Vive la Historia. La Gran Armada: bonus

Ambientación sonora:

 

“La verdad histórica es infinitamente más hermosa e infinitamente más interesante que la ficción novelesca””

Leopold von Ranke (historiador alemán)

 

Y la historia siguió…

Alonso Pérez de Guzmán y Sotomayor, Duque Medina Sidonia (1550-1615).

Comandante en jefe de la Grande y Felicísima Armada. Tras el fracaso de la misma, fue también muy criticado por no ser capaz de responder al ataque de Howard a Cádiz en 1596 y por la derrota de la escuadra española ante un ataque de la flota holandesa en Gibraltar en 1606. A pesar de todo, mantuvo casi hasta el final el favor real. Murió en Sanlúcar de Barrameda en 1615.

Alejandro Farnesio, Duque de Parma.(1545- 1592).

Sobrino de Felipe II y comandante de los tercios españoles que no pudieron desembarcar según el plan de invasión de Inglaterra. Tras el fracaso de la Armada se instaló en Dunkerque. Fue enviado a Francia por Felipe II al mando de un ejército, para impedir que se coronase como rey protestante a Enrique de Navarra. Durante el sitio de Caudebec, recibió un disparo, y su estado de salud se agravaría hasta su fallecimiento en diciembre de 1592 en Arrás.

Juan Martínez de Recalde.

Capitán de la escuadra de Vizcaya de la Gran Armada. Murió, herido y con fiebres, en La Coruña, nada más regresar de la travesía de la Armada.

Miguel de Oquendo y Segura.

Comandante de la escuadra de Guipúzcoa de la Gran Armada. Murió por las heridas ocasionadas por la explosión del pañol de pólvora de su nave al llegar a Pasajes de regreso de la travesía de la Armada.

Sir Francis Drake.

Tras el descalabro de la Contraarmada inglesa, fue duramente criticado y relegado a comandante de las defensas costeras de Plymouth. Años después, en 1595, convence a la reina para liderar una expedición con el objetivo de atacar las posesiones españolas en América y apoderarse de Panamá. Tras varias derrotas claras a manos de fuerzas españolas, murió de disentería cerca de Portobelo en 1596.

Sir John Hawkins (1532 – 1595).

Capitaneó las escuadra de retaguardia inglesa durante los combates con la Gran Armada en el Canal de la Mancha Acompañó a Drake en la calamitosa operación contra la América española, muriendo en aguas de Puerto Rico en 1595.

Sir John Norris (1547 – 1597).

Mariscal de Campo del campamento de West Tilbury durante la campaña de la Gran Armada. Lideró junto con Drake la desastrosa expedición de la Contraarmada inglesa y luchó posteriormente en las guerras de religión francesas, a favor del rey protestante Enrique IV, consiguiendo algunos notables éxitos militares. Posteriormente luchó durante dos años contra los rebeldes irlandeses en la región del Ulster. Debido a la gangrena de antiguas heridas murió en Irlanda en 1597, sintiéndose despreciado por la Corona a la que tantas décadas de servicio había prestado.

Charles Howard.

Capitaneó la flota inglesa en los combates de Gravelinas contra la Gran Armada española. En 1596, tras su exitoso ataque a Cádiz, fue nombrado conde de Nottingham. Y en 1599 asumió el cargo de Teniente General de Inglaterra. En 1601 derrotó la rebelión del conde de Essex y en 1605 fue comisario en el juicio contra las conspiración de la pólvora, que trató de matar a Jacobo I, sucesor de Isabel en el trono. Murió en 1624 a los 88 años.

María Pita.

La heroína de la defensa de La Coruña estuvo casada cuatro veces y tuvo cuatro hijos. Al quedarse viuda por última vez, Felipe II le concedió una pensión y un permiso de exportación de mulas de España a Portugal. Una casa museo y una estatua situada en una plaza con su nombre, junto al ayuntamiento de la ciudad, la recuerdan en la ciudad gallega.

Felipe II (1527 – 1598).

