La venganza de los soldados aragoneses

Alboreaban el siglo XIV y la primavera la noche que Roger de Flor, el templario, el capitán, el césar, se sentaba, rodeado de sus fieles oficiales, al banquete triunfal que le coronaba como salvador de Bizancio. Pero esa noche sería su última noche. Mercenarios alanos, bajo las órdenes del hijo del emperador Andrónico II pasarían a cuchillo a Roger y sus hombres. Ellos, que tres años antes habían sido recibidos como una bendición frente a la avalancha turca que se avecinaba desde el este, eran ahora cruelmente asesinados ante su ambición desmedida y su poder creciente. El miedo había llevado a los círculos de poder bizantinos a consumar una traición sangrienta. Había caído la cúpula de los almogávares, pero los soldados iban a vengar la muerte de sus compañeros de armas con una brutalidad extrema.

Almogávar. Este nombre, de origen incierto y hoy casi olvidado, causó temor durante décadas en los confines de Europa. Bajo este apelativo, y defendiendo las barras del Reino de Aragón, mercenarios aragoneses, catalanes, valencianos y mallorquines, e incluso también navarros, gallegos y asturianos, se curtieron en la guerra contra el invasor musulmán y formaron el cuerpo de infantería ligera más poderoso de su época. “Desperta, ferro”, su grito de guerra, anunciaba bien a las claras que el hierro se iba a cernir sin piedad sobre quien se opusiese a las huestes de San Jorge.

Tras ganarse una reputación en la Reconquista y en la defensa victoriosa de las tierras aragonesas ante el ataque de la alianza europea instigada por el Papa y encabezada por las tropas de Felipe III de Francia, los almogávares siguieron combatiendo, matando y muriendo por la Cimera del Dragón en Túnez e Italia y en 1302 partieron, comandados por Roger de Flor, en la expedición al Imperio Bizantino para socorrer al emperador de oriente ante la amenaza otomana. Allí repelieron todas las ofensivas turcas, dejando decenas de miles de muertos, y llegaron a tomar Éfeso.
Pero los almogávares eran difíciles de controlar, su presencia degeneraba a menudo en desmanes y su poder militar llegó a ser visto como una amenaza por la propia corte de Constantinopla. Se habían convertido en un inquilino incómodo…

Entrada de Roger de Flor y sus tropas en Constantinopla

Ya conocemos que el recelo bizantino se convirtió en traición y ésta desencadenó una venganza (denominada la “venganza catalana”) en la que las tropas almogávares derrotaron al ejército bizantino y saquearon, arrasaron y asesinaron todo lo que encontraron a su paso en Grecia. Los mercenarios alanos fueron perseguidos y aniquilados por miles.

Terminada su venganza los almogávares decidieron quedarse, y , excomulgados por el Papa, mantuvieron durante varias décadas el ducado de Atenas bajo el dominio de la Corona de Aragón. Aún hoy se recuerdan su valor y su crueldad, y su nombre todavía asusta a los niños en aquellas tierras alejadas de las montañas del Pirineo que les vieron nacer.

Publicado por el 23 febrero, 2012 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El pueblo con el nombre más largo del mundo

Llanfairpwllgwyngyllgogerychwyrndrobwllllantysiliogogogoch.

No, no es que el gato haya saltado sobre el teclado (algo que por otra parte no sería especialmente raro si tuviera gato).
Ese chorro de letras, impronunciable para cualquier súbdito español, es el nombre de un pueblo galés, situado en la isla de Anglesey, y está considerado como el topónimo de localidad más largo del mundo actualmente en uso (y ojito también a la url del enlace)

Al parecer, en castellano el nombre significa algo así como “La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido; y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja”, lo cual demuestra que los galeses son gente que gusta de descripciones precisas de las cosas…
La pronunciación, transcrita para un hispanohablante a partir del idioma galés, sería algo así: Hlan-vair-puhl-güin-guihl-go-gue-ra-juern-drob-uhl-hlan-ti-si-lio-go-go-goj.

La versión abreviada del nombre es Llanfair PG y el pueblo, de unos 3000 habitantes, recibe bastante turismo derivado de su peculiar denominación. Si alguna vez os acercáis a latitudes galesas, una foto ante el cartel con el nombre de la localidad isleña será un recuerdo curioso.

Fuente: 475lidobeach.com

Aunque éste está reconocido como el nombre de localidad de mayor longitud en el mundo, hay dos topónimos más largos. Uno de ellos es el nombre ceremonial de Bangkok, capital de Tailandia, aunque no es admitido por el Guinness World Records por considerarse que está en desuso. El segundo corresponde al nombre en maorí de una colina de Nueva Zelanda y consta de 85 letras. No lo voy a escribir, porque creo que ya habéis resultado bastante cómicos tratando de leer en voz alta el nombre del pueblecito galés…

Y, por cierto, en España, el municipio que ostenta el honor de tener el nombre de mayor longitud es el burgalés de Villarcayo de Merindad de Castilla la Vieja.

Publicado por el 23 enero, 2012 en Viajes | 6 comentarios

Jojojó, trololó, feliz Navidad

Corniseros, nos llena de orgullo y satisfacción..(¡ah no!, esto será esta noche…)…ejem…bueno, ya ha llegado una Navidad más y en estas fechas señaladas desde cornisa.net no podíamos dejar de desearos unas felices fiestas.

Como las navidades son un clásico hemos querido recordar un clásico. Y como cada uno tiene su villancico hemos preferido dejaros uno con letra libre.

Y, ya lo dice el título de la canción, es un placer estar de vuelta en casa hoy.

Feliz Navidad.

Publicado por el 24 diciembre, 2011 en Sin categoría | Lee el primer comentario

La última carga de la caballería

La corneta tocaba a carga y una voz se alzaba: ¡Avanti Savoia! La respuesta ante el grito fue unánime y en cuanto su eco se apagó el sonido de los cascos y el desenvainar de sables desplazó al mortal silencio de guerra que sobrevolaba la estepa rusa.
Los soldados soviéticos contemplaban atónitos cómo los corceles apretaban el galope y se acercaban, como en otros tiempos y otras guerras, a sus posiciones. Quizá sin saberlo eran testigos de la que se podría considerar la última carga de la caballería (o al menos seguro una de las últimas)

Desde la edad de bronce el hombre y el caballo han tenido una relación tan estrecha que es difícil encontrar ejemplos de uniones tan beneficiosas en la Historia, la cual ha sido escrita en infinidad de ocasiones, en la paz y en la guerra, a lomos de un équido. La nobleza de los cuadrúpedos ha acompañado los sucesos clave de grandes civilizaciones y ha sido la base de temibles unidades militares en los más poderosos ejércitos, desde los jinetes macedonios del gran Alejandro Magno hasta los coraceros de Napoleón.

caballería
Esto ya no ocurría en el verano de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la ofensiva soviética hacia el río Don amenazaba con envolver al ejército expedicionario italiano que acompañaba a las tropas del Tercer Reich en su arriesgado empeño de someter al gigante comunista. Las ametralladoras primero, y los vehículos blindados después, habían reducido de forma drástica la importancia del caballo en los ejércitos occidentales, al menos como elemento para el combate, ya que aún seguían usándose para el reconocimiento y transporte de suministros.

El tercer regimiento “Savoia Cavalleria”, uno de los más antiguos de la caballería del ejército italiano (creado en el siglo XVII), comandado en aquella jornada del verano ruso por el coronel Alessandro Bettoni, arrolló, ayudado por el factor sorpresa, a un contingente soviético muy superior en número y armamento, logrando una pequeña gesta para las armas transalpinas y dejando un epílogo victorioso para el caballo en la desgraciada historia de las guerras.

Escudo del Regimiento Savoia

Los ingleses recuerdan las últimas carga de su caballería, contra los derviches en Sudán (vivida en primera persona por el propio Winston Churchill), o contra los otomanos en las inmediaciones de Jerusalén en la Primera Guerra Mundial. Los españoles posiblemente se han olvidado la de la suya, en tierras turolenses en aquel frío invierno del 38.

Los italianos ponían el último capítulo bélico afamado en la relación secular de caballos y jinetes. Fueron los últimos galopes furibundos, la escena final de una época que realmente ya se extinguía desde varias décadas antes.La última carga de la caballería y el fin de los tiempos de los caballeros.

Publicado por el 13 diciembre, 2011 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Google y los límites de la personalización

The idea of a monolithic set of search results for a generic term will probably start to fade away, and you already see people expect that if I do a search and somebody else does the search, they can get slightly different answers. I expect that over time people will expect that more and more, and they’ll have that in the back of their heads.



Suena bien ¿no?
Pero merece la pena pensar un rato sobre ello: un instrumento poderoso, unos efectos difíciles de determinar, unas líneas difusas que marcar.

Aquí un interesante vídeo del TED sobre el tema. Para meditar.

https://youtube.com/devicesupport

Publicado por el 1 diciembre, 2011 en Tecnología | Lee el primer comentario

El córnico: la supervivencia de una lengua

“Me ne vidn cewsel Sawznek!” Se cuenta que esas palabras (“¡Yo nunca hablaré inglés!”, o algo parecido) fueron las últimas que pronunció la anciana Dolly Pentreath. El año era el 1777 y el lugar, algún pueblo de las tierras de Cornualles, en el extremo más meridional de Inglaterra.
Geográficamente, el condado de Cornualles, que ocupa la mayor parte de la península del mismo nombre, dibuja sus abruptas costas entre el Mar Céltico y el Canal de la Mancha y está reconocido como una se las seis naciones celtas junto con Gales, Escocia, Man, Irlanda y Bretaña (A modo de curiosidad Galicia y Asturias, a pesar de atesorar herencia cultural celta, se consideran pueblos afines, pero no están oficialmente incluidas en este grupo al no hablarse en su territorio ninguna lengua de origen celta).


Históricamente los habitantes de Cornualles han sido grandes mineros durante muchos siglos, abasteciendo de estaño a a las civilizaciones del Mediterráneo desde la Antigüedad, aunque el agotamiento de sus minas ha dejado una región deprimida que trata de prosperar hoy en día gracias al turismo.

Quizás no sea cierto, pero se considera que Dolly Pentreath fue la última hablante nativa de córnico (o cornuallés), una lengua céltica britónica surgida hacia el siglo VII y hablada en lo que hoy es el mencionado condado de Cornualles (Cornwall en inglés, Kernow en córnico).
Con su muerte podría haber desaparecido para siempre la lengua de su tierra, pero, aunque no se escuchó durante muchos años, el córnico no se extinguió por completo.

A mediados del siglo XIX Louis Lucien Bonaparte, filólogo y sobrino de Napoleón, llegaba a Cornualles para realizar estudios sobre la lengua originaria de la región. El estudioso y príncipe francés, que tuvo una notable relación con España (realizó hasta cinco viajes al País Vasco para definir una clasificación dialectal del euskera y promovió la traducción del Evangelio al asturiano), contribuiría a levantar, en la villa de Mousehole, un memorial dedicado a la última hablante de córnico.

Memorial de Dolly Pentreath (cornwalls.co.uk)

En 1904, la publicación por parte de Henry Jenner de su “Handbook of the Cornish Language” impulsa el resurgimiento de la lengua de Cornualles. Partiendo de su escritura, algunos naturales del lugar comienzan a aprender el idioma de sus antepasados y ya en los años treinta se empiezan a dar misas en córnico. Durante las décadas posteriores los esfuerzos por la recuperación del córnico se traducen en un crecimiento del número de personas que conocen la lengua, la implantación de su estudio como asignatura optativa en las escuelas o su tímida aparición en medios de comunicación locales. Hoy en día se estima que unas 2000 personas pueden hablar córnico con fluidez y más de 3000 lo conocen.

Si alguien se anima, aquí, a través de EuroTalk, se puede empezar a aprender la lengua de las tierras de Cornualles. Aún se pueden oír las palabras del legendario pueblo de los mineros de estaño. Dydh da!

Bandera de Cornualles (fuente: mirro.co.uk)

Gracias a @angeluki por la sugerencia

Publicado por el 11 noviembre, 2011 en Historia olvidada | 6 comentarios

Piensa Solutions: un ejemplo de mal servicio

Como algunos habréis podido percibir, este nuestro blog ha estado inaccesible durante unas dos semanas. No es que se haya ido de vacaciones por propia iniciativa ni que se haya sumado a una huelga de servidores caídos a causa del mal trato que le dispensamos. Más bien es que a cierto proveedor de hosting le pareció oportuno que cornisa.net dejase de estar en la red. Ese proveedor se llama Piensa Solutions. Vamos con nuestra versión de los hechos.

