Armada Invencible y Contraarmada. Dos miradas a dos fracasos (I)

“Apenas se podía ver el mar…Los mástiles y las jarcias, las altas popas y proas, eran tan grandes en altura y número que dominaban todo el concurso naval causando horror mezclado con maravilla.” (Un testigo ante la vista de la Grande Armada desde un barco inglés, 1588)

Si hiciéramos una rápida encuesta a pie de calle acerca de conocimientos sobre Historia, seguramente la gran mayoría de encuestados diría conocer los sucesos de la Armada Invencible y los resumiría en una estrepitosa derrota de una gran flota española que fracasó en el intento de someter a Inglaterra, propósito imposible que perseguía Felipe II.Y también seguramente una gran mayoría de los mismos encuestados desconocería por completo qué fue la Contraarmada o apenas podría decir nada sobre ella. Los resultados del estudio probablemente serían parecidos en España y en Inglaterra, aunque pueda parecer sorprendente que se mire con el mismo ángulo desde dos puntos distintos.

Estas dos historias guardan ciertas semejanzas en su desarrollo y resultado, pero notables diferencias en la percepción general que se tiene sobre ellas. La primera, la de la debacle naval española, se puede enriquecer con algunas matizaciones. La segunda, directamente, es una historia casi olvidada.

Antes que nada, un poco de contexto. Estos hechos se enmarcan dentro de la guerra anglo-española que se desarrolló entre 1585 y 1604 y que, como casi todas las guerras, está motivada por diversos factores, fundamentalmente tres:

Felipe II de España

  • Políticos. Felipe II era el rey más poderoso de su tiempo. La monarquía española, el primer imperio de dimensión planetaria, ostentaba la hegemonía militar en Europa y dominaba los mares y el comercio con el Nuevo Mundo. Inglaterra, una potencia emergente, veía amenazada su propia seguridad, lo que le llevó a apoyar a los rebeldes holandeses y portugueses (Portugal había sido anexionado a la Corona española en 1580), en contra de los intereses de España.
  • Económicos. Los corsarios ingleses, con el beneplácito de la reina Isabel I Tudor (hija de Enrique VIII y Ana Bolena), atacaban a los convoys españoles que transportaban todo tipo de mercancías desde las Indias, e intentaban saquear las ciudades americanas.
  • Religiosos. En Inglaterra se imponía en aquel momento el protestantismo y se perseguía a los católicos, siendo muchos de ellos ejecutados por no abrazar la nueva fe. Por todo ello la reina de Inglaterra había sido excomulgada por el Papa.

Ante esta situación, Felipe II, el llamado Rey Prudente, puso en marcha lo que bautizó como la “Empresa de Inglaterra”, cuyo objetivo final no era otro que la invasión de la “Pérfida Albión” y la expulsión del trono de la pelirroja y anticatólica reina Isabel. El plan en sí era sencillo: una gran flota al mando del almirante Álvaro de Bazán, Marqués de Santa Cruz, héroe de Lepanto y Terceira, partiría desde España, se enfrentaría a la escuadra inglesa y haría posible que los tercios de Flandes, al mando de Alejandro Farnesio, Duque de Parma, cruzaran el Canal de la Mancha y desembarcasen cerca de Londres, para ocupar rápidamente la capital inglesa.

Isabel I de Inglaterra

El plan sufrió sucesivas demoras y un gran imprevisto: poco antes del inicio de las operaciones Álvaro de Bazán, quizá el mejor Almirante que ha tenido España, murió, siendo reemplazado en el mando por Alonso Pérez de Guzmán, Duque de Medina Sidonia, mucho menos experimentado en las lides del mar. Finalmente, en el verano de 1588, la Armada, con unos 130 barcos y casi 2.500 cañones, zarpaba hacia su objetivo. En Flandes esperaban los casi 30.000 efectivos del Duque de Parma, pero la práctica distó mucho de la teoría, y aquellos tercios nunca pondrían el pie en suelo inglés.

El plan se frustró, la flota española fue empujada por los ingleses, las corrientes y los vientos fuera del Canal de la Mancha, y trató de regresar a España bordeando Gran Bretaña por el norte. No hubo desembarco y miles de hombres no volvieron jamás, dejando su vida en las costas de Escocia e Irlanda y en el frío mar. Este es el resumen de la historia, pero cabe hacer ciertas precisiones:

  • El apelativo de “Invencible” referido a la flota española se lo dieron los ingleses para magnificar los hechos y a modo de irónica burla. En España la flota era conocida como la “Grande y Felicísima Armada”.
  • A pesar de la gravedad de las pérdidas de la escuadra española (en su mayoría debidas al naufragio de barcos en las costas del archipiélago británico a causa de los fuertes temporales), casi tres cuartas partes de la Armada regresó a puertos españoles.
  • Se trató de una batalla dentro de una guerra que duró casi 20 años. La guerra finalizó con el Tratado de Londres (1604), siendo la mayoría de las condiciones de paz favorables a España: a cambio de renunciar a restaurar el catolicismo en Inglaterra, obtenía la apertura del Canal de la Mancha a sus barcos, el cese de los ataques corsarios ingleses y el fin del apoyo inglés a los rebeldes flamencos.
  • Aunque no sufrieron muchas bajas en combate, se cree que los ingleses perdieron entre 8.000 y 10.000 hombres debido a epidemias de tifus y disentería que se declararon en sus barcos.
  • Las condiciones meteorológicas adversas, las deficiencias en los barcos españoles y en la gestión de los víveres para la expedición y la falta de coordinación entre la flota dirigida por el duque de Medina Sidonia y las tropas del Duque de Parma, junto con la pericia de la flota inglesa, la mayor maniobrabilidad de sus barcos y su mejor conocimiento de las aguas de la zona dieron al traste con los planes de invasión. Dado el cúmulo de circunstancias y decisiones que convergieron en aquellos días nunca sabremos qué distancia separó lo que pasó de lo que pudo pasar. Ni qué habría pasado si la fuerzas de tierra españolas hubieran llegado a desembarcar, pero parece bastante improbable que las tropas inglesas hubieran podido resistir en tierra firme ante la que por entonces era la mejor infantería del mundo. Pero esto ya se sale del terreno de la Historia para entrar en el de la ucronía…

Tras la victoria, la reina de Inglaterra se vio en condiciones de asestar un golpe decisivo al poder español, aprovechando la debilidad hispana en el mar: si pasaba a la ofensiva en ese momento acabaría con los restos de la Armada, daría un importante paso hacia el dominio del Atlántico y podría atacar el mismo corazón del Imperio. Aquí empieza la parte más desconocida de esta doble historia, y tampoco será el relato de una empresa exitosa.

La Armada española en las costas de Inglaterra

Publicado por el 20 enero, 2014 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

Nada ha cambiado desde Platón

Y terminé por adquirir el convencimiento con respecto a todos los Estados actuales de que están, sin excepción, mal gobernados; en efecto, lo referente a su legislación no tiene remedio sin una extraordinaria reforma, acompañada además de suerte para implantarla.

Platón: Carta séptima.

Publicado por el 15 enero, 2014 en Frases | Lee el primer comentario