El rey prudente no llegó a ver la paz con Inglaterra. Tras la Armada y la Contraarmada, la España de Felipe siguió combatiendo durante años a los ingleses, y participó en Francia en la guerra para impedir la coronación de Enrique. En el interior, las revueltas en Aragón, a raíz del caso de Antonio Pérez, y las malas cosechas de los últimos años de reinado, dibujaron una situación difícil para el monarca. El rey más poderoso de la Tierra moriría en El Escorial el 13 de septiembre de 1598, tras casi dos meses de agónico sufrimiento, aquejado por gota, artritis, hiropesía y abscesos. Uno de sus hijos le sucedería como Felipe III.

Isabel I (1533 – 1603).

Tras el fracaso de la expedición de Drake y Norris contra España, Isabel se pasó los siguientes años intentando, sin éxito, doblegar a los españoles en diversas campañas navales. Simultáneamente tuvo que hacer frente a la Guerra de los Nueve años Irlandesa, declarada tras la rebelión de los irlandeses contra la ocupación inglesa de la isla. Visiblemente deprimida tras el fallecimiento de varios de sus colaboradores más cercanos, la reina falleció el 24 de marzo de 1603, probablemente por septicemia. Jacobo Estuardo le sucedería, como Jacobo I de Inglaterra y VI de Escocia.

Armada española.

La Armada española, una de las más antiguas de la Historia, continuaría durante al menos medio siglo siendo la más poderosa del mundo. Entraría en declive a partir de entonces, aunque España seguiría siendo una potencia naval de primer orden hasta el siglo XIX. Tras los desastres de Trafalgar y la guerra con los Estados Unidos en 1898, la Armada quedó enormemente reducida. En la segunda mitad del siglo XX, la fuerza naval española se ha recuperado, contando hoy con una de las más modernas armadas navales del planeta.

Armada británica.

La Royal Navy tomó el testigo como armada más poderosa del mundo de manos de la Armada española y conservó ese puesto hasta la Segunda Guerra Mundial. Fue clave en el establecimiento del Imperio Británico y en la defensa del país en las dos guerras mundiales y ha sido un elemento fundamental en la historia del Reino Unido.  Hoy en día sigue siendo una de las mejores fuerzas navales que existen.

 

Hoy, más de cuatro siglos después de los sucesos de la Armada, España e Inglaterra (como parte integrante del Reino Unido), dos de las naciones que hicieron el mundo como es, son socios en la Unión Europea y aliados militares en la OTAN.

 

Y aquí la banda sonora completa:

 

 

Publicado por el 27 julio, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Lee el primer comentario

Vive la Historia. La Gran Armada: el Imperio resurge

Ambientación sonora:

 

“Quen teña honra, ¡que me siga!””

María Pita (heroína en la defensa de La Coruña, 1589)

 

La Coruña parecía próxima a caer, así que las tropas inglesas comenzaron el asalto de la parte alta de la ciudad. Sin embargo se estrellaron una y otra vez durante varios días contra las murallas y la resistencia a ultranza de la guarnición coruñesa y de la población civil. Durante esta lucha surgió la figura de la heroína María Pita, que personifica la determinación de los coruñeses en la defensa contra el invasor. Según los relatos de los sucesos, María, que había perdido a su marido durante la lucha, atravesó con una pica al alférez que, encaramado en la muralla, dirigía el asalto inglés, y con este hecho enardeció a los defensores y desmoralizó a los atacantes.

Ante los rumores de la llegada de refuerzos españoles, las tropas inglesas decidieron reembarcar. Habían perdido más de 1.000 hombres y varios buques, apenas habían dañado a la Armada española y, aunque habían saqueado las zonas rurales, no consiguieron tomar la ciudad. Además las enfermedades se empezaban a cebar en las tripulaciones y el revés sufrido en tierras gallegas había dejado tocada la moral de la tropa, comenzando las deserciones de centenares de hombres.

