La seducción de los inocentes: cuando los cómics eran el Diablo

Desde siempre se ha buscado un cabeza de turco, una influencia perniciosa, para explicar los males del mundo y sobre todo para justificar que una juventud “descarriada” debe ser protegida de malas influencias. Da igual la época, ahora son Internet y los videojuegos los sospechosos habituales, en otros momentos era la televisión y el cine, o los juegos de rol, y hubo un tiempo, a finales de los años cuarenta del pasado siglo, que los culpables de la delincuencia juvenil eran los tebeos, cuyas viñetas debían transformar a los inocentes infantes en futuros monstruos, según el psiquiatra norteamericano-alemán Fredric Wertham.

Wertham

El Dr. Wertham asustado ante lo que leía en un cómic

En el verano de 1947 un muchacho de catorce años de Washington D.C., Melvin Leeland, se pegaba un tiro jugando con un amigo a la ruleta rusa con un revolver. La madre relató a la policía que su hijo había leído sobre ese juego mortal en un cómic. Solo dos meses más tarde Billy Becker, de doce años, se ahorcaba de una viga del sótano de su casa. La madre de Billy declaró que lo había hecho imitando lo que había visto en un tebeo, a pesar de que siempre le quemaba todos los que le encontraba, había conseguido esconder algunos. Según el Dr. Wertham el común denominador de tragedias como estas eran principalmente los cómics de crímenes, como los que publicaba por aquel entonces la editorial EC, que conducían a los jóvenes al analfabetismo, la delincuencia juvenil y degeneraciones sexuales. Los superhéroes también fueron uno de sus blancos: Batman y Robin eran gays, Wonder Woman una lesbiana cuyos cómics forzarían a los niños a convertirse en homosexuales y Superman, pese a su conocido origen judío, se convirtió para el dedicado psiquiatra en un fascista al cual solo le faltaba otra S más en el pecho para ser un nazi.

Wertham llevaba años años estudiando a jóvenes con problemas en su clínica de salud mental de Nueva York, plasmando una primera visión del supuesto problema de los cómics en 1948 en su artículo para la revista Collier, “Horror en la habitación de los niños”, donde afirmaba que los cómics era una de las principales influencias en todos los casos que había estudiado. Esta época de finales de los cuarenta y principios de los cincuenta eran tiempos turbulentos en Estados Unidos, tiempos de posguerra con una economía relanzada por la industria militar que se había activado durante la Segunda Guerra Mundial. Los jóvenes tenían más dinero para gastar, estaba naciendo el rock’n’roll, los primeros coches tuneados y en el cine triunfaba James Dean en películas como Rebelde sin causa. La delincuencia juvenil creció notablemente, siendo los menores de dieciocho años, según el FBI, los responsables de más de la mitad de los robos de coches y en casas, y una buena parte de los implicados en atracos y violaciones. Tiempo después se demostraría que este aumento de la criminalidad tuvo sus raíces en la represión policial y las familias rotas por la guerra debido a la partida de los padres a la guerra y la entrada de las mujeres a trabajar en las fábricas. Pero en aquel momento la opinión pública encontró una explicación más fácil en los millones de cómics que compraban los niños norteamericanos.

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En un caldo de cultivo ya propicio por denuncias anteriores, el artículo del Dr. Wertham tuvo una enorme repercusión y uno de sus primeros efectos se produjo en el pueblo de Spencer, en Virginia Occidental, cuando un grupo de niños, supervisados por padres, profesores y sacerdotes, se juntaron para quemar en una hoguera más de dos mil tebeos, con los muchachos y muchachas convencidos que no debían leer más cómics. Estos actos se repetiría por todo el país; tan solo tres años después del fin de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos estaba quemando libros como habían hecho los nazis. En varios estados se regularizaría la publicación de cómics, llegándose en Nueva York a prohibir cualquier tipo de representación de relaciones sexuales explícitas, brutalidad o actos criminales, y el uso de palabras como terror u horror. En 1954 Fredric Wertham publicaría el libro donde expondría todas sus teorías sobre la perniciosa influencia de los cómics en los jóvenes, La seducción de los inocentes, que serviría como carta de presentación para ser citado a declarar por el Subcomité del Senado para la delincuencia juvenil, donde sería también llamado William Gaines, el editor de los comics EC, el principal blanco de las críticas de Wertham. De este subcomité no salió ninguna prohibición respecto a los comics, pero si una recomendación de que las editoriales debería suavizar los contenidos de sus publicaciones, lo que fue tomada como una amenaza velada.

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Entre 1954 y 1956 el número de cómics mensuales publicados había bajado de 650 a 250; el pánico empezaba a reinar en la industria del comic. El dibujante Carmine Infantino llegó a comentar que en aquellos tiempos decir que te dedicabas a dibujar tebeos era casi como si dijeras que eras un pederasta. En otoño de 1955 nacería el Comics Code Authority como una forma de autocensura de las propias editoriales, cuyo sello marcaría las portadas de todos los cómics aprobados por este organismo, sin el cual muchos distribuidores se negarían a repartirlos. Para conseguirlo, había que eliminar cualquier historia de terror u horror, incluidos vampiros y hombres lobos, y aquellas que pudieran ser irrespetuosas con la policía o el gobierno. Nada de resaltar la anatomía femenina, ni sexo explícito, relaciones extramatrimoniales y ni siquiera divorcios. Y por supuesto, no se podían publicar anuncios de alcohol, tabaco o armas, algo comprensibles a día de hoy, pero también, curiosamente, tampoco anuncios de petardos. Al Dr. Wertham le hubiera gustado que se impusieran unas prohibiciones más severas, pero fue todo lo que pudo conseguir. La industria del cómic sobrevivió a los ataques del intransigente psiquiatra, y aunque el Comic Code Authority siguió en activo hasta 2011, con los años se fueron relajando sus normativas, y muchas publicaciones vieron la luz sin problema aunque carecían de su sello. De las grandes editoriales, en 2001 Marvel abandonaría ya el uso del sello por una clasificación por edades propia, y DC haría lo mismo a partir de 2011, provocando ya el cierre del organismo pocos meses después. Moría así la herencia del polémico Dr. Fredric Wertham.

Publicado por el 3 noviembre, 2014 en Historia olvidada | Se el primero en comentar