Seguro que algunos reconocéis la imagen de arriba, aunque solo os suene de haberla visto en algún telediario. Se trata de un Harrier, uno de los famosos aviones de despegue/aterrizaje vertical (VTOL en inglés), creado por los británicos en los años 60 y cuyos modelos han pervivido hasta la actualidad. Los primeros intentos de desarrollar aviones con esta tecnología datan de los años 50 por parte de la empresa aeronáutica Lockheed, pero lo que mucha gente desconoce es que los primeros diseños de un sistema de este tipo fueron realizados por nuestro genio de cabecera, Nikola Tesla.
Si vamos a su lista de patentes en Estados Unidos, nos podemos encontrar con las patentes U.S. Patent 1,655,113 y la U.S. Patent 1,655,114 (la segunda es una pequeña correción de la primera), que bajo el título de Method of Aerial Transportation (Método de Transporte Aéreo) y fechadas en Enero de 1928, nos presenta lo que podríamos considerar una mezcla de helicóptero y avión que Tesla denomina helicoptero-plano. Se trataría de un aeroplano que tendría una hélice situada en al parte superior para realizar el despegue/aterrizaje y que luego se colocaría en posición frontal durante el vuelo normal, y cuyo método de propulsión estaría basado en su turbina, por lo que podríamos considerarlo como uno de los precursores de los motores a reacción. Los conceptos de este sistema fue ideados por Tesla muchos años antes de que finalmente decidiera patentarlo. Según la revista yugoslava Review, puede que cuando su laboratorio fue destruido por un incendio en 1895 (cuando la aviación estaba aún en pañales) se perdieran los primeros diseños de sus sistema VTOL, pero lo que se sabe a ciencia cierta es que ya en 1911 estaba trabajando en los diseños, ya que al año siguiente, como comentamos en el artículo sobre John Jacob Astor IV, quiso que su antiguo amigo colaborase en la financiación de este proyecto, colaboración que no fue posible por la desaparición del millonario en el hundimiento del Titanic. En 1921 realizaría la primera patente en el Reino Unido, y al año siguiente también lo llego a registrar en España. Pero lamentablemente, por falta de fondos y que quizás, como en tantas cosas, estaba demasiado adelantado a su tiempo y el estado de la tecnología no era lo suficientemente avanzado, nunca llegó a realizar un prototipo.
Pero de lo que no cabe ninguna duda es que sus diseños sirvieron de inspiración para la creación de los primeros aviones con VTOL, y sigue siendo referenciadas en otras patentes como la de Boeing de 1998 sobre un avión de despegue vertical con rotación de hélices como el de Tesla, o un avión VTOL para el transporte de cargas de la empresa californiana AeroVironment, especialistas en los aviones no tripulados de reconocimiento usados por los militares norteamericanos. El legado de Tesla continua en nuestros días en las tecnologías más insospechadas
No, no es que el gato haya saltado sobre el teclado (algo que por otra parte no sería especialmente raro si tuviera gato).
Ese chorro de letras, impronunciable para cualquier súbdito español, es el nombre de un pueblo galés, situado en la isla de Anglesey, y está considerado como el topónimo de localidad más largo del mundo actualmente en uso (y ojito también a la url del enlace)
Al parecer, en castellano el nombre significa algo así como “La iglesia de Santa María en el hueco del avellano blanco, cerca de un torbellino rápido; y la iglesia de San Tisilo, cerca de la gruta roja”, lo cual demuestra que los galeses son gente que gusta de descripciones precisas de las cosas…
La pronunciación, transcrita para un hispanohablante a partir del idioma galés, sería algo así: Hlan-vair-puhl-güin-guihl-go-gue-ra-juern-drob-uhl-hlan-ti-si-lio-go-go-goj.
La versión abreviada del nombre es Llanfair PG y el pueblo, de unos 3000 habitantes, recibe bastante turismo derivado de su peculiar denominación. Si alguna vez os acercáis a latitudes galesas, una foto ante el cartel con el nombre de la localidad isleña será un recuerdo curioso.
Fuente: 475lidobeach.com
Aunque éste está reconocido como el nombre de localidad de mayor longitud en el mundo, hay dos topónimos más largos. Uno de ellos es el nombre ceremonial de Bangkok, capital de Tailandia, aunque no es admitido por el Guinness World Records por considerarse que está en desuso. El segundo corresponde al nombre en maorí de una colina de Nueva Zelanda y consta de 85 letras. No lo voy a escribir, porque creo que ya habéis resultado bastante cómicos tratando de leer en voz alta el nombre del pueblecito galés…
Hoy en día, el correo electrónico sigue siendo la herramienta más utilizada cuando se trata de entablar una comunicación a través de Internet. Bien es cierto que cada vez existen más herramientas colaborativas que prometen sustituir al correo electrónico en nuestras comunicaciones diarias.
Google Wave
Algunas de estas herramientas terminan pronto en el olvido. Entre estas herramientas que prometían un cambio radical con respecto al correo estaba Google Wave,
un proyecto que ha sido abandonado por Google y dejará deprestar servicio este mes de enero. Si resurge en el futuro este producto, podrá ser de mano de la fundación Apache, quien ha recogido las especificaciones de este protocolo para crear Apache Incubator.
Aunque parezca totalmente imprescindible el uso del correo electrónico en trabajo diario, hay algunas personas que lo han conseguido eliminar del todo. Hace unos meses, leí una entrevista en RTVE.es a Luis Suarez, “evangelista de redes sociales y gestión del conocimiento de IBM que vive y teletrabaja en Maspalomas”, tal y como lo definían en la entrevista.
Luis Suarez en el evento EBE 2008. Foto (CC) Victoriano Izquierdo Ramírez @ Flickr
Hablaba sobre el teletrabajo, pero lo que más me llamó la atención fue los comentarios que hizo respecto al uso del correo electrónico. Ya no lo emplea, lo ha cambiado por otras herramientas como Twitter, skype o los blogs. Parece sorprendente que haya podido realizar esto, y más teniendo en cuenta que teletrabaja. Desde luego, es totalmente recomendable visitar su blog , con un montón de consejos y de ideas.
Personalmente, sigo pensando que el correo electrónico es imprescindible, pero también noto un abuso de su uso que genera una gran cantidad de correos diarios que no serían necesarios. Esto me ha hecho pensar que la organización de los correos en 20 carpetas, algunas más subcarpetas, y un número indefinido de reglas de correo que no siempre funcionan como se espera, no era la mejor opción.
Gina Trapani fue fundadora de Lifehacker, ha desarrollado Todo.txt Apps, y dirige una plataforma de crowdsourcing, ThinkUp. Supongo que ella sabrá por experiencia lo que es recibir una gran cantidad de correos electrónicos, así que sus consejos sobre como gestionarlos merecen la pena leerlos.
Su sistema consiste básicamente en tener tres carpetas para los correos: FollowUp, Archive y Hold.
Carpetas propuestas por Gina Trapani
La bandeja de entrada hay que mantenerla vacía; cuando se recibe un correo o se borra, o se mueve a una de estas tres carpetas.
Aparte de esta clasificación en tres carpetas, el segundo punto es usar las herramientas de búsqueda que proporciona el cliente de correo. Con el tiempo, la carpeta Archive es un gran almacén de correos, pero con unas búsquedas adecuadas es fácil encontrar el correo deseado. En el artículo de Lifehacker se explica con detalle para qué es cada carpeta y qué correos debe ir a cada una de ellas. De ello, este método no deja de ser una modificación de otro método denominado “Ibox Makeover” visto en macworld.com. Esto me hace pensar que lo de tener 20 carpetas quizás no sea una opción tan buena como creía
De momento, llevo desde primeros de enero usando este método de tres carpetas. Todavía es pronto para pronunciarme sobre sus ventajas e inconvenientes, dentro de un tiempo veremos. Y vosotros, ¿Habéis conseguido abandonar el correo electrónico por otras herramientas? ¿Recibís más correos de los que se consideran importantes? ¿En cuantas carpetas organizáis vuestros correos?
Aprender cualquier cosa, de cualquier persona, en cualquier lugar. Este es el lema de Skillshare, una pequeña empresa creada por el emprendedor Michael Karnjanaprakorn, que ofrece lo que denominan una especie de mercado del conocimiento. La base de este sistema es que si tienes conocimientos de algún tema, desde matemáticas hasta hacer buñuelos de viento, y quieres compartir tu sabiduría, puedes promocionar tu curso en la plataforma de Skillshare para toda la gente que quiera asistir pueda comprar un ticket, con precios entre los 15$ y 20$. Una visión diferente, pero en cierta forma tan rupturista como la que presentamos hace algún tiempo con la Academia Khan. En el aquel caso hablamos de enseñanza gratuita en Internet, pero en este caso nos encontramos con una red de intercambio de conocimiento directamente de persona a persona, enseñanza en el mundo real sin Internet por el medio, con el que se puede conseguir una remuneración económica si eres profesor, y una forma barata de aprender algo si eres alumno, además de poder relacionarte con gente con tus mismos intereses. Skillshare se lleva solo un 15% de cada ticket que se venda para cada clase, lo que da un buen margen al quiera enseñar algo, teniendo la libertad de fijar el precio del ticket. En principio, parece que es un sistema mejor que dejar un cartel en la farola ofreciendo clases de inglés .
Por ahora esta implantada en Estados Unidos principalmente, aunque se está expandiendo por todo el mundo. No ha llegado aún a España, pero supongo que solo faltará que haya gente interesada en esta iniciativa para que empiece a funcionar en alguna de las capitales españolas. ¿Triunfara este modelo distinto de educación que intenta democratizar el aprendizaje? ¿Podemos aprender todo de todos o tenemos que meternos siempre en alguna institución (universidad, academia, etc.) para aprender realmente?
No tengo clara la respuesta a estas preguntas, pero si se que nunca debemos dejar de ser curiosos, de querer aprender sobre cualquier tema, por estrambótico que sea o por complicado que nos parezca. Como dicen en el vídeo, lo que importa no es lo que preguntes sino hacer la pregunta, querer saber. Y si esta es una forma de ayudar a ello, bienvenida sea. Recordad, cuando dejamos de aprender y de tener curiosidad por el mundo que nos rodea es cuando empezamos a morir de verdad…
Lo normal es que un año tenga 365, excepeto si es bisiesto, que tiene un día más. Aunque lo normal es pensar que los años bisiestos son cada 4 años, esto no es del todo correcto. Un año bisiesto es cuando es divisible entre 4 pero no entre 100, o es divible entre 400. Esto quiere decir que el año 2000 fue bisiesto, que el 2012 será bisiesto, los años 2096 y 2104 será bisiestos, pero el año 2100 no lo será.
Sin embargo, este año 2011 tendrá un día menos para Samoa. Hoy, 30 de diciembre de 2011, es un día que no existirá en la historia de Samoa, han pasado directamente del 29 al 31 de diciembre. Ha pasado de ser el último páis en despedir los días, a ser el primer país en verlos comenzar. De hecho, hace poco más de una hora, estaban finalizando el jueves 29, y ya han comenzado a disfrutar del sábado 31 dispuestos a finalizar el año.
Las razones que argumentan para este cambio es para facilitar los negocios con Nueva Zelanda, Australia y China.
De todas maneras, el record en recortar días creo que sigue estando en 1752, cuando se paso del miércoles 2 de septiembre al jueves 14 de septiembre, cuando en Gran Bretaña y en sus posesiones de Norteamérica adoptaron la reforma del calendario Gregoriano.
Corniseros, nos llena de orgullo y satisfacción..(¡ah no!, esto será esta noche…)…ejem…bueno, ya ha llegado una Navidad más y en estas fechas señaladas desde cornisa.net no podíamos dejar de desearos unas felices fiestas.
Como las navidades son un clásico hemos querido recordar un clásico. Y como cada uno tiene su villancico hemos preferido dejaros uno con letra libre.
Y, ya lo dice el título de la canción, es un placer estar de vuelta en casa hoy.
Aunque aún falta un año de espera para que llegue a nuestros cines, por fin han presentado el primer trailer de The Hobbit: An Unexpeted Journey, la esperada precuela de El Señor de los Anillos que, de la mano de Peter Jackson, nos contará las aventuras que J.R.R. Tolkien relató en el libro del mismo nombre, donde nos encontraremos a un joven Bilbo Bolsón, interpretado por Martin Freeman, que en compañía del mago Gandalf El Gris, papel que retoma nuevamente Ian Mckellen, y una pandilla de enanos emprenden una aventura llena de orcos, dragones, un conocido ser que guarda su tesssssooooro, y por supuesto, ese tesoro que serán tan importante en El Señor de los Anillos. ¡Voy a empezar a ir tachando los días en el calendario que faltan para poder ver esto!
La corneta tocaba a carga y una voz se alzaba: ¡Avanti Savoia! La respuesta ante el grito fue unánime y en cuanto su eco se apagó el sonido de los cascos y el desenvainar de sables desplazó al mortal silencio de guerra que sobrevolaba la estepa rusa.
Los soldados soviéticos contemplaban atónitos cómo los corceles apretaban el galope y se acercaban, como en otros tiempos y otras guerras, a sus posiciones. Quizá sin saberlo eran testigos de la que se podría considerar la última carga de la caballería (o al menos seguro una de las últimas)
Desde la edad de bronce el hombre y el caballo han tenido una relación tan estrecha que es difícil encontrar ejemplos de uniones tan beneficiosas en la Historia, la cual ha sido escrita en infinidad de ocasiones, en la paz y en la guerra, a lomos de un équido. La nobleza de los cuadrúpedos ha acompañado los sucesos clave de grandes civilizaciones y ha sido la base de temibles unidades militares en los más poderosos ejércitos, desde los jinetes macedonios del gran Alejandro Magno hasta los coraceros de Napoleón.
Esto ya no ocurría en el verano de 1942, en plena Segunda Guerra Mundial, cuando la ofensiva soviética hacia el río Don amenazaba con envolver al ejército expedicionario italiano que acompañaba a las tropas del Tercer Reich en su arriesgado empeño de someter al gigante comunista. Las ametralladoras primero, y los vehículos blindados después, habían reducido de forma drástica la importancia del caballo en los ejércitos occidentales, al menos como elemento para el combate, ya que aún seguían usándose para el reconocimiento y transporte de suministros.
El tercer regimiento “Savoia Cavalleria”, uno de los más antiguos de la caballería del ejército italiano (creado en el siglo XVII), comandado en aquella jornada del verano ruso por el coronel Alessandro Bettoni, arrolló, ayudado por el factor sorpresa, a un contingente soviético muy superior en número y armamento, logrando una pequeña gesta para las armas transalpinas y dejando un epílogo victorioso para el caballo en la desgraciada historia de las guerras.
Escudo del Regimiento Savoia
Los ingleses recuerdan las últimas carga de su caballería, contra los derviches en Sudán (vivida en primera persona por el propio Winston Churchill), o contra los otomanos en las inmediaciones de Jerusalén en la Primera Guerra Mundial. Los españoles posiblemente se han olvidado la de la suya, en tierras turolenses en aquel frío invierno del 38.
Los italianos ponían el último capítulo bélico afamado en la relación secular de caballos y jinetes. Fueron los últimos galopes furibundos, la escena final de una época que realmente ya se extinguía desde varias décadas antes.La última carga de la caballería y el fin de los tiempos de los caballeros.
En el año 2000, el Clay Mathematics Institute estableció un premio de un millón de dólares para quienes pudieran solucionar alguno de los 7 problemas matemáticos que propusieron. Estos siete problemas se conocen como los problemas del milenio, y once años después, solo se ha podido solucionar uno, por lo que todavía quedan 6 millones de dólares “en juego”. Coincidió además que el año 2000 fue declarado año internacional de las matemáticas por la Unión Matemática Internacional, y patrocinado por la UNESCO.
Los siete problemas que se propusieron se denominan como “preguntas clásicas importantes que no han sido resueltas en años”. De hecho, el único de estos problemas que se ha resuelto, es el de la Conjetura de Poincaré, un problema que fue propuesto por el matemático francés Poincaré en 1904. Pero la forma en la que se demostró la solución de este problema un siglo después tiene su parte polémica.
La resolución de este problema se le ha otorgado al matemático ruso Grigori Perelmán, una persona que tiene sus peculiaridades. De hecho, se hizo más conocido para el público general porque en el año 2006, rechazó la Medalla Fields, un premio valorado en 10.000 euros. Este premio se instauró al no existir el Nóbel de Matemáticas, y se otorga cada 4 años a matemáticos menores de 40 años. En el 2006, el Congreso Internacional de Matemáticos se celebró en Madrid, y tras otorgar la medalla Fields a Perelmán, este la rechazó.
Grigori Perelman en 1993
En el año 2002, Perelmán anuncia haber resuelto la conjetura Poincaré. Lo hace a través de dos publicaciones de libre acceso que puso en arXiv, un archivo que se puede consultar por internet y que es usado para borradores electrónicos de artículos científicos en el campo de las matemáticas, física, informática y biología. Sin embargo, las normas del concurso exigían la publicación de los resultados en una revista científica y su examen posterior por dos años, por lo que en un primer momento, no se aceptan estas resoluciones. Es en junio de 2006 cuando dos matemáticos chinos anuncian su demostración completa, pero basándose en los trabajos de Perelmán. Aquí es donde empieza el lío, ya que una parte de la comunidad científica cree que el verdadero ganador es Perelmán, aunque no se ajustará a las normas completamente.
“Dos matemáticos asiáticos se apuntan la solución de la célebre ‘conjetura de Poincaré’ tras haberla leído en la ‘web’”
“Hay algo que no cuadra, sin embargo, porque los especialistas ya daban por resuelto el problema. Y el autor no era chino, sino ruso: el genial y elusivo matemático Gregori Perelman, de San Petersburgo, que presentó la demostración hace tres años y tiene desde entonces a media profesión intentando encontrar un fallo en su teoría, sin éxito. «Cao y Zhu son dos conocidos especialistas en este campo, discípulos del estadounidense Richard Hamilton, que fue quien mostró el camino correcto para llegar a esta solución, y el Asian Journal of Mathematics es una magnífica revista», reconoce el catedrático de Geometría y Topología Vicente Miquel Molina, de la Universidad de Valencia. «Pero la demostración no es suya, sino de Perelman».” (visto en Microsiervos).
Es finalmente en marzo de 2010 cuando se declara a Perelman ganador del problema del milenio, y con ello, se hace ganador del millón de dólares. Había dicho con anterioridad que no iba a decidir si aceptaría el premio hasta que no se le hubiera ofrecido, pero al igual que hizo cuatro años antes con la medalla Fields, Perelman también rechazó este premio
Recientemente han coincidido en la cartelera de nuestros cines dos curiosas películas englobadas dentro del género de ciencia-ficción, género que simplemente sirve de trasfondo para contar un auténtico drama; dos filmes que partiendo de cierto planteamiento inicial similar, cada una va por un camino distinto. Vamos a trazar aquí un poco los paralelismos y diferencias de estas historias, haciendo un versus entre Otra Tierra, del director novel Mike Cahill, y Melancolía del veterano y siempre polémico Lars von Trier.
Las dos historias comienzan con la visión en el cielo de una pequeña estrella por parte de las mujeres protagonistas, una estrella que realmente sera un planeta que cambiará sus vidas para siempre. En Otra Tierra, la protagonista, Rodha (Brit Marling, también co-escritoria de la historia), acaba de ser admitida en el MIT para estudiar astrofísica. De regreso de la fiesta de celebración, escucha la noticia de la aparición de otro planeta en los cielos y lo contempla por la ventanilla de su coche. Entonces ocurre la tragedia que dará al traste con sus sueños. Cuatro años después nos encontramos a Rhoda viviendo una vida que no era la que esperaba haber llevado. Paralelamente se va sabiendo más acerca de ese otro planeta que ha aparecido en los cielos, con el descubrimiento de que realmente es un mundo gemelo, habitado por nuestros dobles. Como ya dije, la ciencia-ficción en estas películas es más una excusa para contar una historia que en este caso gira sobre la culpa y las segundas oportunidades. Rodha, como el resto de los habitantes de nuestra Tierra, se plantea si en ese otro mundo, su otro yo habrá llevado una vida distinta, una vida mejor, habrá tomado otras decisiones. Y ese pensamiento es la que la guía en su afán de redimirse por la tragedia que causó.
En Melancolía, nos encontramos con Justine (la pelirroja Kirsten Dunst) camino de su banquete de boda. Antes de entrar también ve una extraña estrella en el cielo. En este caso no ocurre ninguna tragedia en ese momento, pero lo que debería ser el día más feliz de su vida se va convirtiendo poco a poco en una pequeña pesadilla provocada por su disfuncional y problemática familia que le hace dudar hasta de si ha tomado la decisión correcta al casarse. La mitad de la película se centra en ese drama familiar durante el banquete, donde aún no se menciona el nombre del planeta, pero la melancolía que da título al filme se ve patente en el ánimo de la protagonista. En la segunda parte, más centrada en Claire (Charlotte Gainsburg), la hermana de Justine, la presencia del gigantesco planeta Melancolía, que había estado escondido tras el Sol y se encuentra en ruta posible de colisión contra la Tierra, es ya el eje básico de la trama. El miedo y la duda sobre el destino final del planeta guiará las vidas de Claire, su marido, su hijo y su hermana Justine hasta el final de la película.
¿Y cual me ha gustado más? Pues a pesar de que muchos consideran seguramente que Melancolía es casi una obra maestra, sobre todo la crítica, yo prefiero Otra Tierra. La historia de Melancolía resulta a veces demasiado pesada, bajo una especie de pátina poética, demasiado recargada de dramatismo, mientras que Otra Tierra, a pesar del drama que plantea el inicio de la historia y que permanece siempre ahí, el transcurso de la trama me resultó más fresco que la obra de von Trier. Visualmente Melancolía es muy superior a Otra Tierra, eso no se puede negar, se nota el carácter independiente de la película de Mike Cahill, pero eso también ha hecho que me resulte más agradable de ver. Sobre las actuaciones no puedo criticar nada, las interpretaciones de las dos protagonistas de Melancolía son impecables, y la novata Brit Marling demuestra que puede tener un gran futuro tanto como actriz y como guionista. Recomiendo las dos películas para aquellos que busquen historias diferentes y que estén un poco saturados de tanto cine hollywoodiense. Para aquellos que prefieran ver películas palomiteras, mejor abstenerse.
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