 

María Pita

Estatua a María Pita en La Coruña

No haber atacado Santander, primero, y no haber conseguido controlar La Coruña, después, fueron posiblemente dos graves errores tácticos. Mientras la reina Isabel montaba en cólera al recibir las primeras noticias de lo sucedido, Drake y Norris decidían continuar la expedición. Próximo objetivo: Lisboa.

Una semana después, un primer destacamento inglés desembarcó en Peniche, unos 90 kilómetros al norte de Lisboa y entabló los primeros combates con tropas españolas. El ejército inglés consiguió avanzar hacia la capital portuguesa, pero, cada vez más mermado por la enfermedad y sin gran capacidad de artillería para asediarla, poco pudo hacer frente a los defensores de la ciudad. Además, la sublevación del pueblo portugués contra los españoles, presagiada por Antonio Crato, jamás se produjo. Mientras las tropas de Isabel, dirigidas por Norris, pasaban dificultades en tierra, Drake, en vez de intentar remontar el Tajo para dar apoyo, se dedicaba a capturar barcos de transporte con mercancías para España. Norris se vio obligado a retirar a sus hombres hasta Cascais, acuciado por el cañoneo de galeras españolas y, posteriormente, a embarcar tras este segundo fracaso.

La flota inglesa aún podía intentar cumplir su último cometido, invadiendo las Azores, pero, dadas las pobres condiciones en que se encontraba se tuvo que conformar con incendiar Vigo y regresar a Inglaterra tras ser golpeada por una fuerte tormenta. La expedición resultó calamitosa, no cumplió ninguno de sus objetivos, supuso un enorme gasto para las arcas de Isabel y costó la vida a unos 10000 hombres. De los 23000 que zarparon, menos de 4000 volvieron en buenas condiciones. En un giro mordaz del destino, el desastre de la Contraarmada rivalizaba con el de la Armada.

Drake y Norris cayeron en desgracia a ojos de la reina y el miedo volvía a sobrevolar Inglaterra. España, con su gran cauce de ingresos en forma de oro y plata provenientes de América, podría estar en un plazo corto en condiciones de reconstruir su Armada. La amenaza sobre la isla protestante no se había disipado, la guerra continuaba  y Felipe e Isabel seguirían jugando su partida con el mar como tablero.

En los años siguientes, ambos países consiguieron reconstruir sus flotas y en junio de 1596 los ingleses atacaron de Cádiz, consiguiendo hundir y apresar varias naves españolas y saqueando por completo la ciudad. Por su parte, Felipe acometió hasta cuatro intentos más de invasión de Inglaterra, aunque en las dos primeras ocasiones, en 1596 y 1597, de nuevo el “viento protestante” azotó inmisericorde a los barcos del rey y hundió casi 60 naves sin que pudiesen alcanzar la costa británica. Los elementos, de nuevo, estaban en contra del monarca católico. En los años posteriores, los españoles lograron desembarcar tropas en Cornualles, en una operación de castigo, en la que saquearon varias localidades y se retiraron, no sin antes celebrar una misa católica en suelo inglés, y también en Kinsale (Irlanda), en un intento fallido de apoyar una sublevación irlandesa.

Los corsarios ingleses no dejaron de hostigar a los barcos españoles durante este periodo y, en 1595 Drake regresó para comandar junto a John Hawkins una expedición contra el Caribe español. Este ataque inglés acabaría en desastre, costando la vida a miles de ingleses y a los propios comandantes. Una nueva expedición contra las Azores al año siguiente también fracasaría.

Tratado de Londres

Delegaciones española e inglesa en las conversaciones de paz

Finalmente, y tras casi veinte años de enfrentamientos, la guerra finalizó con el Tratado de Londres (1604), siendo la mayoría de las condiciones de paz favorables a España: a cambio de renunciar a restaurar el catolicismo en Inglaterra, obtenía la apertura del Canal de la Mancha a sus barcos, el cese de los ataques corsarios ingleses y el fin del apoyo inglés a los rebeldes flamencos.

Felipe e Isabel no vivieron para ver sus reinos en paz.

 

 

Publicado por el 10 julio, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar