El primer Mundial de Fútbol

A principios del siglo XX el fútbol no era aún el fenómeno de masas que es hoy en día, pero desde su fundación en 1904 la FIFA comenzó dando pasos para popularizar este deporte por todo el mundo. Ya en los primeros Juegos Olímpicos se presentó como deporte de demostración hasta alcanzar el estatus de deporte olímpico amateur en los juegos de Londres de 1908, justo en la capital del país donde había nacido el fútbol. Pero la FIFA deseaba darle mayor empaque a un evento internacional de fútbol, por lo que 20 años después durante los Juegos de Amsterdam, se dio luz verde a la creación de un torneo mundial para jugadores profesional, naciendo así la Copa Mundial de la FIFA.

Asistentes al congreso de Barcelona de 1929. Fuente: fifa.com

Ahora faltaba decidir el lugar para la celebración. Nada más anunciarse el nuevo campeonato, varios países europeos presentaron su candidatura, incluida España, pero las preferencias de la FIFA se dirigían al sur del continente americano. Uruguay había sido la campeona de las dos últimas ediciones olímpicas y justo en 1930 celebraba el centenario de su independencia y su primera constitución, además de que su elección iba a ser un gran espaldarazo al gran desarrollo que se estaba produciendo futbolísticamente en toda Sudamérica. Así, en el congreso de Barcelona de 1929 al que asistieron veintitrés asociaciones, ante la presencia del rey Alfonso XIII, tras largas discusiones y una convincente defensa de la candidatura por parte del delegado de su país vecino, Argentina, la candidatura uruguaya fue aceptada y todos los países miembros de la FIFA fueron invitados a participar sin pasar por ningún tipo de clasificación. Pero con la elección llegaron los problemas, principalmente con los países europeos. La situación económica mundial era delicada tras los diez años transcurridos del fin de la Primera Guerra Mundial y justo unos meses después de la elección se produciría el crack del 29 que desencadenaría una crisis económica que se prolongaría durante la década de los años treinta. Para los países europeos realizar un viaje transatlántico con sus equipos resultaba demasiado costoso, además de que deberían detener sus ligas nacionales durante más de dos meses. Uruguay se ofreció a correr con los gastos del desplazamiento y compensar a los clubes, pero no sirvió de nada, el enfado porque no se hubiera elegido una sede europea tuvo más peso y el boicot se materializó. Finalmente el presidente de la FIFA, el francés Jules Rimet, consiguió convencer a las federaciones de cuatro países europeos, Francia, Bélgica, Rumanía y Yugoslavia, que se embarcaron rumbo a Montevideo donde se unieron a los equipos de los ocho países americanos que había aceptado la invitación, Argentina, Brasil, Bolivia, Chile, México, Paraguay, Perú y Estados Unidos. Entre los equipos asistente también nos encontramos con varias peculiaridades, como que el equipo rumano fue elegido por el propio rey de Rumanía, Carol II o que en el equipo estadounidense se consiguieron colar varios jugadores británicos, mientras que Brasil no envió a sus estrellas.

Estadio Centenario en Montevideo

Tras la llegada de los equipos se procedió al sorteo de los trece equipos dividiéndose en cuatro grupos en el que jugaron mediante el sistema de liguilla . En un principio se había pensado en usar el sistema de eliminación a un partido, pero dado el esfuerzo que habían hecho algunos países para participar, que consideró que sería injusto que la mitad se tuvieran que volver tras un partido solo. Para albergar el magno evento se había construido el nuevo Estadio Centenario, pero debido al retraso en su finalización hubo que comenzar el torneo usando otros dos estadios más pequeños hasta que el principal estuvo listo. La competición se desarrolló con cierta normalidad y un claro dominio de los equipos americanos, aunque se produjeron algunas curiosidades como que el propio entrenador de Bolivia tuvo que ejercer de árbitro en uno de los encuentros y que durante el partido entre Francia y Argentina, el árbitro se dio cuenta de que había pitado el final del partido seis minutos antes de tiempo y tuvo que ir a buscar a los jugadores, algunos ya en los vestuarios, para que reanudaran el partido. En las semifinales se plantaron Argentina, Estados Unidos, Yugoslavia y el equipo anfitrión, saldándose con la victoria de los dos países vecinos. Yugoslavia, molesta por el arbitraje, decidió no jugar el partido por el tercer puesto.

Equipo de Uruguay, primer campeón de la Copa Mundial de la FIFA

El 20 de Julio de 1930 llegó la gran final en la que se verían las caras las dos orillas del Río de la Plata en un abarrotado estadio Centenario, con cerca de 100000 almas, entre los que estaban unos 15000 argentinos, rodeados de fuertes medidas policiales. Tras unos primeros diez minutos intensos con un toma y daca entre las dos escuadas, el equipo de casa metió su primer gol encarrilando así una victoria que acabaría con un 4-2. Pero no fue una victoria tranquila, la tensión en el estadio era tal que el árbitro belga Jan Langenus huyó nada más acabar el partido, camino del puerto en el que tendría que quedarse un día entero ya que el barco que había solicitado tener listo para abandonar Montevideo no pudo partir por la niebla, y los argentinos se quejaron de amenazas de muerte a su estrella principal, Luis Monti. En Buenos Aires grupos de exaltados se dirigieron al consulado de Uruguay y arrojaron piedras contra él hasta que fueron dispersados por la policía, y la derrota desembocó en la ruptura de relaciones de la federación argentina con la uruguaya. Pero todos estos sucesos no empañaron la realidad, que Uruguay se había convertido  en la primera selección campeona del mundo y la alegría invadió el pequeño país de tan solo dos millones de habitantes. Luego llegarían otros momentos complicados para Uruguay, pero aquel momento se encontraba en la cima del mundo.

Publicado por el 30 junio, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario