Vive la Historia. La Gran Armada: la partida de la “Felicísima Armada”.

Ambientación sonora:

“Apenas se podía ver el mar…Los mástiles y las jarcias, las altas popas y proas, eran tan grandes en altura y número que dominaban todo el concurso naval causando horror mezclado con maravilla” (Un testigo ante la vista de la Grande Armada, 1588)

Con el paso del año, el rey Felipe había recobrado el entusiasmo por la empresa inglesa y a la llegada del tiempo primaveral todo parecía estar listo. La estrategia se había decidido, la flota se había ampliado hasta alcanzar una magnitud considerable y el espionaje había recabado amplia información para ser utilizada tras el desembarco. En concreto el rey manejaba dos listas: una de los notables católicos ingleses que se unirían a la causa española y otra acerca de los líderes enemigos a los que habría que neutralizar durante la ocupación.

La “Felicísima Armada” contaba con 129 naves, que desplazaban más de 61000 toneladas. 35 eran naves de combate y 68 eran barcos mercantes armados o de transporte. La flota disponía de dos barcos-hospital y se completaba con galeras portuguesas impulsadas por remos. Navegaría dividida en diez escuadras, estaba armada con 2485 cañones y transportaba 123790 balas de cañón, 238 toneladas de pólvora, 7000 arcabuces, 1000 mosquetes, 6170 granadas de mano y 11128 picas. A bordo de los barcos había 26170 soldados. En Flandes el duque de Parma había conseguido reunir una fuerza de unos 26000 infantes, junto con 300 barcos planudos y 30 ó 40 lanchones para el transporte y desembarco de tropas. A pesar de que los números mostraban una fuerza formidable, los dos principales comandantes de la operación española guardabann ciertos recelos y temores ante la operación, tanto por el retraso de la misma, como por las filtraciones de información que se han producido, las dificultades de coordinación y el poder naval inglés.

Galeón español

Galeón español

Alonso de Guzmán trató, de hecho, de renunciar al mando de la operación, escribiendo al rey: “Y en aceptar la jornada propuse a V.M. muchas causas propias de su servicio, por do no convenía el que yo la hiciese, no por rehusar el trabajo, si no por ver que se iba a la empresa de un reino tan grande y tan ayudado de los vecinos y que para ello era menester mucha más fuerza de la que V.M. tenía junta en Lisboa. Y así rehusé este servicio por esta causa. Y por entender que se facilitaba más a V.M. el negocio de lo que algunos entendían, que sólo miraran a su real servicio, sin más fines”.

Aunque ninguno de los comandantes españoles parecía haber reparado en él, el tiempo atmosférico se mostró como un factor y actor no invitado y entraría en juego desde el mismo momento en que la flota española se hacía a la mar en Lisboa. El 25 de mayo de 1588 el duque de Medina Sidonia enviaba un correo al duque de Parma, en los Países Bajos, para informarle que la Armada zarpaba y debían preparar las tropas de invasión. Poco tiempo después, las galernas, con vendavales y olas gigantescas, golpeaban a la flota cerca de la costa de Galicia y terminaban dispersándola por completo, lanzando algunas naves hacia Inglaterra y otras hacia el Golfo de Vizcaya. Las tormentas, como no se habían visto nunca en la zona, habían desarbolado y dañado varias naves, y el agua, en barricas de madera insuficientemente curada, se comenzaba a pudrir, haciendo que la disentería empezase a rondar las tripulaciones. La Armada tardó más de un mes en volver a reunirse y el duque de Medina Sidonia, profundamente preocupado, volvió a advertir al rey de los riesgos de la empresa en las condiciones en que se encontraba la flota. Felipe le respondió airado, ordenándole que cumpliese con su obligación sin dudas. El capitán de la flota debió entender entonces que no podía escapar a su responsabilidad y, resuelto y confiando en que su suerte mejoraría, comandó a la Armada hacia su incierto destino: “bendito Dios, va toda la gente muy buena y con gran ánimo de hacer jornada si el enemigo nos aguarda”

Continuará…

Publicado por el 23 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: el plan de invasión.

Ambientación sonora:

 

“Cuando veáis el paso asegurado por la llegada de la flota a Margate o a la boca del Támesis, cruzaréis de inmediato con todo el ejército, si el tiempo lo permite, en los botes que habréis aprestado. Luego vos y el marqués cooperaréis, uno en tierra y el otro en las naves, y con la ayuda de Dios, llevaréis a término con éxito la empresa principal”

Carta de Felipe II a Alejandro Farnesio, duque de Parma y Capitán General del ejército de Flandes (1587)

 Al mismo tiempo que Inglaterra hervía en un trajín incesante preparando la defensa de la isla e Isabel pasaba noches en vela acuciada por la incertidumbre y las vitales necesidades de su reino, los pasillos de El Escorial presenciaban un continuo ir y venir y la lumbre persistía hasta altas horas de la noche en el escritorio del rey de España, que se afanaba en dar forma a su plan de invasión.

Felipe había puesto en marcha lo que bautizó como la “Empresa de Inglaterra”, cuyo objetivo final no era otro que la invasión de la “Pérfida Albión” y la expulsión del trono de la pelirroja y anticatólica reina Isabel. El plan en líneas generales era sencillo: una gran flota al mando del almirante Álvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz, héroe de Lepanto y Terceira, partiría desde la península, se enfrentaría a la escuadra inglesa y haría posible que los tercios de Flandes, al mando de Alejandro Farnesio, duque de Parma, cruzaran el Canal de la Mancha y desembarcasen cerca de Londres, para ocupar rápidamente la capital inglesa y someter al poder protestante.

Era necesario poner en marcha toda la logística del plan y en los puertos y astilleros ibéricos, desde Santander a Cádiz, se trabajaba sin descanso. Los hombres, armas, munición y vituallas provenían de todos los rincones del Imperio. Mientras Miguel de Cervantes, que a la postre sería uno de sus más ilustres ciudadanos, viajaba por Castilla como recaudador de trigo para la Armada, España estaba en movimiento para culminar la empresa que Dios y la Historia y, en última instancia su rey, le habían encomendado.  Así lo requerían la fe y los intereses imperiales.

Sin embargo el plan de Felipe II sufrió diversas demoras, un considerable revés y un gran imprevisto. Cuando los preparativos ya de por sí marchaban con retraso, Drake llegó a Cádiz con una poderosa flota y arrasó con todas las embarcaciones españolas que allí encontró, dañando de manera notable la capacidad militar española en el mar y retrasando todos los planes. El corsario había cogido totalmente por sorpresa a las guarniciones españolas y asestó un golpe contundente, de una magnitud inesperada incluso para los propios ingleses.

Bahía de Cádiz

Bahía de Cádiz. Siglo XVI. Fuente: http://sombrasdetinta.blogspot.com.es/

Además, poco antes del inicio de las operaciones, Álvaro de Bazán, quizá el mejor Almirante que ha tenido nunca España, murió, siendo reemplazado en el mando por Alonso Pérez de Guzmán, duque de Medina Sidonia, mucho menos experimentado en las lides del mar.

El esfuerzo para España está siendo costosísimo, la finalización de los trabajos se demora, el rey se está obsesionando y, sobre todo, impacientando, y tienes dudas acerca de cuándo comenzar las operaciones. Además a finales de 1587 enferma, mientras sus planes parecen haberse filtrado y ya circulan fuera de las fronteras del Imperio. Sin embargo, en ningún momento piensa Felipe en desechar su empresa. Su odio hacia la hereje Inglaterra y su reina Isabel es mayor que nunca, al igual que su convencimiento de que acabar con ella es una misión divina. El duque de Parma escribiría al rey: “puesto que Dios se ha complacido en demorar por tanto tiempo la navegación de la Armada…, debemos concluir que ha sido así por Su mayor gloria y el más perfecto éxito de la empresa, pues el objeto de ésta es exclusivamente la promoción de Su causa divina”

La Armada zarpará en el verano de 1588.

Continuará…

Publicado por el 16 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: defensa a contrarreloj.

Ambientación sonora:

 

“Apenas oso escribir a Su Señoría sobre las magnas fuerzas que oímos que el rey de España tiene fuera, en el Canal. En Inglaterra hay que hacer grandes preparativos, sobre todo por mar. Deténgasele ahora y deténgasele para siempre”

Sir Francis Drake a Francis Walsingham, secretario principal de la reina Isabel.(1587)

Ante la amenaza española, Isabel no disponía de un ejercito considerable, experimentado ni bien armado. Muchas de las estructuras defensivas del país estaban en mal estado y las arcas del reino casi vacías. Si los temibles tercios españoles ponían pie en suelo inglés, las posibilidades de detenerlos en su camino hacia Londres se antojaban escasas. Sin embargo la reina podía contar con una buena fuerza naval, no excesivamente grande, pero bien equipada y con almirantes experimentados. Y sabía que esa sería su gran baza.

1588 tendría dos eclipses lunares y los más pesimistas de la corte predecían oscuros presagios. En Holanda las tropas de Alejandro Farnesio habían castigado duramente al cuerpo expedicionario inglés y habían ganado el puerto de Esclusa, de aguas profundas, para los intereses de la corona hispánica. A pesar de los negros augurios y de la palpable fortaleza del enemigo, Isabel era consciente de que no había tiempo que perder: se necesitaba armar y adiestrar milicias, fabricar cañones, hacer acopio de pólvora y fortificar las playas y los principales núcleos costeros. En España y Portugal el espionaje inglés trabajaba sin cesar y conseguía colarse en la propia casa del comandante de la Armada española. Los españoles se estaban preparando, pero ¿cuándo atacarían? Y… ¿dónde? ¿Essex? ¿Kent? ¿Sussex? Cualquier punto de la costa del Canal podría ser el objetivo. Se definió un protocolo para encender el sistema de almenaras costeras que con sus grandes hogueras permitirían, junto con el tañido de las campanas de las iglesias, llevar la noticia del avistamiento de la flota española por todo el país. El nerviosismo se extendía y el tiempo apremiaba: cualquier cosa podía ser de ayuda en la defensa, cualquier día podría llegar el invasor.

Pero mientras Inglaterra se preparaba en tierra, su flota no se iba a quedar de brazos cruzados y, haciendo bueno el dicho de que no hay mejor defensa que un buen ataque, puso rumbo a Cádiz, en un intento de desbaratar o retrasar los planes navales españoles con un ataque relámpago. Al frente de la armada inglesa se encontraba Sir Francis Drake, el afamado corsario, viejo conocido de los españoles, por quienes profesaba un odio atroz desde que fuera derrotado y obligado a huir con el rabo entre las piernas en un ataque sorpresa en San Juan de Ulúa (México). Aún se vería la caras con sus eternos enemigos en unas cuantas ocasiones más.

Continuará…

Publicado por el 12 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: Vientos de guerra

Ambientación sonora:

“No puedo sino advertir a Vuestra Majestad que se prepare, en todos los campos, para lo peor. Disponga de inmediato de una armada muy poderosa para defender el mar y consiga, por medio de sus súbditos, contar con una reserva de dinero, que es el pilar para sostenerlo todo”

Robert Dudley, conde de Leicester, a Isabel I (1587)

 

La tensión también iba en aumento fuera de las fronteras de Inglaterra. Las cancillerías europeas seguían con máxima atención el curso de los acontecimientos y la diplomacia trabajaba sin cesar, pero cada día que pasaba las posturas parecían alejarse más y los soberanos de Madrid y Londres empezaban a prepararse para una confrontación inevitable.

Isabel se había contagiado por el ambiente y, presa del temor y la desconfianza, ya creía que nada conseguiría evitar un ataque español sobre suelo inglés, por lo que no podía perder ni un segundo en preparar la defensa de su reino. Felipe era el rey más poderoso de su tiempo y en 1580 había anexionado Portugal y sus posesiones ultramarinas a los territorios de la Corona. La monarquía española, el primer imperio de dimensión planetaria, ostentaba la hegemonía militar en Europa y dominaba los mares y el comercio con el Nuevo Mundo. Inglaterra, una potencia emergente, veía amenazada su propia seguridad, lo que le llevó a intensificar su apoyo a los rebeldes holandeses y también ahora a los portugueses, todo ello en contra de los intereses de España. Los corsarios ingleses, con el beneplácito de la reina Isabel, atacaban a los convoys españoles que transportaban todo tipo de mercancías desde las Indias, al mismo tiempo que intentaban saquear las ciudades americanas.

Ejecución de María Estuardo

Ejecución de Maria Estuardo

El rey de España, desde siempre prudente y receloso de un enfrentamiento a gran escala contra Inglaterra, veía como se le acumulaban los motivos para pasar a la ofensiva. En el plano religioso, la persecución de papistas en el reino inglés era cada vez más descarada. A inicios de 1587, María Estuardo, la que fuera Reina de Escocia, cautiva de la reina Tudor, fue ejecutada, acusada de traición contra Isabel. Vestida de rojo y aferrándose a su catolicismo, María murió como una mártir. Parecía la afrenta definitiva para el monarca español, que sentía también la presión del orbe católico para que fuera en rescate de la verdadera fe en la isla antes de que ésta cayera para siempre en manos de los herejes. Felipe comenzó a consultar a sus mandos militares acerca de las necesidades para la invasión.

A un lado y otro del mar todos caminaban ya hacia la guerra.

Continuará…

Publicado por el 5 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar

Vive la Historia. La Gran Armada: El peligro interior.

Tras leer el libro “La Armada Invencible” de Robert Hutchinson (Editorial Pasado & Presente), una documentada obra que refleja la interesante visión de un historiador británico sobre la fallida invasión de Inglaterra proyectada por Felipe II, y el posterior fracaso del contraataque inglés, abordamos en el blog estos hechos, posiblemente menos conocidos de lo que pueda parecer, en un post publicado hace ya más de un año. En su momento, por circunstancias inesperadas, se produjo una “narratio interruptus” y es hoy cuando, inspirados por la intensidad del libro y respaldados por la categoría de la historia, retomamos la divulgación de los sucesos en un formato episódico y con apoyo sonoro, con el objetivo de acercar los hechos históricos de un modo más inmersivo e interesante. A lo largo de trece breves capítulos desgranaremos la historia de la Gran Armada, incluyendo junto a cada artículo una ambientación musical para acompañar su lectura.

A sus puestos. Zarpamos. Esperamos que os guste el viaje.

 


 

Ambientación sonora:

1 – El peligro interior.

La opresión es tan grave, y se agrava aún más cada día, que los confesores de la verdadera fe ya sólo esperan la libertad que puedan darnos los extranjeros. Es preferible lograr la bendición eterna bajo un señor extranjero que vernos arrojados al infierno más profundo por un enemigo que está en casa”

Carta de un exiliado inglés católico.

 

Isabel I de Inglaterra

Isabel I de Inglaterra

El día en que la espada cercenaba la cabeza de su madre, Ana Bolena, nada hacía presagiar que la pequeña Isabel se fuera a sentar nunca en el trono de su rebelde y sanguinario padre, el octavo de los Enriques ingleses. Sin embargo la vida sigue sus caminos y la muerte los suyos y, tras el fallecimiento de sus hermanos Eduardo y María, un invernal día del año de Nuestro Señor de 1559 Elisabeth Tudor, una joven pelirroja, considerada hija ilegítima hasta entonces, era coronada Reina de Inglaterra. Fue la última coronación de un monarca inglés celebrada en latín: algo estaba cambiando en la isla británica.

La reforma religiosa que había incendiado el continente prendía también en Inglaterra. La ruptura con Roma que había provocado su padre, Enrique VIII, se confirmaba cuando el papa Pío V firmaba la bula que excomulgaba a Isabel. Eran tiempos convulsos, Escocia se desangraba en enfrentamientos entre católicos y protestantes, las tropas españolas aplastaban con dureza las revueltas protestantes en Holanda y en Francia hugonotes y católicos luchaban por el trono y la fe. Había que tomar partido, e Isabel lo hizo. A diferencia de su hermana, se declaró una ferviente protestante y maniobró para apoyar a los seguidores de la Reforma allí donde estuvieran amenazados. Esto la enfrentaba absolutamente con el que se había ungido como mayor defensor de la fe católica, al cual ya había rechazado como marido: Felipe II de España. Toda historia que se precie tiene dos grandes enemigos. Isabel y Felipe lo fueron.

En Inglaterra se extendía la lucha de religión: sublevaciones continuas de nobles católicos, conspiraciones para acabar con la reina (incluso dentro de su propia familia), ejecuciones, delaciones, traiciones y mucha sangre. Los católicos vivían oprimidos y bajo sospecha y empezaban a ver a Isabel como una tirana y a abrazar una idea para librarse definitivamente de ella: una intervención militar extranjera que vendría desde el sur. El reino de Isabel se sumergía en el miedo y la paranoia.

Continuará…

Publicado por el 2 marzo, 2015 en Historia olvidada, Monografías | Se el primero en comentar