El Tiempo es Oro: Los Bancos de Tiempo

En momentos de crisis económica como los que vivimos actualmente, en que las cuentas corrientes de muchas personas se encuentran con escasos fondos, el único bien que le queda a mucha gente es su tiempo, y ese tiempo se puede intercambiar con el de otras personas. Para gestionar ese tiempo es para lo que han nacido los Bancos de tiempo, que nada tienen que ver con los clásicos Bancos que pueblan los titulares de los periódicos todos los días, ya que lo importante en ellos es que la gente colabore.

Cartel del Banco de Tiempo de Pinoso, Alicante


¿Como funciona un Banco de tiempo? Lo idea básica es que lo aquí se intercambia es servicios por tiempo, siendo habitualmente la unidad básica el trabajo por hora. Es decir, si a ti se te dan bien las matemáticas y das una clase de una hora, entonces tienes esa hora en tu cuenta del banco para recibir algo a cambio, por ejemplo una hora de clase de tenis. Un sistema sencillo basado en el intercambio de favores que los seres humanos llevamos aplicando desde el principio de los tiempos, pero que gracias a los Bancos de tiempo, se puede realizar una gestión más justa de tal manera que cada persona reciba los favores de forma equitativa a su aportación. La forma habitual de operar es que tanto personándote físicamente en los locales del Banco o a través de Internet, te registras abriendo una cuenta, indicando qué tipos de servicios puedes ofrecer, teniendo a la vez a tu disposición todos los servicios que ofrecen el resto de socios del Banco. Una vez dado u obtenido el servicio, la transacción de tiempo queda registrada en tu cuenta sumándose o restándose las horas empleadas.


Ver Bancos de Tiempo y Monedas Sociales en España en un mapa más grande

El origen de este concepto de intercambio parece provenir del anarquista norteamericano Josiah Warren, creador en 1827 de la Tienda de tiempo de Cincinnatti, que seguía una filosofía semejante a los actuales Bancos de tiempo. En España, dada la situación económica que llevamos arrastrando desde 2008, ha habido una eclosión en la creación de este tipo asociaciones, que actualmente está por encima de las trescientas. Las hay de todo tipo, desde las auspiciadas directamente por los ayuntamientos, como las creadas como asociaciones sin ánimo de lucro en ciudades, pueblos y barrios de toda la geografía española. Recientemente se ha creado la ADBdT (Asociación para el desarrollo de los Bancos de Tiempo), que ofrece ayuda y consejos para la creación de los Bancos, mediante su wiki, su alojamiento gratuito, basado en WordPress, y su software de gestión TimeOverflow, aún en desarrollo, escrito en Ruby on Rails. En la página de Vivir sin Empleo también se puede encontrar mucha información sobre este y otros sistemas de lo que se podría denominar la “economía colaborativa”.

No puedo opinar sobre el funcionamiento de estos Bancos de tiempo, pues nunca he participado en ninguno ya que desconocía su existencia hasta hace unas semanas, pero en principio parecen una gran idea para poder conseguir servicios sin tener que gastar dinero, poder compartir tus conocimientos y habilidades con otras personas, y también, por supuesto, para mejorar las relaciones sociales.

Publicado por el 28 enero, 2013 en Monografías | Lee el primer comentario

Open data: el valor de la información como bien social.

Si la información es poder, y la democracia es el poder del pueblo, podríamos deducir que la información sobre la sociedad debería estar a disposición de los ciudadanos, que son además, en su conjunto, quienes la crean. Esta conexión de ideas puede servir de introducción al concepto de open data. Open data o datos abiertos se puede definir como un planteamiento que persigue que ciertos datos sean de libre acceso para cualquier persona, que podrá usarlos y redistribuirlos sin restricciones derivadas del copyright, las patentes u otros controles. Sin ser una nueva filosofía, el desarrollo de Internet y las tecnologías de la información la han situado en un escenario en el que su razón de ser se ha fortalecido y sus posibilidades de aplicación se han multiplicado, dadas las actuales capacidades para crear aplicaciones que exploten los datos y las facilidades existentes para distribuirlas.

Un ejemplo muy conocido de aplicación de la filosofía open data es OpenStreetMap, un proyecto para crear de forma colaborativa una cartografía mundial. Favorecida por el abaratamiento y disponibilidad de dispositivos portátiles de localización GPS, la iniciativa ha conseguido involucrar a más de un millón de personas, muchas de las cuales han proporcionado los datos geográficos de todo el planeta que actualmente están disponibles de forma libre para ser utilizados por cualquiera e incorporados en servicios que hagan uso de mapas (por ejemplo Flickr o Foursquare utilizan OpenStreetMap)

OpenStreetMap

OpenStreetMap

Sin embargo, la aplicación del enfoque open data también puede tener consecuencias desde el punto de vista de la ética, en cuanto a dónde poner el límite entre la información públicamente accesible y aquella que se debe preservar, y se enfrenta a diversas dificultades, tanto técnicas (sistemas de información obsoletos, bases de datos propietarias…), como culturales (arraigo del proteccionismo en el entramado burocrático, consideraciones de seguridad nacional…) o legales (implicaciones en relación a la legislación sobre privacidad y protección de la intimidad)

Hoy en día las administraciones públicas son probablemente los entes que producen y recopilan una mayor cantidad de datos sobre la sociedad, de muy diversos tipos (económicos, medioambientales, sociales…), por lo que su avance en la distribución de dichos datos es fundamental para el crecimiento de los servicios open data, estando este aspecto muy relacionado con el gobierno abierto, la transparencia, la participación ciudadana y el desarrollo global de la llamada democracia digital.
Alrededor de los datos abiertos, se ha creado una comunidad que también impulsa la actividad económica mediante la provisión de servicios y soluciones para terceros y que se estima pudo generar en el pasado año un volumen de negocio de entre 332 y 550 millones de euros en España.

Open data

Datos y sociedad

Siguiendo la estela de data.gov (en estados Unidos), en datos.gob.es se puede acceder al Catálogo de Información Pública de la Administración General del Estado y a través de esta página de Rooter se puede llegar hasta algunas de las principales iniciativas de open data en España, mientras que la Fundación CTIC nos ofrece un acceso a un catálogo de recursos open data en todo el mundo.

Podemos encontrar diversos ejemplos de aplicaciones open data: una aplicación sobre incidencias de tráfico en la provincia de Guipúzcoa, otra que te permite averiguar cuál sería la Comunidad Autónoma ideal para vivir según tus preferencias, una web británica para buscar el mejor colegio para tus hijos, una aplicación móvil para localizar farmacias de guardia en Navarra, o un portal de datos de la ciudad de Chicago, en el que se pueden ver, entre otras muchas cosas, todos los crímenes reportados desde 2001 en la ciudad del viento.

En España se celebran diversos eventos sobre datos abiertos, entre los que podemos destacar:

Festival de Datos Abiertos de Gijón

Por último, os contamos que el próximo fin de semana Gijón se suma al impulso del open data con la celebración de su primer Festival de Datos Abiertos, que consistirá en un maratón de desarrollo para materializar ideas en aplicaciones útiles para la sociedad. Los ganadores recibirán apoyo empresarial para continuar con su proyecto.

En momentos como los actuales, la transparencia, como respuesta a los desmanes del poder político, comienza a ser una demanda creciente de una ciudadanía que, queremos creer, es cada vez más crítica y está más dispuesta a colaborar. Los datos abiertos son un camino en esa dirección. Por el momento, ojo al dato.

Publicado por el 23 enero, 2013 en Monografías, Tecnología | Lee el primer comentario

Gil y Carrasco: un Romántico en El Bierzo

Si le preguntas a alguien por un autor del Romanticismo, a la mayoría le vendrá a la cabeza José de Espronceda con su Canción del Pirata o Gustavo Adolfo Bécquer con sus Rimas y Leyendas. Otros, los menos, se acordarán del teatro de José Zorrilla o los artículos de Mariano José de Larra. Pero seguro que prácticamente nadie se acordará Enrique Gil y Carrasco, el autor de una de las novelas históricas más importantes, tanto del periodo romántico como de la literatura española en general, uno de los hombres ilustres que vino al mundo en la misma tierra que este que escribe, la comarca leonesa de El Bierzo.

Gil y Carrasco nació en 1815 en la señorial Villafranca del Bierzo, dentro una familia católica con buena posición, ya que su padre trabajaba como administrador del Marqués de Villafranca. Pero pocos tiempo después, cuando Enrique tenía solo seis años, se vieron obligados a trasladarse a Ponferrada tras la muerte del Marqués y ser su padre acusado de estafa. Ya en la capital berciana iniciará el autor su educación en el colegio de los Padres Agustinos, colegio que algunos años más tarde desaparecería por la Desamortización de Mendizabal, pero cuyo lugar hoy en día ocupa el Instituto de Enseñanza Secundaria Gil y Carrasco. Su formación, siempre bajo batuta religiosa, continuó más tarde con los benedictinos de Vega de Espinareda y el seminario de Astorga. En 1831 se trasladó a Valladolid con el fin de estudiar leyes, regresando los veranos a Ponferrada, momento que aprovechaba para realizar numerosas excursiones por la comarca que le servirían seguramente como inspiración para sus futuras obras. Estos estudios fueron interrumpidos durante algunos meses al ser reclutado como soldado durante la Primera Guerra Carlista. Tras esto regresó a Valladolid, pero en 1836, por causas que no están claras y con la oposición de su padre, decide trasladarse a Madrid donde finaliza sus estudios de Derecho.

Será en la capital del reino donde Gil y Carrasco entra en contacto con los personajes liberales de la época, entablando amistad con Espronceda, que lo introducirá en los círculos literarios románticos, asistiendo al entierro de Larra, siendo un asiduo a las tertulias de El Parnasillo, el lugar de reunión por excelencia de los autores del Romanticismo español, y participando también en el Liceo, el actual Ateneo de Madrid por el que tantos personajes eminentes de la cultura española han pasado. Pronto comenzará a publicar algunas poesías y a colaborar como crítico teatral en varios periódicos, pero en 1839 se verá truncada temporalmente su carrera periodística por el agravamiento de la tuberculosis que arrastraba desde tiempo atrás, que le obligó a regresar a Ponferrada en busca de reposo y tranquilidad, momento que aprovechará para escribir su primera novela, El lago de Carucedo. Al año siguiente, ya repuesto, regresaría a Madrid, reanudando su labor de articulista a la vez que conseguía un puesto en la Biblioteca Nacional que le permitía vivir holgadamente, pero solo un par de años después una nueva fatalidad le haría regresar a Ponferrada: la muerte de su amigo Espronceda. Aprovecha nuevamente ese tiempo para realizar viajes por tierras bercianas que servirían para documentar otra de sus obras destacadas, Bosquejo de un viaje a una provincia de interior, donde describe los paisajes y gentes de El Bierzo de la época, junto con algunas otras regiones leonesas, como la Maragatería, siendo una de las mejores documentaciones para conocer la comarca en esa primera mitad del siglo XIX.

Las Médulas, uno de los paisajes más queridos por Gil y Carrasco. By Rafael Ibáñez Fernández, via Wikimedia Commons

En 1843 regresa nuevamente a Madrid con fuerzas renovadas y es el momento en que ofrece para su publicación su obra maestra, El Señor de Bembibre. La historia de la novela nos traslada al siglo XIV, durante los años finales de la orden del Temple, narrandonos el dramático romance entre Álvaro Yáñez, el señor de Bembibre y Beatriz Ossorio, heredera del señorío de Arganza,  a lo largo de los años, en un melancólico camino plagado de dificultades y calamidades característico de todas las obras románticas, salpicando la narración con preciosistas descripciones de los lugares y paisajes de El Bierzo medieval, y con el trasfondo histórico de las luchas políticas y militares que llevaron a la desaparición de los caballeros templarios en los reinos de León y Castilla.

Grabado de la primera edición de El Señor de Bembibre. Via:http://perso.wanadoo.es/jlpv

Tras publicar su novela en 1844, le surgió una gran oportunidad de progresar al serle ofrecido el puesto de secretario en la embajada española en Berlín, gracias a su amistad con González Bravo, presidente del gobierno en aquel momento, durante la regencia por la minoría de edad de Isabel II, y creador de la Guardia Civil. En abril de ese año comenzó su largo viaje a Berlín, recorriendo durante cuatro meses las principales ciudades europeas de la época, que aprovecharía para documentar un informe sobre la situación industrial europea. En Berlín conocerá a Alexander von Humboldt, el conocido como “Padre de la Geografía Moderna Universal”,  y al príncipe Carlos de Prusia, al que llega a dar clases de español. En la Navidad de 1845 le regalará al rey de Prusia un ejemplar de El Señor de Bembibre, que le hace interesarse por la localización de El Bierzo, y fue el acicate para que, a través de Humboldt, que era chambelán en aquel momento, el rey le concediera la Medalla de Oro de las Artes y las Letras. Pero poco pudo ya disfrutar tales honores al fallecer en febrero de 1846 debido al empeoramiento de la tuberculosis, contando tan solo 31 años de edad, cumpliendo así la regla no escrita de la corta vida de los escritores románticos.

Sirva este pequeño semblante biográfico como homenaje a un magnífico escritor, ampliamente recordado en su tierra natal, pero muy desconocido en el resto de España, que merece tener su nombre grabado con letras de oro en la Historia de la Literatura Española.

Publicado por el 21 enero, 2013 en Historia olvidada | Lee el primer comentario

El Coche Fantástico está a la vuelta de la esquina

No puedo negar que cuando era pequeño me encantaba el Coche Fantástico, la clásica serie protagonizada por ese mito televisivo incombustible (para bien o para mal)  llamado David Hasselhoff, en la que podíamos ver como aquel increíble Pontiac Firebird Trans-am negro que se conducía solo ayudaba al protagonista en la lucha contra el crimen. Los vehículos autónomos son un pequeño sueño de la humanidad desde que los primeros coches comenzaron a circular por las carreteras y parece que poco a poco se está convirtiendo en realidad.

Seguro que muchos habéis oído hablar del proyecto que está más avanzado actualmente, el coche sin conductor de Google, el principal desarrollo del conocido como Laboratorio X de Google dedicado a los proyectos más innovadores de la compañía. Frente al proyecto se encuentra el ingeniero alemán Sebastian Thrun, especialista en Inteligencia Artificial, también responsable del laboratorio de robótica de la Universidad de Stanford y de la plataforma de enseñanza online Udacity. Cuando tenía dieciocho años, Sebastian perdió a su mejor amigo en un accidente de coche, y desde ese momento ha dedicado su vida a conseguir crear un coche capaz de desenvolverse solo por las carreteras para evitar los cientos de miles de accidentes que por errores humanos se llevan por delante la vida dos millones de personas cada año en el mundo. El primer gran éxito de Sebastian Thrun, junto con un grupo de alumnos de la Universidad de Stanford, fue conseguir ganar en el Gran Desafío DARPA para vehículos autónomos de 2005, que consistía en un circuito de más de doscientos kilómetros por el desierto de Mojave que Stanley, el Volkswagen Tuareg modificado de Stanford, consiguió recorrer en menos de 7 horas sin intervención humana, llevándose así Stanford los dos millones de dólares de premio. Al año siguiente quedarían segundos en el siguiente Desafío DARPA, en este caso en un circuito urbano que simulaba una ciudad.

Stanley, ganador del DARPA Grand Challenge 2005

Esto avances llevaron a Google a comenzar el desarrollo de su propio vehículo autónomo bajo la batuta de Sebastian Thrun. El proyecto de Google está compuesto por una flota de de unos diez coches, la mayor parte Toyota Prius, que llevan ya un par de años recorriendo las carreteras de Estados Unidos. El principal sensor que poseen es el radar láser que llevan sobre el techo, a través del cual el coche es capaz de generar un mapa en 3D del entorno que le rodea. El hardware del vehículo se complementa con dos radares frontales, dos traseros, una cámara frontal, un GPS y sensores de rotaciones de las ruedas, con lo que es capaz de determinar su posición exacta en cualquier momento, que objetos le rodean y poder detectar  la líneas de las carreteras, las luces de los semáforos y las señales de tráfico. Llevan ya recorridos más de medio millón de kilómetros y gracias a esto ya han conseguido leyes en tres estados norteamericanos (Nevada, Florida y California) que permitan la circulación de coches sin conductor por sus calles y carreteras.

El Google Car, por Flckr user jurvetson (Steve Jurvetson).

Siguiendo la estela de Google, varios fabricantes de coches han comenzado a crear sus propios prototipos con distintos niveles de autonomía. En el reciente Salón de Electrónica de Consumo de Las Vegas, CES 2013, Lexus, la marca de lujo de Toyota, ha presentado el Advanced Active Safety Research Vehicle, que dotado de un hardware muy similar al vehículo de Google, aunque con un aspecto más aparatoso, por ahora solo sirve como una especie de copiloto que únicamente tomaría el control de coche en caso de posibilidad de accidente. En el mismo evento Audi anunció que próximamente comenzaría pruebas de un vehículo autónomo en el estado de Nevada, mostrando un par de videos sobre un sistema de aparcamiento autónomo y otro para situaciones de atasco. Por su parte Volvo anunció que en 2014 comercializaría también un sistema de conducción autónomo para situaciones de tráfico denso, que no superaría los cincuenta kilómetros por hora. Incluso en España tenemos el proyecto Autopía del Centro de Automática y Robótica, dependiente del CSIC, con el vehículo autónomo Platero que el pasado verano consiguió el hito de conducir solo durante cien kilómetros, aunque con la ayuda de un coche guía que le transmitía más información de posicionamiento con el fin de mejorar la precisión del GPS. Precisamente en un coche guía se basa también el proyecto europeo SARTRE, que pretende la creación de trenes de carretera en el que el coche principal si iría conducido por una persona, seguido de varios vehículos en modo automático  que mediante comunicación inalámbrica mantienen la distancia entre ellos y una velocidad constante. Por ahora ya han conseguido probarlo con tres vehículos aunque esperan llegar hasta seis.

Platero, el vehículo autónomo español. Fuente: CSIC

Como veis el interés por avanzar en la tecnología de vehículos autónomos es alto, y está claro que en los próximos años irán sirviendo para mejorar la seguridad en la conducción, aunque quizás aún estemos un poco lejos de llegar a ver nuestras calles llenas de estos vehículos completamente autónomos, no sólo por las posibles limitaciones tecnológicas, que se irán salvando poco a poco, sino también por las posibles implicaciones legales respecto a fallos que pudieran provocar accidentes. Pero alguien como yo, que nunca le ha gustado demasiado conducir, esta deseoso de que llegue un día en que poder sentirme como aquél “hombre que no existe, en un mundo lleno de peligros”, y decirle a mi reloj de pulsera aquello de “KITT, te necesito”.

Publicado por el 16 enero, 2013 en Monografías, Tecnología | 3 comentarios

Torres Quevedo: un ejemplo en el país del “que inventen ellos”

El pasado 28 de diciembre, Google dedicaba su doodle diario a un gran inventor, destacado en diversos campos, español y , como se puede ver, conocido y apreciado fuera de nuestras fronteras, aunque posiblemente bastante desconocido en su propio país.

Compartiendo nombre con el genio florentino, Leonardo Torres Quevedo nació en la pequeña población de Santa Cruz de Iguña, Molledo (Cantabria) 160 años antes del citado día en que el buscador de Mountain View le dedicaría su portada. En 1876 finalizó sus estudios de Ingeniería de Caminos en Madrid y comenzó su labor profesional y su dedicación a la invención, mediante la que alcanzaría unos cuantos hitos reseñables.

En 1912 construiría El Ajedrecista, al que se le puede considerar el primer juego de ordenador (analógico). Un autómata que, usando electroimanes, disputaba una partida de un final de rey y torre contra un oponente humano, ganando siempre. La invención de Torres Quevedo, que, a diferencia El Turco, no tenía truco, causó sensación en la Feria de París de 1914 y una cobertura relevante en las publicaciones técnico-científicas de la época.

Los Reyes de España juegan a El Ajedrecista

Pero ya años antes había patentado el telekino, un dispositivo capaz de enviar órdenes de control a través de ondas hertzianas y que sentaría las bases de los modernos sistemas de control remoto, y le convertiría en un auténtico pionero en este campo, junto con Nikola Tesla, nada más y nada menos. El hecho de que el IEEE considere al telekino como un hito en la historia de la ingeniería mundial nos puede dar una idea de la importancia de este primigenio mando a distancia.

Las capacidades del ingeniero español no se limitarían a los artilugios experimentales, y buena prueba de ello son su diseño del transbordador sobre el río Niágara, en Estados Unidos, conocido como Spanish Aerocar y que, aún hoy, casi un siglo después, continúa en funcionamiento y es toda una atracción turística sobre las impresionantes cataratas, o la construcción, con ayuda de Alfredo Kindelán, del primer dirigible español en 1905.

Transbordador sobre el Niágara

Torres Quevedo fue además miembro de prestigiosas academias, como la de las Ciencias de París o la Real Academia Española de la Lengua, donde sustituyó a Benito Pérez Galdós y un gran defensor del esperanto como nuevo idioma internacional. También destacó en sus últimos años por una importante dedicación a la pedagogía y al estudio de cómo sus autómatas podían ayudar a los docentes y aportar nuevos recursos didácticos, patentando, entre otros, un puntero proyectable, antecesor de nuestros punteros láser actuales. Tampoco fue un hombre ajeno al devenir político y social de su tiempo, alistándose voluntario para luchar contra las tropas carlistas que cercaban Bilbao durante la Tercera Guerra Carlista o recibiendo el ofrecimiento para ser ministro de Fomento, que finalmente rechazó.

Leonardo Torres Quevedo

Actualmente, un museo dedicado a su figura y obra, que expone algunas de sus máquinas e inventos, se puede visitar en la Escuela Técnica Superior de Ingenieros de Caminos de la Universidad Politécnica de Madrid y una fundación con su nombre está en funcionamiento en el seno de la Universidad de Cantabria con la intención de apoyar la investigación científica y técnica.

Y, si os estáis preguntando qué pinta la vaca montada en el transbordador en el doodle, se trata de un entrañable guiño a los inicios, que los hubo. El primer teleférico que nuestro inventor construyó en su pequeño pueblo natal era de tracción animal (vacuna para más señas).

Publicado por el 10 enero, 2013 en Historia olvidada, Tecnología | 3 comentarios