Hasta hace unos días este blog funcionaba en un servicio de hosting contratado en la citada Piensa Solutions. No habíamos tenido nunca mayores problemas, aparte de tener que recordarles en una ocasión que aparentemente se habían olvidado de nosotros para realizar la actualización a PHP 5.

El pasado 20 de octubre, el servicio fue cortado de forma unilateral por Piensa Solutions sin ningún tipo de aviso previo ni posterior, de modo que sencillamente dejamos de estar online. Transcurridas unas dos horas desde el corte del servicio nos dirigimos a Piensa Solutions para pedir explicaciones por lo ocurrido. La información que se nos transmitió por su parte es que el corte del servicio se debía a un comportamiento anómalo del sitio web. Esto se avisa…
Pues bien, en ese día la anomalía que podrían haber detectado fue un pico de tráfico más alto de lo normal, debido a que llegamos de nuevo a portada de Menéame, lo cual se les comunicó, exigiendo explicaciones claras acerca del verdadero problema y preguntando si podríamos hacer algo por nuestra parte para solucionarlo.

A partir de este momento se les enviaron varios correos (esta empresa no dispone de teléfono de atención al cliente) en los que expresamos nuestra postura, que ha sido siempre la misma:
– Que nos explicasen de forma clara e inequívoca qué “anomalías” habían detectado y nos indicasen si podíamos hacer algo al respecto.
– Que agilizasen la restauración del servicio y procediesen para ello a activar de nuevo el acceso al sitio web para poder monitorizarlo y verificar si las condiciones que (según su versión) habían motivado el corte del servicio habían desaparecido.

El servicio continuó cortado y la mayoría de los correos enviados a su servicio de soporte no recibieron respuesta y los que la recibieron fueron contestados con varios días de retraso y de nuevo con una información poco clara y nada concreta acerca del origen del problema y opciones para solucionarlo. Básicamente que optimizásemos nuestros módulos de WordPress porque la web estaba cortada por exceso de recursos. La realidad es que no hemos tocado la configuración de WordPress en los últimos meses y no es la primera vez que llegamos a portada de Menéame. Con lo cual…

fuente: http://priyamahida.files.wordpress.com/

En resumen: dos semanas de indisponibilidad de un servicio por el que estamos pagando y una atención al cliente a nuestro juicio muy deficiente. Muchos correos sin responder, una actuación increíblemente lenta, y de solutions…pocas o ninguna.

Afortunadamente el blog ya tiene nueva casa y está funcionando desde hace una semana en nuestro nuevo proveedor de hosting, Redcoruna. Hasta el momento todo ha sido de lujo y confiamos en que así seguirá en un futuro.

Si tuviéramos que aconsejaros un hosting en base a nuestra propia experiencia claramente os diríamos: ni lo pienses, Piensa Solutions no.

Publicado por el 10 noviembre, 2011 en Sin categoría | 9 comentarios

Cíbola: las ciudades legendarias con las que soñaron los españoles

La conquista española de América es un proceso histórico de unas dimensiones fabulosas, a caballo entre la realidad y la leyenda, en el que las más heroicas acciones y las más grandes infamias y crueldades se mezclan. A la España de Carlos I llegaban fantásticas historias de ricos y exóticos imperios y maravillas naturales incomparables, y fueron muchos los que se aventuraron a explorar los vastos territorios americanos para engrandecer los dominios de su Majestad y, paralelamente, su propio botín personal.
Algunas expediciones españolas, como la de Hernán Cortés o la de Francisco Pizarro, pasarían a la posteridad como un éxito, pero fueron muchas las que terminaron en fracaso y muerte. Quizá las más conocidas de éstas últimas sean las que trataron infructuosamente de encontrar El Dorado, incluida la macabra peripecia del rebelde Lope de Aguirre. Pero no fueron las únicas.

Descubrimiento de américa

Unos cuantos siglos antes de la fiebre conquistadora en América eran los musulmanes los que iniciaban la conquista de la Península Ibérica. En este época comenzó a difundirse la leyenda de que siete obispos habían huido desde Mérida llevándose valiosas reliquias, cruzando el inmenso océano y llegando hasta una isla muy lejana, llamada Antilia, en la que fundaron siete ciudades que llegaron a tener inmensas riquezas.
Se cree que los ecos de la leyenda de las siete ciudades transitaron por los siglos hasta llegar a los españoles que arribaban a Nueva España en el siglo XVI. A este relato legendario se unieron las historias que oyeron contar a los indígenas acerca de un rico reino situado en tierras norteñas.

Nuño de Gúzman, el que fuera definido por Fray Bartolomé de las Casas como “gran tirano”, sería el primero en encabezar una expedición hacia el norte, a los territorios que se llamaron Cíbola, nombre debido a la fauna que poblaba el lugar, ya que los españoles de la época utilizaban el término “cíbolo”, hoy en desuso, para referirse al bisonte.
Poco después, en 1536, el mito volvería a cobrar fuerza tras la llegada a Nueva España de Alvar Núñez Cabeza de Vaca, superviviente de un viaje épico de ocho años tras participar en la fracasada expedición de Pánfilo Narváez a La Florida. Los relatos de los indígenas que se había encontrado en su periplo reforzaban la idea de que al norte se extendía un reino plagado de riquezas.

Expedición

Cuando los testimonios de Cabeza de Vaca llegaron a oídos del virrey Antonio de Mendoza y Pacheco éste se apresuró a organizar una expedición al norte, encargándole esta misión a su amigo Francisco Vázquez de Coronado, el cual envió primero un grupo de exploradores más reducido. En este grupo se encontraba el fraile Marcos de Niza, guiado por Estebanico, esclavo africano que posiblemente fue el primer hombre nacido en África en pisar lo que hoy son los Estados Unidos. En un momento dado del viaje Estebanico se adelantó con algunos indios . Cuando fray Marcos de Niza avanzó a su encuentro recibió noticias acerca de su muerte en una de las ciudades de Cíbola. El religioso decidió entonces volver al virreinato y a su regreso declaró haber visto una grandiosa ciudad, colmada de oro, plata y piedras preciosas.

Coronado puso en marcha entonces una expedición con unos 300 españoles y varios cientos de indios con el objetivo de conquistar el reino de Cíbola. Sin embargo, tras varias jornadas de trayecto, durante las que se había ido extendiendo el escepticismo, los expedicionarios encuentran que lo que debería ser una ciudad más espléndida que Tenochtitlan era un parduzco poblado indígena de casas de adobe. La expedición de Coronado fue vista como un fracaso, a pesar de lo cual permitió realizar notables descubrimientos, como el del Gran Cañón del Colorado.

Todo parece indicar que las siete ciudades de oro nunca existieron, pero ¿vio algo el fraile Marcos de Niza? ¿murió realmente Estebanico o fingió su muerte para conseguir su libertad? ¿cuál era el rico reino del norte del que hablaban los indios? La leyenda de Cíbola conjuga misterio, riquezas, aventura…y la historia que guió deja múltiples interrogantes que abren la puerta para que la imaginación pueda volar.

Expedición de Coronado

Expedición de Coronado. fuente:wikipedia

Gran Cañón del Colorado

Gran Cañón del Colorado. fuente:wikipedia

Publicado por el 17 octubre, 2011 en Historia olvidada | 3 comentarios

La Cruz de Borgoña: esa antigua bandera de España

Hoy es un día soleado en aquel trozo de mundo. Los muros del castillo de San Marcos reposan bajo el sol y sus cañones, aunque conservan un porte amenazador, hace muchos años que olvidaron los sonidos de la guerra. Sobre la imponente mole de piedra caliza, una bandera blanca con un aspa roja ondea movida por el viento que se cuela desde la bahía hacia la ciudad de San Agustín, que se extiende a lo largo de su península decorándola con un paisaje urbano que ha visto muchos vientos y algún que otro siglo.

Estamos en Florida, Estados Unidos, pero no son las barras y estrellas las que coronan la fortaleza silenciosa, sino la Cruz de Borgoña, esa equis, la misma que aparece en el comienzo del mensaje de Navidad del Rey de España o en la cola de un Eurofighter que acaba de aterrizar en Morón de la Frontera, en este mismo día, también soleado en este otro trozo de mundo.

Cruz de Borgoña

Cruz de Borgoña

Si ponemos a funcionar la máquina del tiempo podremos ver la cruz aspada unas cuantas veces más. Así que empezamos…Año de destino: 1506.

Felipe, el rey de Castilla, acaba de morir súbitamente a sus 28 años. El Hermoso, marido de la renia Juana, había llegado a España desde su tierra natal en Flandes y eligió como símbolo una evolución de la Cruz de San Andrés, la Cruz de Borgoña, la cual representaba a su madre, María de Borgoña. La repentina muerte del rey flamenco y la supuesta locura de Juana llevarían a que el joven Carlos de Habsburgo ocupase el trono español y se ciñera la corona de Emperador del Sacro Imperio lo que, sumado al resto de la herencia territorial que recibió, le convirtió en uno de los soberanos más poderosos de la Historia. España iniciaba así su etapa imperial y, se cree que pocos años después la Cruz de Borgoña debutaba en los campos de batalla en manos de las tropas españolas que derrotaron al ejército francés de Francisco I en Pavía. La primera victoria de muchas, que llevarán a los Tercios Viejos españoles y su bandera a desangrarse en las guerras de medio mundo y convertirá al aspa roja en el símbolo del Imperio.

Un segundo pequeño salto en el tiempo nos traslada a 1565 y otro en el espacio nos hace caer en el Nuevo Mundo. El asturiano Pedro Menéndez de Avilés comanda una expedición militar española con el objetivo de mantener una presencia permanente ante la amenaza que suponen para los territorios españoles los franceses instalados cerca de sus posiciones. Si saltamos sólo unas semanas veremos cómo junto al mismo océano que llega a bañar las cosas ibéricas las oraciones de los españoles dan gracias por la victoria: se funda San Agustín de La Florida, el que hoy en día es el asentamiento europeo más antiguo de los Estados Unidos que permanece aún poblado.

Pedro Menéndez de Avilés

Pedro Menéndez de Avilés

El tiempo, obstinado, no se detiene hasta 1785. La estrella de España pierde brillo y el despotismo ilustrado borbónico transforma la fachada de la piel de toro poco antes de que el mundo empiece a saltar en pedazos en una prisión parisina. Carlos III promulga el Real Decreto que instituye la bandera rojigualda como pabellón nacional, con aplicación a la Marina. El uso de la Cruz de Borgoña comienza a decaer y en 1843 se oficializará la presencia de la bandera que conocemos actualmente en todas las unidades militares españolas, aunque la cruz seguiría usándose en diferentes enseñas militares, sería utilizada por los carlistas en las sucesivas guerras peninsulares del siglo XIX y algunos movimientos tradicionalistas tratarían de apropiársela.

Y hemos llegado al final del viaje. Hoy en día la cruz de San Andrés es el distintivo de cola de las aeronaves del Ejército del Aire  de España, el símbolo de María de Borgoña está presente en el escudo del Rey de España, y las banderas de Huesca, Logroño, Florida, Alabama y de varios departamentos de países sudamericanos, entre otras, muestran también el Aspa de Borgoña, la que durante siglos ondeó en las victorias y se arrastró por el fango de las derrotas de un país que luchó contra todo y contra todos, la misma que sigue ondeando al viento de aquella bahía americana en la que un puñado de valientes y locos a partes iguales escribieron su capítulo de la Historia. En rojo y blanco.

Bandera en castillo de San Marcos

fuente:josehavel.blogspot.com

Publicado por el 4 octubre, 2011 en Historia olvidada | 12 comentarios

Una de asturianos en Madrid

No era mi intención al empezar a escribir este artículo exponer la evolución de la llegada a Madrid de asturianos (y asturianas, por supuesto, pero advierto para lo sucesivo de que soy de los que aún escribe “como antes”), pero el conocimiento de algunos hechos sueltos y la existencia del fenómeno en la actualidad, con las peculiaridades propias de nuestra época, se han juntado en un fino hilo que podría unir a un campesino súbdito de Felipe V que mira entre la bruma el enfangado camino que le llevará más allá de las montañas y a un informático de la “generación Alsa”. La Historia tiene estas cosas…

Son bastantes los que hoy en día tienen en Madrid un amigo, conocido o compañero de trabajo asturiano. La realidad más reciente de Asturias ha dibujado un traslado masivo de jóvenes astures hacia la capital, que se cuentan por miles cada año, al que unos llaman “movilidad laboral”, otros emigración con todas las letras y y que incluso algún despistado considera una leyenda urbana, como la chica de la curva…

El perfil del asturiano tipo que llega y ha llegado a Madrid en la última década encaja con un/a joven de edad comprendida entre los 25 y los 35 años, con alta cualificación y que se desplaza a la capital del Reino por motivaciones laborales. Tienen sus asociaciones y celebran su fiestas, pero estos emigrantes no son como los de antes.
Y sin embargo no es una historia totalmente nueva. Los asturianos han poblado en cantidades apreciables las calles madrileñas desde al siglo XVI, representando uno de los flujos migratorios internos más relevantes de la historia de España. Los llamados “coritos” (se cree que por su vestimenta de cuero), conocidos antaño por su cuello corto, y blanco de mofas y chistes de la época por su peculiar forma de hablar,  salieron de su tradicionalmente olvidada tierra y se integraron en las clases populares de la Villa y Corte, llegando casi a monopolizar los oficios de aguador y sereno en la capital, y desempeñando otros varios como mozo de cuerda, carbonero o ama de cría.

Aguador

Este proceso llevó a que en la primera mitad del siglo XIX la comunidad de inmigrantes asturianos en Madrid fuese de las más numerosas, si no la más, de entre todas las que se encontraban en la capital procedentes de otras regiones. Del mantenimiento de su unión y sus costumbres y también, todo hay que decirlo, de su tendencia a “llamar la atención” al juntarse, encontramos una gran muestra en el siguiente bando municipal publicado en Madrid en 1803:

“Por haberse notado, que los asturianos que se ocupan en ser mozos de cuerda, aguadores, apeadores de carbón, sirvientes y en otros exercicios, se juntan en el prado que llaman del Corregidor, inmediato a la Fuente de la Teja, de que resultan alborotos, quimeras, heridos y otros escándalos; se prohíbe, que en cualquiera día o noche se junten en quadrillas los asturianos u otras personas con palos ni sin ellos, así en el citado prado del Corregidor, como en otro parage a las afueras de esta corte, con motivo de tener el bayle de la danza prima ni otro alguno; ni susciten quimeras o questiones, formando bandos en defensa de sus concejos, ni sobre otro asunto…” (Bando de 23 de junio de 1803)

Otra prueba de la gran presencia de asturianos se puede observar el 2 de mayo de 1808, cuando el pueblo de Madrid se alza contra el invasor francés. Ese día el precio que paga la comunidad asturiana es alto (proporcionalmente más que lo que le correspondería por su representación en la población total), dejándose la vida en las agitadas calles madrileñas, según las fuentes, 35 asturianos.
Como inciso, indicar que las noticias de los sucesos de Madrid llegan a Asturias el 9 de mayo, y el día 25 la Junta del Principado se declara soberana, forma un ejército y declara por su cuenta la guerra a Francia, llegando a enviar embajadores asturianos ante el rey Jorge III de Inglaterra, pero esto da para otro artículo…

Dos de mayo

En la segunda mitad del siglo XIX y durante parte del siglo XX la emigración asturiana se focaliza principalmente hacia América y Europa, aunque la presencia de asturianos en Madrid seguirá siendo palpable. En el Madrid convulso que siguió a la revolución de 1868 el grupo de “los de Oviedo” (Clarín, Tomás Tuero, Palacio Valdés…) se reunía para arreglar el mundo ante unas cervezas y cultivaba sus dotes literarias. En 1881 se funda el Centro Asturiano de Madrid, la segunda sociedad española de este tipo en el mundo (tras el Centro Gallego de la Habana) y la más antigua que las que aún continúan en funcionamiento.
Corre el año 1888 cuando nace el histórico Café Gijón, famoso punto de encuentro de intelectuales y donde aún hoy se puede acudir a evocar los ecos de otros tiempos en pleno paseo de Recoletos (doy fe).
En la década de 1930 surge el Corte Inglés de manos de comerciantes asturianos…

Y, en definitiva, así podríamos juntar muchas pequeñas historias personales que han contribuido, al menos algo, a que Madrid y Asturias sean hoy lo que son.

fuente:buscolu.com

Publicado por el 23 septiembre, 2011 en Historia olvidada | 4 comentarios