Tapia, que en 2001 publicó Un inventor navarro: Jerónimo de Ayanz y Beaumont (1553-1613), aún seguiría siendo un absoluto desconocido.


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Publicado por el 27 julio, 2011 en Historia olvidada | 5 comentarios

El Rey del Cielo

En el Parque Nacional de Canaima, en el estado de Bolívar, al suroeste de Venezuela, nos podemos encontrar con una de las maravillas más increíbles de la naturaleza, el Salto del Ángel, la cascada más larga del mundo, que desde una altura de más de 900 metros lanza su torrente de agua hacia el vacío. Muchos pensaréis que su nombre pudiera tener relación con alguna criatura celestial, pero os equivocáis, ya que debe su denominación a un ángel más terrenal, de los que llevan alas de acero y el amor por el riesgo en sus venas, el piloto norteamericano Jimmie Angel, apodado el Rey del Cielo, el primero en constatar la existencia y situación exacta de uno de los parajes más hermosos del planeta

El Salto del Ángel. Foto: Rich Childs Fuente:wikipedia.org

Sus primeros años de vida se diluyen en la leyenda, propiciada por él mismo, por lo que es difícil saber que fue cierto y que no, por lo que lo único que se puede dar por verdadero es que James Crawford Angel vino al mundo en un pueblo de Missouri en 1899. Se afirma que con apenas 18 años combatió en la Primera Guerra Mundial como piloto de la Royal Air Force británica, siendo compañero del mítico Roland Garrós y que fue piloto explorador del mismísimo Lawrence de Arabia. Sin embargo otras versiones afirman que fue solamente mecánico durante la guerra y que aprendió a pilotar tras finalizar ésta, cuando tenía ya 21 o 22 años, o por lo menos fue cuando acudió a una escuela para obtener su título oficial de piloto. Sea como fuere, a partir de los años veinte estaba trabajando como piloto autónomo, realizando viajes por el centro y el sur del continente americano. En 1921 se topó en un bar de Panamá con el escocés John McCraken, que le ofreció 5000 dólares por llevarlo hasta una de las gigantescas mesetas denominadas como tepuis en la zona del suroeste de Venezuela conocida como la Gran Sabana. Este es el mismo lugar donde situó Sir Arthur Conan Doyle su Mundo Perdido, historia en la cual sobre una de aquellas abruptas mesetas, probables restos del pretérito continente de Gondwana, habitaban dinosaurios. Pero el Rey del Cielo y McCraken no buscaban monstruos prehistóricos sino un rio lleno de oro. Abordo de su viejo Bristol Piper consiguió llevar al escocés a su destino, atreviéndose a aterrizar sobre la cima del tepui, donde McCraken recogió una buena cantidad de oro antes de despegar nuevamente.

A partir de ese momento Jimmie Angel estuvo obsesionado con localizar de nuevo aquel lugar, lo que le hizo regresar a la zona en numerosas ocasiones. Esta obsesión probablemente fue lo que le costó su matrimonio con Virginia Martin, que prefería que su marido llevará una vida más tranquila en Estados Unidos. Tras sus exploraciones se empezó a convencer que el lugar que buscaba estaba en el Auyantepuy, la Casa o Montaña del Diablo en el lenguaje de los indios Pemon. Y ahí fue donde durante un vuelo en solitario descubrió la gigantesca catarata el 18 de Noviembre de 1933 entre lo que al principio pensó que eran un tepui y luego comprobó que eran dos separados por un estrecho cañón donde se escondía el Salto del Angel. Lamentablemente al ser el único testigo muchos no creyeron que había descubierto lo que los indígenas denominaba en sus leyendas como el Río Padre de todos los Ríos. No sería hasta el 24 de Marzo de 1935 que podría certificar a otras personas su existencia, durante un vuelo patrocinado por la empresa minera Case, Pomeroy and Company.

Jimmie y Marie Angel en 1939. Fuente: Jimmie Angel Historical Project

Pero el descubrimiento de la cascada no apartó de su mente el río de oro de McCraken y convencido como estaba de que Auyantepuy era el lugar, decidió que la única forma de comprobarlo era aterrizar en él. El explorador Gustavo “Cabuya” Heny y el capitán español Felix Cardona Puig habían intentado localizar un ruta por la que ascender a pie hasta la cima, con el soporte aereo de Jimmie Angel, pero no consiguieron descubrir una forma completa de llegar. A Jimmie solo le quedaba una solución. La mañana del 9 de Octubre de 1937 partió  en su Flamingo “Rio Caroní” en compañia de su nueva mujer, Marie Sanders, que había conocido tres años atrás,  junto con Heny y su ayudante, Miguel Ángel Delgado, mientras que Cardona permaneció en el campamento manteniendo contacto con radio con los expedicionarios. El aterrizaje en principio parecía ir sin problemas, pero de repente las ruedas se rompieron y el avión acabó con el morro enterrado en el barro, el tanque de combustible roto y la radio estropeada. Los pasajeros salieron indemnes pero estaba claro que no parecía probable que pudieran regresar con el aeroplano. Para más inri, tras dos días de búsqueda Jimmie comprendió que aquel no era el lugar donde había estado 15 años atrás con su amigo escocés y que no había ni rastro de oro. Descorazonados, decidieron que solo había una forma de salir de aquella gigantesca meseta, y era descender a pie. Mientras tanto, Cardona, tras no recibir ninguna comunicación del Flamingo, avisó a un amigo de Heny, el doctor William H. Phelps, que consiguió enviar un avión en su búsqueda, pero debido a la capa de nubes que cubría el tepuy no pudieron localizarlos y los dieron por muertos. Once días después del despegue los esforzados expedicionarios consiguieron regresar sanos y salvos al campamento gracias a la guía de Heny, experimentado en escalada, que pudo encontrar una ruta para descender de la Montaña del Diablo.

El Flamingo "Río Caroní". Foto: Yosemite Fuente:wikipedia.org

Jimmie continuó con sus vuelos por la zona, llevando a expediciones de geólogos y botánicos, hasta que en 1942 el matrimonio Angel abandonó Venezuela. Durante el resto de los años cuarenta vivieron en varios países de centroamérica, hasta que debido a la salud de sus dos hijos, regresaron a Estados Unidos estableciéndose en Oxnard, California, en 1951. Pero Jimmie no abandonó sus vuelos y durante un aterrizaje en Panamá en Abril de 1956, su avión se estrelló, hiriéndose en la cabeza. En principió no pareció nada grave, pero poco después sufrió varios ataques al corazón que le mantuvieron hospitalizado durante ocho meses hasta fallecer el 8 de Diciembre de 1956. Sus cenizas fueron esparcidas por Marie sobre la catarata que lleva su nombre y sobre el avión que permanecía aún en la cima del Auyantepuy. En 1970 el Flamingo fue recuperado y restaurado, y hoy en día se encuentra frente al aeropuerto de Ciudad Bolívar, recordando a este valiente piloto y explorador.

Publicado por el 18 julio, 2011 en Historia olvidada | 2 comentarios

Silbervogel: el bombardero espacial nazi

El 12 de Mayo de 1942 el Reichsmarschall Hermann Göring recibió un informe de 33 páginas que conformaban el resumen del denominado proyecto Amerika Bomber, cuya finalidad era el desarrollo de un bombardero intercontinental capaz de atacar los Estados Unidos desde Alemania sin hacer escalas. Entre los diferentes diseños valorados para este bombardero se encontraba el Silbervogel de Eugen Sänger, un aeroespacioplano suborbital que podría considerarse como una de las primeras naves espaciales diseñadas por el hombre.

El Silbervogel sobrevolando Chicago. Recreación para una maqueta Tamiya

Eugene Sänger, un ingeniero aeronáutico austriaco, empezó a trabajar a principios de los años treinta en los primeros diseños con su tesis Raketenflugtechnik, (Ingeniería de Vuelo de Cohetes), obra adelantada a su tiempo donde planteo aviones-cohete, estaciones espaciales y viajes interplanetarios mediante motores de iones capaces de alcanzar velocidades relativistas. Si casi suena a ciencia-ficción en la actualidad, imaginaos hace ochenta años, el recibimiento estuvo cargado de cierto escepticismo hacia estos conceptos tan futuristas. Tras finalizar la tesis, se centró en el diseño de un motor de combustible líquido refrigerado regenerativamente que podría ayudar a alcanzar velocidades de 10.000 Km/h y en 1935 publicó en la revista Flug un artículo sobre la tecnología de aviones impulsado por cohetes que atrajo la atención del Ministerio del Aire de la Alemania nazi. A partir de ese año Sänger entró a trabajar para los nazis dirigiendo el laboratorio secreto de investigación aeroespacial situado en Trauen, en el mismo sitio donde en la actualidad podemos encontrar el DLR, el Centro Espacial Alemán. Tan secreto era que hasta el mismísimo Wernher von Braun tardó tiempo en enterarse que que había otro equipo trabajando en la propulsión de cohetes. Allí fue donde empezó a perfilar ya el concepto del Silvervogel y a desarrollar toda la teoría matemática necesaria para el vuelto de aquel increíble aparato con ayuda de la que luego sería su esposa, la matemática Irene Bredt.

Esquema original de Sänger publicado en su informe de 1944

Este pájaro de plata, al que Sänger gustaba denominar antipódico por sus pretensiones de que fuera capaz de atacar las mismas antípodas del lugar de despegue, consistía en una especie de cohete alado, de unos 28 metros de largo por unos 15 de ancho en la alas, con una cabina presurizada para un piloto, un compartimento para la carga (bombas, lógicamente), con capacidad de hasta 30 toneladas, y los motores de tipo V2. El despegue se realizaría mediante el impulso por otro cohete en un monorail de tres kilómetros de largo, y una vez en el aire, el Silvervogel encendería sus motores que le propulsarían hasta una altitud entre 145 km y 260 km (en unos sitios se cita un dato y en otros el otro). A partir de ese momento el aeroespacioplano comenzaría un ciclo de descensos y ascensos rebotando en la estratosfera ,debido a las diferencias de densidad del aire, hasta llegar a su objetivo en Estados Unidos y lanzar su temible carga. A parte del lanzamiento de bombas convencionales, una de las opciones que se valoró fue usar una bomba de gravedad, ya que debido a la altitud conseguida, el lanzamiento de un objeto pesado tendría el mismo efecto que un meteorito al chocar contra el suelo. Tras el bombardeo continuaría descendiendo para aterrizar probablemente en algún lugar del Pacífico dominado por los japoneses. Afortunadamente nunca se llegó a construir, debido a que en 1942, en pleno enfrentamiento con la Unión Soviética, los nazis estaban más interesado en armamento convencional, además de que la extensa propuesta de Sänger (900 páginas de documento) les pareció demasiado compleja. Sänger continuó con sus trabajos de desarrollo de mejores motores para cohetes, como el estratorreactor, pero no abandonó su idea del Silbervogel, presentando una nueva propuesta en agosto de 1944, pero los nazis estaban ya inmersos en frenar la invasión aliada en Europa y no hubo ningún intento de avanzar en el proyecto.

Tras el fin de la guerra, muchos se interesaron por Sänger y sus investigaciones. Los Estados Unidos lo invitaron a colaborar con ellos, pero rechazó su propuesta quedándose en Francia, donde creo la Federación Astronáutica. La Unión Soviética también quiso contar con sus servicios, pero de una forma un poco más forzada ya que, por orden de Stalin, intentaron secuestrarlo en París, intento que fue desbaratado por el servicio secreto francés. En los años cincuenta regresó a Alemania, donde seguiría investigando en el campo de los motores de propulsión hasta su muerte en 1964, dejando un legado que pervive hasta nuestros días en los motores de la mayoría de los cohetes actuales y en naves como el transbordador espacial norteamericano.

Publicado por el 14 julio, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Shakespeare no se pierde una boda

Todos conocemos muchas composiciones de música clásica casi sin darnos cuenta debido a los anuncios, las películas o cualquier otra manifestación de la cultura popular. Una de ellas suele escucharse habitualmente en un evento de la vida social al que la hemos asociado indefectiblemente, y no es otra que la marcha nupcial de Felix Mendelssohn. Aunque quizá no lo sepamos, cuando la oímos, la Historia nos está conectando con uno de los más importantes dramaturgos de todos los tiempos: William Shakespeare

Retrato de William Shakespeare

Retrato de William Shakespeare

Mendelssohn compuso esta pieza musical originalmente en 1842, como parte de un conjunto de música incidental para acompañar a la obra teatral El sueño de una noche de verano, escrita por Shakespeare a finales del siglo XVI. El compositor alemán, que con tan sólo 16 años ya había compuesto la obertura para la obra, incorporaría posteriormente tres movimientos instrumentales: un scherzo, un nocturno y la célebre marcha nupcial, pensada para el intermedio entre loa actos IV y V.
Existe la hipótesis de que la pieza teatral, una comedia romántica repleta de amor y fantasía, fue representada por primera vez en su día precisamente con motivo una boda aristocrática, mientras que también se maneja la posibilidad de que se escribiera para la Reina de cara la celebración de la festividad de San Juan.

Retrato de Felix Mendelssohn

Retrato de Felix Mendelssohn

Pero, aunque Shakespeare está metido en todo esto ¿por qué se usa esta pieza en las ceremonias de boda?

La respuesta se encuentra unos pocos años más tarde. En 1858, Victoria, princesa del Reino Unido , e hija mayor de la Reina Victoria contraía, matrimonio con Federico Guillermo de Prusia, el que a la postre sería efímero Kaiser del Imperio Alemán (falleció a los 99 días de reinado). La princesa era una gran admiradora de los compositores alemanes y eligió entre las piezas de música para su propio enlace matrimonial la Marcha Nupcial de Mendelssohn y el Coro Nupcial de la ópera Lohengrin de Wagner, que hoy en día también se identifica como música de boda por antonomasia.

Tras esto el seguimiento del pueblo hacia la moda de la realeza en Europa hizo el resto y hoy estas dos piezas están indudablemente unidas a la ceremonia nupcial en Occidente. No creo que el genial inglés pensase que su legado estaría presente en tantas bodas cuando escribía aquello de “Con todo esto y a decir verdad, en nuestros días, razón y amor no hacen buenas migas”

Boda de la Princesa Victoria

Publicado por el 5 julio, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Don Pelayo, Covadonga y 300 astures

Es cosa común entre los españolitos, ensalzar lo foráneo y menospreciar lo propio. Esta autoflagelación, bastante estúpida si se me permite, hace que obviemos pasajes dignos de admiración de nuestra historia.

Corría en año 722, después de Cristo, cuando en la asturiana localidad de Covadonga acaeció una batalla crucial para que ahora no estemos, por ejemplo, rezando a la Meca, con todos mis respetos hacia todas las religiones habidas y por haber.

Tumba de Don Pelayo

Tumba de Don Pelayo

En esa épica batalla se enfrentaron dos ejércitos, uno dirigido por Don Pelayo y otro formado por tropas musulmanas, las cuales a la postre resultaron derrotadas. Esta acción bélica es considerada como el arranque de la Reconquista.

¿Pero en qué situación se encontraba aquella España prácticamente musulmana?

El norte peninsular estaba gobernado desde Gijón por un bereber llamado Munuza, cuya autoridad fue desafiada por un puñado de valerosos astures que, tras encontrarse en la población de Cangas de Onís en el año 718 bajo el liderazgo de Pelayo, decidieron plantar cara negándose a pagar los impuestos exigidos (yizia).

Grabado de Don Pelayo

Grabado de Don Pelayo

Munuza no permaneció impasible ante la rebelión astur y tras algunas acciones de castigo a cargo de algunas de sus tropas locales, solicitó la intervención de refuerzos desde Córdoba. Cierto es que desde Córdoba se restó importancia a lo que estaba sucediendo en el norte de la península ibérica, aún así se envió un cuerpo expedicionario sarraceno que rondaría, según algunas crónicas cristianas los 180.000 hombres. Al mando del mismo se encontraría Al Qama al cual el valí Ambasa le encomendó la misión de reestablecer el orden y control sobre los indómitos astures.

Si nos ceñimos al número de combatientes en las filas astures dirigidas por Pelayo, la historiografía reciente las cuantifica en poco más de 300 combatientes (Sí, ya sé que estáis pensando que es una cifra muy “popular” tras el cómic y la película de 300, pero no soy yo el que pone las cifras). Estos valientes, o locos según se mire, esperaron a las tropas musulmanas en un lugar estratégico, el angosto valle de Cangas de los Picos de Europa cuyo fondo cierra el monte Auseva. La única baza con al que contaban los astures, muy inferiores en número, era la de limitar el espacio para maniobrar de su enemigo, igualando lo más posibles las fuerzas ya que el número de efectivos perderían eficacia.

Cueva de Covadonga

Cueva de Covadonga

La confrontación allí acaecida cobró unas dimensiones hoy en día desconocidas pudo alcanzar magnitudes épicas o tratarse de una simple escaramuza. Sea como fuere, las tropas sarracenas fueron diezmadas y Munuza se vio obligado a intentar dejar la villa gijonesa, sin éxito en su huida siendo abatido junto con sus tropas. Un centenar de hombres dirigidos por Pelayo habían ocupado la cueva de Covadonga, atacando desde allí a las desconcertadas tropas moras. Al Qama cayó en este lance, mientras que sus fuerzas sufrieron grandes pérdidas en su desordenada huida, al caer sobre ellos una ladera debido a un desprendimiento de tierras, probablemente provocado, cerca de Cosgaya en Cantabria.

La batalla de Covadonga supuso la primera victoria de un contingente rebelde contra la dominación musulmana en la Península Ibérica. Fue el detonante del establecimiento de una insurrección organizada que desembocaría en la fundación, en primera instancia, del reino independiente de Asturias, y de otros reinos cristianos que en última instancia culminaría con la formación del Reino de España.

Estatua de Pelayo en Covadonga

Estatua de Pelayo en Covadonga

Existen varias estatuas de este personaje histórico entre las que podemos destacar las situadas en Gijón y en Covadonga. Además la ciudad de Gijón le rinde homenaje en su escudo.

Estatua de Pelayo en Gijón

Estatua de Pelayo en Gijón

Desde aquí lanzo una petición, que a la par es consejo. Con semejante argumento es imperioso realizar una película épica y que difunda la historia como se merece. Batallas de romanos, griegos, guerras mundiales, “vietnanes”, “irakes”… Don Pelayo es un personaje histórico que merece ser difundido por todo el mundo. Seguro que sería un gran éxito, de ahí que éste sea un consejo para los productores cinematográficos con buen gusto y olfato.

Publicado por el 1 julio, 2011 en Historia olvidada | 9 comentarios

El conde que conquistó España

Esta historia, que bien se podría ambientar con una banda sonora de clave y violines barrocos, comienza en las norteñas tierras escocesas, ante una lápida con una inscripción llamativa para un observador con curiosidad histórica:

Tumba Henrietta Mordaunt

Fuente: scottishwargraves.phpbbweb.com

“Sacred to the memory of Her Grace Henrietta, Dutchess of Gordon who was the only daughter of Charles Mordaunt, Earl of Peterborough and Monmouth who conquered Spain. She was born April 3rd 1682 and married in 1706 to Alexander Marquis of Huntly, afterwards Duke of Gordon to whom she bare 5 sons and seven daughters. She died at Preston Hall on the 11th day of October 1760 aged 78 years”


Si traducimos sin más: “que/quien/el cual conquistó (¿venció a?) España” ¿Conquistó España? ¿Toda ella? ¿El Conde de Peterborough y Monmouth? ¿Acaso ha evolucionado el significado del verbo?

Repasando un poco la azarosa historia española…muchos pasaron, los romanos se quedaron un rato largo en el terruño donde después habitaría un país llamado España, los musulmanes ocuparon toda la península (¿Toda? ¡No! Una aldea poblada por irreductibles…igual estoy mezclando…) y Napoleón, aunque a la postre se pudo aplicar aquello de ir a por lana y salir esquilado, en algún momento pudo alardear de algo parecido a una conquista. Pero no había noticias de que un noble inglés desconocido por el gran público hubiese conquistado España…

Las fuentes históricas sitúan a Charles Mordaunt, tercer Conde de Peterborough llegando a Barcelona en el verano de 1705 al mando de un ejército de ingleses y holandeses dispuesto a luchar porque una dinastía francesa no se ciñera la corona vacante de la decadente aunque aún poderosa monarquía española tras el fallecimiento sin descendencia de Carlos II. El miedo al desequilibrio de fuerzas en Europa había llevado a Inglaterra, Austria, Holanda y Portugal a apoyar la continuidad de los Habsburgo en la figura del Archiduque Carlos frente a Felipe V, el proclamado rey Borbón, y convertía a España en un campo de batalla de una guerra civil e internacional al mismo tiempo: la Guerra de Sucesión Española.
Tras el asedio y captura de Barcelona, Mordaunt ocupaba Valencia al comienzo del siguiente año y consolidaba la rebelión a favor del archiduque austriaco . Sin embargo a partir de entonces las decisiones del conde inglés empiezan a ser poco claras y a resultar controvertidas. Las tropas aliadas parecen no coordinarse bien a la hora de moverse hacia Barcelona para socorrer a la ciudad ante el asedio de los franceses y de acometer conjuntamente el ataque sobre Madrid, y las órdenes de Mordaunt retrasan y dificultan las acciones a juicio del resto de altos mandos. Finalmente en 1707 es llamado a comparecer en Inglaterra para dar explicaciones, acusado de haberse excedido en su autoridad y bajo la sospecha de que su falta de sintonía con el archiduque austriaco puede estar detrás de su comportamiento.

A su vuelta a territorio inglés se desataría un duro enfrentamiento político entre Tories y Whigs en torno a su persona y finalmente el conde acabaría destinado en Viena, y posteriormente en Frankfurt, con un cargo diplomático desde el cual trataría sin éxito de trazar un plan para convertir en Rey de España a Víctor Amadeo de Saboya.

Charles Mordaunt

Charles Mordaunt, tercer Conde de Peterborough y Monmouth

Tras su muerte en Lisboa en 1735 nos queda una vida convulsa vivida en las altas esferas del poder y los interrogantes acerca de su capacidad militar y de su habilidad para conjugarla con la política, acerca de si fue un conspirador o sufrió las envidias de su entorno o acerca de si realmente quiso ver al Emperador del Sacro Imperio sentado en el trono español. Pero una cosa parece cierta: a día de hoy la “conquista” de España por el Conde de Peterborough es vista como una fantasía en forma de epitafio.

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Gracias a Pablo por traerme esta idea de su viaje escocés.

Publicado por el 30 junio, 2011 en Historia olvidada | 4 comentarios

Juan Caramuel Lobkowitz, el monje enciclopédico

Visto como se ha tratado de siempre a la ciencia en España, no es de extrañar que un autentico superdotado científico como Juan Caramuel Lobkowitz haya sido tan injustamente olvidado. El que podríamos considerar el máximo representante del Renacimiento tardío español, ya entrado en El Barroco, fue matemático, filósofo, estratega militar, teólogo, astrónomo, lingüista, políglota, musicólogo, estudioso del arte y arquitecto, entre muchas otras cosas. Prácticamente se puede decir que pocas fueron las ramas de la ciencia y de las humanidades que no tocara este genio sin par.

Juan Caramuel Lobkowitz Fuente:wikipedia.org

Nacido en Madrid en 1606, su padre fue el ingeniero militar Lorenzo Caramuel y su madre fue la checa Catalina de Frisia. Su progenitor le inculcó desde muy joven el interés por la astronomía y las matemáticas, y ya desde su infancia destacó por su inteligencia superior, llegando a crear tablas astronómicas y a realizar estudios de gramática antes de cumplir los doce años. Hacia 1620 entra a formarse en la Universidad de Alcalá de Henares, donde cursa Humanidades, Gramática, Retórica y Poética, y Filosofía, y en 1625 entra a formar parte de la orden del Císter en el Monasterio de la Espina en Valladolid.  A partir de aquí comienza su aventura vital más importante, que le lleva a recorrer, gracias a su carrera religiosa, buena parte de Europa, siendo abad en Escocia, vicario en Inglaterra, Superior–abad en Viena, Gran–Vicario del Arzobispo de Praga, y obispo en la ciudades italianas de Maguncia, Satrianun y Vigevano, donde terminarían sus días. Su curiosidad infinita le hizo interesarse por todo aquel estudio del que tenía conocimiento y discutir, polemizar e indagar sobre la vida, la ciencia, lo que se podía ver y lo que no se podía ver, lo cual le llevó a relacionarse con la flor y la nata de los sabios de la época, como el filósofo René Descartes, el polígrafo Athanasius Kircher o el médico Johannes Marcus Marci, entre muchos otros.

Algunos le denomina el Leibniz español, pero sinceramente eso es quedarse corto. El sobrenombre le viene principalmente porque se adelantó a este gran matemático en treinta años al presentar la primera descripción impresa del sistema binario en su Mathesis biceps. Pero también realizó otros muchos aportes a la matemáticas, como realizar la primera tabla de logarítmos en España, crear un nuevo método para la trisección de un ángulo o elaborar un tratado sobre probabilidad que fue seguramente la inspiración de Pascal para sus teorías probabilísticas.

Portada de Mathesis Biceps, en cuyo índice se puede ver la multitud de temas tratados

Gracias a sus contactos con Kircher y Marci tuvo conocimiento del enigmático, y aún hoy indescifrado, manuscrito Voynich, lo cual le hizo interesarse por la criptografía. A este intereses también influyo el descubrimiento en una biblioteca de Lovaina de un ejemplar de la Stegenographia del abad Juan Tritemio, un libro condenado por la Santa Inquisición que versaba sobre el lenguaje cifrado, y fascinado por este tratado decidió escribir su propia versión e investigar sobre el lenguaje oculto de la Cábala judía.

Su pasión por la astronomía le llevó a buscar métodos para medir la Tierra, de cuyas investigaciones determinaría que debido la refracción de la atmósfera los astros tenían una posición aparente. Por sus estudios realizados sobre los movimientos de los péndulos, llega a la certera conclusión de que los planetas no se mueven en círculos, sino que lo hacen en elipses imperfectas. Y su aportación práctica al mundo astronómico llegaría con su método para calcular la longitud según la posición de la Luna que se aplicaría en la navegación marítima.

Otra de sus principales facetas fue la de lingüista y polígrafo. Se afirma que llegó a dominar más de veinte lenguas, citándose entre ellas el latín, el griego, el persa, el hebreo, el chino y el árabe, idiomas que usó en muchos de sus escritos, como la refutación que realizó del Corán, que fue escrita en árabe para poder llegar al mundo musulman. Su contactos con un misionero que había estado en China le llevan a interesarse por la lengua de ese lejano país, llegando a escribir la que probablemente sea la primera gramática china que se hizo en Europa. En esta lengua encuentra elementos de la lengua universal que tanto le interesaba encontrar, ya que los ideogramas chinos se basan en las cosas en si mismas, no en la composición de letras para nombrar las cosas. Ya con diez años se había empezado a fascinar por el estudio de la lingüística, y con el transcurrir de los años fue desarrollando sus teorías sobre un lenguaje universal que quedarían plasmados en su obra Primus Calamus ob oculos ponens Metametricum quae variis currentium, recurrentium, adscendentium… multiformes labyrintos exornat, publicada en 1663, que serviría siglos después como inspiración para la creación del Esperanto. También se interesó por el propio mundo de la impresión de los libros, escribiendo sobre tipografía, haciendo la primera normalización sobre el uso de la cursiva, la numeración de las páginas y estilos en títulos y subtítulos. Dentro de lo que podríamos denominar  mundo “protoeditorial”  llegó a presentar algunos de los primeros escritos juristas sobre la protección de la propiedad intelectual, en defensa de los escritores que veían como los editores tenían todo los derechos sobre sus propias obras.

Plaza de Vigevano

La arquitectura tampoco escapó a su curiosidad, volcando todos sus conocimientos en Architectura civil, recta y obliqua, una obra especulativa que ilustraba con calcografías cómo se debía desarrollar la arquitectura, destinada para aprendices y estudiosos del tema. Este libro fue publicado casi al final de su vida, durante su estancia en Vigevano, ciudad dónde diseñó la fachada de la catedral y realizó una reorganización urbanística con el fin armonizar la citada catedral con la plaza de la población. Se comenta incluso que suya fue la idea de la Columnata de Bernini en El Vaticano, aunque lo único cierto es que Caramuel atacó a la obra de Bernini diciendo que la columnata tenía tantos errores como columnas la componían. Es por estas labores que a día de hoy una de las pocas cosas que recuerdan su nombre en España es la Cátedra Juan Caramuel de Arquitectura en la Universidad de Alcalá de Henares.

Otra peculiar faceta de su vida es que llegó a ser diplomático y espía del rey Felipe IV durante su estancia en Bohemia, participando en los debates de la Paz de Westfalia para finalizar los enfrentamientos de la Guerra de los Treinta Años que asolaba Europa. Ya en su juventud durante el sito de Lovaina por el Principe de Orange trabajó en la defensa de la ciudad como ingeniero militar, gracias a lo cual obtuvo sus nombramientos en Escocia e Inglaterra.

Se podría seguir llenando páginas y páginas con todo aquello que interesó a este insigne madrileño, pero con lo hasta aquí expuesto puede servir como muestra de la genialidad de Juan Caramuel. Fue tan prolífico escribiendo que algunos dicen que escribió tanto como Lope de Vega, aunque se estima que llegó a publicar cerca de trescientos libros. Él mismo contaba en cierta ocasión una anécdota refiriéndose a una visita, ocurrida veinte años antes,  que le hizo el emperador del Sacro Imperio, Fernando III, en el monasterio del que era abad, el cual al ver un arcón lleno con todas las obras del monje, exclamó que si no lo estuviera viendo, nunca hubiera creído que una sola mano pudiera haber escrito tantos libros. Caramuel añadía divertido que ahora ya tenía cuatro arcones llenos.

Hasta su muerte en 1682 fue una figura prominente de los eruditos de la época, pero con el paso de los siglos, las arenas del tiempo han ido engullendo su recuerdo hasta la actualidad en que se ha convertido en un autentico desconocido. Sirva este pequeño artículo como homenaje a este prodigio de nuestra historia que vivió en un tiempo en que un solo hombre aún podía abarcar todos los conocimientos de la humanidad.

Publicado por el 28 junio, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Borromini Vs Bernini : Historia de la rivalidad que esculpió Roma

Un breve paseo por Roma basta para empaparse del espíritu barroco que impregna la ciudad. Con sólo ojear una guía de viajes el nombre de Bernini, arquitecto y escultor responsable de muchas de las obras de arte de la capital italiana, nos asaltará una y otra vez. Bernini está por todas partes. Pero hay otro personaje, mucho menos conocido, cuya historia está ligada íntimamente a la del primero y que también influyó notablemente en el desarrollo del barroco italiano, Francesco Borromini.

Francesco Borromini

Nacido en Bissone (Suiza) en 1599, con veinte años llegó a Roma, donde comenzó a trabajar en las obras de la Basílica de San Pedro junto a su pariente lejano Carlo Maderno, uno de los grandes arquitectos de la época. A la muerte de éste en 1629, Borromini espera coger el testigo de su maestro y ponerse al frente de las obras, pero es desplazado por Gian Lorenzo Bernini, un joven y talentoso escultor que goza de los favores del nuevo papa Urbano VIII. Borromini se ve entonces obligado a trabajar en el equipo de Bernini, con el que también colaboraría en las obras del Palazzo Barberini, pero ya ha nacido entre ellos una rivalidad que duraría toda la vida.

El apoyo del papado fue sin duda un factor determinante en el desarrollo de ambos artistas. Bernini fue el arquitecto predilecto del Vaticano durante los pontificados de siete papas, que vieron en él al hombre perfecto para ensalzar la imagen de la iglesia con obras espectaculares repartidas por toda la ciudad. Sólo durante el papado de Inocencio X (1644-1655) alcanzará Borromini el ansiado puesto de arquitecto principal de Roma. Sin embargo su hegemonía sería breve, ya que con la llegada de Alejandro VII la estrella de Bernini resplandecerá con más fuerza que nunca.

El primer trabajo en solitario de Borromini es también su obra más importante y reconocida. San Carlo alle Quattro Fontane (1634), una pequeña iglesia cuya fachada, que terminaría casi al final de su vida, es toda una obra maestra de la arquitectura barroca. El espectacular juego de volúmenes cóncavo convexo y sus muros ondulantes hacen al espectador olvidar que está contemplando una obra de piedra. Sant Ágnese en Agone, Sant´Ivo alla Sapienza, el Oratorio dei Fillipini y San Giovanni in Laterano son otros de sus trabajos más importantes.

Fachada de la iglesia de San Carlo alle Quattro Fontane

El rencor que ambos artistas se profesaban no disminuyó con el paso de los años y los enfrentamientos entre ellos siguieron siendo constantes. En 1644, Bernini sufre uno de los peores varapalos de su carrera con la caída del campanario que había diseñado para la fachada de la Basílica de San Pedro. Antes incluso de que saliera la primera grieta, Borromini había criticado con dureza su proyecto argumentando que la torre era demasiado pesada y llegó a acusarle de “incompetencia técnica”. Borromini pudo disfrutar entonces de la única y breve caída en desgracia de su rival.

Unos años más tarde, Bernini se tomaría la revancha al arrebatar a Borromini un proyecto que era prácticamente suyo. Se trataba del encargo de la construcción de la Fontana dei Quattro Fiumi en la Piazza Navona, para la que Borromini había sugerido el tema e incluso había desarrollado el sistema de canalización. Pese a todo, el papa escogió finalmente a Bernini. El grupo escultórico, que representa los cuatro grandes ríos conocidos de la época: el Nilo, el Ganges, el Danubio y el de la Plata, ha sido objeto de una leyenda que ha llegado hasta nuestros días. Una de las figuras masculinas que esculpió Bernini, parece proteger su rostro con la mano levantada. Se decía que era debido a que la iglesia de Sant ‘Agnese in Agone construida por Borromini y situada justo en frente, podía derrumbarse en cualquier momento. El rumor, que surgió sin duda fruto del continuo enfrentamiento entre los dos artistas, era totalmente infundado ya que Bernini construyó la fuente antes que Borromini la iglesia.

Figura del Río de la Plata frente a Sant' Agnese in Agone

De carácter introvertido y huraño, Borromini nunca contó con grandes amigos y llevó una vida tremendamente austera. Poco interesado en el trato con las autoridades ni en riquezas materiales, su gran preocupación era poder llevar a cabo sus obras con absoluta libertad artística.

“Por cierto no desarrollé esta profesión con el fin de ser un simple copista, si bien sé que al inventar cosas nuevas no se puede recibir el fruto del trabajo, siquiera tarde como lo recibió el mismo Miguel Ángel [..] sin embargo el transcurso del tiempo ha puesto de manifiesto que todas sus ideas han resultado dignas de imitación y admiración”.

Hastiado de una vida llena de decepciones y marcada por su eterno conflicto con Bernini, del que nunca salió victorioso, Borromini vivió sus últimos días inmerso en una profunda depresión. Mientras Bernini seguía recibiendo importantes encargos del papado, Borromini ya sólo remataba pequeñas obras para órdenes religiosas sin grandes recursos económicos. En julio de 1667 y tras enterarse de que se había encargado a su adversario la construcción de la tumba del papa Inocencio X, quemó todos sus escritos y diseños y se encerró en su casa, de la que no volvería a salir con vida. Borromini falleció en la noche del 3 de agosto a consecuencia de las heridas que se había producido el día anterior al arrojarse contra su propia espada. Un método utilizado por el filósofo estoico Catón el Jóven, que Borromini decidió seguir tras una discusión con su criado. Estando malherido todavía tuvo tiempo de dejarnos su testimonio de lo que había sucedido.

“[..] Así que comencé a escribir después de la cena, y escribí con el lápiz hasta cerca de las tres de la mañana. Messer Francesco Massari, mi criado joven, quién duerme en la puerta siguiente de mis aposentos ya se había ido a la cama. Viendo que seguía inmóvil escribiendo y no había apagado la luz, me llamó diciendo: -‘Signor Cavaliere, debe usted apagar la luz e ir a dormir porque ya es muy tarde y el médico quiere que descanse’. Así que paré de escribir, alejé de mí el papel, apagué la lámpara y me fui a dormir. Cerca de las cinco o seis de la madrugada me desperté y llamé a Francesco para pedirle que encendiera la lámpara. Como se negó dado que no había dormido suficiente, me puse impaciente y pensé cómo hacerme algún daño corporal. Permanecí en este estado hasta cerca de las ocho, cuando recordé que tenía una espada en el respaldo de la cama, que cayó de punta junto a mi cama. Caí sobre ella con tal fuerza que terminé atravesado en el piso. Debido a mi herida comencé a gritar, con lo que Francesco entró rápidamente al cuarto, abrió la ventana, y al verme herido llamó a otros que me ayudaron a recostarme en la cama y quitarme la espada. Así es como resulté herido”.

Borromini pidió ser enterrado en una tumba sin nombre al lado del que había sido su maestro, Carlos Maderno en la Iglesia de San Giovanni dei Fiorentini. Quizá nunca llegó a sentirse digno de que la gente recordara su nombre.

Esta es la historia de Bernini y Borromini, dos hombres que vivieron un duelo de artistas cuyo fruto fue la mejor versión de barroco italiano.




Gracias por haberme hecho llegar esta historia tan interesante.

Publicado por el 27 junio, 2011 en Historia olvidada | 12 comentarios

Edwin Armstrong: una historia triste sobre innovación tecnológica

Son por todos conocidos, por sus aportaciones al mundo de la electricidad y sus aplicaciones, grandes personajes como Nikola Tesla, Marconi, Edison o Alexander Graham Bell. Sin embargo hay otra figura notable, un ingeniero eléctrico que marcó la historia de la radio, del que es posible que muchos no hayáis oído hablar: Edwin Howard Armstrong.

No llegó a la luna, ni ganó siete Tours de Francia ni cantó aquello de qué mundo tan maravilloso, pero fue un prolífico inventor y visionario en una época en la que la radio despegaba como medio de comunicación de masas. Neoyorquino de nacimiento, graduado en 1913 por la Universidad de Columbia, realizó importantes avances con aplicación al mundo de la radio y durante los años treinta desarrolló una tecnología novedosa basada en la difusión de información sonora mediante la variación de frecuencia de la onda portadora: la modulación de frecuencia o FM. Hasta aquel momento la radio comercial había funcionado mediante transmisiones de amplitud modulada (AM), pero las emisiones en FM se mostraron capaces de proporcionar un sonido más claro y no se veían afectadas por las interferencias de origen atmosférico que inciden en la amplitud. Todo parecía indicar que el método ideado por el ingeniero norteamericano revolucionaría en breve plazo el desarrollo de la radiodifusión y le granjearía un brillante futuro. Pero ni su implantación fue rápida ni su invento le supondría a Armstrong las satisfacciones que cabría esperar.

fuente: narrativaradial.com

En la década de los 30 la RCA (Radio Corporation of America) dominaba la industria radiofónica en los Estados Unidos, siendo líder en la fabricación del equipamiento y la implantación de la red. David Sarnoff, presidente de la RCA, se mostró vivamente interesado al saber que se había conseguido un sistema que eliminase interferencias de la radio, y las pruebas de emisión realizadas por Armstrong desde las instalaciones de la RCA en el Empire State Building dejaron profundamente impresionados a los ingenieros de la compañía, que no dudaban de que se encontraban ante una tecnología superior y revolucionaria. Sin embargo las valoraciones tecnológicas no eran las únicas y Sarnoff no contaba con que la solución de Armstrong más que una mejora era una nueva tecnología . La RCA había construido un imperio radiofónico en AM, realizando una gran inversión, y la FM pasó a ser vista como una amenaza. El negocio iba viento en popa y el cambio de las infraestructuras suponía un riesgo. Desde los círculos directivos y legales se empezaron a mover los hilos y así, la poderosa RCA, con el pretexto de que la invención de Armstrong necesitaba más pruebas, daba la espalda a la radio FM y se centraba en el desarrollo de la incipiente televisión.

Armstrong centró entonces sus esfuerzos en extender el uso de la FM y, durante la Segunda Guerra Mundial, comenzó a conseguir que se instalasen cierto número de estaciones FM, trabajando sin descanso para hacer ver a su país las virtudes de la nueva tecnología. Sin embargo poco después la RCA movería ficha. Parece probable que el gigante radiofónico presionó a la FCC (Comisión Federal de Comunicaciones) para que, sirviendo a los grandes intereses empresariales, realizara la asignación de espectros de frecuencia desplazando a la FM a una nueva banda en beneficio de la televisión, con la intención de asestar un duro golpe al desarrollo de la radio de Armstrong. Y lo consiguió.
Ante todo tipo de impedimentos, la expansión de la radio FM se frenó, mientras la propia RCA incorporaba la tecnología a sus transmisiones televisivas y declaraba nulas las patentes de Armstrong, iniciando un litigio que duraría años y dejaría al inventor hundido moral y económicamente.

fuente: sciencecontrol.com

El último día del mes de enero de 1954 Edwin Howard Armstrong, el olvidado ingeniero que sentó algunas de las bases tecnológicas más importantes para la comunicación por radio, escribía una nota a su mujer y se arrojaba al vacío desde el decimotercer piso en el que vivía.
No pudo ver como su esposa Marion ganaba la batalla por la patente años después ni como la FM finalmente, a pesar de haber sido frenada durante tantos años, se hacía popular a partir de los años 70 y sobrepasaba a la AM una década después.

No ha sido ni será el único ejemplo en el que las entidades que poseen los medios para detener la innovación tecnológica los utilizan. Ni la única reacción al cambio. El gesto de sintonizar una emisora de radio también tiene su historia detrás.

Publicado por el 20 junio, 2011 en Historia olvidada | 5 comentarios

Los delfines que fueron juzgados

Nos situamos en el siglo XVII en la población asturiana de Candás. Los pescadores de la zona estaban desesperados debido a que una gran cantidad de delfines de la especie de los calderones, en busca de comida les destrozaban sus redes y aparejos de pesca para arrebatarles sus capturas, y ni cortos ni perezosos, decidieron demandarlos ante la justicia.

Para lograr tal fin, el párroco de Candás se dirigió al obispo de Oviedo, Martín Alonso, exigiendo justicia ante los desmanes de los cetáceos contra sus feligreses. El obispo decide recurrir a  la incipiente Universidad de Oviedo, dónde pocos años atrás habían comenzado las clases de derecho, para ayudar en el pleito. En la Universidad nombran como abogado defensor a Don Juan García Arias de Viñuela, y como fiscal, a Don Martín Vázquez, catedrático de Prima de Cánones, suponemos la flor y la nata de la abogacía ovetense. El 8 de septiembre de 1624 se embarcan en un navío, junto con un clérigo de la Santa Inquisición, varios testigos y el notario Juan Valdés, y ponen rumbo a alta mar, hasta llegar a la zona frecuentada por los calderones.

El paripé de juicio comenzó con la disertación del abogado defensor, que expuso que los animales, criaturas de Dios, tenían derecho a alimentarse y que los delfines estaban antes en aquellas zonas que los candasinos. El fiscal replicó que aquella era la zona de pesca de los marineros de Candás y que por tanto tenían mayor derecho sobre aquellas aguas. Lógicamente, y como era de esperar, el juicio finaliza con la condena de los pobres calderones, para lo cual, el clérigo, hisopo en mano, procedió a leerles la resolución de la “justicia”, conminándoles a desistir de sus ataques y abandonar aquellas aguas, so pena de condena a los infiernos. Tras esto regresaron a puerto, satisfechos por el procedimiento judicial y en espera de si los delfines cumplirían la condena. Y según cuenta un cronista pocos años después, tras esto nunca más los delfines volvieron a asomar sus hocicos por aquellas costas, probablemente asustados por los gritos, amenazas e hisopazos del buen clérigo.

monumento pleito de los delfines

Monumento del Pleito de los delfines en Candás

Aunque pueda parecer increíble, y muchos la tengan por leyenda, esta historia fue recogida en un documento, el escrito por el notario anteriormente mencionado, que fue encontrado en el Archivo Histórico Provincial de Oviedo en 1980 por el cronista del concejo de Carreño, del que es capital Candás. En conmemoración de este suceso el escultor Santarúa creó una  estatua que se pude contemplar desde 1982 en el parque Maestro Antuña de Candás.

Sirva esta historia como muestra de como se las gastaba la justicia en aquellos tiempos, a la que nada escapaba a su jurisdicción, ni los habitantes de las profundidades del mar.

Publicado por el 13 junio, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario