El increíble infiltrado en el Ku Klux Klan

En el año 1979 el grupo racista más famosos del mundo, el Ku Klux Klan decidió abrir una nueva “delegación” en la ciudad de Colorado Springs, en el estado norteamericano de Colorado, y no se les ocurrió mejor manera de atraer nuevos miembros que poner un anuncio en el periódico. La policía de la ciudad decidió usar ese contacto para tratar de infiltrarse en la organización y el elegido para tal tarea fue el agente Ron Stallworth. Aunque este agente tenía una curiosa peculiaridad que en principio lo debería haber descartado para la misión. Era negro.

Ron Stallworth en la actualidad Fuente:columbiacollegealumni.org

La historia comienza cuando Stallworth se encuentra con tal reclamo de reclutamiento en el periódico, y ya que trabajaba en el departamento de inteligencia de la policía de Colorado Springs, decidió llamar por teléfono al número que se indicaba en el anuncio, pensando que la investigación no llegaría muy lejos. Quién contestó a su llamada le contó que querían iniciar un grupo en su ciudad, comentándole si estaba interesado en empezar con ellos y cual eran sus motivos para unirse al Klan. El agente salió rápidamente al paso diciendo que se consideraba un americano ario puro que se sentía perjudicado por otras razas como los judíos, los negros, los mexicanos, etc., además de que había descubierto que su hermana salía con un hombre negro, lo cual, obviamente, le había indignado. Con tales declaraciones su interlocutor, un militar, quedó convencido que era el tipo de hombre que estaba buscando para su causa. Curiosamente Stallworth le dijo su nombre real, una forma un poco atrevida de infiltrarse.

Carnet del Ku Klux Klan perteneciente a Stallworth

No tardaron en fijar un primer contacto en persona, por lo que Stallworth le dio la descripción de un compañero suyo que trabajaba en narcóticos, que era obviamente blanco. Este fue el agente que se presentó ante el militar, tras conseguir imitar más o menos la voz de Stallworth y portando las identificaciones sin fotografías, como tarjetas de crédito. En el encuentro le entregaron propaganda de la organización y el formulario para apuntarse al Klan. Así comenzó una investigación de un año durante el cual Stallworth siguió con las conversaciones telefónicas con miembros del Klan sin que nadie sospechara nada. Llegó incluso a hablar con David Duke, uno de los principales líderes del grupo, preguntándole en una ocasión si no tenía miedo que la policía pudiera infiltrarse o que incluso gente negra intentara obtener información del Klan. Duke le respondió que era imposible, que él era capaz de reconocer a un negro por la forma de hablar, por como pronunciaban las palabras y que estaba seguro que Stallworth era blanco porque no pronunciaba las palabras de esa forma. A partir de ese momento nuestro protagonista se dedicó a pronunciar las palabras de la forma que decía Duke. Un auténtico crack el agente Stallworth.

La investigación ayudo a obtener información importante sobre el Ku Klux Klan, ya que había varios militares implicados, entre ellos dos que trabajan en el NORAD con acceso a misiles nucleares, además de impedir que se implantara el grupo en la ciudad de Colorado Springs. Ron Stallworth actualmente vive con su familia en Utah, felizmente retirado ya, enseñando orgulloso siempre que puede su carnet del Ku Klux Klan.

Publicado por el 20 octubre, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Cíbola: las ciudades legendarias con las que soñaron los españoles

La conquista española de América es un proceso histórico de unas dimensiones fabulosas, a caballo entre la realidad y la leyenda, en el que las más heroicas acciones y las más grandes infamias y crueldades se mezclan. A la España de Carlos I llegaban fantásticas historias de ricos y exóticos imperios y maravillas naturales incomparables, y fueron muchos los que se aventuraron a explorar los vastos territorios americanos para engrandecer los dominios de su Majestad y, paralelamente, su propio botín personal.
Algunas expediciones españolas, como la de Hernán Cortés o la de Francisco Pizarro, pasarían a la posteridad como un éxito, pero fueron muchas las que terminaron en fracaso y muerte. Quizá las más conocidas de éstas últimas sean las que trataron infructuosamente de encontrar El Dorado, incluida la macabra peripecia del rebelde Lope de Aguirre. Pero no fueron las únicas.

Descubrimiento de américa

Unos cuantos siglos antes de la fiebre conquistadora en América eran los musulmanes los que iniciaban la conquista de la Península Ibérica. En este época comenzó a difundirse la leyenda de que siete obispos habían huido desde Mérida llevándose valiosas reliquias, cruzando el inmenso océano y llegando hasta una isla muy lejana, llamada Antilia, en la que fundaron siete ciudades que llegaron a tener inmensas riquezas.
Se cree que los ecos de la leyenda de las siete ciudades transitaron por los siglos hasta llegar a los españoles que arribaban a Nueva España en el siglo XVI. A este relato legendario se unieron las historias que oyeron contar a los indígenas acerca de un rico reino situado en tierras norteñas.

Nuño de Gúzman, el que fuera definido por Fray Bartolomé de las Casas como “gran tirano”, sería el primero en encabezar una expedición hacia el norte, a los territorios que se llamaron Cíbola, nombre debido a la fauna que poblaba el lugar, ya que los españoles de la época utilizaban el término “cíbolo”, hoy en desuso, para referirse al bisonte.
Poco después, en 1536, el mito volvería a cobrar fuerza tras la llegada a Nueva España de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, superviviente de un viaje épico de ocho años tras participar en la fracasada expedición de Pánfilo Narváez a La Florida. Los relatos de los indígenas que se había encontrado en su periplo reforzaban la idea de que al norte se extendía un reino plagado de riquezas.

Expedición

Cuando los testimonios de Cabeza de Vaca llegaron a oídos del virrey Antonio de Mendoza y Pacheco éste se apresuró a organizar una expedición al norte, encargándole esta misión a su amigo Francisco Vázquez de Coronado, el cual envió primero un grupo de exploradores más reducido. En este grupo se encontraba el fraile Marcos de Niza, guiado por Estebanico, esclavo africano que posiblemente fue el primer hombre nacido en África en pisar lo que hoy son los Estados Unidos. En un momento dado del viaje Estebanico se adelantó con algunos indios . Cuando fray Marcos de Niza avanzó a su encuentro recibió noticias acerca de su muerte en una de las ciudades de Cíbola. El religioso decidió entonces volver al virreinato y a su regreso declaró haber visto una grandiosa ciudad, colmada de oro, plata y piedras preciosas.

Coronado puso en marcha entonces una expedición con unos 300 españoles y varios cientos de indios con el objetivo de conquistar el reino de Cíbola. Sin embargo, tras varias jornadas de trayecto, durante las que se había ido extendiendo el escepticismo, los expedicionarios encuentran que lo que debería ser una ciudad más espléndida que Tenochtitlan era un parduzco poblado indígena de casas de adobe. La expedición de Coronado fue vista como un fracaso, a pesar de lo cual permitió realizar notables descubrimientos, como el del Gran Cañón del Colorado.

Todo parece indicar que las siete ciudades de oro nunca existieron, pero ¿vio algo el fraile Marcos de Niza? ¿murió realmente Estebanico o fingió su muerte para conseguir su libertad? ¿cuál era el rico reino del norte del que hablaban los indios? La leyenda de Cíbola conjuga misterio, riquezas, aventura…y la historia que guió deja múltiples interrogantes que abren la puerta para que la imaginación pueda volar.

Expedición de Coronado

Expedición de Coronado. fuente:wikipedia

Gran Cañón del Colorado

Gran Cañón del Colorado. fuente:wikipedia

Publicado por el 17 octubre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

El Mago de la Segunda Guerra Mundial

Hablar de la Segunda Guerra Mundial en el Norte de África es hablar sobre todo del legendario general alemán Erwin Rommel, el Zorro del desierto, y del hombre que consiguió doblegar a sus Afrika Korps, el Teniente General británico Bernard Law Montgomery, “Monty”. Pero la historia oficial hace dejado a un lado a un actor de este escenario bélico que, si es cierto todo lo que se cuenta de él, pudo haber sido decisivo para la derrota de los nazis en Egipto. Su nombre era Jasper Maskelyne, el mago de la guerra, un ilusionista cuyos trucos, entre el mito y la realidad, sorprenderán a más de uno.

Jasper Maskelyne nació en 1902 en el seno de una familia británica de tradición “mágica”. Tanto su padre como su abuelo habían sido reputados ilusionistas, por lo que ya desde su nacimiento vivió inmerso en un mundo de trucos de desapariciones, baúles atravesados por espadas y conejos sacados de la chistera. Cuando comenzó la guerra en 1939 era ya uno de los más conocidos magos de Londres, pero con el estallido del conflicto el negocio decayó, y Jasper decidió que él también podía aportar algo a la defensa del Imperio Británico, por lo que intentó varias veces alistarse. Debido a su edad fue rechazado, pero él siguió insistiendo hasta que finalmente fue admitido en el Real Cuerpo de Ingenieros en octubre de 1940, donde recibió entrenamiento sobre camuflaje. Y pronto recibiría el destino que lo convertiría en una leyenda, el Norte de Africa, llegando el 10 de Marzo de 1941 a El Cairo, siendo asignado al poco tiempo como oficial al cargo de la Sección Experimental de Camuflaje.

Tanque Matilda con el escudo solar montado

Tras un tiempo en labores menores de camuflaje y alguna que otra actuación ante las tropas le llegó su primer reto, disfrazar a un tanque Matilda. Partiendo de una idea del General Archibald Wavel, el comandante de las tropas británicas en aquel momento, diseñó un sistema mediante una carcasa metálica recubierta de lona daba la forma de un camión, denominada escudo solar, de tal forma que desde cierta distancia en tierra y desde el aire daba completamente el pego. Incluía también un sistema para borrar las huellas, pero parece que este sistema , según los informes militares, nunca fue del todo efectivo. Su prueba de fuego fue probablemente durante la Operación Battleaxe en Junio del 41, pero lamentablemente no fueron de mucha ayuda visto el desastre británico con el que concluyó. Más tarde sí que resultaron decisivos en los enfrentamientos de El Alamein.

Su siguiente misión sería un desafío mayor, conseguir hacer desaparecer el puerto de Alejandría para evitar los continuos bombardeos alemanes. Para ello reconstruyó en una bahía cercana una replica a pequeña escala del puerto, un tanto rudimentaria pero en teoría lo suficientemente efectiva para que desde el aire los pilotos de los aviones alemanes fueran engañados.  La maqueta era acompañada con artillería anti-área para que fuera creíble su defensa. El método usado para realizar el truco consistía en que en cuanto se detectaba la presencia de los bombarderos, las luces del puerto de Alejandría se apagaban y se iluminaba la replica. Lo alemanes, aunque un tanto desconcertados porque lo que les indicaban sus ojos era un poco distinto a lo que les indicaban sus brújulas, atacaban el simulacro de puerto. Al día siguiente se preparaba el puerto real mediante escombros y pinturas simulando cráteres para hacer parecer que tenía daños ante los aviones de reconocimiento alemanes. El truco se realizó durante varias noches hasta que los alemanes decidieron que el puerto ya no era un objetivo primordial y concentraron esas fuerzas en otros frentes.

Prototipo de las luces estroboscópicas

Pero parecía que a Maskelyne todo se le hacía pequeño, y tras esconder un puerto le llegó el turno al mayor truco de desaparición de la historia, hacer invisible el mismísimo canal de Suez. Los británicos temían que los alemanes consiguieran hundir barcos y dañar el canal lo suficiente como para cortarles la comunicación marítima entre el Mediterráneo y sus puertos en Asia. Como vio claro que no podía utilizar nada similar a lo realizado en Alejandría, la solución fue crear un muro de luz sobre el canal mediante proyectores estroboscópicos, que inundaban de luces giratorias los cielos del canal que cegaban a los pilotos, provocando incluso que algunos se estrellaran.

Y así llegamos a la que se considera su aportación más decisiva, la Operación Bertram. En 1942 los ingleses habían conseguido detener el avance de Rommel en El Alamein, pero la situación se encontraba enquistada ante la imposibilidad de conseguir expulsar a los alemanes del norte de África. Por esto Wiston Churchill decidió asignar al General Montgomery el mando de la tropas en Agosto de ese año. Monty rápidamente se puso manos a la obra y como previa a sus planes de ataque surgió la operación Bertram, con el fin de engañar a los alemanes para que pensaran que el ataque principal vendrían de la zona sur a El Alamein. Y para ello contaron con Maskelyne para diseñar un auténtico ejercito de pega, con muñecos simulando soldados y tanques hechos con armazones y lonas, que serían desplegados por el sur mientras que los auténticos tanques lo harían por el norte, disfrazados de camiones con sus famosos escudos solares. La artimaña fue parte del éxito de la posterior batalla que supuso el principio del fin de la presencia alemana en el Norte de África.

Tanque de "pega" usado en El Alamein

En paralelo a sus actividades de camuflaje, Maskelyne también destacó por sus cursos a soldados de espionaje y sobre como escapar si caían prisioneros, diseñando uniformes con todo tipo de artilugios escondidos, como brújulas en miniatura y mapas cosidos a la ropa. Otras de sus aportaciones menores fue desarrollar una pasta ignífuga para evitar que los pilotos se quemaran si se estrellaban y se incendiaba su avión, pero a pesar de demostrar su efectividad, parece que no se llego a usar. A parte de esto también se dice que llegó a realizar hasta alguna que otra operación de espionaje, diseñar barcos falsos y que participó en la propia batalla de El Alamein directamente en una operación de camuflaje. Tras finalizar la guerra continuó con sus actuaciones como mago en Londres, para más tarde trasladarse a Kenya donde moriría en 1973.

Llegados a este punto… ¿qué te parece si te digo que parte de lo que te he contado puede que nunca haya ocurrido? Así lo afirma el mago y historiador militar Richard Stokes en la web donde recoge sus artículos al respecto, ampliados de los que realizo para la revista australiana Geniis Magic Journal en los 90. Stokes investigó todos los hechos atribuidos a Maskelyne buceando entre memorias de militares, documentos desclasificados y los álbumes de Maskelyne, contactando también con el hijo del mago, y analizó pormenorizadamente cada detalle. El problema principal es que casi todo lo que se cuenta sobre Maskelyne no viene de documentos oficiales, sino que provienen de dos fuentes, una es su supuesta autobiografía, Magic: Top Secret, que realmente fue escrita por un “negro” que exageró, embelleció e inventó algunos de los sucesos, como el propio Maskelyne le confesaría a su hijo, y la otra es la novela El mago de la guerra de David Fisher, que contaba la historia una forma digna de cualquier historia de aventuras clásica, dejándose llevar bastante por la imaginación, creando personajes y situaciones que nunca ocurrieron, como denominar al grupo de camuflaje de Maskelyne la Cuadrilla Mágica, nombre que nunca recibió. Eso sí, la novela, sin ser una joya de la literatura, es bastante entretenida.

Stokes descubrió, entre muchas cosas, que la bahía donde se supone que se hizo la réplica del puerto de Alejandría no es tal, sino que es el nombre de un lago cercano a la ciudad, y no consiguió encontrar ninguna mención a dicho truco en ningún documento, además de dudar de su efectividad. Sobre el truco del canal de Suez, a pesar de que encontró pruebas de que Maskelyne llegó a experimentar con un prototipo de los proyectores, no localizó nada al respecto en los documentos que mencionan la defensa del canal, atribuyéndose sobre todo a una buena cantidad de armas anti-aéreas y el descifrado de las comunicaciones alemanas que permitían estar listos de antemano para los ataques. Y sobre su participación en la operación Bertram, tampoco encontró referencias en las memorias del Mayor Geoffrey Barkas, el jefe de camuflaje en Oriente Medio, cuando menciona las reuniones con Montgomery para planear la operación. De lo que si encontró pruebas fue sobre los escudos solares y sus cursos para fugarse. Por todo esto Stokes considera que las aportaciones de Maskelyne a la guerra fueron más bien marginales y simplemente se ha creado un mito a su alrededor.

Para poder empezar a descubrir toda la verdad sobre estos hechos probablemente tendremos que esperar al 2046, que es cuando se desclasificarán totalmente los documentos del ejercito británico al respecto de sus operaciones en el Norte de África. Mientras tanto podemos seguir soñando que realmente hubo un gran mago que engañó a los nazis con sus magníficas ilusiones. Aunque no sean ciertas, no me negareis que es una buena historia para contar.

Todas las imágenes: maskelynemagic.com

Publicado por el 6 octubre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

La Cruz de Borgoña: esa antigua bandera de España

Hoy es un día soleado en aquel trozo de mundo. Los muros del castillo de San Marcos reposan bajo el sol y sus cañones, aunque conservan un porte amenazador, hace muchos años que olvidaron los sonidos de la guerra. Sobre la imponente mole de piedra caliza, una bandera blanca con un aspa roja ondea movida por el viento que se cuela desde la bahía hacia la ciudad de San Agustín, que se extiende a lo largo de su península decorándola con un paisaje urbano que ha visto muchos vientos y algún que otro siglo.

Estamos en Florida, Estados Unidos, pero no son las barras y estrellas las que coronan la fortaleza silenciosa, sino la Cruz de Borgoña, esa equis, la misma que aparece en el comienzo del mensaje de Navidad del Rey de España o en la cola de un Eurofighter que acaba de aterrizar en Morón de la Frontera, en este mismo día, también soleado en este otro trozo de mundo.

Cruz de Borgoña

Cruz de Borgoña

Si ponemos a funcionar la máquina del tiempo podremos ver la cruz aspada unas cuantas veces más. Así que empezamos…Año de destino: 1506.

Felipe, el rey de Castilla, acaba de morir súbitamente a sus 28 años. El Hermoso, marido de la renia Juana, había llegado a España desde su tierra natal en Flandes y eligió como símbolo una evolución de la Cruz de San Andrés, la Cruz de Borgoña, la cual representaba a su madre, María de Borgoña. La repentina muerte del rey flamenco y la supuesta locura de Juana llevarían a que el joven Carlos de Habsburgo ocupase el trono español y se ciñera la corona de Emperador del Sacro Imperio lo que, sumado al resto de la herencia territorial que recibió, le convirtió en uno de los soberanos más poderosos de la Historia. España iniciaba así su etapa imperial y, se cree que pocos años después la Cruz de Borgoña debutaba en los campos de batalla en manos de las tropas españolas que derrotaron al ejército francés de Francisco I en Pavía. La primera victoria de muchas, que llevarán a los Tercios Viejos españoles y su bandera a desangrarse en las guerras de medio mundo y convertirá al aspa roja en el símbolo del Imperio.

Un segundo pequeño salto en el tiempo nos traslada a 1565 y otro en el espacio nos hace caer en el Nuevo Mundo. El asturiano Pedro Menéndez de Avilés comanda una expedición militar española con el objetivo de mantener una presencia permanente ante la amenaza que suponen para los territorios españoles los franceses instalados cerca de sus posiciones. Si saltamos sólo unas semanas veremos cómo junto al mismo océano que llega a bañar las cosas ibéricas las oraciones de los españoles dan gracias por la victoria: se funda San Agustín de La Florida, el que hoy en día es el asentamiento europeo más antiguo de los Estados Unidos que permanece aún poblado.

Pedro Menéndez de Avilés

Pedro Menéndez de Avilés

El tiempo, obstinado, no se detiene hasta 1785. La estrella de España pierde brillo y el despotismo ilustrado borbónico transforma la fachada de la piel de toro poco antes de que el mundo empiece a saltar en pedazos en una prisión parisina. Carlos III promulga el Real Decreto que instituye la bandera rojigualda como pabellón nacional, con aplicación a la Marina. El uso de la Cruz de Borgoña comienza a decaer y en 1843 se oficializará la presencia de la bandera que conocemos actualmente en todas las unidades militares españolas, aunque la cruz seguiría usándose en diferentes enseñas militares, sería utilizada por los carlistas en las sucesivas guerras peninsulares del siglo XIX y algunos movimientos tradicionalistas tratarían de apropiársela.

Y hemos llegado al final del viaje. Hoy en día la cruz de San Andrés es el distintivo de cola de las aeronaves del Ejército del Aire  de España, el símbolo de María de Borgoña está presente en el escudo del Rey de España, y las banderas de Huesca, Logroño, Florida, Alabama y de varios departamentos de países sudamericanos, entre otras, muestran también el Aspa de Borgoña, la que durante siglos ondeó en las victorias y se arrastró por el fango de las derrotas de un país que luchó contra todo y contra todos, la misma que sigue ondeando al viento de aquella bahía americana en la que un puñado de valientes y locos a partes iguales escribieron su capítulo de la Historia. En rojo y blanco.

Bandera en castillo de San Marcos

fuente:josehavel.blogspot.com

Publicado por el 4 octubre, 2011 en Historia olvidada | 11 comentarios

Una de asturianos en Madrid

No era mi intención al empezar a escribir este artículo exponer la evolución de la llegada a Madrid de asturianos (y asturianas, por supuesto, pero advierto para lo sucesivo de que soy de los que aún escribe “como antes”), pero el conocimiento de algunos hechos sueltos y la existencia del fenómeno en la actualidad, con las peculiaridades propias de nuestra época, se han juntado en un fino hilo que podría unir a un campesino súbdito de Felipe V que mira entre la bruma el enfangado camino que le llevará más allá de las montañas y a un informático de la “generación Alsa”. La Historia tiene estas cosas…

Son bastantes los que hoy en día tienen en Madrid un amigo, conocido o compañero de trabajo asturiano. La realidad más reciente de Asturias ha dibujado un traslado masivo de jóvenes astures hacia la capital, que se cuentan por miles cada año, al que unos llaman “movilidad laboral”, otros emigración con todas las letras y y que incluso algún despistado considera una leyenda urbana, como la chica de la curva…

El perfil del asturiano tipo que llega y ha llegado a Madrid en la última década encaja con un/a joven de edad comprendida entre los 25 y los 35 años, con alta cualificación y que se desplaza a la capital del Reino por motivaciones laborales. Tienen sus asociaciones y celebran su fiestas, pero estos emigrantes no son como los de antes.
Y sin embargo no es una historia totalmente nueva. Los asturianos han poblado en cantidades apreciables las calles madrileñas desde al siglo XVI, representando uno de los flujos migratorios internos más relevantes de la historia de España. Los llamados “coritos” (se cree que por su vestimenta de cuero), conocidos antaño por su cuello corto, y blanco de mofas y chistes de la época por su peculiar forma de hablar,  salieron de su tradicionalmente olvidada tierra y se integraron en las clases populares de la Villa y Corte, llegando casi a monopolizar los oficios de aguador y sereno en la capital, y desempeñando otros varios como mozo de cuerda, carbonero o ama de cría.

Aguador

Este proceso llevó a que en la primera mitad del siglo XIX la comunidad de inmigrantes asturianos en Madrid fuese de las más numerosas, si no la más, de entre todas las que se encontraban en la capital procedentes de otras regiones. Del mantenimiento de su unión y sus costumbres y también, todo hay que decirlo, de su tendencia a “llamar la atención” al juntarse, encontramos una gran muestra en el siguiente bando municipal publicado en Madrid en 1803:

“Por haberse notado, que los asturianos que se ocupan en ser mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientes y en otros exercicios, se juntan en el prado que llaman del Corregidor, inmediato a la Fuente de la Teja, de que resultan alborotos, quimeras, heridos y otros escándalos; se prohíbe, que en cualquiera día o noche se junten en quadrillas los asturianos u otras personas con palos ni sin ellos, así en el citado prado del Corregidor, como en otro parage a las afueras de esta corte, con motivo de tener el bayle de la danza prima ni otro alguno; ni susciten quimeras o questiones, formando bandos en defensa de sus concejos, ni sobre otro asunto…” (Bando de 23 de junio de 1803)

Otra prueba de la gran presencia de asturianos se puede observar el 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se alza contra el invasor francés. Ese día el precio que paga la comunidad asturiana es alto (proporcionalmente más que lo que le correspondería por su representación en la población total), dejándose la vida en las agitadas calles madrileñas, según las fuentes, 35 asturianos.
Como inciso, indicar que las noticias de los sucesos de Madrid llegan a Asturias el 9 de mayo, y el día 25 la Junta del Principado se declara soberana, forma un ejército y declara por su cuenta la guerra a Francia, llegando a enviar embajadores asturianos ante el rey Jorge III de Inglaterra, pero esto da para otro artículo…

Dos de mayo

En la segunda mitad del siglo XIX y durante parte del siglo XX la emigración asturiana se focaliza principalmente hacia América y Europa, aunque la presencia de asturianos en Madrid seguirá siendo palpable. En el Madrid convulso que siguió a la revolución de 1868 el grupo de “los de Oviedo” (Clarín, Tomás Tuero, Palacio Valdés…) se reunía para arreglar el mundo ante unas cervezas y cultivaba sus dotes literarias. En 1881 se funda el Centro Asturiano de Madrid, la segunda sociedad española de este tipo en el mundo (tras el Centro Gallego de la Habana) y la más antigua que las que aún continúan en funcionamiento.
Corre el año 1888 cuando nace el histórico Café Gijón, famoso punto de encuentro de intelectuales y donde aún hoy se puede acudir a evocar los ecos de otros tiempos en pleno paseo de Recoletos (doy fe).
En la década de 1930 surge el Corte Inglés de manos de comerciantes asturianos…

Y, en definitiva, así podríamos juntar muchas pequeñas historias personales que han contribuido, al menos algo, a que Madrid y Asturias sean hoy lo que son.

fuente:buscolu.com

Publicado por el 23 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 2 comentarios

El Turco: el autómata que no era tal

El conde Ludwig von Cobenzl observaba nervioso el tablero de ajedrez, incrédulo ante lo que estaba ocurriendo. Apenas llevaban media hora y aquel maldito cacharro estaba a punto de derrotarlo, delante de toda la corte imperial de Viena. El Turco hizo su último movimiento: Jaque mate. El conde había sido la primera “víctima” de muchas del increíble autómata creado por el inventor húngaro Wolfgang Von Kempelen. Aunque como veremos, no era tan autómata como parecía.

Ilustración de El Turco posiblemente realizada por von Kempelen

Von Kempelen había nacido en Pressburg, en el reino de  Hungría (actualmente en Eslovaquia) en 1734. Aunque estudió leyes y filosofía, lo que más le interesaba eran las matemáticas y la física, y demostró a lo largo de su vida sus conocimientos técnicos, siendo una muestra de ello el famoso El Turco.  El nacimiento del autómata vino dado por la visita de Von Kempelen a Viena en el otoño de 1769, convocado por la Emperatriz María Teresa para asistir a una sesión de magia e ilusionismo. El inventor quedó tan fascinado por los trucos del mago François Pelletier, que le prometió a la Emperatriz que en seis meses regresaría con una creación que dejaría corta aquella sesión. Y allí se presentó en 1770 con El Turco, retando a cualquiera de la corte a que se enfrentara a él en el tablero de ajedrez. El autómata constaba de una figura de torso y cabeza vestido con ropajes turcos, turbante incluido. En la mano izquierda sostenía una larga pipa y el brazo derecho reposaba sobre la mesa donde se encontraba el tablero, siendo el encargado de realizar los movimientos. El mueble que lo complementaba tenía tres puertas, en cuyo interior se podían ver engranajes,  y un cajón inferior. El Turco jugaba con las blancas, asentía dos veces cuando amenazaba a la reina, tres veces cuando ponía en jaque al rey y si su oponente hacia algún movimiento no permitido, negaba con la cabeza y movía la pieza a su posición original. Incluso era capaz, mediante un tablero con letras, de mantener conversaciones en inglés, francés y alemán. Lógicamente la corte de los Habsburgo quedó asombrada ante aquella maravilla técnica. Tras la derrota del conde von Cobenzl, von Kempelen apenas volvió  a mostrar el autómata, solo enfrentándose a otro oponente en diez años, y prefirió centrarse en otros proyecto que le interesaban más, como la reproducción de la voz humana, una historia digna de mención pero que relataremos en otra ocasión. Quizás también preocupado por las especulaciones sobre el secreto del funcionamiento del autómata, que iban desde que un enano o un duende se escondía bajo la mesa hasta que había hecho un pacto con el diablo, finalmente decidió desmantelar el dispositivo.

Pero el autómata permanecería poco tiempo fuera de circulación, ya que en 1781 el Emperador Jose II ordenaría a Kempelen que lo reconstruyera con ocasión de la visita del Gran Duque Pablo I de Rusia. Aquí comenzaría su segunda vida con un gran tour por toda Europa, pasando por París, Londres y Amsterdam en otras muchas ciudades, destacando entre sus adversarios el mismísimo Benjamin Franklin, que por aquel entonces ejercía de embajador de Estados Unidos en París.  Y precisamente sería en la capital francesa donde se produciría la primera derrota de El Turco frente al músico y ajedrecista François-André Danican Philidor, aunque le hizo sudar la gota gorda a Philidor para conseguir vencerlo. Von Kempelen murió en 1804, en la completa pobreza pese a sus invenciones, sin haber desvelado públicamente el secreto de El Turco. Muchos intentaron deducir como funcionaba realmente, como el alemán Joseph Friedrich Freiherr von Racknitz, que llegó a publicar un libro con ilustraciones de como creía él que funcionaba el autómata, y aunque iba bien encaminado, se equivocó en la posición del operador y las dimensiones. También el escritor Edgar Allan Poe llegó a elucubrar sobre su funcionamiento en un ensayo publicado en 1836, aunque también realizó suposiciones incorrectas. Como habréis supuesto, el secreto del funcionamiento de tan inteligente autómata no era otro que una persona escondida en el interior de El Turco, iluminada con una vela y con un tablero interior, que mediante un complejo sistema de engranajes diferenciales, cuerdas y gomas conseguía que El Turco realizara los movimientos deseados, siguiendo los movimientos de su oponente gracias a piezas magnéticas acopladas bajo el tablero de juego. Mediante trucos de ilusionismo con espejos y demás parafernalia, pese a que von Kempelen siempre mostraba el interior del autómata, lograba esconder al operador a la vista de los asistentes a sus demostraciones. Lo que todavía permanece en el misterio es quién era el operador del autómata. Existen leyendas acerca de un oficial polaco amigo del inventor que había perdido las piernas, por lo que Von Kempelen le había construido El Turco, y también se habla de la posibildad de que fuera Józef Boruwlaski, un famoso enano polaco, pero como digo, su identidad sigue siendo un enigma.

Reconstrucción de El Turco Autor: Carafe at en.wikipedia

La historia de El Turco continúa tras la muerte de su creador, ya que su hijo se lo vendió al empresario Johann Nepomuk Mälzel, que lo reparó y comenzó de nuevo un nuevo viaje demostrativo por Europa y América. En esta época destaca su enfrentamiento con Napoleón Bonaparte en 1809. Durante la partida, Napoleón realizó varias veces movimientos incorrectos hasta que El Turco, operado por Johann Baptist Allgaier, harto de los intentos de engaño del Emperador, tiró las piezas con un movimiento del brazo. Se comenta que tras esto Napoleón se fue diciendo que era capaz de hacer perder la paciencia hasta a los mecanismos. En contra de la etapa anterior, durante esta época si que se conocen todos los operadores de El Turco, reputados maestros ajedrecistas. El Turco acabó sus días en un museo de Filadelfia, en Estados Unidos, donde desgraciadamente fue destruido por un incendio en 1854, perdiéndose así esta maravilla tecnológica, ya que a pesar del engaño sobre su inteligencia, no hay que desdeñar el ingenio de su creador y la complejidad técnica del dispositivo para realizar los movimientos.

Publicado por el 19 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 5 comentarios

El día que Franco estuvo a punto de bombardear el Palacio Real

Comenzaba la semana en Madrid aquel lunes de diciembre y la silueta de un avión recortaba el cielo sobrevolando el Palacio Real mientras las calles se iban llenando de los sonidos propios del ajetreo de la capital. A ras de suelo grupos de niños corren y juegan en la Plaza de Oriente, y en el aire el aparato maniobra sobre el imponente edificio y se aleja, para volver al cabo de un rato de idéntica forma y terminar perdiéndose en la lejanía.

A los mandos del bombardero ligero, un Breguet 19 de fabricación francesa para los más entendidos, estaba Franco, pero no el militar que acabaría encabezando durante casi cuarenta años una dictadura en España, sino su hermano Ramón.

Palacio Real

Palacio Real de Madrid: fuente: katy-ciudadanadelmundo.blogspot.com

Aquel 15 de diciembre de 1930 Ramón Franco, que había saltado a la fama como héroe del Plus Ultra y había sido nombrado Gentilhombre de Cámara por el propio rey Alfonso XIII, se sublevaba contra la Monarquía e intentaba bombardear la residencia oficial del monarca. Este hecho se enmarca dentro de la denominada “cuartelada de Cuatro Vientos”, acción subversiva encaminada a forzar el advenimiento de la República, y se produjo sólo tres días después del fallido levantamiento de Jaca, que persiguió el mismo fin que la intentona del aeródromo, y cuyo fracaso llevaría a los capitanes Galán y García Hernández al patíbulo.

Tras la sublevación de la guarnición del acuartelamiento madrileño, varios aviones despegaron para arrojar proclamas sobre la ciudad, pero Ramón Franco parecía querer ir más allá. Sin embargo, mientras sobrevolaba el mayor palacio de Europa occidental, el menor de los Franco temió causar daños colaterales al arrojar las bombas y desistió de su cometido. En vista del más que posible fracaso de la sublevación, al mantenerse leales la gran mayoría de tropas de la capital y no triunfar la convocatoria de huelga general prevista por falta de apoyo socialista, el experimentado aviador puso rumbo a Lisboa, donde se exiliaría hasta la proclamación de la Segunda República.

Esta proclamación apenas tardaría cuatro meses en llegar y la sublevación, aunque fue un rotundo fracaso en la práctica, mostró la cercanía del fin de un sistema en descomposición.

Ramón Franco

Ramón Franco

El hermano de Francisco Franco fue un personaje complejo y contradictorio, que mostró marcados ideales republicanos e izquierdistas y que, sin embargo, acabó combatiendo en la guerra del 36 en el bando sublevado encabezado por su hermano mayor. En 1938, antes del fin de la contienda civil, falleció en circunstancias no totalmente aclaradas en un acidente de aviación, dejando una vida agitada, fruto de una época convulsa de nuestra Historia, y un buen puñado de interrogantes.

Publicado por el 7 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

Camellos, agujas y microesculturas

Es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, que el que un rico entre en el Reino de los Cielos

Mt 19,23-24

No es que me haya puesto bíblico por la visita del Papa, es que desde siempre me ha llamado la atención esta cita del Nuevo Testamento por lo extraña y curiosa que me resulta la comparación entre el gran cuadrúpedo del desierto y algo tan minúsculo y distinto como el ojo de una aguja. Sí es cierto que me ha venido a la mente la frase al pensar a dónde hemos llegado con burbujas, primas de riesgo y dividendos, y hasta dónde han llegado algunos, pero a lo que iba básicamente es a la unión del camello y la aguja y la curiosidad por el origen de la comparación.

El mayor best-seller de la Humanidad ha visto pasar muchos estudiosos por sus páginas, por lo que este simple versículo no iba a ser una excepción. Mientras hay quienes sostienen que la comparación es simplemente una hipérbole con toque oriental propia de la época, también hay quien especula que se denominase “aguja” a una puerta pequeña en los muros de la ciudad, por la que un camello transitaba con dificultad. Incluso hay opiniones acerca de que el “Ojo de la aguja” podría ser un paso montañoso muy estrecho por el que apenas cabía una persona.
¿Y el camello? Aunque no era un animal extraño para los judíos en la época de Jesucristo ( y de hecho la palabra “camello” proviene del hebreo) se cree que cabe la posibilidad de que en la traducción desde el griego que realizó San Jerónimo el término “kamelos” no se interpretase correctamente, al estar haciendo referencia realmente no al animal sino a una maroma, esto es, una cuerda gruesa.

Camello

Fuente: masmar.net

Como tantas otras cosas, el verdadero significado lingüístico de la frase se ha diluído, tras una cadena de traducciones e interpretaciones, en el río de la Historia. Y eso sin entrar en su sentido moral o religioso…

Pero, aunque pueda no parecerlo, hoy en día muchas cosas, incluído uno o varios camellos con sus jorobas, caben en el ojo de una aguja de las de coser. Y si no que se lo digan al escultor inglés Willard Wigan, célebre por sus microesculturas (de apenas 0,005 mm), que le han llevado a ser uno de los artistas contemporáneos más valorados y a recibir, entre otras distinciones, la Orden del Imperio Británico.

Camellos en el ojo e una aguja

Se pueden contemplar más muestras sorprendentes en su web oficial.
Y es que los tiempos cambian…

Publicado por el 19 agosto, 2011 en Frases, Historia olvidada | 3 comentarios

Cuando Tesla fotografió a Mark Twain con rayos X

Nos situamos en una mañana del otoño de 1895 en el laboratorio que Nikola Tesla tenía en el 46 de East Houston Street en Nueva York. El inmortal creador de Tom Sawyer, Mark Twain, estaba realizando una visita a su amigo inventor para ver que nuevos descubrimientos había hecho y Tesla decide hacerle una fotografía iluminado por la luz de un tubo Geissler. Cuando revelan la placa fotográfica, descubren con sorpresa que en la imagen no aparece Twain sino lo que aparenta  ser uno de los tornillos de ajuste de la lente de la cámara. ¿Qué había sucedido?

Mark Twain en el laboratorio de Tesla en 1894

La respuesta la obtendría el 28 de Diciembre de 1895, cuando fue publicado el descubrimiento de los rayos X por parte del físico alemán Wilhelm Röntgen. El tubo de vacío Geissler, una especie de antecesor de los fluorescentes actuales, había emitido este tipo de radiación, provocando que en la placa fotográfica se quedara marcada la imagen del interior de la propia cámara. Tesla acababa de hacer la primera fotografía con rayos X en Estados Unidos. El inventor inmediatamente se sintió fascinado por este fenómeno y comenzó a experimentar con él. Tesla realmente ya había hecho en años anteriores menciones a radiación invisible en sus demostraciones de sus lámparas gaseosas pero no había conseguido determinar su naturaleza, por lo que siempre adjudicó el mérito a Röntgen. En cuanto tuvo noticia del descubrimiento, Tesla envió las imágenes que había obtenido con las exposiciones a rayos X, que denominó “sombragrafías”, al científico alemán, el cual inmediatamente respondió solicitándole el método usado para conseguirlas, asombrado por la calidad de las fotografías.

Imagen de rayos X de un pie obtenida por Tesla

Pero el entusiasmo surgido en la época por los rayos X fue más allá de lo saludablemente permitido. El propio Tesla pensó que podían servir para estimular el cerebro y lo probó en él mismo, realizando varias exposiciones de 40 minutos para obtener fotografías de su cráneo. Durante las exposiciones experimentó somnolencia, lapsus temporales y una sensación de calor en la parte superior de la cabeza, por lo que en un principio llegó a pensar que podría tener aplicaciones terapéuticas. Incluso continuó investigando a pesar del dolor que le producían en los ojos y de que uno de sus asistente sufriera una quemadura en el abdomen. Pero ya en 1897 empezó a convencerse de que la radiación no eran tan inofensiva como parecía y en una conferencia realizada en la Academia de la Ciencia de Nueva York expuso sus consejos para construir y trabajar de forma segura con equipos de rayos X y los problemas que había observado en sus experimentos.

Se afirma que el propio Mark Twain experimentó los rayos X en alguna de sus visitas, aunque no ha quedado prueba de que fuera así. Pero no sería de extrañar, dado el gusto que tenía el escritor por probar los inventos de Tesla. Desde que se conocieran personalmente años atrás en el Player’s Club se había forjando una gran amistad entre los dos y acudía frecuentemente al laboratorio de Tesla, siempre fascinado por las invenciones de su amigo. Precisamente durante una de estas visitas ocurrió una divertida anécdota comentada en todas la biografías. El inventor estaba trabajando en una plataforma vibratoria con fines terapéuticos y Twain no se demoró en querer probarla. El escritor se encontraba tan a gusto vibrando sobre la plataforma que, como un niño pequeño, se negaba a bajar de ella a pesar de las advertencias de Tesla de que no debía estar demasiado tiempo. Pero de pronto comprobó a que se debían los avisos de su amigo, pidiendo desesperadamente que detuvieran la máquina y salió corriendo rumbo hacia el cuarto de baño. Acaba de comprobar los efectos laxantes de las vibraciones.

Parece que aunque no estemos seguros de si realmente Tesla hizo temblar la tierra, si que hizo temblar los intestinos de Mark Twain.

Publicado por el 1 agosto, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

La pequeña gran historia del primer tren español

Siempre había creído que la primera línea de ferrocarril de España había sido la que unió (allá por 1848) Barcelona con Mataró. Creo recordar que eso era lo que ponía mi libro de texto en su momento y durante mucho tiempo tuve esta respuesta como infalible ante una típica pregunta de Trivial. Pero no es cierto, o, al menos, no del todo…

Uno de los principales impulsores de esta línea, que inauguraría el ferrocarril en territorio catalán, fue Miguel Biada. Comerciante, nacido en Mataró, fundaría la “Compañía del Camino de Hierro de Barcelona a Mataró y Viceversa”, que, con este extraño y rimbombante nombre que nos recuerda a la época de la fiebre de los inventos, ejecutó el proyecto para unir el pueblo natal de Biada con la capital catalana, que a la postre significó la primera línea ferroviaria en territorio peninsular, o, si acaso, dentro del territorio que hoy sigue bajo soberanía española.

fuente: hechosdehoy.com

Sin embargo, la determinación para llevar a cabo este gran proyecto nació en el comerciante catalán unos cuantos años antes, en la entonces colonia española de Cuba. Allí, el 19 de noviembre de 1837, se inauguraba la línea que unía por tren La Habana y Bejucal, dedicada fundamentalmente al transporte de mercancías desde la rica región agrícola de Güines hasta el puerto de la capital cubana, y Biada estaba presente. Desde entonces la idea de unir Barcelona con la localidad que le vio nacer no le abandonó. Lamentablemente no pudo ver su sueño cumplido, al fallecer poco antes de la finalización del proyecto.

Así pues, la línea cubana, aunque en territorios de Ultramar, se puede considerar la primera línea de ferrocarril española. Pero aún hay más…pues algunos expertos en la materia consideran que existe documentación que prueba que la primera línea ferroviaria de España se construyó en 1834 (tres años antes) en el pueblo asturiano de Arnao, para transportar carbón desde la mina hasta el mar. Ahí dejo la línea de investigación para los más ociosos.

A la línea Barcelona-Mataró le siguió la línea Madrid-Aranjuez en 1851, la primera línea de vía estrecha en Langreo (Asturias) un año después y , a continuación, un boom ferroviario en aquella España convulsa de espadones e industrialización, que se plasmó en más de 5000 kilómetros de vías en veinte años.
Hoy la alta velocidad marca el ritmo de los nuevos tiempos, pero Biada y muchos otros entusiastas de su época fueron los auténticos pioneros.

Miguel Biada (fuente:biada.com)

Publicado por el 28 julio, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario